Durante veinte años, un matrimonio arreglado unió el destino de dos de las familias más poderosas del país. La elegida siempre fue la hija menor de los Moretti. Pero cuando oscuros rumores sobre la crueldad del heredero Volkov salen a la luz, los Moretti toman una decisión despiadada: proteger a su hija favorita… sacrificando a la mayor. Ivonne nunca imaginó que sería entregada como moneda de cambio por las mismas personas que juraron amarla. Sin embargo, descubrirá que el verdadero peligro no siempre se encuentra en el hombre con el que debe casarse, sino en la familia que la abandonó. Porque algunas alianzas se firman con tinta… Y otras, con sangre.
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El vestido
...¿Vale ceder para mantener La Paz?...
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La habitación parecía una boutique privada.
Sobre los sofás descansaban cajas de distintas firmas de alta costura. Los empleados entraban y salían llevando vestidos protegidos por fundas de seda.
Eleonora observaba todo con atención.
—Déjenlos aquí.
En pocos minutos, más de diez vestidos blancos ocupaban la habitación.
Ivonne los miró sin emoción.
Toda mujer soñaba con elegir su vestido de novia.
Ella solo veía otra decisión tomada por alguien más.
—Pruébate este primero —dijo su madre, señalando un elegante vestido de corte sirena.
Ivonne obedeció.
La modista acomodó el encaje sobre sus hombros mientras otra ajustaba la cintura.
Cuando terminó, se colocó frente al espejo.
Era hermoso.
Perfecto.
Y no sintió absolutamente nada.
—¿Qué te parece? —preguntó la modista con entusiasmo.
Ivonne tardó unos segundos en responder.
—Es bonito.
—Solo… ¿bonito?
Ella sonrió con educación.
—Sí.
Las mujeres comenzaron a buscar otro modelo.
Mientras cambiaban el vestido, Ivonne siguió observando su reflejo.
De repente, una pregunta apareció en su cabeza.
¿Cuántas veces había cedido sin darse cuenta?
Recordó cuando tenía nueve años.
Había ganado un concurso de pintura en la escuela.
Corrió emocionada hasta su casa con el diploma entre las manos.
Pero ese mismo día Ivy había obtenido el primer lugar en un concurso de baile.
Toda la familia celebró a la menor.
Su diploma terminó guardado en un cajón.
Nadie volvió a mencionarlo.
A los trece años.
Había pedido aprender piano.
Su padre respondió que las clases eran una pérdida de tiempo.
Un mes después…
Ivy quiso aprender violín.
Contrataron al mejor profesor de la ciudad.
Ivonne nunca dijo nada.
Pensó que quizá el piano simplemente no era importante.
A los diecisiete.
Quería estudiar Relaciones Internacionales en el extranjero.
Había conseguido una beca parcial.
Giovanni le pidió que se quedara para ayudar en la empresa familiar.
Aceptó.
Meses después, Ivy comentó durante la cena que soñaba con hacer un intercambio universitario cuando terminara sus estudios.
Todos comenzaron a hablar sobre destinos, universidades y oportunidades.
Su padre incluso dijo que el dinero no sería un problema.
Ivonne recordó haber sonreído.
Como si aquello no doliera.
—Señorita…
La voz de la modista la devolvió al presente.
—Ya puede abrir los ojos.
Frente al espejo había otro vestido.
Más sencillo.
Con mangas largas de encaje y una falda de caída elegante.
Eleonora sonrió.
—Ese me gusta más.
Ivonne no respondió.
Seguía perdida entre recuerdos.
No era solo el matrimonio.
No era solo el sacrificio.
Era comprender que aquel no había sido el primer momento en que la elegían a ella…
Para renunciar.
Siempre había sido así.
La responsable.
La madura.
La que entendía.
La que cedía.
La que no daba problemas.
Y mientras ella aprendía a conformarse…
Ivy recibía aquello con lo que ella apenas se había atrevido a soñar.
No culpaba a su hermana.
Jamás podría hacerlo.
Ivy nunca había pedido ser la favorita.
Pero por primera vez en veinticuatro años…
Ivonne se preguntó si alguna vez había sido simplemente la hija.
Y no la hija que debía sacrificarse por los demás.
—¿Ivonne?
La voz de su madre la sacó de sus pensamientos.
—¿Sí?
—¿Te gusta este vestido?
Ivonne se observó una vez más en el espejo.
La joven que la miraba parecía tranquila.
Pero ya no era la misma que una semana atrás.
Sonrió apenas.
Una sonrisa cansada.
—Sí.
Este está bien.
Eleonora asintió satisfecha, sin notar que aquella respuesta no hablaba del vestido.
Hablaba de toda la vida de su hija.
“Está bien.”
Era la frase que Ivonne había repetido durante años.
Y quizá por eso nadie se había detenido a preguntarle alguna vez si, en realidad…
no lo estaba.