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EL GLACIAR Y LA SALSA

EL GLACIAR Y LA SALSA

Status: Terminada
Genre:Comedia / Mujer poderosa / Romance de oficina / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una CEO implacable, fría y adicta al control que vive bajo la sombra de una traición pasada. Un técnico de mantenimiento alegre, gigante y de espíritu libre que contagia ritmo de salsa y sonrisas a cada paso. Cuando los mundos opue stos de Ariadna Riquelme y Jonathan Guedez chocan en los pasillos de un corporativo de lujo, el caos está garantizado. Entre hojas de cálculo imposibles, miradas que queman y un choque cultural inminente, Jonh pondrá de cabeza la perfecta y fría rutina de la jefa... demostrando que la armadura más dura a veces solo necesita un buen golpe de sabor y un corazón dispuesto a latir sin permiso.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LAS CENIZAS DEL GLACIAR

​La noche en el estacionamiento había sido un cataclismo. Las crueles palabras de Ariadna, impulsadas por el veneno de Elena y sus propios miedos ancestrales, habían golpeado a Jonh con una fuerza brutal, destruyendo no solo su relación, sino también la confianza y la alegría que él había construido en la vida de ella. El Glaciar había vuelto, pero esta vez no era de hielo, sino de un dolor abrasador y una soledad infinita.

​Ariadna subió a su apartamento en el piso 50, un espacio que ahora se sentía frío, vacío, opresivo. Se dejó caer en el sofá, el mismo lugar donde, horas antes, habían reído, cenado, bailado y amado. El aroma a albahaca y a la colonia económica de Jonh aún impregnaba el ambiente, un recordatorio tortuoso de lo que había perdido por su propia estupidez y crueldad.

​Se quitó el traje sastre azul marino, símbolo de su autoridad y profesionalismo, y lo arrojó al suelo, con desprecio. Se metió en la ducha, dejando que el agua caliente cayera sobre su cuerpo, esperando que lavara también la culpa y el horror que la consumían. Pero el agua, por muy caliente que estuviera, no podía limpiar la mancha de sus palabras, palabras que resonaban en su mente una y otra vez: "Eres un hombre inferior a mí. Y yo... yo no puedo estar con alguien así. Me das vergüenza."

​¿Cómo había podido decir algo así? ¿Cómo había podido herir al hombre que la amaba incondicionalmente, al hombre que había derretido su corazón de hielo? El miedo, los celos, las palabras de Elena... todo se desvaneció, dejando paso a la cruda realidad de su crueldad. Había sido una estúpida. Había dejado que el pasado dictara su presente y destruyera su futuro.

​Ariadna salió de la ducha y se envolvió en una toalla. Se miró en el espejo del baño. Su rostro estaba pálido, desencajado, con los ojos hinchados por el llanto. No quedaba rastro de la CEO radiante y feliz de la mañana. Solo había una mujer rota, consumida por el arrepentimiento y la desesperación.

​Se vistió con un cómodo pijama de seda y se metió en la cama. Pero el sueño no llegó. La imagen de Jonh, con el rostro desencajado por el dolor y la desilusión, la atormentaba. La mirada llena de una tristeza desgarradora que le había perforado el alma... ¿cómo podría perdonarse a sí misma? ¿cómo podría pedirle perdón a él?

​A la mañana siguiente, el Corporativo Riquelme amaneció con una atmósfera pesada, opresiva, precursora de una tormenta aún mayor. Ariadna llegó a la empresa con diez minutos de retraso, algo inaudito en ella. Llevaba un vestido sastre de color gris marengo, sobrio, elegante, pero sin la luz que había tenido el día anterior. Su rostro, aunque mantenía la compostura, reflejaba una noche de insomnio y dolor.

​Al entrar en su despacho, encontró sobre su escritorio un sobre blanco. Lo abrió con manos temblorosas. Era la carta de renuncia de Jonh. "Srta. Riquelme," comenzaba, con una caligrafía sencilla y clara. "Por medio de la presente, presento mi renuncia irrevocable al cargo de técnico de mantenimiento, con efectos inmediatos. Agradezco la oportunidad brindada durante este tiempo. Atentamente, Jonathan Guedez."

