Él juró destruirla. Ella prometió jamás inclinar la cabeza.
En un mundo gobernado por la mafia, donde la lealtad se paga con sangre y la traición se castiga con la muerte, dos almas destinadas a odiarse se verán obligadas a caminar por el mismo infierno.
Él es un hombre frío, peligroso y acostumbrado a obtener todo lo que desea. Ella, una mujer fuerte que no está dispuesta a convertirse en el trofeo de nadie.
Entre secretos, venganza, mentiras y una atracción imposible de ignorar, descubrirán que el odio puede ser el inicio de la historia más peligrosa de sus vidas.
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Capítulo 1 - Dos apellidos, una guerra
"Algunas personas nacen con la libertad de elegir su destino. Otras nacen con un apellido que decide por ellas."
La lluvia golpeaba los enormes ventanales de la mansión Vesperi mientras un silencio pesado dominaba el comedor principal.
En la cabecera de la mesa se encontraba Vittorio Vesperi, un hombre cuya sola presencia imponía respeto. Su cabello gris y su impecable traje negro reflejaban los años de experiencia que llevaba dirigiendo el imperio de su familia.
A su derecha estaba su esposa, Giuliana Vesperi, elegante, serena y observadora. Nadie tomaba una decisión importante sin escuchar antes su opinión.
Frente a ellos permanecía sentado Dante Vesperi.
Veintiocho años.
Alto.
Cabello negro.
Ojos grises.
Un hombre que parecía incapaz de sonreír.
Su fama de mujeriego era conocida incluso fuera del círculo de las familias rivales. Nunca repetía una cita, jamás prometía amor y evitaba cualquier relación que pudiera convertirse en una debilidad.
No creía en los finales felices.
Creía en el poder.
En el respeto.
Y en la lealtad.
Nada más.
A su lado estaba su hermano mayor, Alessandro, un hombre tranquilo que prefería los números antes que las armas.
En el otro extremo de la mesa se encontraba Bianca, la hermana menor.
Tenía veintidós años y estudiaba Derecho.
Era dulce con quienes amaba, pero feroz cuando alguien intentaba dañar a su familia.
Giuliana dejó lentamente la taza de café sobre el plato.
—Hoy será un día largo.
Vittorio levantó la mirada.
—Todos los días lo son.
Dante terminó su café de un solo trago.
—Tengo una reunión en una hora.
—¿Con quién? —preguntó Alessandro.
—Con unos inversionistas.
Bianca sonrió de lado.
—¿De verdad son inversionistas... o alguna de las mujeres que te llaman todos los días?
Dante soltó una risa breve.
—No tengo tiempo para romances.
—Eso dices después de dejar a todas con el corazón roto.
—Nunca les prometí nada.
Giuliana negó con la cabeza.
—Algún día aparecerá una mujer que no se impresione por tu apellido.
Dante arqueó una ceja.
—Ese día no ha llegado.
Ni llegará.
Todos guardaron silencio.
Sabían que Dante nunca hablaba del amor.
Nunca.
En el gimnasio privado de la mansión, dos hombres entrenaban desde hacía casi una hora.
Enzo Moretti lanzó una toalla sobre el hombro.
—Te estás excediendo.
Dante continuó golpeando el saco.
—Necesito despejar la mente.
—Llevas así tres días.
—No preguntes.
Enzo lo conocía desde la infancia.
Sabía reconocer cuándo algo preocupaba a su mejor amigo.
A los pocos minutos apareció Raffaele Costa, el segundo mejor amigo de Dante.
Traía una carpeta en la mano.
—Hay novedades.
Dante dejó de entrenar.
—Habla.
—Algunas familias están intentando expandirse hacia nuestro territorio.
El ambiente volvió a ponerse serio.
Dante tomó la carpeta.
Sus ojos recorrieron cada hoja con atención.
No dijo una sola palabra.
Simplemente cerró el documento.
—Nos ocuparemos de eso.
A varios kilómetros de allí, otra enorme residencia despertaba con la misma elegancia.
La mansión de los Russo era luminosa.
Llena de jardines.
Fuentes de mármol.
Y rosales perfectamente cuidados.
En la cocina sonaban risas.
—¡Luca!
