Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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RODRIGO CELOSO
Rodrigo llegó puntualmente al kínder para recoger a Luca. Como cada tarde, el pequeño lo esperaba con los ojos ilimitadamente abiertos y llenos de emoción; en cuanto lo vio cruzar la reja, corrió hacia él con los brazos abiertos.
Rodrigo, con el mismo anhelo paternal que se le había instalado en el pecho desde hacía semanas, lo recibió en el aire y lo estrechó fuerte contra él.
“¡Papito de Luca!” lo llamó la profesora antes de que se marcharan, acercándose con una carpeta en la mano “Quería informarle que en dos días celebraremos una actividad especial entre padres e hijos. Por favor, traten de asistir tanto usted como la mamá; la presencia de ambos es muy importante para el niño”
Rodrigo asintió con amabilidad, acomodando a Luca en su costado “Esta bien, profesora. Contará con nosotros. Con su permiso” se despidió respetuosamente.
Al subir al vehículo, el pequeño lo miró con ojitos suplicantes desde la parte trasera “Oye, papá... ¿puedes llevarme a ver a mamá?”
“Claro que sí, te llevo” aceptó Rodrigo sin dudarlo. Lesly le había dejado instrucciones claras de que, si Luca pedía ir a la corporación, lo llevara de inmediato.
El trayecto se hizo insólitamente corto, Luca no paró de hablar, contándole emocionado sus pequeñas anécdotas del colegio, sus dibujos y los juegos en el patio.
Rodrigo escuchaba y reía, sintiendo una calidez reconfortante. Sin embargo, toda esa paz se evaporó de golpe al ingresar al estacionamiento privado de la corporación Acuña.
Rodrigo detuvo el auto a unos metros de distancia y la escena que presenció le congeló la sangre.
Lesly estaba descendiendo de un automóvil de altísima gama. A su lado, un joven empresario, impecablemente vestido, guapo y con un aura de elegancia innata, le sostenía la puerta con galantería.
Lesly le sonreía; no con la mueca fría que solía mostrar en el trabajo, sino con una sonrisa abierta y radiante que pocas veces dejaba ver a nadie.
El hombre la miraba abiertamente embobado, intercambiando palabras amables mientras discutían una propuesta de colaboración. A los ojos de cualquier observador distante, parecían la pareja perfecta.
Rodrigo sintió una punzada feroz en el centro del pecho. Su corazón, vulnerable y enamorado en silencio, no estaba preparado para semejante impacto.
Un ataque ciego de celos le nubló la vista, la rabia y la impotencia lo dominaron de tal forma que apretó el volante con una fuerza brutal, al punto de que los nudillos de sus manos se tornaron completamente blancos por la fricción.
Luca, ajeno por completo al infierno interno de su padre, dio palmaditas en el asiento “¡Llegamos, papá!”
Rodrigo cerró los ojos, obligándose a exhalar todo el aire acumulado para recuperar el control “Sí, pequeño... bajemos” dijo con la voz un poco rasposa.
Apagó el motor, caminó hacia la puerta trasera y cargó al niño “Oh, mira, hijo... allá está tu mamá”
“¡Mamá!” gritó Luca con todas sus fuerzas al divisarla a lo lejos.
Lesly giró la cabeza al escuchar la voz de su hijo y su rostro se iluminó al instante. Rodrigo depositó al niño en el suelo y el pequeño salió disparado como una flecha hacia ella.
Olvidándose por completo del empresario y de los negocios, Lesly se agachó y recibió a su hijo en un abrazo apretado, levantándolo en vilo.
“Mi amor chiquito...” susurró con ternura, hundiéndose en el cuello del niño para aspirar esa fragancia tan suya, una mezcla inconfundible de colonia infantil y aroma a leche.
“¡Hola, mamá! Papá y yo vinimos a verte” anunció el pequeño con orgullo, señalando hacia atrás.
Rodrigo se acercó con pasos lentos y discretos, manteniendo las manos en los bolsillos de su pantalón para ocultar la tensión que aún le recorría las venas.
El joven empresario, al ver llegar al apuesto hombre y escuchar la naturalidad con la que el niño lo llamaba "papá", malinterpretó de inmediato la situación.
Pensó que estaba interrumpiendo un íntimo momento familiar. Incomodado en extremo pues llevaba semanas intentando cortejar a una mujer que, a sus ojos, ya tenía una familia consolidada, dio un paso atrás.
“Señora Acuña... viendo que todo ha quedado resuelto sobre la propuesta, me retiro” dijo el hombre con una sonrisa forzada.
Lesly, cayendo en la cuenta de que había dejado al inversionista hablando solo por la emoción de ver a su hijo, sintió que el rubor le subía al rostro.
“Discúlpeme de verdad... Sí, todo quedó sumamente claro. Nos vemos el día de la firma del contrato” pronunció intentando recuperar la postura ejecutiva.
Ambos se estrecharon la mano brevemente y el empresario se alejó hacia su vehículo sin mirar atrás.
Cuando quedaron solos, Rodrigo rompió el silencio, aunque por dentro sentía un alivio inmenso por haber ahuyentado a ese sujeto, se esforzó por mantener una fachada impecable.
“Disculpe si la interrumpimos, señorita Lesly. Luca insistió en venir. Además, vine para informarle que en dos días hay una actividad especial de padres en el kínder y debemos asistir los dos”
“Está bien, Rodri...” susurró Lesly distraídamente.
Apenas la palabra salió de sus labios, abrió los ojos de par en par, llevándose una mano a la boca al notar su desliz. El apodo con el que su hermana lo llamaba se le había escapado con una intimidad que la tomó desprevenida.
“Perdón... Rodrigo” corrigió de inmediato, con las mejillas ardiendo “Digo... entonces asistiremos juntos” Le dedicó una sonrisa nerviosa, buscando dónde esconder la mirada.
Rodrigo contempló la turbación de la mujer y, por primera vez desde que se conocían, decidió derrumbar por completo el muro de frialdad y distanciamiento que había levantado entre ellos.
Un brillo cálido iluminó sus ojos oscuros y sus labios se curvaron en una sonrisa genuina, profunda y conmovedora “No hay ningún problema... Usted también me puede llamar Rodri” dijo con una voz suave que pareció derretir el aire helado del estacionamiento.
Lesly sintió el impacto directo de esa sonrisa, la calidez de Rodrigo la envolvió por completo, desarmando cualquier defensa que le quedara. Su propio rostro se suavizó y le devolvió la sonrisa de la misma forma.