Melanie conoció a Brandon. Un hombre brillante, intenso, imposible de ignorar, se enamoró de él sin medir consecuencias. Él la miraba, la deseaba, la tenía… pero nunca la eligió. le daba un amor a cuotas largas
Porque hay amores que no se olvidan.
Y secretos que tarde o temprano tocan la puerta.
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capitulo 10
Melanie
Subí las escaleras sin voltear. Con la sonrisa todavía pegada en la cara y el corazón latiéndome como si acabara de ganar una apuesta importante. Porque, en cierto modo, así era
Llegué al baño, me desvestí y me metí a la ducha. El agua caliente me cayó encima como un alivio. Cerré los ojos y me dejé envolver por el vapor, repasando mentalmente lo que acababa de pasar. Sus manos. Su boca. La forma en que me había mirado cuando le dije lo del amigo
Se me escapó una risa. Una risa baja, de esas que salen solas
Me quedé ahí más tiempo del necesario. Disfrutando. Saboreando. Dejando que el agua me relajara los músculos y me despejara la cabeza, esperando para ver si entraba, pero nada, no llego
Cuando terminé, salí, me sequé el pelo con la toalla y me enrollé otra en el cuerpo. La habitación estaba en silencio. La casa también. Nada de pasos. Nada de puertas. Nada de él.
Claro. No iba a venir
Me dije que no me importaba. Que había sido una broma. Una provocación más. Que él era demasiado serio, demasiado rígido, demasiado acostumbrado a hacer siempre lo correcto. Y venir a la habitación de la mujer que lo había secuestrado, después de lo que había pasado en el sofá, no era precisamente lo correcto
Me solté la toalla. La dejé caer sobre una silla. Y me quedé frente al espejo, con el pelo mojado cayéndome por la espalda y la piel todavía caliente por el vapor
Y entonces lo sentí
La puerta se abrió
No me giré. No me hizo falta. Sentí su presencia. Su respiración. El peso de su mirada recorriéndome la espalda, las caderas, las piernas. Un silencio denso que duró apenas un segundo
Luego escuché sus pasos. Rápidos. Decididos
Y antes de que pudiera voltear, sus manos me agarraron de la cintura, me levantaron en el aire y me pegaron contra su pecho
— Brandon…
— Cállate
Me giró. Me sostuvo en brazos como si no pesara nada. Y me besó
No fue un beso suave. No fue un beso tibio. Fue un beso que llevaba todo el tiempo del mundo guardándose. Su boca se movía contra la mía con una urgencia que me cortó la respiración. Sus manos me apretaban las piernas, las nalgas, la espalda, la nuca. Como si tuviera miedo de que me escapara. Como si yo fuera a desaparecer
Yo respondí igual. Con la misma hambre. Con las mismas ganas. Le agarré la cara, le tiré del pelo, le mordí el labio. Y él gruñó. Un sonido ronco que me recorrió entera
Me llevó a la cama. Me dejó caer encima del colchón. Se quitó la camisa de un tirón, sin dejar de mirarme. Y yo lo miré a él. Su pecho, sus brazos, la forma en que su respiración se agitaba. Era todavía más de lo que había imaginado, este hombre estaba buenísimo
Se echó encima de mí. Sin prisa. Con los codos apoyados a los lados de mi cabeza, sosteniéndose para no aplastarme. Y me besó de nuevo. Más despacio. Más profundo. Como si quisiera aprenderme
— Melanie…
susurró contra mi boca
— no digas más, no pares ahora o te mato aquí mismo
— quien dijo que parare? No pienso parar
Sus manos bajaron por mi cuello. Por mis hombros. Por mis brazos. Recorriéndome entera. Lento. Deliberado. Como si quisiera memorizar cada centímetro
Y yo me dejé hacer. Porque quería. Porque lo deseaba. Porque en ese momento no había nada más en el mundo que él
Cuando sus dedos llegaron a mi cintura, me estremecí. Cuando bajaron más, se me escapó un gemido. Y él sonrió. Una sonrisa lenta, satisfecha, que me hizo hervir la sangre
— Te gusta?
