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VALLA DON PANCRACIO

VALLA DON PANCRACIO

Status: Terminada
Genre:Comedia / Completas
Popularitas:127
Nilai: 5
nombre de autor: Lohendy G

Divierte

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La cena el enemigo y la bendición

El pueblo respiraba un aire de fiesta aquella tarde. Doña Loli había regresado, y no venía sola: venía del brazo de Don Basilio, aquel hombre rico, elegante, con un bigote tan grande que parecía moverse solo cuando hablaba. Y traía una noticia que dejó a todos con la boca abierta: ¡iban a unir sus vidas para siempre!

Doña Candelaria se había ofrecido prestar su casa y ella cosino con tanto amor para demostrar su gran cariño asu amiga esmerado en preparar la cena más linda de todas. El olor a comida deliciosa salía por las ventanas y llegaba hasta la calle. Había dispuesto la mesa con sus mejores manteles, flores frescas y hasta las tazas de porcelana que guardaba para ocasiones muy especiales. Estaban todos invitados: Don Filemon y su esposa Doña Filomena, los recién casados Doña Carmen y Don Marcelo, y como invitado de honor, el Padre Juan, para dar la bendición por la unión de la pareja.

Pero había un pequeño detalle... o mejor dicho, un gran problema: Don Pancracio se negaba en redondo a asistir.

—¡Ni lo pienses, Candelaria! —decía él, cruzándose de brazos y poniendo cara de pocos amigos mientras acariciaba a su gallina Doña Cleotilde—. ¡Ese Don Basilio es mi enemigo desde que tengo memoria! ¿Cómo quieres que me siente a la mesa con él, como si nada hubiera pasado? ¡Ni loco! Prefiero quedarme aquí comiendo tortilla con sal.

Doña Candelaria suspiró, cansada de la terquedad de su esposo.

—Mira, Pancracio —le dijo, poniéndole las manos en la cintura—. Doña Loli es nuestra amiga de toda la vida, y ella nos necesita hoy. Además... ¡va a estar el Padre Juan! ¿Cómo te vas a quedar aquí escondido como un niño enojado cuando viene el sacerdote? ¿Qué va a pensar? ¡Que eres un mal cristiano y un terco sin remedio!

Don Pancracio abrió la boca para protestar, pero se quedó sin palabras. Sabía que su esposa tenía razón. No podía faltar estando el Padre Juan presente; eso sería una falta de respeto muy grande. Se rascó la cabeza, miró a Doña Cleotilde como pidiéndole consejo, y la gallina simplemente cacareó como diciendo "ve, no seas tonto".

—Está bien... —murmuró Don Pancracio, resignado—. ¡Iré! Pero que sepas que lo hago solo por el Padre Juan y por Doña Loli. ¡Y si ese bigotudo me dice algo feo, me levanto y me voy en el acto!

Así que, cuando cayó la tarde, todos se reunieron en casa de Doña Candelaria. Llegaron Don Filemón y Doña Filomena, que no dejaban de mirar a Don Basilio de arriba abajo; llegaron Doña Carmen y Don Marcelo, tomados de la mano y sonrientes, llenos de la felicidad de su reciente matrimonio; y por último llegó el Padre Juan, tranquilo y amable, saludando a todos con una sonrisa.

Cuando Don Pancracio entró y vio a Don Basilio de pie junto a Doña Loli, sintió que se le subían los colores a la cara. Apretó los dientes, apretó los puños, pero respiró hondo, recordó que estaba el Padre Juan presente, y se limitó a asentir con la cabeza, muy serio. Don Basilio, por su parte, se acomodó su enorme bigote y también lo saludó con educación, aunque con un toque de arrogancia que a Don Pancracio le sacaba de quicio.

—Bienvenidos sean todos —dijo Doña Candelaria, rompiendo la tensión y sirviendo la comida—. ¡Pasemos a la mesa, que todo está listo!

Durante la cena hubo momentos de todo tipo. Doña Loli estaba radiante, contando sus viajes y mirando con amor a Don Basilio. El Padre Juan hablaba con todos con mucha amabilidad, y su sola presencia hacía que nadie se atreviera a decir una sola palabra de enojo. Don Filemón contaba anécdotas graciosas que hacían reír a todos, y hasta Don Pancracio, sin querer, terminó soltando alguna que otra risita, aunque seguía mirando de reojo a su enemigo.

Cuando terminaron de comer, todos se pusieron de pie. El Padre Juan tomó la palabra, puso sus manos sobre las cabezas de Doña Loli y Don Basilio, y con voz suave y cariñosa dijo:

—Dios bendiga esta unión. Que el amor, el respeto y la alegría vivan siempre en sus corazones. Que sean compañeros en las alegrías y en las dificultades. Y que la paz reine siempre entre ustedes y sus amigos.

Don Pancracio escuchaba en silencio, y al oír aquellas últimas palabras, sintió que algo se le ablandaba por dentro. Miró a Doña Loli, tan feliz, miró a su esposa que le daba una pequeña señal con los ojos, y entonces, haciendo un esfuerzo enorme, decidió dejar su orgullo de lado por un momento.

Cuando terminó la bendición, se acercó a Don Basilio, le tendió la mano y dijo, sin mirarlo casi pero con voz firme:

—Que Dios los bendiga a los dos. Y... que les vaya bien.

Don Basilio lo miró sorprendido, luego estrechó su mano y, por primera vez, su sonrisa pareció sincera.

—Gracias, Pancracio.

Doña Candelaria sonrió aliviada, Doña Loli aplaudió emocionada, y todos brindaron por la felicidad de la nueva pareja. Aquella noche aprendieron que, aunque los enemigos existen y las diferencias cuesta dejarlas de lado, siempre hay un lugar para la generosidad, especialmente cuando hay amor, buenos amigos y la bendición de Dios de por medio.

Y mientras todos celebraban, afuera en el patio, Doña Cleotilde ponía un huevo, como si también quisiera celebrar la paz que, aunque pequeña y algo torpe, acababa de nacer entre los dos enemigos. 🐔✨

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