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Poseida Por La Venganza/ El Despertar De La Reina

Poseida Por La Venganza/ El Despertar De La Reina

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Andreina Marquez

Un alma implacable despierta en un cuerpo ajeno.
​Tras el trágico final de la antigua Aria Thorne, un espíritu frío, astuto y deslumbrante toma el control de su vida. Decidida a vengar el humillante pasado de la chica tímida, desmantela la arrogancia de Pietro y destroza la envidia de su hermanastra Chloe.
​En la élite universitaria, la nueva Aria se convierte en una pesadilla intocable y despierta el peligroso deseo de Dante Vance. Sin romanticismos ni piedad, un juego de seducción y poder comienza.
​La víctima murió... hoy reina la destructora.

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CAPÍTULO 15: Choque de poder y deseo frustrado

​Aria no perdió la compostura ni un solo segundo. Con la elegancia calculadora de quien domina el tablero, sacó de su bolso de piel un documento engargolado y lo puso frente a Pietro, justo al lado del ramo de rosas rojas que él le acababa de regalar.

​—Aprovechemos que estamos aquí, Pietro —dijo Aria con voz suave pero firme—. Como soy la encargada de Finanzas y tú de la Infraestructura en el megaproyecto de nuestras familias, traje el anexo con los ajustes de presupuesto operativo para la naviera Visconti. Necesito tu firma antes de nuestra reunión de las dos de la tarde.

​Pietro, fascinado por la cercanía de Aria y con el ego crecido por sentirse el héroe de la alianza frente a su padre, Romano, ni se molestó en revisar las cláusulas. Buscó la mirada de Aria, rozó sus dedos al tomar el bolígrafo de tinta negra y estampó su firma con orgullo en cada hoja.

​Lo que el ingenuo de Pietro no sabía era que Aria, en sus madrugadas de trabajo, había redactado una trampa letal: un anexo de sobrecostos y garantías. Si la infraestructura de la naviera Visconti sufría un solo retraso o falla técnica, responderían con su propio patrimonio familiar, dejándole a los Thorne el control absoluto de las finanzas.

​A menos de un metro, en la mesa contigua, Dante estaba sentado. No podía escuchar las palabras exactas por el murmullo del restaurante, pero no le hacía falta. Ver a Pietro regalarle flores a Aria, sonreírle con devoción, tocarle la mano con soltura y ver cómo la defendió frente a todos hizo que la sangre de Dante hirviera de rabia y celos. Dante era territorial, enfermizamente posesivo, y no toleraba ver a Pietro merodeando el espacio de Aria. Con la mandíbula apretada y la mirada fija como dos brasas de fuego en el cuello de Pietro, Dante se puso de pie bruscamente y bajó a pasos agigantados hacia el estacionamiento subterráneo.

​Aria guardó el documento en su bolso con una sonrisa fría, termino su almuerzo en calma escuchando las charlas aburridas de Pietro, hasta que se despidió de él con elegancia y bajó al estacionamiento. Pero apenas dio un par de pasos hacia su vehículo, una mano enorme y ardiente la tomó del brazo con brutalidad y la estampó contra la pared de concreto en la penumbra del recinto.

​Era Dante. Su imponente presencia física la acorraló por completo; tenía la corbata desajustada, la camisa entreabierta y los ojos verdes fijos en ella con una posesividad salvaje.

​—Te mandé un mensaje muy claro esta mañana y te valió una mierda —le siseó Dante entre dientes, pegando su pecho caliente al de ella para que sintiera el latido acelerado de su furia—. Te vi allá arriba sonriéndole a ese imbécil, dejándote regalar flores, dejándote tocar y dejándote que te defendiera. ¡Tú eres mía, Aria, y no voy a tolerar que andes de cínica jugando con Pietro frente a mí!

​Aria no se acobardó. Con los ojos encendidos de orgullo y con la sangre hirviendo por la actitud de Dante le puso la mano en el pecho y lo empujó con fuerza, manteniéndole la mirada sin dar un solo paso atrás le dijo directo al grano.

