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Tentaciones Prohibidas

Tentaciones Prohibidas

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor de la infancia
Popularitas:15.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yance

El destino vuelve a reunirlos bajo el mismo techo, pero nadie sabe qué traerá consigo este reencuentro.
¿Encontrará Emma a alguien capaz de comprender su corazón?
¿Descubrirá que el amor puede llegar cuando menos lo espera?
¿O será una tentación inesperada la que ponga su mundo de cabeza?
En esta historia, nada está escrito todavía. Los sentimientos crecerán, los secretos saldrán a la luz y las decisiones de sus protagonistas irán marcando el rumbo.
Porque a veces, el corazón desea algo que la razón no sabe explicar… y la vida nos enfrenta a elecciones que jamás pensamos tener que hacer.
Bienvenidos a Tentaciones prohibidas.

NovelToon tiene autorización de Yance para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un reencuentro inesperado

La fiesta estaba en pleno apogeo.

La música llenaba los jardines de la mansión Moretti, las luces doradas iluminaban cada rincón y los invitados conversaban entre copas, risas y felicitaciones. Todo estaba preparado para celebrar dos cumpleaños muy especiales: los dieciocho años de Emma Carter y los treinta y cinco de Leonardo Moretti.

Sin embargo, aquella noche, todas las miradas parecían dirigirse hacia una sola persona.

Emma.

La joven lucía espectacular. Su vestido azul celeste resaltaba su figura con elegancia, mientras que su cabello rubio caía en suaves ondas por su espalda. Su sonrisa iluminaba el rostro y sus ojos brillaban con la emoción de estar nuevamente rodeada de las personas que más quería.

Ya no era la niña delgada que corría por los pasillos de aquella casa persiguiendo a todos para convencerlos de que jugaran con ella.

Había crecido. Y mucho.

Emma estaba de espaldas, conversando con una de las invitadas, cuando Leonardo apareció en el jardín hablando por teléfono con Alessandro.

Vestía un traje negro impecable que acentuaba sus hombros anchos y su figura imponente. Llevaba el cabello ligeramente despeinado, una barba corta perfectamente cuidada y aquella sonrisa encantadora que tantas veces le había abierto puertas que otros hombres ni siquiera conseguían tocar.

—Te estoy diciendo que ya llegué —comentó Leonardo mientras caminaba—. Así que deja de preguntarme dónde estoy.

Alessandro negó con la cabeza desde el otro lado de la llamada.

—No te he preguntado tantas veces.

—Me has llamado tres veces.

—Quería asegurarme de que estuvieras aquí. Emma quiere que estés presente.

Leonardo miró a su alrededor.

—Estoy aquí y no veo a Em...

Se interrumpió.

Su mirada acababa de detenerse en una joven rubia que se encontraba de espaldas, cerca de la pista de baile.

Se quedó observándola durante unos segundos.

Había algo en su porte que le llamó la atención: la delicada espalda descubierta, la cintura elegante, el cabello dorado y aquella manera natural de moverse entre los invitados.

Leonardo ladeó ligeramente la cabeza.

—Aless.

—¿Qué?

—Creo que acabo de encontrar a la mujer de mi vida.

Alessandro se detuvo en seco y soltó una carcajada tan sonora que varias personas se giraron hacia él.

—¡Lo siento! —se disculpó, sin poder contener la risa.

—¿Qué te causa tanta gracia?

—Tú. Me causas gracia tú.

Leonardo frunció el ceño.

—Estoy hablando en serio.

—Por supuesto. ¿Y cuánto va a durar esta vez? ¿Una semana? ¿Tres días? ¿O piensas superar tu récord y llegar al mes?

—No estoy bromeando, Aless.

—Hermano, tú tienes la vacuna contra el compromiso. La última mujer que te interesó apenas tuvo tiempo de aprenderse tu apellido.

Leonardo volvió a mirar a la rubia.

—Esta es diferente. Tienes que ver su espalda.

Alessandro abrió la boca, incrédulo.

—¿Ni siquiera le has visto la cara?

—No necesito verle la cara para saber que es hermosa.

—Estás enfermo.

—Estoy cautivado.

