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Hasta Encontrarte Otra Vez

Hasta Encontrarte Otra Vez

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nath O.

Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.

NovelToon tiene autorización de Nath O. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El verano que estaba terminando

El verano siempre pasaba demasiado rápido en Luna de Plata.

Quizá era porque los días parecían interminables.

O porque nadie quería pensar en el momento en que las vacaciones terminaran.

Aquella mañana, el territorio despertó envuelto en el aroma de los pinos húmedos después de una lluvia nocturna.

Los primeros rayos del sol atravesaban las copas de los árboles cuando Alyssa salió de casa con una mochila sobre un hombro y una cesta de mimbre en la mano.

—¿Tan temprano? —preguntó Mara desde la cocina.

—Quiero llegar antes de que salga demasiado sol.

—¿Vas por plantas?

Alyssa sonrió.

—Y también necesito terminar unas lecturas.

Mara levantó una ceja.

—¿Ya empezaste a estudiar?

—Las clases comienzan la próxima semana.

Quiero llegar preparada.

La mujer sonrió orgullosa.

Todavía le costaba creer que aquella niña asustada que un día encontraron en el bosque estuviera a punto de comenzar la universidad.

—Vas a hacerlo muy bien.

Alyssa dejó un beso sobre su mejilla.

—Eso espero.

En Luna de Plata todos asistían a escuelas y universidades humanas.

Era parte de la vida de cualquier hombre lobo.

Aprendían a convivir con los humanos, a entender su mundo y a moverse en él sin despertar sospechas.

Tenían documentos.

Identidades legales.

Trabajos.

Profesiones.

Porque el secreto de la manada dependía, precisamente, de parecer personas completamente normales.

Kaleb había terminado la universidad unos meses atrás.

Ethan y Liam cursaban el último año.

Nora acababa de comenzar Medicina.

Y Alyssa estaba a punto de iniciar la carrera de Botánica y Ciencias Vegetales en la Universidad de Washington.

Desde niña había sentido una fascinación especial por las plantas.

Mara solía decir que hablaba con ellas.

Alyssa insistía en que simplemente sabía escucharlas.

El Bosque de los Secretos seguía siendo su lugar favorito.

La vieja casa del árbol permanecía en pie.

Algo inclinada.

Con algunas tablas desgastadas.

Pero seguía resistiendo el paso de los años.

Alyssa dejó la mochila sobre una roca.

Sacó un libro grueso de botánica.

Abrió una libreta.

Y comenzó a escribir.

—Sabía que te encontraría aquí.

No necesitó levantar la vista.

Reconocería aquella voz incluso dormida.

—Buenos días.

Kaleb apareció entre los árboles.

Llevaba una camisa negra remangada y un pantalón de mezclilla.

No parecía el heredero del Alfa.

Parecía simplemente…

Kaleb.

—¿Qué haces?

Él señaló el libro.

—Eso debería preguntarlo yo.

Alyssa sonrió.

—Estoy adelantando trabajo.

Kaleb levantó el libro.

—¿Vacaciones?

—Por una semana más.

—Entonces estás loca.

Ella soltó una risa.

—Probablemente.

Él se dejó caer a su lado.

Durante unos segundos ninguno habló.

Solo escuchaban el viento mover las hojas.

Como cuando eran niños.

—No puedo creer que empieces la universidad.

Alyssa levantó apenas la vista.

—¿Por qué?

—Porque todavía recuerdo cuando no sabías escribir tu nombre.

Ella hizo una mueca.

—Tenía cinco años.

—Exactamente.

—Tú tampoco sabías muchas cosas.

—Yo ya sabía escribir.

—Pero no sabías peinarte.

Kaleb soltó una carcajada.

—Eso sigue siendo cierto.

Ella volvió a concentrarse en el libro.

Kaleb fingía mirar el paisaje.

En realidad…

La observaba a ella.

Le gustaba verla estudiar.

Cuando Alyssa leía, fruncía ligeramente el ceño.

Movía apenas los labios.

Y, cada vez que encontraba algo interesante, sonreía para ella misma.

Era un gesto pequeño.

Pero él llevaba años notándolo.

—¿Qué?

La voz de Alyssa lo sacó de sus pensamientos.

—¿Qué de qué?

—Otra vez me estás viendo.

Kaleb desvió la mirada.

—No.

Ella cerró lentamente el libro.

—Sí.

Él terminó sonriendo.

—Está bien.

Sí.

—¿Y ahora qué hice?

Kaleb tardó unos segundos en responder.

—Nada.

Solo…

Has cambiado mucho.

Alyssa permaneció en silencio.

—¿Para bien?