​—¡Bájame el tono y mide tus palabras si no quieres que te muerda la lengua, Dante Vance! —le advirtió Aria con una frialdad cortante—. A mí no me levantas la voz ni me vienes a marcar territorio como un animal salvaje. Yo no soy un objeto de tu propiedad ni recibo órdenes tuyas.

​—¡Me importa un carajo tu enojo cuando te veo como te comportas con Visconti después de todas las humillaciones y cosas que te hizo —reclamó Dante acorralándola aún más, tomándola de las muñecas con firmeza posesiva.

​Aria soltó una risa seca y cargada de veneno. Con un movimiento ágil de su mano libre, abrió su bolso, sacó el documento recién firmado y se lo estrelló con fuerza contra el pecho.

​—¡Lee esto antes de volver a comportarte como un estúpido celoso! —le exigió ella en un susurro potente—. Pietro es el encargado de la Infraestructura, ¿no? Acaba de firmarme una garantía de sobrecostos. Si la naviera Visconti falla en un solo detalle, su patrimonio familiar queda embargado y los Thorne nos quedamos con todo el megaproyecto. ¿Pensabas que le sonreía por gusto? Lo usé a él y a su ego mediocre para destruirlo a él y a su padre.

​Dante bajó la mirada al papel. Leyó rápido los párrafos resaltados y luego volvió a fijar sus ojos en ella. Entendió todo en un segundo: ella nunca estuvo interesada en Pietro; lo había aplastado fríamente mientras él moría de celos. Ver la elegancia calculadora de Aria, combinada con el fuego desafiante de sus ojos y la provocación de sus labios, hizo que los celos de Dante se transformaran en un deseo desenfrenado.

​—Eres una mujer peligrosa... y endemoniadamente mía —murmuró Dante con la voz rota y grave.

​Sin darle tiempo a responder, Dante la tomó de la nuca con fuerza dominante, la arrastró hacia la camioneta negra estacionada a pocos metros, abrió la puerta trasera de un tirón y la metió dentro. Entró de inmediato detrás de ella y le puso el seguro central a todo el vehículo.

​Dante devoró sus labios con un beso hambriento, salvaje y posesivo que le cortó el aire. En medio del calor sofocante del auto, la tensión física explotó: Dante desabrochó con agilidad el botón de su blazer de satén y se lo deslizó por los hombros hasta dejarlo caer. Sus manos ardientes bajaron de inmediato a la blusa de satén, desabrochando los primeros botones para buscar la piel suave de su cuello y pecho con besos hambrientos, sacándole suspiros entrecortados mientras le deslizaba las mangas del conjunto.

​Aria sintió cómo el control se le escapaba de las manos, pero justo cuando Dante intentó avanzar más y tomarla por completo, ella reaccionó. Apoyó ambas manos firmes sobre el torso desnudo de Dante y lo frenó en seco con fuerza.

​—Hasta aquí, Dante —le dijo Aria con la respiración agitada pero con una mirada de acero, volviendo a abrochar los botones de su blusa de satén y acomodándose el conjunto sobre el pecho de inmediato.

​—¿Qué demonios dices, Aria? —soltó Dante con la voz ronca de frustración, tomándola de la cintura sin querer soltarla—. No me dejes así ahora.

​—Faltan veinte minutos para las dos de la tarde —repuso Aria con una sonrisa calculadora mientras se ponía nuevamente el blazer del traje y alisaba la tela de satén sin una sola arruga—. Tenemos la reunión ejecutiva con Pietro y Chloe para rendir cuentas del megaproyecto. No voy a llegar despeinada ni tarde a presentar mi estrategia de Finanzas por darte el gusto.

​—¡A la mierda Pietro y Chloe! —gruñó Dante, dándole un golpe seco al asiento por la impotencia, mientras la respiración le quemaba el pecho. El deseo acumulado y la frustración de quedarse a medias lo estaban volviendo loco.

​—Tú mantén el control y no arruines tu papel en la Red de Inversión —remató Aria, pasándose el labial frente al retrovisor antes de quitar el seguro y salir de la camioneta, dejándolo solo en la penumbra del auto hirviendo de rabia y deseo contenidos.

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Flor R
v a super increíble espero que entre dos le den un paliza a esas basuras vamos Dante
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