—¡Devuélveme mi taza!
Una joven perseguía a un muchacho por toda la casa.
Ella era Valentina Russo.
Veinticuatro años.
Cabello oscuro.
Ojos color miel.
Una sonrisa difícil de ganar.
Y un carácter todavía más difícil de soportar.
Luca levantó la taza riéndose.
—Tendrías que aprender a alcanzarme.
—Cuando te alcance vas a arrepentirte.
Los dos terminaron riendo.
Su madre, Isabella, apareció cruzada de brazos.
—¿Piensan romper la casa tan temprano?
Ambos se quedaron quietos.
—Buenos días, mamá.
Isabella negó con la cabeza mientras sonreía.
—Nunca van a cambiar.
En ese momento entró Marco Russo, el hermano mayor.
Siempre impecable.
Siempre serio.
Siempre dispuesto a proteger a sus hermanos.
—Papá los está esperando.
Los cuatro caminaron hacia el comedor.
En la cabecera se encontraba Alessandro Russo, líder de la familia.
No levantó la voz.
No hizo falta.
Con una sola mirada consiguió que todos ocuparan su lugar.
—Buenos días.
—Buenos días, papá.
Valentina comenzó a desayunar.
Le encantaba el café fuerte.
Los libros de estrategia.
Las motocicletas.
Practicar tiro deportivo.
Y resolver problemas por sí misma.
Detestaba que alguien intentara decirle cómo vivir.
Mucho menos decidir por ella.
Su padre la observó.
—¿Entrenarás esta tarde?
—Sí.
—¿Con Camila y Sofía?
—Como todos los miércoles.
Marco sonrió.
—Algún día esas tres van a dejar sin trabajo a todos los instructores.
Valentina respondió con una sonrisa orgullosa.
—Ese es el plan.
Todos rieron.
Por unos minutos dejaron de lado el peso que implicaba llevar el apellido Russo.
Porque, antes que cualquier otra cosa...
Eran una familia.
Y ninguno imaginaba que, muy pronto, el destino comenzaría a mover las piezas de una partida que cambiaría sus vidas para siempre...
La tarde cayó lentamente sobre la ciudad.
El cielo gris anunciaba otra noche de lluvia mientras, en la mansión Vesperi, Dante terminaba de cambiarse después del entrenamiento.
Su vestidor parecía una boutique de lujo.
Trajes perfectamente alineados.
Relojes exclusivos.
Zapatos impecables.
Pero había algo que nunca faltaba.
El color negro.
Era el único color que realmente le gustaba vestir.
Se colocó un reloj plateado y salió de la habitación.
En el pasillo se encontró con Bianca.
—¿Ya te vas?
—Tengo trabajo.
Bianca sonrió con picardía.
—¿Trabajo... o alguna mujer te está esperando?
Dante negó con una sonrisa burlona.
—¿Por qué todos insisten con eso?
—Porque eres imposible.
—¿Imposible?
—Sí.
No crees en el amor.
No respondes mensajes.
Desapareces cuando te aburres.
Y cuando una chica empieza a enamorarse de ti...
Simplemente te vas.
Dante guardó silencio unos segundos.
—Nunca les miento.
Solo dejo claro desde el principio que no busco una relación.
Bianca cruzó los brazos.
—Algún día conocerás a alguien que no se impresione por tu dinero ni por tu apellido.
Él soltó una pequeña risa.
—Cuando llegue ese día me avisas.
Porque yo no la estoy buscando.
Bianca observó cómo su hermano se alejaba.
En el fondo sabía que aquella seguridad escondía una enorme dificultad para confiar en alguien.
En el garaje ya lo esperaban Enzo y Raffaele.
Enzo apoyó los brazos sobre un automóvil deportivo.
—¿Listo?
—Siempre.
Raffaele lanzó las llaves.
—Conduce tú.
La ciudad estaba tranquila.
Las luces iluminaban las calles mojadas mientras los tres amigos avanzaban conversando.
Enzo rompió el silencio.
—¿Recuerdas a la periodista que quiso entrevistarte?
—Sí.
—Volvió a llamar.
—Dile que no.
—¿Y la modelo italiana?
—No.
—¿La actriz?
