Ella es la mayor de seis hermanos y siempre ha tenido una vida difícil.. Pero tiene la posibilidad de volver a vivir en un nuevo mundo y poder ser feliz ayudando a otros.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Academia
Cuando Rose llegó finalmente a la Academia de Magia, descubrió algo que no esperaba.
La Academia...
No era exactamente como la había imaginado.
Bueno.
En realidad, no se parecía en nada.
Desde que reencarno había soñado con aquel lugar.
En su imaginación había torres enormes, profesores vestidos con túnicas, estudiantes lanzando hechizos por los pasillos y criaturas mágicas caminando tranquilamente por los jardines.
Y sí...
Había algunas de esas cosas.
Pero la Academia era muchísimo más grande.
No era solamente una escuela de magia.
Era prácticamente un mundo educativo.
Había edificios enteros dedicados a diferentes áreas de estudio.
Aulas de magia elemental.
Sanación.
Pociones.
Alquimia.
Historia.
Literatura.
Idiomas.
Administración.
Comercio.
Herbolaria.
Y muchas otras materias que Rose ni siquiera sabía que existían.
Cuando la llevaron a su salón de clases, descubrió otra cosa.
Su nivel mágico era bastante bajo.
Rose miró la clasificación que le habían entregado.
Luego volvió a mirarla.
[Bueno.]
[Al menos no me echaron.]
Su magia de luz era suficiente para que pudiera estudiar sanación y algunas materias relacionadas con pociones.
Pero no tenía el nivel para competir con los estudiantes más talentosos.
Y, sorprendentemente...
Eso no le molestó.
Ella nunca había esperado convertirse en la maga más poderosa del reino.
Quería aprender.
Eso era suficiente.
Además, descubrió que había una materia donde podía destacar.
Administración.
Los profesores comenzaron a notar rápidamente que Rose tenía una facilidad extraordinaria para organizar información, calcular presupuestos y comprender sistemas administrativos.
Era algo que había desarrollado durante su primera vida.
Y el trabajo que había realizado antes de ingresar a la Academia también la había ayudado.
Mientras otros estudiantes se confundían con documentos, cuentas y registros...
Rose avanzaba rápidamente.
Una profesora incluso llegó a preguntarle..
—¿Ya había estudiado administración antes?
Rose sonrió.
—No exactamente.
[He trabajado con papeleo durante años.]
Pero decidió no explicar demasiado.
Así pasaron los meses.
Rose estudiaba.
Practicaba magia.
Aprendía sanación.
Experimentaba con pociones.
Y, por supuesto, seguía intentando hacer que su magia de luz fuera más poderosa.
A veces conseguía crear una esfera de luz del tamaño de una nuez.
Otras veces conseguía hacerla durar varios minutos.
Para ella...
Era un gran logro.
[¡Está creciendo!]
Aunque fuera lentamente.
Y eso era suficiente.
Meses después, Rose decidió escribirle a su madre.
Se sentó frente a su escritorio.
Pensó durante varios minutos qué decir.
Finalmente escribió una carta sencilla.
Le contó que estaba bien.
Que había ingresado a la Academia.
Que estaba estudiando.
Que estaba aprendiendo magia.
Y que esperaba que ella también estuviera bien.
Terminó la carta.
La envió.
Y esperó.
Pasaron los días.
Luego las semanas.
No recibió respuesta.
Rose intentó no preocuparse.
[Quizás está ocupada.]
Esperó un poco más.
Nada.
Entonces escribió otra carta.
Tampoco recibió respuesta.
Al final, decidió no insistir.
No quería obligarla.
No podía controlar lo que su madre quisiera hacer.
Así que continuó estudiando.
También escribió a la duquesa.
La carta de Rose fue mucho más larga.
Le contó sobre la Academia.
Sobre sus clases.
Sobre sus pequeños progresos con la magia.
Y, especialmente, le agradeció nuevamente por haberle dado aquella oportunidad.
La respuesta llegó algunos días después.
Abrió la carta con cuidado.
La duquesa le deseaba lo mejor.
Le decía que esperaba que estuviera disfrutando de sus estudios.
Y que confiaba en que lograría todo lo que se propusiera.
Rose leyó la carta dos veces.
Después la abrazó contra su pecho.
—Gracias...
Susurró.
[Realmente es como una hada madrina.]
Y guardó cuidadosamente la carta.
El primer año terminó.
Llegaron las vacaciones.