​Ariadna se dejó caer en su silla, con el corazón destrozado. Jonh se había ido. Y con él, se había ido su alegría, su luz, su esperanza. Había cumplido su amenaza: se había marchado de su vida. Y ella... ella se lo había buscado.

​Pasó toda la mañana encerrada en su oficina, sin atender llamadas ni reuniones. El silencio en el piso 50, antes opresivo, ahora se sentía como una tumba. El aire acondicionado, reparado por Jonh, funcionaba con una eficiencia silenciosa que le recordaba su presencia, su talento, su bondad.

​A las doce del mediodía, la puerta de su despacho se abrió sin previo aviso. Apareció Daniela Padrón, con una taza de café humeante en la mano. Daniela, con su intuición habitual, observó a Ariadna con una mezcla de preocupación y compasión.

​—¡Hola, jefa! —dijo Daniela, con voz suave y tierna—. Te he traído un café. Bien cargado. Sin azúcar, como te gusta. Creo que lo necesitas.

​Ariadna levantó la vista de la carta de renuncia, con los ojos rojos por el llanto contenido.

​—Gracias, Daniela —susurró Ariadna, con voz rota—. Gracias por el café. Eres una verdadera amiga.

​Daniela se sentó en la silla frente al escritorio de Ariadna.

​—Ya me he enterado de todo —dijo Daniela, con voz compasiva—. Jonh me ha llamado. Me ha contado lo que pasó anoche en el estacionamiento. Ariadna, ¿por qué? ¿por qué dijiste esas cosas? Sabes que no son verdad. Jonh te adora. Y tú... tú estás enamorada de él. ¿Por qué destruir algo tan hermoso?

​Ariadna, con el corazón lleno de dolor y arrepentimiento, rompió a llorar.

​—¡Fui una estúpida, Daniela! —exclamó Ariadna, entre sollozos—. Elena... Elena me llamó. Me llenó la cabeza de veneno. Me habló del pasado, de mis miedos, de mis inseguridades. Y yo... yo dejé que el Glaciar volviera a apoderarse de mí. Dije cosas horribles. Cosas que nunca quise decir. Cosas que salieron de mi miedo y mi dolor. Y ahora... ahora Jonh se ha ido. Y con razón. ¿Cómo puedo pedirle perdón? ¿cómo puedo recuperar su confianza?

​Daniela, con una mezcla de paciencia y determinación, se levantó de la silla y se acercó a Ariadna. Le puso una mano en el hombro.

​—Ariadna, el perdón no se pide con palabras; se pide con hechos —dijo Daniela, con voz firme—. Jonh es un hombre bueno, noble, íntegro. Pero también es un hombre con dignidad. Y tú has herido su dignidad de la peor manera posible. Has atacado su esencia, su valor como persona. No será fácil recuperar su confianza. Pero si realmente lo amas... tendrás que luchar por él. Tendrás que demostrarle, con acciones, que has cambiado, que el Glaciar se ha derretido para siempre, que él es el activo más valioso de tu vida.

​Ariadna, con una nueva luz de determinación en sus ojos, se secó las lágrimas.

​—Tienes razón, Daniela —dijo Ariadna, con voz firme—. Lucharé por él. No me rendiré. Jonh es el amor de mi vida. Y el Glaciar... el Glaciar se ha convertido en cenizas. Cenizas de las que nacerá un fénix. Cenizas de las que nacerá un nuevo amor. Cenizas de las... Cenizas de las... Cenizas de las... Cenizas de las...

​Ariadna, con una sonrisa pícara, se levantó de su silla y se acercó a la ventana. Observó el skyline de la ciudad.

​—El Glaciar, Daniela... se ha derretido. Y el agua... el agua va a arrasar con todo. Cenizas de las... Cenizas de las... Cenizas de las... Cenizas de las...

​Ariadna, con una carcajada contagiosa, se dio media vuelta y miró a Daniela.

​—¡Tengo un plan! —exclamó Ariadna, con los ojos brillantes de entusiasmo—. Un plan para recuperar al Músculo de Oro. Y esta vez, el Glaciar no se va a derretir; ¡va a entrar en erupción! Y la lava... la lava va a ser arrasadora. Prepara a tu equipo, Daniela. La batalla ha comenzado. Y la vamos a ganar. Con estilo. Y con mucha salsa.

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