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EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Madre soltera
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Samanta Ruiz es la fría CEO de un imperio de papelería Kawaii. Conduce un Lamborghini y tiene todo bajo control, excepto su amor. Por su cumpleaños, sus amigas le regalan un viaje VIP al Caribe, pero un error de reserva la obliga a compartir apartamento con Samuel Vargas, un imponente y jovial magnate de la logística internacional. Tras quince días de piques y tensión, la última noche estalla en una pasión inolvidable. Se despiden en el aeropuerto como adultos realistas: la distancia hace imposible su amor.
Pero un virus estomacal anula la píldora de Samanta. El diagnóstico es brutal: embarazada de mellizos. Orgullosa, decide criarlos sola y en secreto.
Tres años después, Samuel irrumpe en su sala de juntas para negociar una alianza millonaria. Él no la ha olvidado, pero ignora que tiene una parejita de herederos. Con la ayuda de Carlos, su metódico hermano y abogado, Samanta intentará blindar su nido. Pero Samuel es un tiburón implacable que no parará hasta recuperar a su mujer.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 13. DOS LATIDOS EN LA PANTALLA

La cita con la ginecóloga fue la más difícil de la vida de Samanta. Consiguió un hueco a última hora del martes en una clínica privada, asegurándose de ser la última paciente de la lista para evitar encontrarse con algún conocido en la sala de espera. Se sentía como una intrusa en su propio cuerpo. Ella, que tomaba decisiones ejecutivas multimillonarias en un segundo, no sabía cómo reaccionar ante las dos líneas del test digital que guardaba en el bolso.

La doctora Martínez, una mujer madura de mirada afable, la recibió en su despacho.

—Hola, Samanta. Cuéntame, ¿qué te trae por aquí con tanta urgencia? —preguntó mientras revisaba su historial informático.

Samanta se aclaró la garganta, sintiendo la boca seca.

—Me he hecho un test de embarazo en casa y ha dado positivo, doctora —soltó de golpe. Luego, antes de que la médico pudiera felicitarla, añadió con rapidez—: Pero es que no lo entiendo. Llevo años tomando la píldora sin saltarme ni un solo día. Esto es un error, como es posible.

La ginecóloga sonrió con suavidad y se reclinó en su silla.

—La medicina no siempre es matemática exacta, Samanta. Cuéntame, ¿has tenido algún desarreglo el último mes? ¿Alguna enfermedad, medicación nueva?

Samanta le explicó detalladamente la tormenta perfecta de sus vacaciones: el tratamiento de antibióticos fuertes por la infección de la muela del juicio justo antes de viajar y, sobre todo, el virus estomacal que la hizo vomitar pocas horas después de tomar la píldora la víspera de su última noche en la isla.

La doctora Martínez asintió con la cabeza, comprendiendo la situación de inmediato.

—Ahí lo tienes —concluyó la doctora—. El antibiótico redujo los niveles de la píldora en tu sangre y el virus estomacal impidió por completo que tu cuerpo absorbiera la dosis de ese día crucial. Tu sistema se quedó sin protección. Además, cuando la píldora falla de forma tan brusca tras años de uso, a veces los ovarios sufren un efecto rebote. Se vuelven locos y liberan más de un óvulo a la vez. Vamos a pasar a la sala de exploración para ver de cuánto estás exactamente y comprobar que todo esté bien.

Con el corazón desbocado, Samanta se quitó la ropa, se puso la bata de exploración y se tumbó en la camilla de la sala contigua. El frío del gel conductor sobre su vientre la hizo estremecerse. La doctora apagó la luz principal de la sala y encendió la pantalla del ecógrafo, comenzando a deslizar el transductor por su abdomen.

El monitor en blanco y negro se iluminó con imágenes borrosas de ondas y sombras. Samanta clavó la mirada en la pantalla, conteniendo la respiración.