Muchos estudiantes regresaron a sus hogares.
Rose, sin embargo, decidió quedarse en la Academia.
No sabía si su madre la recibiría.
No sabía qué había ocurrido con Braulio.
No sabía si su madre seguía enojada.
No sabía absolutamente nada.
Así que decidió quedarse.
Durante las vacaciones continuó estudiando.
Leía.
Practicaba.
Ayudaba en algunas tareas administrativas.
Y aprovechaba la tranquilidad de la Academia.
De vez en cuando pensaba en su familia.
[Espero que mamá esté bien.]
Eso era todo.
No guardaba rencor.
Aunque le doliera.
Unos meses después volvió a escribir.
Otra carta.
Otra espera.
Y nuevamente...
Nada.
Respiró profundamente.
Y decidió continuar con su vida.
El segundo año pasó rápidamente.
Rose había cambiado.
Ya no era la joven asustada que había llegado a la Academia.
Había ganado confianza.
Había aprendido mucho.
Su magia de luz había mejorado.
No era extraordinaria.
Pero ya podía utilizarla con bastante estabilidad.
En sanación comenzaba a aprender.
En pociones tenía buenos resultados.
Y en administración...
Era excelente.
Sus profesores confiaban cada vez más en ella.
Incluso algunos compañeros comenzaron a pedirle ayuda.
Rose siempre ayudaba.
[Después de todo, alguien me enseñó que una oportunidad debe compartirse.]
Cuando terminó el segundo año, recibió una sorpresa.
Una mañana llegó a su habitación un paquete.
Rose lo miró confundida.
—¿Para mí?
La encargada confirmó que sí.
Rose abrió cuidadosamente la caja.
Y se quedó completamente quieta.
Dentro había flores.
Hermosas flores frescas.
Y junto a ellas...
Una caja llena de pasteles.
Sus ojos se iluminaron.
—¡Pasteles!
La encargada sonrió.
—También hay una carta.
Rose tomó el sobre.
Reconoció inmediatamente la escritura.
Era de la duquesa.
Rose leyó la carta.
La duquesa le deseaba un buen descanso.
Le decía que esperaba que estuviera disfrutando de sus estudios.
Y le enviaba aquel pequeño regalo para felicitarla por haber completado otro año.
Rose abrazó la carta.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
[¿Cómo puede ser tan amable?]
Miró las flores.
Luego los pasteles.
Después la carta.
Y sonrió.
[Definitivamente es mi hada madrina.]
Rose escribió inmediatamente una respuesta.
Le agradeció por las flores.
Por los pasteles.
Y, nuevamente, por todo lo que había hecho por ella.
No quería que la duquesa pensara que había olvidado su ayuda.
Nunca podría hacerlo.
Los años siguientes pasaron rápidamente.
Rose estudió.
Aprendió.
Mejoró.
Y finalmente llegó el día de su graduación.
Había terminado la Academia.
Ya no era la joven que había llegado con un vestido azul remendado.
Ahora tenía conocimientos.
Experiencia.
Una buena educación.
Y muchas posibilidades frente a ella.
Cuando recibió las propuestas de trabajo, Rose se sorprendió.
Había varias.
Instituciones administrativas.
Casas comerciales.
Centros de sanación.
Incluso algunas familias nobles buscaban asistentes con conocimientos de administración y magia de luz.
Rose revisó una propuesta.
Luego otra.
Y otra.
Hasta que notó algo.
Varias de ellas habían llegado gracias a recomendaciones.
Y esas recomendaciones tenían un origen bastante evidente.
Rose se quedó mirando los documentos.
Después sonrió.
[Claro.]
[La duquesa.]
Se dejó caer sobre la silla.
Miró las propuestas.
Y soltó una pequeña risa.
[¿Cómo puede alguien tener una hada madrina tan poderosa?]
Durante años había pensado que su segunda vida sería difícil.
Y lo había sido.
Pero también había descubierto algo que nunca había tenido en su primera vida.
Personas que creían en ella.
Personas que le daban oportunidades.
Personas que no esperaban que ella se sacrificara por ellos.
Y, sobre todo...
Una mujer que había aparecido en el momento más inesperado y había cambiado completamente el rumbo de su vida.
Rose tomó la carta de la duquesa que conservaba cuidadosamente.
La acercó a su pecho.
Y sonrió.
[Gracias, mi hada madrina.]
[Espero algún día poder hacer por alguien lo que usted hizo por mí.]
me encanta muy divertida