—Tampoco.
Raffaele soltó una carcajada.
—Nunca entenderé cómo puedes rechazar mujeres tan hermosas.
Dante mantuvo la vista al frente.
—Porque no me interesa perder el tiempo.
—Hace unos años no decías eso.
—Hace unos años era diferente.
Enzo sonrió.
—Eso sí es cierto.
Antes eras el primero en aceptar cualquier invitación.
—Las personas cambian.
Ninguno insistió.
Sabían que Dante seguía siendo atractivo y famoso entre las mujeres, pero también que cada vez levantaba más barreras alrededor de su vida.
Mientras tanto...
En la residencia Russo reinaba un ambiente completamente distinto.
Valentina estaba en el jardín practicando tiro deportivo junto a sus dos mejores amigas.
—Otra vez al centro —dijo Camila mientras observaba el blanco.
Valentina bajó el arma deportiva.
—Te dije que hoy estaba inspirada.
Sofía sonrió.
—El día que decidas competir profesionalmente, todas vamos a perder.
Las tres comenzaron a reír.
Camila Ferrara era una joven de cabello rojizo, extremadamente inteligente y apasionada por la informática.
Podía pasar horas frente a un computador sin aburrirse.
Le encantaban los videojuegos.
El chocolate.
Las películas de ciencia ficción.
Y odiaba profundamente la impuntualidad.
Sofía Moretti, en cambio, era tranquila.
Amaba aprender idiomas.
Leer novelas históricas.
Viajar.
Escuchar música mientras tomaba café.
Detestaba los gritos y las personas arrogantes.
Las tres eran amigas desde la adolescencia.
Se cuidaban mutuamente como hermanas.
Camila tomó una botella de agua.
—¿Ya pensaste qué harás el fin de semana?
Valentina sonrió.
—Salir a conducir mi motocicleta.
—Lo imaginaba.
Sofía rió.
—Nunca cambia.
Valentina levantó los hombros.
—No necesito cambiar.
Me gusta sentir el viento en la cara.
Me ayuda a pensar.
Camila la observó.
—También deberías salir con alguien alguna vez.
—No.
—¿Ni siquiera una cita?
—Menos.
Sofía negó divertida.
—Cada vez que un hombre intenta invitarte a salir...
Lo asustas.
Valentina comenzó a reír.
—No los asusto.
Simplemente les dejo claro que no pienso cambiar mi vida por nadie.
—Por eso siguen huyendo.
—Entonces significa que no eran los indicados.
Las tres volvieron a reír.
Dentro de la casa...
Isabella preparaba café mientras Alessandro Russo leía varios documentos.
Marco apareció dejando unas carpetas sobre la mesa.
—Todo está listo.
Su padre levantó la vista.
—Bien.
¿Y Valentina?
—Entrenando.
Isabella sonrió con orgullo.
—Esa niña nació sin miedo.
Marco respondió con una sonrisa.
—Más de una vez me ha dejado sin palabras.
Cuando alguien intenta subestimarla...
Se arrepiente enseguida.
Su padre asintió lentamente.
—Eso me tranquiliza.
Pero también me preocupa.
Los tiempos están cambiando.
Y cuanto más fuerte eres...
Más enemigos aparecen.
El silencio volvió a llenar el despacho.
Ninguno imaginaba que aquellas palabras terminarían convirtiéndose en una realidad.
Esa misma noche...
Dos reuniones importantes se celebraban en distintos puntos de la ciudad.
Los Vesperi discutían nuevas alianzas.
Los Russo analizaban movimientos sospechosos de otras organizaciones.
Todavía no existía un enfrentamiento directo entre ambas familias.
Sin embargo...
Los rumores comenzaban a crecer.
Alguien estaba moviendo las piezas desde las sombras.
Alguien deseaba que dos apellidos poderosos terminaran enfrentándose.
Y cuando esa guerra comenzara...
Nadie saldría ileso.
La lluvia no dio tregua durante toda la noche.
En distintos puntos de la ciudad, las luces permanecían encendidas mientras dos familias analizaban los mismos rumores sin saber que el destino ya había comenzado a acercarlas.
...
Dante permanecía de pie frente al enorme ventanal de su despacho.
