Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
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12- hilos en las sombras
La noche había caído sobre la ciudad.
En una pequeña casa ubicada lejos del territorio de los Moretti...
Vittorio sostenía el teléfono con fuerza.
Había intentado comunicarse con la mansión tres veces.
Las tres llamadas habían terminado de la misma manera.
Nadie quería escucharlo.
Volvió a marcar.
Después de varios tonos...
Finalmente respondieron.
—¿Sí?
—Soy Vittorio.
Al otro lado de la línea hubo un largo silencio.
—Señor Vittorio...
El hombre suspiró.
—Por favor, deje de llamar. Si el jefe se entera de que seguimos comunicándonos con usted...
Voy a meterme en problemas.
Vittorio apretó la mandíbula.
—Muchacho idiota... Escúchame. Alessandro tiene que enterarse.
—¿Enterarse de qué?
—Están en peligro.
El joven guardó silencio durante unos segundos.
Después respondió con cierta incomodidad.
—Señor Vittorio... Usted quedó fuera de esta familia. No sabemos qué información tiene....
—Precisamente por eso estoy intentando advertirles.
—Pero el jefe sabe lo que hace.
Vittorio golpeó la mesa con la palma de la mano.
—¡No entiendes! Alguien está moviendo piezas.
Y cuando empiecen a caer... Alessandro no va a saber quién las está empujando.
—Señor... Debería dejar que el jefe se encargue.
Él sabe lo que hace.
Vittorio respiró profundamente.
Intentó mantener la calma.
—Solo dile una cosa.
El muchacho dudó.
—¿Qué cosa?
—Que no confíe en todo lo que parece evidente.
Que mire más allá de todo lo que parezca obvio.
Y que revise cuidadosamente a quienes están a su alrededor.
—No puedo prometerle que...
Pero antes de que pudiera terminar...
La llamada se cortó.
Vittorio permaneció mirando el teléfono.
Volvió a llamar.
Esta vez... Nadie respondió.
Dejó escapar un suspiro.
Sabía perfectamente por qué. Para los Moretti...
Él ya no era uno de ellos.
Era un hombre en el exilio.
Un hombre cuyo nombre no debía ser mencionado.
Y, sin embargo...
Seguía siendo uno de los pocos que conocían lo suficiente del pasado como para reconocer las señales.
Vittorio se acercó lentamente a la ventana.
Miró la oscuridad que cubría la ciudad.
—Alessandro...
Murmuró.
—Ojalá me escuches antes de que sea demasiado tarde. Ese hombre representa muerte y guerra...
...****************...
A la mañana siguiente...
La sede principal del Grupo Visconti estaba completamente activa.
Ejecutivos entrando y saliendo de las oficinas.
Asistentes revisando agendas.
Abogados preparando contratos.
Y, en el último piso...
Valentina permanecía sentada frente a una enorme mesa de reuniones.
A su lado, Giovanni revisaba varios documentos.
—Quiero que revises estos acuerdos antes de firmarlos.
Valentina tomó la primera carpeta.
—¿Son los contratos de distribución?
—Algunos. Los demás corresponden a nuestras operaciones portuarias.
Valentina levantó la mirada.
—¿Quieres que revise también las rutas?
Giovanni sonrió.
—Quiero que empieces a conocerlas.
Ella abrió la carpeta.
Mapas.
Rutas
Puertos.
Empresas asociadas.
Países de destino.
Era mucho más complejo de lo que había imaginado.
—Nunca pensé que la empresa manejara tantas operaciones.
Giovanni soltó una pequeña risa.
—Porque siempre intenté mantenerte alejada de esta parte.
—¿Y ahora?
Él la observó durante unos segundos.
—Ahora necesito que aprendas.
Valentina volvió a mirar los documentos.
—Papá... ¿Por qué ahora?
Giovanni apoyó las manos sobre la mesa.
—Porque Lorenzo se va al extranjero después de su matrimonio. Y alguien tendrá que quedarse al frente.
Valentina permaneció en silencio.
—Además... Ya no soy tan joven como antes.
Necesito empezar a delegar.
Ella sonrió ligeramente.
—Eso no significa que estés viejo.
—Mi espalda opina lo contrario.
Valentina soltó una pequeña carcajada.
Giovanni sonrió.
Después volvió a ponerse serio.
—Quiero que asistas a las próximas juntas directivas.
Que conozcas a nuestros socios.
Que aprendas cómo se negocia.
Y, sobre todo...
Que empieces a tomar tus propias decisiones.
Valentina asintió lentamente.
—Está bien. Lo intentaré.
Giovanni negó con la cabeza.
—No. No quiero que lo intentes.
Quiero que lo hagas.
Valentina sonrió.
—Está bien. Lo haré.
Giovanni volvió a revisar los documentos.
—Hay algo más.
Ella levantó la vista.
—¿Qué?
—Una de nuestras compañías asociadas quiere renegociar las condiciones de acceso a uno de nuestros puertos.
Valentina tomó el contrato.
Leyó varias páginas.
Después frunció ligeramente el ceño.
—Quieren aumentar sus beneficios... Pero reducir su responsabilidad.
—Exactamente.
—Entonces no deberíamos aceptar.
Giovanni sonrió.
—¿Por qué?
Valentina cerró la carpeta.
—Porque si ellos necesitan nuestras rutas y nuestros puertos...
Somos nosotros quienes tenemos la ventaja.
Giovanni permaneció en silencio durante unos segundos.
Después sonrió con orgullo.
—Ahora empiezas a entenderlo.
Valentina miró nuevamente los documentos.
No sabía que aquellas negociaciones aparentemente corporativas...
Pronto tendrían consecuencias mucho más grandes.
