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La Hija Del Archiduque No Morirá Esta Vez

La Hija Del Archiduque No Morirá Esta Vez

Status: En proceso
Genre:Edad media / Mundo de fantasía / Mundo mágico
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lourdes Acosta

María solo quería llegar a tiempo a la facultad. Pero después de un accidente, despierta en un mundo que debería existir únicamente dentro de las páginas de una novela.

Ahora es Livia, la hija del medio de una de las familias más poderosas de Nivaria.

Y hay un pequeño problema...

Conoce la historia.

Sabe que su vida está destinada a convertirse en un infierno, que un príncipe terminará destruyendo todo a su alrededor y que alguien que debería haber sido un gran rey acabará muriendo por una traición.

Pero Livia no piensa quedarse de brazos cruzados.

Si el destino ya escribió su final...

ella piensa reescribirlo. ❄️👑✨

NovelToon tiene autorización de Lourdes Acosta para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

15

El palacio había cambiado por completo.

Horas antes, sus enormes salones habían estado llenos de música, conversaciones y brindis. Los nobles habían llegado desde diferentes territorios para asistir al compromiso del príncipe heredero, y todo había sido cuidadosamente preparado para que aquella noche fuera perfecta.

Ahora, sin embargo, apenas quedaban rastros de aquella celebración.

Los músicos habían dejado de tocar.

Algunos invitados permanecían en el palacio, hablando en voz baja e intentando descubrir qué había sucedido. Otros habían sido enviados de regreso a sus residencias bajo estrictas órdenes de no acercarse a las zonas donde los guardias trabajaban.

Los corredores estaban llenos de soldados.

Puertas abiertas.

Sirvientes interrogados.

Guardias que iban y venían.

Y en medio de todo aquello, Marcus estaba furioso.

—¡Quiero saber cómo pudieron sacarla de este palacio!

Su voz resonó por el corredor.

El guardia frente a él bajó inmediatamente la cabeza.

—Estamos investigando, mi señor.

—¿Investigando?

Marcus dio un paso hacia él.

—Mi hija desapareció de una habitación dentro del palacio real. No salió caminando por la puerta principal.

El hombre permaneció en silencio.

—Alguien tuvo que verla —continuó Marcus—. Alguien tuvo que ayudarla. Quiero saber quién fue.

—Marcus.

La voz de Elisa consiguió detenerlo.

El archiduque cerró los ojos durante unos segundos.

Sabía que su esposa estaba allí.

Sabía que ella estaba aterrada.

Pero Elisa no gritaba.

No amenazaba.

Simplemente permanecía quieta, intentando mantener la calma.

Y aquello, de alguna manera, conseguía que Marcus se sintiera todavía peor.

Abrió los ojos.

—Voy a hablar con el rey.

Darian, que se encontraba junto a su madre, dio un paso hacia adelante.

—Voy contigo.

—No.

—Padre.

—Dije que no.

Darian apretó la mandíbula.

—Es mi hermana.

Marcus lo miró.

Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.

Después, Marcus dejó escapar el aire lentamente.

—Quédate con tu madre.

—Pero...

—Darian.

El tono de su voz dejó claro que no aceptaría una discusión.

Darian miró a Elisa.

Su madre seguía intentando mantener la compostura, pero él la conocía demasiado bien.

Estaba preocupada.

Mucho más de lo que quería demostrar.

Marcus se alejó.

No tenía tiempo para discutir.

Su hija estaba desaparecida.

Y necesitaba encontrarla.

...----------------...

El salón donde se encontraba Adrián permanecía iluminado.

El rey estaba de pie junto a una gran mesa sobre la que habían extendido varios mapas de la capital y los territorios cercanos.

Había hombres esperando instrucciones.

Guardias.

Consejeros.

Soldados.

Cuando Marcus entró, no perdió tiempo.

—Mi hija fue secuestrada dentro de su palacio.

Adrián levantó lentamente la mirada.

—Ya estoy al tanto.

