5 PUERTAS
¿Y si tu destino hubiera sido elegido antes de nacer?
Cinco puertas. Cinco destinos. Un secreto capaz de cambiarlo todo.
Cuando varias personas comienzan a descubrir que sus vidas están unidas por un misterio imposible de explicar, entenderán que algunas puertas nunca debieron abrirse.
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CAPÍTULO 15 — LA PRIMERA PISTA
La mañana siguiente comenzó llena de movimiento.
Después del desayuno, todos los estudiantes se reunieron frente a la cabaña principal.
Los profesores llevaban mapas, sobres y varias cajas pequeñas.
Mateo miró todo con curiosidad.
—¿Qué vamos a hacer?
Uno de los profesores levantó la voz para que todos pudieran escucharla.
—Hoy comenzaremos con la primera actividad del campamento.
Los estudiantes guardaron silencio.
—Cada grupo recibirá un mapa y una serie de pistas.
Su objetivo será encontrar los puntos marcados alrededor del campamento.
En cada lugar encontrarán una nueva pista.
El primer grupo que complete todo el recorrido será el ganador.
Mateo levantó la mano.
—¿Y qué ganamos?
El profesor sonrió.
—Una ventaja para la próxima actividad.
Mateo bajó la mano.
—¿No hay comida?
Todos comenzaron a reír.
—Mateo, por favor —dijo Lucas.
—Solo estoy haciendo preguntas importantes.
El profesor continuó explicando las reglas.
—No podrán separarse de su grupo.
Tampoco podrán tomar caminos fuera de las zonas indicadas.
Y recuerden: tendrán que resolver las pistas, no solamente correr.
Los profesores comenzaron a repartir los sobres.
Gio recibió el suyo.
A su lado estaban Julietta, Emma, Lucas y Mateo.
—Bueno —dijo Gio—. ¿Listos?
—Sí —respondió Emma.
Lucas abrió el mapa.
Mateo ya estaba mirando hacia el bosque.
—Yo digo que corramos y encontramos la pista antes que todos.
Emma lo miró.
—Primero tenemos que leerla.
Mateo suspiró.
—Está bien.
Gio abrió el sobre.
Dentro había una pequeña tarjeta.
Emma la tomó.
—Una ver...
Leyó:
"Siempre avanza, pero nunca camina. Puedes seguirme, pero jamás alcanzarme".
Mateo frunció el fruncido.
—Una persona caminando.
Lucas negó con la cabeza.
-No.
Emma volvió a leerla.
—"Siempre avanza, pero nunca camina..."
Lucas miró el mapa.
—Creo que es un río.
Emma levantó la mirada.
—Yo también pensé eso.
Lucas señaló una zona del mapa.
—Miren.
Hay un río que atraviesa el campamento.
Emma observó la pista nuevamente.
—Y además dice que podemos seguirlo, pero nunca alcanzarlo.
Gio sonrió.
—Entonces tenemos nuestra respuesta.
Mateo abrió los brazos.
—¡El río!
Lucas lo miró.
-Si.
El río.
Mateo sonrió orgulloso.
—Lo sabía.
Emma se rio.
—No lo sabías.
—Pero ahora sí.
Gio negó con la cabeza.
—Bueno, vamos.
Todos comenzaron a caminar.
---
El sendero se internaba entre los árboles.
Al principio avanzaron juntos, pero después Mateo y Lucas comenzaron a discutir sobre cuál camino tomar.
Mateo señaló hacia la derecha.
—Es por aquí.
Lucas señaló hacia la izquierda.
-No.
Es por aquí.
Mateo miró el mapa.
—Estoy seguro.
—Yo también.
Emma intentó hablar.
—Chicos...
Pero ninguno la había.
Mateo tomó a Emma suavemente del brazo.
—Vos venís con nosotros.
Lucas hizo lo mismo del otro lado.
—Sí, es por aquí.
Emma los miró sorprendida.
—¡Chicos!
Los dos comenzaron a caminar en dirección contraria.
—No es por aquí.
—Sí es por acá —dijo Lucas.
Emma soltó una pequeña risa.
—Chicos, es por aquí.
Los dos se detuvieron.
—¿Qué? —preguntó Mateo.
Emma señaló el otro sendero.
—Es por aquí.
La pista dice que tenemos que seguir el río y el mapa muestra que está hacia ese lado.
Mateo y Lucas se miraron.
Después miraron a Emma.
Hubo un pequeño silencio.
—Bueno... —dijo Mateo.
—Ella tiene razón —admitió Lucas.
Emma.
—¿Me pueden soltar ahora?
Los dos se dieron cuenta de que todavía la estaban agarrando de los brazos.