—Estás soltero desde hace demasiado tiempo y eso te está afectando el cerebro.

Leonardo sonrió, sin apartar la mirada de aquella figura.

—Te aseguro que, cuando la conozcas, vas a tener que tragarte tus palabras.

—Perfecto. ¿Me la vas a presentar o tengo que organizar otra fiesta?

—Primero tengo que acercarme.

Justo cuando Leonardo dio un paso hacia ella, la joven terminó su conversación y se volvió.

Sus ojos azules se iluminaron al reconocerlo.

—¡Estás aquí!

Leonardo se quedó inmóvil.

La sonrisa desapareció lentamente de su rostro.

Sus ojos recorrieron las facciones de la joven, buscando en ellas algún recuerdo que le permitiera asimilar lo que estaba viendo.

Aquellos ojos.

Aquella sonrisa.

Era Emma.

—¿Emma? —murmuró.

La rubia abrió los brazos y se acercó emocionada.

—¡Feliz cumpleaños, León!

Le dio un beso en la mejilla y lo abrazó con la familiaridad de siempre.

Leonardo tardó un instante en reaccionar. Después la rodeó con los brazos, procurando no arrugarle el vestido.

—Feliz cumpleaños, traviesa —respondió finalmente.

Se apartó un poco para observarla mejor.

—Pero ¿qué estás comiendo? Estás... estás...

Emma alzó una ceja.

—¿Estoy qué?

Leonardo tragó saliva.

—Gordita.

El silencio duró apenas un instante.

—¿Gorda? —repitió Emma, indignada—. ¡Gordas tus nalgas!

Leonardo abrió la boca, sorprendido por la respuesta, y Emma terminó soltando una carcajada.

—¡Pero mira cómo me habla esta niña! —exclamó él, intentando recuperar la dignidad.

—¿Esta niña? Tengo dieciocho años, señor.

Leonardo volvió a mirarla. La broma le había permitido recuperar parte de la compostura, pero seguía sorprendido por cuánto había cambiado durante el tiempo que estuvieron separados.

—Lo siento —dijo, levantando las manos—. Retiro mis palabras. No estás gorda.

Emma cruzó los brazos, fingiendo indignación.

—Más te vale.

Leonardo sonrió.

—Estás hermosa.

La expresión de Emma se suavizó y una sonrisa tierna apareció en sus labios.

—Lo sé.

Leonardo soltó una carcajada.

—¡Qué modesta!

—Aprendí de ti.

—Entonces debo de haber hecho un pésimo trabajo.

Ambos se echaron a reír.

Durante unos segundos se miraron en silencio, recuperando la complicidad que siempre los había unido. Para Leonardo, Emma seguía siendo aquella chica traviesa con la que compartía bromas y recuerdos familiares, aunque ahora tuviera una presencia y una seguridad que apenas comenzaba a reconocer.

Alessandro se acercó y le dio una palmada en el hombro.

—Feliz cumpleaños, hermano.

Leonardo sonrió.

—Gracias.

Alessandro lo miró con una expresión maliciosa.

—Y ahora que ya saludaste a Em, ¿dónde está la mujer de tus sueños?

Leonardo entornó los ojos.

—No empieces.

Emma dejó de sonreír.

—¿La mujer de tus sueños? —preguntó, confundida.

Alessandro miró a su hermano con una sonrisa que prometía problemas.

—Sí. Hace un minuto estaba convencido de que había encontrado al amor de su vida.

Emma volvió la mirada hacia Leonardo.

Él le lanzó a su hermano una mirada asesina.

—¿Qué? Solo estoy compartiendo la noticia.

Emma sintió una presión extraña en el pecho.

¿Una mujer?

¿Leonardo estaba interesado en alguien?

La idea le produjo una punzada desagradable que no supo explicar. Intentó mantener la sonrisa, pero de pronto la música pareció demasiado alta y el aire demasiado pesado.

Leonardo se pasó una mano por la nuca.

—La mujer se me perdió.

Alessandro volvió a reír.

—La buscarás hasta encontrarla. Te conozco, hermano.

—No sabes de qué estás hablando.

—Claro que sí. Y cuando la encuentres, espero que por lo menos recuerdes cómo se llama.