Él la observó.

Con atención.

Como si realmente estuviera buscando la respuesta.

—Muchísimo.

El corazón de Alyssa dio un pequeño vuelco.

Desvió la mirada hacia el bosque.

—Tú también cambiaste.

—¿Sí?

Ella sonrió.

—Antes eras insoportable.

—¿Antes?

—Ahora también.

Los dos comenzaron a reír.

Pasaron casi una hora entre libros, plantas y conversaciones.

Hasta que Alyssa decidió levantarse.

—Necesito buscar árnica.

Comenzó a caminar entre los arbustos.

Kaleb la siguió.

—No hace falta.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué vienes?

Él respondió con total naturalidad.

—Porque siempre voy contigo.

Alyssa sonrió sin darse vuelta.

—Eso también es cierto.

Mientras buscaba unas flores amarillas, una pequeña espina alcanzó la palma de su mano.

—Ay…

Kaleb llegó inmediatamente.

—¿Qué pasó?

Ella mostró la mano.

—Solo fue una espina.

Él tomó su muñeca con una delicadeza que contrastaba completamente con la fuerza que utilizaba durante los entrenamientos.

Observó el pequeño punto rojo.

Frunció el ceño.

—Eso no es nada.

—Te lastimaste.

—Kaleb…

—Déjame verla.

Ella dejó de discutir.

Él retiró cuidadosamente la espina.

Después levantó la mano de Alyssa hasta quedar a la altura de sus propios ojos.

—Listo.

No la soltó.

Sus dedos seguían rodeando suavemente la muñeca de Alyssa.

Ella levantó lentamente la vista.

Los ojos azules de Kaleb ya no estaban sobre su mano.

Estaban sobre ella.

Muy despacio…

Él soltó su muñeca.

Pero, en lugar de alejarse…

Llevó la mano hasta su rostro.

Apartó con infinita suavidad un mechón de cabello que el viento había llevado sobre su mejilla.

Sus nudillos rozaron apenas su piel.

Después fue su pulgar.

Una caricia lenta.

Casi distraída.

Como si hubiera olvidado que debía detenerse.

Alyssa dejó de respirar.

No apartó la mirada.

Tampoco él.

El bosque parecía haberse quedado completamente en silencio.

Kaleb sintió cómo el tiempo desaparecía.

Solo existían ella.

Sus ojos color miel.

La forma en que lo miraba.

La cercanía.

Su respiración.

Sin darse cuenta…

Se inclinó apenas unos centímetros.

Alyssa tampoco retrocedió.

Podía sentir el calor de su aliento.

Su corazón golpeaba con tanta fuerza que estaba segura de que Kaleb podía escucharlo.

Él bajó lentamente la vista hacia sus labios.

Un paso más.

Solo uno.

Entonces…

Una extraña inquietud recorrió su pecho.

No era miedo.

Era su lobo.

No hablaba.

Pero, por primera vez, parecía… incómodo.

Como si algo no terminara de encajar.

Kaleb frunció apenas el ceño.

Dudó.

Y en ese mismo instante una voz rompió el silencio.

—¡¿Alyssa?!

Era Nora.

Los dos reaccionaron como si despertaran de un sueño.

Kaleb dio un paso atrás inmediatamente.

Alyssa bajó la mirada.

Intentando recuperar la respiración.

Nora apareció entre los árboles.

—Los llevo buscando media hora.

Miró a uno.

Luego al otro.

Y sonrió con demasiada malicia.

—¿Interrumpo algo?

—No —respondieron ambos al mismo tiempo.

Nora levantó ambas cejas.

—Ajá.

No dijo nada más.

Pero sabía perfectamente que acababa de llegar unos segundos demasiado tarde.

Cuando emprendieron el camino de regreso, Nora caminó algunos metros delante.

Alyssa y Kaleb iban detrás.

En silencio.

Ninguno encontraba el valor para hablar.

Finalmente fue Alyssa quien rompió el silencio.

Sin mirarlo.

—¿Ibas a besarme?

Kaleb tardó varios segundos en responder.

Respiró hondo.

Después dijo la única verdad que pudo encontrar.

—No lo sé.

Ella asintió muy despacio.

No insistió.

Continuó caminando.

Pero una pequeña sonrisa apareció, casi imperceptible, en la comisura de sus labios.

Porque quizá…

Kaleb todavía no sabía la respuesta.

Pero ella empezaba a sospechar que sí.

Y, detrás de ellos, la vieja casa del árbol permanecía inmóvil entre las ramas.

Silenciosa.

Como si guardara, una vez más, un secreto que todavía no estaba listo para ser contado.

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Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos👌
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