La soltaron inmediatamente.
—Perdón —dijo Lucas.
Mateo levantó las manos.
—Fue un pequeño error de navegación.
Julietta comenzó a reírse.
Gio negó con la cabeza.
—Tenemos dos cerebros en el equipo...
Pero parece que hoy están de vacaciones.
—¡Eh! —protestó Mateo.
Lucas se río.
—Un poco sí.
Todos comenzaron a caminar por el camino correcto.
Mateo miró a Emma.
—A partir de ahora vos sos nuestro GPS.
—No soy un GPS —respondió Emma.
—Para mí sí.
Julietta Inclinó.
—Entonces estamos salvados.
---
Después de unos minutos, comenzó a escuchar el sonido del agua.
—Creo que estamos cerca —dijo Lucas.
Emma.
-Si.
El grupo continuó caminando.
Mateo iba unos pasos adelante.
—¡Encontraremos la pista primero!
Gio sonrió.
—No te adelantes tanto.
Mateo se dio vuelta.
—Tranquilo, novio.
Gio frunció el fruncido.
—¿Qué dijiste?
Mateo sonrió.
—Nada.
Solo estaba hablando con el novio de Julietta.
Julietta se puso colorada.
—¡Mateo!
Gio suspiró.
—Ya te dije que eso era una mentira.
—Sí, sí...
Una mentira muy romántica.
Lucas soltó una carcajada.
Emma también.
Julietta negó con la cabeza.
—No fue romántico.
Mateo levantó las manos.
—Bueno, bueno.
Los dejo tranquilos.
Gio miró hacia adelante.
—Así que insoportable.
Mateo sonrió.
—Pero me querés.
—No tanto.
Todos volvieron a reír.
Sin darse cuenta, habían llegado a una zona donde el río cruzaba el bosque.
Gio observó los alrededores.
—Creo que estamos en el lugar correcto.
Emma miró el mapa.
-Si.
Y allí, entre unas ramas, apareció una pequeña cinta atada a un árbol.
Lucas la remoción.
—Ahí está.
Mateo levantó los brazos.
—¡Primera pista encontrada!
Los cinco corrieron hacia el árbol.
Pero antes de que pudiera tomarla...
Escucharon voces detrás de ellos.
Todos se dieron vuelta.
Alguien más había llegado al mismo lugar.
Todos se dieron vuelta al escuchar las voces.
Por el sendero aparecieron varios estudiantes.
Entre ellos estaba Renata.
Llevaba su mochila al hombro y caminaba junto a los integrantes de su grupo.
Cuando vio a Gio, levantó una ceja.
—Veo que llegaron.
Gio sonrió.
-Si.
Renata miró hacia el árbol y después hacia la cinta que habían encontrado.
—Ya encontraron la primera pista?
Mateo respondió rápidamente:
—Obviamente.
Renata sonrió de lado.
—Nosotros también.
Mateo dejó de sonreír.
—¿Qué?
Una de las compañeras de Renata levantó una pequeña cinta idéntica.
—La encontramos hace unos minutos.
Lucas observó ambas cintas.
—Entonces los dos grupos llegaron al mismo punto.
—Parece que sí —respondió Renata.
Gio cruzó los brazos.
—¿Y qué sigue?
Renata señaló hacia la cinta.
—Supongo que tenemos que descubrirlo.
Emma se acercó al árbol.
—Esperen.
Hay algo detrás.
Todos guardaron silencio.
Emma apartó cuidadosamente unas ramas y encontró un pequeño sobre.
—Aquí está.
Mateo sonrió.
—¡Sabía que había algo!
Lucas lo miró.
—Emma lo encontró.
Mateo se encogió de hombros.
—Pero yo estaba cerca.
Emma abrió el sobre.
Dentro había una nueva tarjeta.
—Una ver...
Leyó en voz alta:
"Donde el agua descansa y los árboles se reflejan, encontrarán aquello que buscan."
Lucas inmediatamente sacó el mapa.
—Hay un lago al este.
Emma se acercó para observarlo.
-Si.
Y mirará esto.
Señaló una pequeña marca.
—El sendero que lleva al lago pasa por una zona de árboles grandes.
Lucas.
—Entonces es ahí.
Gio miró a los demás.
—Vamos.
Renata dio un paso adelante.
—Nosotros también.
Mateo miró a Gio.
—Esto ya parece una carrera.
Gio sonrió.
—Entonces corramos.
Renata abrasó.
—Eso estaba pensando.
Los dos grupos comenzaron a avanzar.
---
El sendero se hizo más estrecho.
Mateo iba adelante, aunque cada pocos segundos se detenía para mirar el mapa.
—¿Seguro que es por aquí?