Leonardo lo empujó suavemente por el hombro.

—No me fastidies.

Emma ya no estaba escuchando.

Con una sonrisa forzada, murmuró una excusa y se alejó entre los invitados antes de que alguno notara el cambio en su expresión.

—¡Lenna!

Su mejor amiga se volvió al escucharla.

—¡Por fin! Llevo media hora intentando encontrarte. Estás preciosa, Em. ¡Preciosa! Ese vestido debería estar prohibido.

Emma intentó sonreír.

—Gracias.

Lenna la observó con atención y enseguida notó que algo no estaba bien.

—Espera... ¿qué pasó?

—Nada.

—Emma Carter, te conozco desde que eramos niñas. Esa cara no es de nada.

Emma miró hacia la pista de baile, donde alcanzaba a distinguir a Leonardo conversando con Alessandro.

—Creo que León tiene novia.

Lenna parpadeó.

—¿Qué?

—Dijo que había encontrado a la mujer de su vida.

—¿Y eso qué tiene de malo, Em? Entre ustedes no puede pasar nada aunque no sean familia.

Emma la miró como si acabara de traicionarla.

—¿Cómo que qué tiene de malo?

Lenna suspiró.

—Pues... nada. León tiene treinta y cinco años. Es normal que quiera conocer a alguien, enamorarse y tener una relación.

—¡Ya sé que es normal, tonta!

—Entonces, ¿por qué tienes cara de que acaban de cancelar tu cumpleaños? Em, aterriza.

Emma apretó los labios.

No quería llorar. No esa noche. No con el maquillaje recién hecho y el vestido que tanto le había gustado.

Pero la sola idea de que Leonardo se enamorara de otra mujer y comenzara a dedicarle a alguien más toda aquella atención que ella tanto extrañaba le provocaba una tristeza que no sabía cómo explicar.

—No quiero hablar de eso —murmuró.

Lenna le tomó las manos.

—Está bien. No tienes que hablar si no quieres. Pero escúchame: no vas a llorar ni a arruinar ese maquillaje espectacular por un hombre mujeriego.

Emma soltó una pequeña risa a pesar de sí misma.

—Eres una bruja.

—Una bruja con razón.

—Te odio.

—Me adoras.

Lenna la abrazó por los hombros.

—Esta noche es tuya, Emma. Cumples dieciocho años y estás rodeada de personas que te aman. No permitas que una idea te robe la felicidad antes de saber siquiera si es cierta.

Emma respiró profundamente.

—Tienes razón.

—Por supuesto que la tengo. Ahora sonríe, que alguien viene hacia acá y no pienso permitir que nadie me pregunte por qué la cumpleañera parece a punto de asesinar a alguien.

Emma se secó discretamente la esquina de un ojo y levantó la barbilla.

La fiesta continuaba.

Y ella también.

Unos minutos después, Alessandra se acercó a su hermana.

La adolescente, de cabello oscuro y expresión tranquila, se detuvo frente a Emma y la contempló con una sonrisa sincera.

—Estás hermosa.

Emma bajó la mirada hacia su vestido.

—¿Tú crees?

—No. Estoy segura.

—Gracias, Alessa.

Alessandra le acomodó un mechón rubio detrás de la oreja.

—Y espero que nada pueda empañar tu felicidad esta noche.

Emma sintió un nudo en la garganta.

Su hermana siempre había sido más observadora de lo que aparentaba. No necesitaba hacer demasiadas preguntas para darse cuenta de que algo la preocupaba.

Emma la abrazó con fuerza.

—Gracias, mi bebé.

—¡Oye! Tengo trece años. Ya no soy una bebé.

—Eres mi pequeña hermana.

—Sí, pero no me digas «mi bebé» delante de todo el mundo.

Emma se apartó y le pellizcó suavemente una mejilla.

—Está bien, señorita adulta.

Alessandra puso los ojos en blanco, aunque terminó abrazándola de nuevo.

Por un momento, Emma olvidó sus preocupaciones.

Tenía a su familia.

Tenía a Lenna.

Tenía una vida por delante y un cumpleaños que había esperado durante meses.

Esa noche debía ser feliz y se prometió que lo sería.