De repente, un sonido rítmico, rápido y potentísimo inundó el silencio de la consulta. Pum-pum, pum-pum, pum-pum. Era un latido acelerado, como el galope de un caballo minúsculo.

—Bueno, Samanta, el embarazo está perfectamente implantado en el útero —anunció la ginecóloga, moviendo el aparato con destreza—. Estás aproximadamente de unas seis semanas. Y mira... aquí está la explicación al efecto rebote que te comentaba.

La doctora señaló la pantalla con el dedo. Samanta entornó los ojos, intentando descifrar las formas. En el monitor se apreciaban claramente dos pequeñas esferas oscuras, dos sacos gestacionales independientes. Y dentro de cada uno de ellos, parpadeaba una minúscula mancha blanca al ritmo del sonido.

—No viene uno, Samanta. Vienen dos —dijo la doctora Martínez con una sonrisa entusiasta—. Son mellizos. Mira, ahí están los dos saquitos. Se han desarrollado a partir de dos óvulos distintos, por lo que cada uno tiene su propia placenta y su propia bolsa.

El mundo de Samanta se detuvo por completo. Sintió que el aire desaparecía de sus pulmones. ¿Mellizos? ¿Dos bebés? Su mente analítica, acostumbrada a gestionar crisis de stock en la fábrica de papelería, colapsó ante la magnitud de la noticia. Un hijo ya era un vuelco absoluto a su perfecta vida de soltera; dos implicaban un cambio radical e inimaginable.

—¿Dos...? —consiguió articular con un hilo de voz, sin apartar los ojos de los dos puntos parpadeantes—. ¿Y... se puede saber qué son? ¿Niños o niñas?

La ginecóloga soltó una breve carcajada y retiró el aparato, dándole un pañuelo de papel para que se limpiara el gel.

—Tranquila, poco a poco —bromeó la médico, encendiendo las luces de la sala—. Ahora mismo solo miden unos milímetros, son apenas unos saquitos con latido. El desarrollo genital externo no se forma hasta mucho más adelante. Hasta que no estés de unos cinco meses de embarazo, la ecografía no nos permitirá distinguir con claridad el sexo de los bebés. De momento, lo importante es que ambos latidos son fuertes y el embarazo evoluciona con total normalidad.

Samanta se incorporó en la camilla, sintiéndose abrumada pero con una extraña oleada de determinación recorriéndole el cuerpo. Se vistió mecánicamente y regresó al despacho de la doctora para recoger la cartilla de embarazada y las recetas de las vitaminas.

Al salir de la clínica y subirse a su Lamborghini lila, se quedó un rato con las manos apoyadas en el volante, mirando al vacío mientras las luces de la ciudad empezaban a encenderse. Estaba embarazada de mellizos. Dos hijos de Samuel, el CEO jovial con el que había acordado no volver a hablar para mantener la cordura de sus vidas.

Se acarició el vientre, aún completamente plano, bajo su traje de chaqueta. Tenía treinta años, una cuenta bancaria envidiable, éxito profesional y un ático de lujo. No necesitaba pedirle nada a nadie, ni desestabilizar la vida de un hombre que estaba a cientos de kilómetros construyendo su propio futuro laboral. Tomó una decisión firme, fría y ejecutiva: tendría a esos mellizos ella sola y los criaría con todo el amor y los lujos del mundo. Samuel jamás sabría de su existencia. Guardaría el secreto bajo siete llaves, convencida de que su férreo control sobre las cosas la protegería del destino. Lo que Samanta no sabía, mientras arrancaba el motor de su coche, era que el destino no acepta las órdenes de ninguna CEO, y que su secreto acababa de activar una cuenta atrás implacable.

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Nayeli Lozano
me atrapó desde el primer capítulo, pero no me fijé que estaba empezando a escribirla.
te felicito autora, está hermosa,no tardes tanto en actualizar por fis👏
San Aguirre: Me pasó lo mismo, no me di cuenta que no estaba terminada 😒
total 1 replies
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