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Hasta Encontrarte Otra Vez

Hasta Encontrarte Otra Vez

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nath O.

Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.

NovelToon tiene autorización de Nath O. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El silencio de una casa

La lluvia había terminado.

Pero Luna de Plata seguía cubierta por un cielo gris.

Nadie hablaba.

Ni siquiera los niños corrían por la plaza.

Era como si toda la manada hubiera olvidado cómo sonaba la alegría.

La camioneta de Rowan seguía estacionada frente a la casa.

Cubierta de barro.

Nadie había querido moverla.

Alyssa permanecía sentada en el escalón de la entrada.

Llevaba horas allí.

Con las manos alrededor del collar de la hoja de roble que Rowan le había regalado apenas el día anterior.

No había llorado desde que regresaron del bosque.

Ya no.

Ahora solo miraba hacia la puerta.

Como si esperara que en cualquier momento Mara fuera a abrirla.

—Hijita…

La voz nunca llegó.

Solo el viento.

Kaleb salió lentamente de la casa.

Había pasado toda la noche allí.

No porque alguien se lo pidiera.

Simplemente…

No podía dejar sola a Alyssa.

Se sentó a su lado.

Sin decir una palabra.

Durante varios minutos ninguno habló.

Solo contemplaban la plaza vacía.

Finalmente Kaleb rompió el silencio.

—No has dormido.

Ella negó apenas.

—Tú tampoco.

Él sonrió muy débilmente.

—No.

Otro largo silencio.

Hasta que Alyssa preguntó casi en un susurro:

—¿De verdad pasó?

Kaleb sintió un nudo en la garganta.

No respondió enseguida.

Porque sabía exactamente lo que significaba esa pregunta.

No estaba preguntando por el accidente.

Estaba preguntando si todo aquello era real.

Si de verdad ya no volvería a escuchar la risa de Rowan.

Si Mara no volvería a llamarla para ayudar en la cocina.

Si aquella casa había dejado de ser un hogar en un solo día.

Kaleb tomó lentamente su mano.

La sostuvo entre las suyas.

—Sí.

La voz apenas le salió.

Alyssa cerró los ojos.

Una lágrima cayó sobre el dorso de la mano de Kaleb.

Solo una.

—No sé cómo hacerlo.

Él frunció el ceño.

—¿Cómo hacer qué?

—Seguir respirando.

Aquellas palabras le atravesaron el pecho.

Kaleb la abrazó inmediatamente.

No hubo dudas.

No hubo permiso.

Solo la envolvió entre sus brazos.

Alyssa se dejó caer contra él.

Como siempre.

Pero aquella vez no era una niña buscando consuelo.

Era una mujer cuyo mundo acababa de romperse.

—Estoy aquí.

Ella negó.

—Ellos ya no.

Kaleb apoyó la barbilla sobre su cabeza.

—Lo sé.

—Ya no tengo papás.

La frase terminó de quebrarlo.

Él cerró los ojos con fuerza.

—Siempre los vas a tener.

Ella levantó apenas la cabeza.

Él continuó.

—Solo que ahora tendrás que encontrarlos en todo lo que te enseñaron.

Alyssa volvió a esconder el rostro en su pecho.

—Eso no es suficiente.

—No.

No lo es.

Pero es lo único que nadie podrá quitarte.

La puerta de la casa volvió a abrirse.

Era Mara.

No.

Solo era el viento.

Había empujado una de las hojas de la ventana.

Alyssa se levantó de golpe.

Entró corriendo.

La cocina seguía exactamente igual.

El delantal permanecía colgado.

La taza favorita de Rowan seguía sobre la mesa.

El pan que Mara había dejado preparado esa mañana continuaba dentro del horno.

Todo seguía en su sitio.

Excepto ellos.

Alyssa comenzó a caminar lentamente.

Rozando cada objeto con la punta de los dedos.

La silla de Rowan.

El libro que estaba leyendo.

Los lentes olvidados sobre la mesa.

El tejido que Mara no había terminado.

Llegó hasta la habitación.

La cama seguía deshecha.

Sobre el respaldo de una silla descansaba el suéter que Rowan había usado la noche anterior.

Todavía conservaba su aroma.

Alyssa lo tomó entre las manos.

Lo abrazó contra su pecho.

Y entonces…

El llanto que llevaba horas conteniendo terminó por romperla.

No fue un llanto elegante.

Ni silencioso.

Fue el llanto desesperado de una hija que acababa de quedarse huérfana por segunda vez.

Kaleb llegó apenas unos segundos después.

No intentó quitarle el suéter.

No le dijo que se calmara.

Simplemente se arrodilló frente a ella.

Esperó.

Cuando Alyssa ya no pudo sostenerse en pie…

Él la abrazó.

Y la dejó llorar todo lo que necesitara.

Esa tarde comenzaron a llegar los miembros de la manada.

Nadie llevaba flores.

En Luna de Plata existía otra costumbre.

Cada persona colocaba una piedra lisa frente a la casa de quienes habían partido.

Una piedra significaba:

“Tu vida dejó una huella en la mía.”

Al caer la tarde ya había decenas.

Después cientos.

Niños.

Ancianos.

Guerreros.

Madres.

Todos pasaban en silencio.

Dejaban una piedra.

Inclinaban la cabeza.

Y seguían caminando.

Alyssa observó aquella hilera crecer desde el porche.

—¿Por qué piedras?

Preguntó con la voz rota.

El Alfa, que acababa de llegar, respondió con serenidad.

—Porque las flores se marchitan.

Las piedras permanecen.

Guardó silencio unos segundos.

Después añadió:

—Como el amor.

Alyssa apretó con fuerza el collar de la hoja de roble.

Kaleb seguía sentado a su lado.

Sin soltar su mano.

Sin apartarse un solo momento.

Nadie de la manada parecía encontrar extraño que estuviera allí.

Porque, en el fondo, todos comprendían la misma verdad.

Aquella noche…

Kaleb no solo acompañaba a Alyssa.

Estaba cumpliendo la primera parte de la promesa que le había hecho a Rowan bajo la tormenta.

Cuando cayó la oscuridad, la plaza quedó iluminada únicamente por pequeñas lámparas alrededor de las piedras.

El Alfa se acercó a Alyssa.

Le tendió una llave.

Ella la observó confundida.

—¿Qué es?

—La llave de esta casa.

Alyssa frunció el ceño.

—Ya tenía una.

—No.

Esa era la llave de la casa de Rowan y Mara.

Hizo una pausa.

—Esta…

Es la llave de tu casa.

Las lágrimas volvieron a llenar los ojos de Alyssa.

El Alfa apoyó una mano sobre su hombro.

—Mientras exista Luna de Plata…

Nunca volverás a quedarte sin un hogar.

Alyssa levantó la vista.

Toda la manada permanecía allí.

En silencio.

Acompañándola.

Y, por primera vez desde el accidente…

Comprendió que Rowan y Mara tenían razón.

Ellos se habían ido.

Pero el amor que habían sembrado durante tantos años seguía vivo en cada persona que esa noche había dejado una piedra frente a su puerta.

Y entre todas esas personas…

Había un hombre de ojos azules que no se había separado de ella desde la tormenta.

El mismo que, sin que nadie tuviera que recordárselo, ya había comenzado a cumplir la promesa más importante de su vida.

La de cuidar a la hija que dos grandes lobos le habían confiado antes de partir.

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Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos👌
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