Un baile y demasiadas preguntas

La fiesta avanzó entre música, brindis y fotografías.

Emma recibió regalos, escuchó discursos que la hicieron reír y otros que estuvieron a punto de hacerla llorar. Nicolás no se apartó de ella durante buena parte de la noche, convencido de que ser el hermano menor le daba derecho a reclamar el primer baile.

—¡Yo la vi primero! —protestó cuando Daniela intentó llevarse a Emma a la pista.

—¡Pero yo soy su hermana! —respondió Daniela.

—¡Y yo soy su hermano!

—¡Los dos son sus hermanos! —intervino Isabella, riendo—. Déjenla respirar.

Alessandro se acercó a Emma y le besó la frente.

—¿Estás feliz, princesa?

Emma lo abrazó.

—Muchísimo, papá.

Él cerró los ojos un instante al escucharla. Sabía que Daniel siempre ocuparía un lugar irremplazable en el corazón de su hija, pero aquellos pequeños momentos le recordaban que el amor no necesitaba borrar el pasado para construir una familia.

—Entonces todo ha valido la pena.

Emma lo besó en la mejilla y volvió a la pista.

Bailó con sus abuelos, con sus hermanas, con Matteo el mejor amigo de Alessandro y hasta con Nicolás, quien casi le pisó el vestido dos veces.

Rió tanto que, por unos minutos, consiguió olvidar aquella conversación.

Hasta que la música cambió.

Y Leonardo apareció frente a ella.

—¿Me concede este baile, señorita?

Emma levantó la mirada.

Él le ofrecía una mano con una sonrisa divertida, como si no hubiera pasado absolutamente nada.

Ella lo miró de arriba abajo.

—No sé. ¿No deberías estar buscando a la mujer de tus sueños?

Leonardo arqueó una ceja.

—¿Perdón?

—Nada. Olvídalo.

Emma aceptó su mano.

Leonardo la condujo hacia el centro de la pista justo cuando comenzó una canción más lenta.

Al principio, ella mantuvo una expresión seria. Él, por su parte, parecía entretenido con aquella actitud inesperada.

—¿Se puede saber qué te pasa?

—Nada.

—Esa palabra nunca significa nada cuando la dices así.

—Entonces no preguntes.

Leonardo soltó una risa baja.

—Vaya. Parece que mi cumpleañera favorita viene con carácter.

—Y los de treinta y cinco vienen demasiado verdes.

—¿Me estás llamando viejo?

—Yo no he dicho eso.

—Lo acabas de insinuar.

—Si te cayó el guante...

Leonardo negó con la cabeza, divertido.

—Definitivamente has regresado más insoportable.

—Y tú sigues siendo igual de presumido.

Emma intentó no sonreír, pero fracasó.

Leonardo la hizo girar con suavidad y ella volvió a quedar frente a él. Durante unos segundos, ambos guardaron silencio mientras la música envolvía el jardín.

—Te extrañé, enana —dijo él, con una sinceridad que borró la sonrisa burlona de su rostro.

Emma sintió que el corazón le daba un vuelco.

—Yo también te extrañé.

—Mucho más de lo que imaginas. La casa se sentía extraña sin tus llamadas, sin tus dramas y sin que alguien me robara la comida del plato.

Emma soltó una carcajada.

Leonardo sonrió al verla reír. Aquella era la Emma que conocía: la chica traviesa que se escondía detrás de las cortinas, que lo buscaba para contarle sus secretos y que siempre conseguía salirse con la suya.

Pero ahora estaba frente a una joven adulta con sueños propios, una vida lejos de casa y un futuro que apenas comenzaba.

—Prométeme que no volverás a desaparecer durante tanto tiempo —le pidió.

La sonrisa de Emma se desvaneció un poco.

—No desaparecí. Estaba estudiando.

—Lo sé. Y estoy orgulloso de ti. Pero también puedo extrañarte, ¿no?

Ella bajó la mirada.

—Sí.

Leonardo le levantó delicadamente el mentón con un dedo, en un gesto afectuoso.

—Entonces no me hagas tener que esperar otro año para verte.

Emma sintió que la tristeza regresaba al recordar lo que había escuchado.