Emma respondió desde atrás:
-Si.
—¿Completamente segura?
-Si.
—¿Cien por ciento?
—Mateo...
—Está bien, está bien.
Confío.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Por fin.
Julietta caminaba junto a Gio.
—¿Siempre es así?
Gio la miró.
—¿Mateo?
-Si.
-Si.
Julietta se rio.
—Me parece divertido.
—Espera a que pasen más horas con él.
—¿Por qué?
—Porque probablemente vas a querer esconderte.
Julietta volvió a reír.
Mientras caminaban, una rama sobresalió del camino.
Julietta no la vio.
Tropezó ligeramente.
Gio reaccionó rápido y la sostuvo del brazo.
—¡Cuidado!
Julietta recuperó el equilibrio.
—Estoy bien.
—¿Segura?
-Si.
Gracias.
Ella lo miró unos segundos.
—Siempre estás pendiente de mí.
Gio se quedó en silencio.
Por alguna razón, esa frase le produjo una sensación extraña.
—Bueno...
Sos mi amiga.
Julietta Inclinó.
-Si.
Amigos.
Ella continuó caminando.
Pero bajó un poco la mirada, tratando de esconder una pequeña sonrisa.
Gio hizo lo mismo.
Ninguno dijo nada más.
---
Unos minutos después, el sonido del agua comenzó a escucharse.
—¡Llegamos! —gritó Mateo.
Todos aceleraron el paso.
Entre los árboles apareció un lago.
El agua estaba tranquila y reflejaba el cielo.
—Guau —dijo Julietta.
Emma miró alrededor.
—Tiene que estar aquí.
Lucas observó el mapa.
—La pista decía que los árboles se reflejan en el agua.
Entonces debemos buscar cerca de la orilla.
Todos comenzaron a buscar.
Mateo revisó debajo de un banco.
—Nada.
Lucas miró entre unas piedras.
Emma revisó cerca de un árbol.
Julietta observó unas ramas.
Gio caminó alrededor de la orilla.
De repente se agachó.
—Esperen.
Había algo debajo de una piedra.
Sacó un pequeño sobre.
—Encontré otra.
Mateo corrió hacia él.
—¡Ábrila!
Gio abrió el sobre.
Pero antes de leer...
Escucharon nuevamente las voces de Renata y su grupo.
Habían llegado.
Renata miró a Gio.
—¿Otra pista?
Gio levantó el sobre.
-Si.
Renata.
—Entonces no podemos quedarnos atrás.
Mateo miró a Gio.
—Esto se puso interesante.
—Bastante —respondió Gio.
Renata cruzó los brazos.
—Espero que no estén pensando en ganar tan fácilmente.
Gio sonrió.
—No pensaba hacerlo fácil.
Renata sostiene su mirada.
—Perfecto.
Entonces será más divertido.
Mateo miró a Lucas.
—¿Por qué siento que ellos dos podrían quedarse compitiendo hasta mañana?
Lucas acomodó sus lentes.
—Porque probablemente lo hagan.
Emma soltó una pequeña risa.
Julietta también.
Mateo miró a Julietta y después a Gio.
—Bueno, por lo menos tenemos una pareja que nos puede animar.
Gio cerró los ojos un segundo.
—Mateo...
—¿Qué?
—No somos novios.
—Ya sé.
Mateo sonrió.
—Pero es divertido decirlo.
Julietta se puso colorada.
Renata observó la escena en silencio.
Por un instante, su expresión cambió.
Pero rápidamente volvió a mirar hacia otro lado.
—¿Van a abrir esa pista o van a quedarse hablando?
Gio miró el sobre.
—Tenés razón.
Lo abrió.
Todos se acercaron.
La nueva pista decía:
"Cuando el sol comience a esconderse, deberá encontrar el lugar donde todos se reunirán."
Lucas frunció el fruncido.
—Eso suena a la fogata.
Emma miró el mapa.
—Hay un espacio marcado cerca de las cabañas.
Mateo sonrió.
—¿La fogata?
¿Eso significa comida?
Gio se rio.
—Mateo, por favor.
—Solo pregunto.
Renata levantó su mochila.
—Nosotros nos vamos.
No pienso perder tiempo.
Su grupo comenzó a alejarse.
Gio miró a los demás.
—Vamos.
Los cinco comenzaron a seguir el sendero.
Pero esta vez Renata y Gio avanzaban casi a la misma velocidad.
Ninguno quería quedarse atrás.
La competencia recién comenzaba.
Y mientras el sol empezaba lentamente a bajar sobre los árboles, ninguno de ellos imaginaba que aquella noche alrededor de la fogata traería algo más que otra actividad.