—Entonces quiero saber qué piensa hacer.

El silencio se instaló durante unos segundos.

Marcus estaba furioso.

Adrián lo sabía.

Pero el rey no parecía dispuesto a permitir que aquella conversación se convirtiera en una discusión.

—¿Crees que voy a quedarme sin hacer nada? —preguntó finalmente.

Marcus apretó los puños.

—Mi hija estaba bajo la protección de su familia.

—Y también estaba dentro de mi palacio.

Adrián se acercó a la mesa.

—Alguien consiguió entrar, engañar a los guardias y sacar a la futura esposa de mi heredero sin que nadie lo notara.

Su expresión se endureció.

—Eso no es solamente un problema para tu familia, Marcus. Es un insulto a la Corona.

Marcus permaneció en silencio.

—He ordenado cerrar las salidas principales de la capital —continuó Adrián—. Mis hombres están revisando los caminos y se está interrogando a todos los que trabajaron esta noche en el palacio.

—Eso puede no ser suficiente.

—Lo sé.

Adrián señaló el mapa.

—Por eso quiero saber quién pudo beneficiarse con su desaparición.

Marcus frunció el ceño.

—¿Cree que fue alguien que la conocía?

—No descarto ninguna posibilidad.

Las puertas se abrieron.

Elías entró.

Su expresión era seria.

—Padre.

—¿Hay noticias?

Elías negó.

—Todavía no.

Adrián observó a su hijo durante unos segundos.

Después señaló el mapa.

—Tú estarás a cargo de la búsqueda.

Elías levantó la mirada.

—¿Yo?

—Eres el príncipe heredero.

Adrián habló con firmeza.

—Y Livia es tu prometida. Quiero grupos buscando en todas las direcciones. Quiero que revisen los caminos, los establos y cada salida de la capital. Interrogarán a quienes estuvieron trabajando esta noche.

Elías asintió.

—La encontraré.

Marcus lo observó.

Elías no parecía tranquilo.

Su prometida había desaparecido durante su propia celebración.

Aquello podía convertirse rápidamente en un problema político.

—Haz todo lo que sea necesario —ordenó Adrián.

—Sí, padre.

Elías se retiró inmediatamente.

Marcus volvió a mirar el mapa.

—Yo también quiero participar.

Adrián levantó la mirada.

—No esperaba menos.

—No voy a quedarme aquí esperando noticias.

—Entonces trabajaremos desde aquí.

El rey señaló los diferentes caminos.

—Si alguien sacó a Livia del palacio, necesitó un medio para transportarla. Un carruaje, caballos o ayuda externa. Encontraremos alguna pista.

Marcus asintió.

Pero por dentro solo podía pensar en una cosa.

Encuéntrenla.

...----------------...

Mariana esperaba.

No estaba en el palacio.

Había regresado discretamente a una pequeña residencia donde nadie sospecharía que estuviera involucrada en lo ocurrido.

La habitación estaba iluminada únicamente por una lámpara.

Sus manos permanecían entrelazadas sobre su regazo.

Esperaba noticias.

Y, cuando finalmente escuchó golpes en la puerta, se levantó inmediatamente.

—¿Quién?

—Soy yo.

Mariana abrió.

El hombre que había contratado estaba frente a ella.

Tenía el aspecto cansado y su ropa todavía mostraba señales del viaje.

Mariana cerró rápidamente la puerta.

—¿La tienes?

El hombre asintió.

—Está donde acordamos. La dejamos encerrada y nadie puede encontrarla allí.

Mariana soltó lentamente el aire que parecía haber estado conteniendo.

Había funcionado.

Livia estaba lejos del palacio.

Por primera vez desde que había comenzado aquella noche, Mariana sintió que todo estaba saliendo como quería.

—¿Nadie los siguió?

—No.

—¿Despertó?

—Cuando me fui, seguía encerrada.

Mariana bajó la mirada.

Durante semanas había imaginado diferentes formas de alejar a Livia.