Porque controlar una ruta marítima no significaba solamente controlar mercancías.
También significaba controlar quién podía entrar.
Quién podía salir.
Y quién podía quedar aislado.
La noche había caído nuevamente sobre la ciudad.
En uno de los principales puertos controlados por los Moretti...
Todo parecía transcurrir con normalidad.
Los contenedores eran trasladados de un sector a otro.
Los camiones entraban y salían.
Los hombres de seguridad vigilaban cada movimiento.
Hasta que...
Una fuerte explosión sacudió el puerto.
El estruendo hizo temblar los almacenes.
Los hombres comenzaron a correr.
Una columna de humo se elevó sobre los contenedores.
—¡Ataque!
¡Todos fuera del área!
Varias alarmas comenzaron a sonar al mismo tiempo.
Un segundo estallido destruyó parte de la zona de carga.
Los hombres de seguridad intentaron controlar el incendio mientras otros buscaban a los heridos.
Minutos después...
El teléfono de Alessandro comenzó a sonar.
Él acababa de salir de una reunión cuando respondió.
—Habla.
—Jefe... Atacaron el puerto de San Marco.
Alessandro se detuvo.
—¿Heridos?
—Cinco. Ninguno está muerto.
Pero destruyeron uno de nuestros cargamentos.
—¿Quién lo hizo?
—No lo sabemos.
Alessandro apretó la mandíbula.
—Quiero las cámaras. Los registros de entrada.
Las matrículas. Todo.
—Sí, jefe.
La llamada terminó.
Alessandro levantó la mirada.
Dante acababa de entrar al despacho.
—¿Qué ocurrió?
—Atacaron uno de nuestros puertos.
Dante quedó serio.
—¿Los Greco?
—Todavía no sabemos quién fue.
Matteo apareció detrás de él.
—Pero esto no parece un robo.
Alessandro negó lentamente.
—No. Esto fue un mensaje.
Dos horas después...
En altamar.
Un carguero perteneciente a los Greco avanzaba por una ruta internacional.
La tripulación no tuvo tiempo de reaccionar.
Varias embarcaciones pequeñas aparecieron alrededor del carguero.
Los hombres armados tomaron posiciones.
Un proyectil impactó contra uno de los costados.
La tripulación entró en pánico.
—¡Nos están atacando!
El capitán tomó inmediatamente el teléfono.
—¡Contacten a Marcus!
Pero la comunicación fue interrumpida.
Minutos después...
El cargamento había sido destruido.
Los atacantes desaparecieron antes de que llegaran las autoridades.
En la mansión Moretti...
Alessandro recibió una segunda llamada.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¿Sí?
Dante observó su rostro.
—¿Qué ocurre?
Alessandro bajó lentamente el teléfono.
—Atacaron un cargamento de los Greco.
El silencio se apoderó del despacho.
Matteo fue el primero en hablar.
—¿Cuándo?
—Hace unos minutos.
Dante frunció el ceño.
—Después de nuestro ataque.
Alessandro asintió.
Dos familias.
Dos ataques.
Demasiada coincidencia.
A la mañana siguiente...
Dante entró al despacho con una carpeta en las manos.
Alessandro levantó la vista.
—¿Qué encontraste?
Dante dejó la carpeta sobre el escritorio.
—Algo que no te va a gustar.
Alessandro la abrió.
—Habla.
—Alguien filtró información sobre la investigación que ordenaste de Amelia Markova.
Alessandro permaneció inmóvil.
—¿Qué información?
—Saben que investigaste a su familia.
Y saben que estabas revisando sus relaciones comerciales con los Greco.
Alessandro cerró lentamente la carpeta.
—¿Cómo salió esa información?
—Todavía no lo sabemos.
Pero salió de nuestro círculo.
Alessandro caminó hasta la ventana.
—¿Marcus lo sabe?
—Probablemente.
Dante hizo una pausa.
—Y hay algo más.
Alessandro se volvió.
—¿Qué?
Dante dejó una segunda carpeta sobre el escritorio.
—Marcus también investigó a los Moretti.
Alessandro permaneció en silencio.
—¿Desde cuándo?
—Desde poco después de la reunión.
Quería conocer tus movimientos empresariales.
Tus alianzas.
Las operaciones de Asterion.
Y la estructura de la familia.
Alessandro soltó una breve risa sin humor.
—Así que él también me estaba investigando.
—Sí.
—Y ahora alguien se encargó de que yo lo supiera.
Dante asintió.
Alessandro volvió a mirar los documentos.
Los ataques.
La investigación.
La filtración.
Todo parecía diseñado para una sola cosa.
—Quieren que pensemos que el otro está preparando una traición.
Dante lo observó.
—¿Crees que Marcus está detrás de esto?
Alessandro tardó unos segundos en responder.
—No lo sé. Y eso es exactamente lo que quieren.
Porque mientras nosotros dudamos de ellos...
Alguien más puede seguir atacándonos.
Dante guardó silencio.
Alessandro tomó el teléfono.
Buscó un número.
Marcus Greco.
Su dedo permaneció sobre la pantalla durante unos segundos.
Finalmente...
Llamó.
Al otro lado de la ciudad...
El teléfono de Marcus comenzó a sonar.
Él observó el nombre en la pantalla.
ALESSANDRO MORETTI
Su expresión se volvió seria.
Por primera vez desde que habían hablado del tratado...
Ninguno de los dos sabía exactamente qué decirle al otro.
Y mientras Marcus dudaba antes de contestar...
En algún lugar de la ciudad...
Alguien observaba las noticias sobre ambos ataques.
Y sonreía.
La primera pieza había caído.
Ahora solo tenía que esperar...
A que los Moretti y los Greco hicieran el resto.
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.