—No creo que tengas que esperar mucho. Ahora tendrás a alguien que ocupe tu tiempo.

Leonardo frunció el ceño.

—¿Seguimos con eso?

—¿Con qué?

—Con la mujer misteriosa que, según tú, tengo.

—Yo no he dicho que tengas una mujer.

—Pero llevas parte de la noche comportándote como si te hubiera anunciado mi boda.

Emma apartó la mirada.

—Haz lo que quieras, Leonardo.

Él soltó una risa breve.

—¿Leonardo? Vaya, esto es grave. Ya ni siquiera me llamas con cariño.

—Pues acostúmbrate.

La música continuó, pero Emma dejó de mirarlo a los ojos.

Leonardo no insistió. La hizo girar una vez más y, cuando volvió a acercarla, le sonrió con ternura.

—Feliz cumpleaños, pequeña.

Emma tragó saliva.

—Feliz cumpleaños, otra vez.

Y aunque ambos continuaron bailando, ella permaneció molesta durante el resto de la canción.

Leonardo no tenía idea de por qué.

Emma, por su parte, tampoco estaba preparada para Reconocerlo.

Porque aquella noche, entre luces doradas, promesas familiares y una canción lenta, había descubierto algo que la asustaba mucho más que la posibilidad de que Leonardo tuviera novia:

La idea de que algún día pudiera dejar de ser una de las personas más importantes de su vida.

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jazmina de garcia
me encanta
Yaz
que padre, que se pudo solucionar el inconveniente con la app 👍👍👍
Nancy romero
me encanta la parejita 😍😍😍😍
Nancy romero
q bueno q volviste autora
Violeta Banquez Martinez
gracias por regresar y es excelente tus historias
Yance: Gracias por tus palabras Violeta. Un abrazo😘
total 1 replies
Noiraly Tovar
/Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob//Sob/
Noiraly Tovar
Noooooooooo pero q es eso, hay historias super más explícitas en todos los sentidos y las publican sin problema 🤬🤬🤬🤬🤬🤬🤬 de verdad que se pasan 😡😡😡😡
Noiraly Tovar
jajajajajajaja jajajajaja realmente así somos de tontos jajajajajaja
Noiraly Tovar
Una vez más la historia no tiene desperdicio,💕💕💕💖💖💖💖💖💖💖💖❤️❤️❤️❤️❤️
Yura Ran
Yance desde el principio se leyó que Emma y Leornardo no tienen vínculo familiar y eso esta muy claro en la trama, No guardan lazos de sangre algunos
degen las maten maligna y lean el texto en su contenido. espeto pro yo solución
Noiraly Tovar
Esa es la mejor decisión que puede tomar cualquier mujer....🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Monica García Ramirez
mas que excelente muy, pero muy recomendadas todas y cada una de las novelas de nuestra autora fsvorita
Monica García Ramirez
Por dios esto no puede estar pasando, estoy super emocionada y realmente quiere leerla hasta el. final, por fa autora no te rindas con esta historia, eres realmente genial escribiendo, amo leer tu excelente novela /Kiss//Pray/
victor hernandez
Por favor dejen que termine la novela ellos no son familia biológica y además esas situaciones las vivimos día a día ya el que de sorprenda es porque quiere venir a joder
Yaz
👍👍👍 ánimo Yance, pronto estaremos disfrutando de más capítulos 😉😉😉
Ana Elena Jiménez
como lectora no le veo lo incestuoso por ningún lado, pero bueno que sea lo que Dios quiera, total apoyo para usted 🫶🫶
Betty Saavedra Alvarado
Yance es una historia que espero que la plataforma no la vete ni censure quizás seas porque en un capítulo Leo le dice tío y ella sobrina muchas son adjetivos que usamos por cariño ellos no tienen vínculo sanguíneo estamos contigo
Natalia Cm
Espero que no la cancelen, tan buena que estaba, /Grimace//Grimace//Grimace//Grimace/
Nancy romero
ya me había emocionado ☹️☹️☹️☹️
Jhohanna Perez
@Yance si gustas escribeme al privado y te indico que hacer, también me ha ocurrido, como a otras colegas y se de que manera lo puedes solucionar más rápido 😊😊😊
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