Primero había intentado humillarla.

Después había intentado hacerla quedar mal delante de otras personas.

Pero nada había funcionado.

Livia siempre parecía salir de aquellas situaciones de una forma u otra.

Y ahora...

Ahora estaba encerrada.

Lejos de Cael.

Lejos de Darian.

Lejos de su familia.

Lejos del palacio.

El hombre permaneció esperando.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó.

Mariana levantó lentamente la mirada.

Hasta ese momento había pensado únicamente en sacarla del palacio.

En alejarla de Elías.

Pero ahora que aquello había ocurrido, comprendió que no era suficiente.

Si Livia regresaba, podía contar lo sucedido.

Podía volver con su familia.

Y Elías volvería a tenerla a su lado.

Todo habría sido inútil.

—No puede regresar —dijo finalmente.

El hombre la observó en silencio.

—¿Qué quieres decir?

Mariana apretó ligeramente los dedos.

Le costó pronunciar las siguientes palabras.

Pero las pronunció.

—Quiero que se deshagan de ella.

El hombre permaneció inmóvil.

—Eso cambiaría las cosas.

—¿Por qué?

—Porque hasta ahora solo habíamos hablado de mantenerla alejada por un tiempo. Esto es diferente.

Mariana sostuvo su mirada.

—¿Puedes hacerlo o no?

El hombre la observó durante unos segundos.

—Puedo.

—Entonces hazlo.

Mariana se apartó.

—Y asegúrate de que nadie pueda relacionarlo conmigo.

El hombre asintió lentamente.

—Será más difícil ahora.

—No me importa.

Mariana volvió a mirarlo.

Su expresión había perdido toda apariencia de dulzura.

—No puede regresar.

El hombre no respondió.

Simplemente se dirigió hacia la puerta.

Cuando salió, Mariana permaneció sola.

Durante unos segundos se quedó completamente inmóvil.

Todo había salido como quería.

O eso creía.

------\_----

El hombre regresó al lugar donde habían encerrado a Livia.

Durante el camino pensó en la conversación con Mariana.

El trabajo se había complicado.

Al principio había sido sencillo.

Entrar al palacio.

Sacar a la joven.

Llevarla lejos.

Mantenerla encerrada durante un tiempo.

Pero ahora Mariana quería algo diferente.

Y aquello podía atraer demasiada atención.

El reino entero buscaría a Livia.

El archiduque utilizaría toda su influencia.

El príncipe heredero estaba al frente de la búsqueda.

Y el rey tampoco estaba dispuesto a permitir que alguien secuestrara a la futura princesa heredera sin consecuencias.

El hombre frunció el ceño.

Había aceptado trabajos peligrosos antes.

Pero aquel...

Aquel podía convertirse en un problema.

Cuando llegó al bosque, el silencio llamó inmediatamente su atención.

El lugar donde había dejado a sus hombres nunca permanecía completamente silencioso.

Siempre había alguien hablando.

Discutiendo.

Bebiendo.

Vigilando.

Pero aquella noche no escuchaba nada.

El hombre disminuyó el paso.

—¿Eh?

Nadie respondió.

Frunció el ceño.

Se acercó.

—¿Dónde están?

Silencio.

Entró lentamente.

Y se detuvo.

El lugar estaba completamente desordenado.

Una mesa había caído.

Había objetos esparcidos por el suelo.

Una puerta permanecía abierta.

El hombre se quedó inmóvil.

—¿Qué ocurrió aquí?

Avanzó con cautela.

—¡Eh!

Nada.

El silencio comenzó a incomodarlo.

Uno de sus hombres estaba tendido cerca de la entrada.

Otro se encontraba unos metros más adelante.

No se movían.

El hombre se quedó quieto.

No necesitaba acercarse demasiado para comprender que algo terrible había ocurrido.

—No...

Corrió.

Llegó hasta la puerta de la celda.

Estaba abierta.

El interior estaba vacío.