Con una copa de whisky en la mano observaba las calles iluminadas.
No era un hombre que disfrutara de las fiestas.
Prefería el silencio.
Pensar.
Planear.
Analizar cada movimiento antes de actuar.
Un golpe en la puerta rompió sus pensamientos.
—Adelante.
Entró Alessandro.
—Papá quiere hablar contigo.
Dante dejó la copa sobre el escritorio.
—¿Ocurre algo?
—Han aparecido nuevos nombres interesados en negociar con distintas familias. Nadie sabe quién mueve realmente los hilos.
Dante frunció el ceño.
—Eso significa que alguien busca provocar un conflicto.
—Es lo que creemos.
Los dos hermanos caminaron hasta la sala principal.
Vittorio y Giuliana ya los esperaban.
—A partir de hoy quiero que todos sean más prudentes —dijo Vittorio con serenidad—. Un error puede costarnos muy caro.
Bianca observó a su padre.
—¿Tan grave es la situación?
—Todavía no.
Pero podría llegar a serlo.
El ambiente volvió a quedar en silencio.
Nadie discutió la decisión.
Todos sabían que, cuando Vittorio hablaba de prudencia, era porque había detectado un peligro real.
...
En otro extremo de la ciudad, Valentina regresaba del entrenamiento junto a Camila y Sofía.
Las tres caminaban lentamente por el jardín.
—Necesitamos organizar un viaje —comentó Camila.
—¿Otra vez? —preguntó Sofía entre risas.
—Claro.
No todo puede ser trabajo.
Valentina sonrió.
—Acepto... siempre que podamos ir en motocicleta.
Camila levantó una mano.
—Sabía que dirías eso.
Las tres estallaron en carcajadas.
Aquellos momentos eran los que Valentina más valoraba.
Su familia.
Sus amigos.
La tranquilidad de su hogar.
No necesitaba lujos para sentirse feliz.
Solo personas sinceras.
Al entrar en la casa encontró a Isabella leyendo en la biblioteca.
—¿Cómo estuvo el entrenamiento?
—Muy bien.
—¿Quieres té o café?
—Café.
Siempre café.
Isabella sonrió.
—Eso jamás cambiará.
Mientras preparaban las bebidas, la madre observó a su hija con ternura.
—Eres muy parecida a tu padre.
—¿Por ser terca?
—Por defender aquello que amas.
Valentina bajó la mirada.
—No permitiré que nadie decida mi vida.
Nunca.
Isabella tomó su mano.
—Y tampoco permitas que el orgullo te impida escuchar a quienes te quieren.
Valentina respondió con una pequeña sonrisa.
No imaginaba cuánto recordaría esas palabras en el futuro.
...
A la mañana siguiente, la ciudad despertó cubierta por un cielo gris.
En distintos lugares comenzaron a circular invitaciones para una importante gala benéfica organizada por las familias más influyentes de la región.
Empresarios.
Jueces.
Políticos.
Periodistas.
Y representantes de las familias más poderosas asistirían al evento.
Sobre el escritorio de Dante apareció una elegante invitación negra.
Al mismo tiempo, sobre la mesa de Valentina descansaba otra idéntica.
Ninguno le dio demasiada importancia.
Para ellos era solo un compromiso más.
Lo que todavía ignoraban...
Era que aquella gala cambiaría el rumbo de sus vidas.
Sin haberse visto nunca.
Sin conocer siquiera el nombre del otro.
El destino ya había escrito la primera línea de una historia que ninguno de los dos estaba preparado para vivir.
Mensaje de la autora
¡Gracias por llegar hasta el final del primer capítulo de Entre tu odio y mi lealtad!
Esta es una historia completamente nueva y muy especial para mí. He puesto mucho cariño en cada personaje, en cada diálogo y en cada detalle para que vivan esta aventura junto a ustedes.
Espero que disfruten el camino de Dante y Valentina, un camino lleno de emociones, secretos, decisiones difíciles y un romance que se construirá paso a paso.
Si este comienzo les gustó, los invito a dejar su comentario y acompañarme en los próximos capítulos. Su apoyo significa muchísimo para mí y me motiva a seguir escribiendo.
Con cariño,
Zahira#🖤