— Cállate feo y sigue
— no soy feo, yo ser guapo
sonrió y me obedeció
El resto fue un torbellino. Su boca en mi cuello. Sus manos en mi pecho. Sus dedos recorriéndome por dentro. Yo me aferré a sus hombros, a sus brazos, a las sábanas. Sentí que me deshacía. Que me perdía. y él me encontraba
Cuando estuvo listo para entrar en mí, me miró. Con los ojos oscuros, la respiración cortada, el pelo cayéndole sobre la frente. Y esperó. Me dio tiempo. Me preguntó con la mirada
— Sí
dije, sin dejar de mirarlo
Y entró
Sentí un dolor agudo. Una punzada que me hizo cerrar los ojos y apretar los dientes. Un gemido de dolor se me escapó, bajito, ahogado. Y él se detuvo en seco
— Melanie…
Su voz sonó ronca. Sorprendida. Casi asustada
No respondí. No podía. El dolor estaba ahí, latiéndome por dentro. Pero también estaba él. Su cuerpo sobre el mío. Su respiración contra mi cuello. Su preocupación
Abrió los ojos. Me miró. Y algo en su expresión cambió. Algo que no supe descifrar. Sorpresa. Satisfacción. Algo parecido al asombro
Se quedó quieto. Mirándome. Con una expresión que no le había visto nunca. Como si no supiera qué decir. Como si por primera vez en mucho tiempo algo lo hubiera descolocado de verdad
— Melanie…
— No digas nada. Solo… sé cuidadoso
Asintió. Y luego, sin salir de mí, empezó a moverse. Más despacio. Más suave. Con un cuidado que no le conocía. Me besó la frente, las mejillas, la boca. Me susurró cosas tan hermosas. Me acarició el pelo, los brazos, la espalda
El dolor fue cediendo. Poco a poco. Hasta que se convirtió en algo más. Algo que me hacía arquear la espalda. Que me hacía gemir. Que me hacía aferrarme a él como si fuera lo único que me mantenía en la tierra
Y él respondió. Con la misma intensidad. Con la misma entrega. Como si también se estuviera perdiendo. Como si también estuviera deshaciéndose
Cuando terminamos, se dejó caer a mi lado. Sin salir del todo. Con un brazo alrededor de mi cintura. Me atrajo hacia él. Me acomodó contra su pecho. Y yo me dejé. Con la cabeza apoyada en el, el corazón todavía galopándome, la piel pegada a la suya
Nos quedamos en silencio. Un silencio que no era incómodo. Un silencio que era, más bien, necesario. Como si las palabras sobraran. Como si todo lo que teníamos que decir ya lo hubiéramos dicho con el cuerpo
— Por qué no me dijiste?
preguntó, al cabo de un rato
— Qué cosa?
— Que no habías estado con nadie
— No tiene importancia feo
— Para mí sí la tiene
— Por qué?
Se quedó callado. Sentí su respiración contra mi pelo. Su mano, que me acariciaba el brazo. Y luego, en voz baja, casi como si no quisiera que lo escuchara
— Porque significa que fui el primero. Y eso… no sé. Es tuyo. Es algo que nadie más te va a quitar
Me incorporé un poco. Lo justo para mirarlo a los ojos.
— Y eso te gusta?
— Sí, es decir... A quien no?
— Por qué?
— No lo sé. A todos los hombre snis gusta eso
Me miró. Con una honestidad que no le había visto nunca
— Supongo que porque no me gusta compartir o simple ego machista
Sonreí. Una sonrisa lenta, cansada, feliz
— Entonces… siéntete halagado. De que te elegí a ti. Para que fueras el primero.
— Y por que a mí?
— porque me gustaste desde que te vi y sabía que eras tú
Me besó la frente. Un beso suave. Tierno. Que no tenía nada que ver con el hombre que me había ignorado en el club. Que no tenía nada que ver con el Brandon de cara de póker. Que era, quizás, el verdadero. El que nadie veía
— Duérmete
dijo
— Estás cansada
— Te vas a ir?
— Estoy secuestrado, no puedo irme, mi secuestradora está loca y amenazó con matarme
Me hizo reír como una tonta, Pero me gustó, el estaba tan relajado como yo después de lo que pasó
Me acurruqué contra él. Cerré los ojos. Sentí su brazo alrededor de mi cintura. Su respiración en mi nuca.
— Feote
susurré, antes de quedarme dormida
— Sí?
— Gracias
No respondió. Pero sentí su brazo apretarme un poco más. Y eso, para mí, fue suficiente