Livia no estaba.

El hombre permaneció frente a aquella celda durante varios segundos.

—¿Cómo?

Miró a su alrededor.

No había ninguna explicación.

No entendía cómo había ocurrido.

Solo sabía una cosa.

Livia había escapado.

Pero aquello no era lo único que lo aterrorizaba.

Había dejado varios hombres para vigilarla.

Hombres preparados para impedir que escapara.

Y ahora...

El campamento estaba en silencio.

El lugar completamente desordenado.

La celda abierta.

Y Livia había desaparecido.

El hombre apretó los dientes.

—¿Qué hiciste?

No hubo respuesta.

Solo el silencio del bosque

-------\+\+

Muy lejos de allí, Livia corría.

Sus pasos se hundían en la tierra húmeda mientras avanzaba entre los árboles.

Le costaba respirar.

Cada vez que intentaba tomar aire, sentía el pecho arder.

Pero no se detenía.

No podía.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había logrado salir de aquel lugar.

Tampoco sabía si alguien la estaba persiguiendo.

Solo sabía una cosa.

Tenía que alejarse.

Livia tropezó con una raíz y estuvo a punto de caer.

—No...

Se sostuvo de un árbol durante unos segundos.

Sus piernas temblaban.

Estaba agotada.

Su respiración era agitada.

Miró hacia atrás.

Oscuridad.

Nada más.

Pero aquello no significaba que estuviera a salvo.

Detrás de ella quedaba aquel lugar.

Aquel calabozo.

Aquellas personas.

Y no tenía ninguna intención de regresar.

Livia respiró profundamente.

Después volvió a correr.

Sin mirar atrás.

Sin saber hacia dónde iba.

Solo alejándose.

Mientras tanto, en el palacio, la búsqueda continuaba.

Elías había dividido a los hombres en grupos.

Los guardias recorrían los caminos.

Otros interrogaban a los sirvientes.

Los carruajes que habían salido de la capital durante la noche comenzaban a ser revisados.

Marcus permanecía junto a Adrián.

No había regresado con Elisa.

No podía.

No mientras su hija estuviera desaparecida.

Cael, por su parte, tampoco había abandonado el palacio.

Aunque oficialmente Elías estaba al frente de la búsqueda, no podía quedarse de brazos cruzados.

Darian se encontraba junto a él.

—La encontraremos —dijo Cael.

Darian lo miró.

—Eso espero.

—La vamos a encontrar.

Darian bajó la mirada durante unos segundos.

—No sabes dónde está.

Cael guardó silencio.

Era verdad.

No sabía dónde estaba.

No sabía si estaba herida.

No sabía si tenía miedo.

Y aquello comenzaba a desesperarlo.

Darian levantó la mirada.

—Cuando la encontremos, voy a matar a quien haya hecho esto.

Cael lo observó.

—Primero tenemos que encontrarla.

—Sí.

Darian apretó los puños.

—Primero la encontramos.

Muy lejos de allí, Livia continuaba corriendo.

En el palacio, todos la buscaban.

Su padre estaba dispuesto a movilizar a todo el reino.

Elías dirigía la búsqueda.

Cael no podía quedarse quieto.

Y Mariana creía que su plan estaba a punto de terminar.

Pero ninguno de ellos sabía todavía una cosa.

Livia ya había escapado.

Y nadie sabía cómo.

Todavía.

1
Is Cantil
Me gusta tu novela 😀. Sigue asi
Is Cantil
Leyendo la novela. La dejé marinar un poco para poder leer varios capítulos a la vez jejeje 👌
Irene Rivers
me encanta como va la novela.
@r¥Am☆
no me digas q la drogo la loca esa....😱
de ser así q cael sea el salvador...😅
@r¥Am☆
bienvenida ....
lo estás haciendo increíble y tú historia me a enganchado....
no pares 👍🏽 lo haces genial y lo importante esq tú lo disfrutes siempre
ánimo y bendiciones
😊
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