Una historia diferente, donde el amor y el sobrevivir van de la mano. 🥀
NovelToon tiene autorización de DARLIN VELASQUEZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
MAS ALLA DE LA COLMENA
―Eso es lo que Keiren siente —explicó VR15—. Son celos hacia Erian. Y eso es exactamente lo que percibí. Me quedé muda. ¿Keiren… celoso de Erian? Imposible.
VR15 suspiró profundamente. ―Ninguno de los dos lo logró. Ahora entienden la importancia de entrenar. —El Bokly cayó de rodillas, exhausto—. No se alarmen, son efectos secundarios de recibir emociones humanas tan intensas. Se me pasará. Vayan al nivel. Deben cumplir su horario.
Sentí un nudo en la garganta. De alguna forma, comenzaba a tomarle cariño a ese Bokly.
―Nos vemos después de las cinco —dijo Keiren con frialdad. Solo le dirigió una mirada y salió de inmediato. Yo quería entenderlo. Tenía demasiadas preguntas. Abracé brevemente a VR15 y corrí tras Keiren.
Ya había avanzado bastante, pero lo alcancé. Me puse delante de él, todavía jadeando. Sus ojos evitaban los míos.
―Oye… ¿por qué sientes eso hacia Erian? No lo entiendo.
―No —negó, casi indignado—. No es eso. El Bokly se equivocó. No tendría por qué sentir celos de él. Su mirada seria se clavó en mis ojos. Y sin embargo… no parecía decir toda la verdad.
―Entonces… ¿qué es lo que sientes?
―Estoy molesto con él —respondió con irritación—. Pudimos haber empezado nuestro entrenamiento ayer, pero él te distrajo de nuestro objetivo. Ah. Eso dolió.
― ¿Estás seguro de que solo se trata de eso? ¿No hay nada más? —pregunté con cautela.
―Sí, solo eso. ¿Acaso crees que podría tratarse de ti? —soltó con frialdad—. Para nada. Esto no tiene que ver contigo. Quiero estar listo y no fracasar. Así que concéntrate, Ámbar. No perdamos más tiempo. Pasó a mi lado, empujando suavemente mi hombro para abrirse paso. Caminó como siempre: lento, firme, distante. Yo me quedé allí, sintiendo cómo algo amargo se deslizaba dentro de mí. Por un momento, la posibilidad de que sintiera algo más me había asustado… pero escucharlo negarlo tan tajantemente…Eso sí que dolió.
Durante toda la jornada me dediqué a realizar mis actividades según el cronograma. De alguna manera no quería acercarme a Keiren después de lo que me había dicho, y tampoco había visto a Erian. Quizá verlo podría levantarme un poco el ánimo. Mi mente estaba revuelta… no, más que eso: era un completo caos. Un caos como el cuarto de los gemelos. Ellos compartían la habitación desde siempre, y aunque ahora la habitación que fue de la abuela estaba vacía —sus cosas permanecían allí, intactas—, ellos preferían seguir juntos. Su cuarto siempre estaba desorganizado, como si el desorden formara parte de su esencia.
Mientras avanzaba en la larga fila para recibir mi ración de almuerzo, miré a todos lados buscando a Erian. Atrás, adelante, a la derecha, a la izquierda… una y otra vez. Nada. No había rastro de él, y eso me entristeció un poco. ¿Sería posible que no hubiera venido? Lo dudaba. Las normas eran estrictas: debías asistir sin excepción. Ni la enfermedad era excusa. Mi familia solo obtuvo permiso cuando murió mi abuela: un día para vivir el dolor, como si eso bastara. El gran jefe lo llamaba “despedida al ser”, un ritual absurdo donde te asignaban una sala en el edificio de Umbral para orar, cantar o simplemente estar en silencio.
Luego, unos Bokly llamados EvoNat —Evolución Natural, según ellos— se llevaban el cuerpo. Decían que quemarlo permitía que el alma evolucionara. Nunca entregaban las cenizas. Nadie preguntaba a dónde iban. ¿Para qué? Ellos tenían el control de todo.
A unos metros finalmente lo vi: Erian. Estaba hablando con una chica. Parecían conversar de manera amable, ajenos a las tensiones del nivel. No iba a acercarme a interrumpir. Seguí avanzando en la fila, casi sin pensar en la comida. Eso no importaba en ese momento. De pronto, una sensación extraña me paralizó. Todo a mi alrededor se volvió borroso. Una sombra oscura se deslizó entre las personas, y luego desapareció. No tuve tiempo de procesar lo que ocurría porque una voz masculina estalló detrás de mí.
—Oye, mueve tu cuerpo. Estás retrasando la fila.
Me giré. Un hombre de unos treinta años me miraba con desprecio. —Sí, lo siento… solo que…
—¡Muévete o te empujo! ¿Eres sorda o muy estúpida?
Su mirada estaba cargada de rabia. Antes de que pudiera apartarme, me empujó con fuerza. Caí al piso. Nadie dijo nada. Nadie hizo nada. Todos simplemente avanzaron, ocupando mi lugar. Sentí un nudo doloroso en la garganta. Me había humillado frente a todos.
—Ese es mi lugar —dije mientras me incorporaba—. Respétalo, por lo menos.
— Ah, ¿sí? Pues ya lo perdiste. Aprende a crecer, niña. — Me dio la espalda como si yo no existiera
Me hirvió la sangre. Estaba dispuesta a golpearlo. A romperle la cara. Los Bokly ni siquiera parecían darse cuenta. Me lancé sobre él, rodeando su cuello con mis brazos. No pensaba soltarlo. Él trató de quitarme, pero no pudo. Entonces sentí que algo me jalaba hacia atrás: una fuerza mayor que la mía. Era Keiren. Me apartó con facilidad y me sostuvo a un lado. Iba a decirme algo, pero el hombre no le dio tiempo: le lanzó un puñetazo directo al rostro. Vi el hilo de sangre correr por el labio de Keiren. Ahora sí, esto se había salido de control.
Las personas comenzaron a llamar a los Bokly. En segundos se formó un círculo alrededor, como si fuera un espectáculo gratuito.
—¿Quieres problemas, muchacho? —gritó el hombre—. ¡Seré tu peor pesadilla!
—Te aseguro que yo seré la tuya —respondió Keiren.
Sentí el aire vibrar a mi alrededor. Las manos de Keiren temblaban y un humo sutil, casi invisible, empezaba a salir de sus nudillos. Antes de que pudiera pensarlo dos veces, Keiren lo golpeó. El sonido del impacto fue seco, como una rama rompiéndose. El tipo salió volando y cayó sobre una de las mesas.
—Humanos, compórtense. —dijo uno de ellos, aun sosteniendo una cuchara.
—Dile eso a este idiota —gruñó el hombre mientras se ponía de pie—. Casi me rompe la espalda.
—¡Código de conducta violado! —chilló una voz metálica.
Dos drones de seguridad descendieron del techo, con sus lentes rojos escaneando la zona. La alarma de seguridad se activó de inmediato y el sonido metálico me perforó los oídos. Los Bokly aparecieron sin tardar. Keiren no bajó la mirada. Antes de que los guardias lo rodearan, me lanzó una mirada que decía: «No te muevas». Lo vi desaparecer tras la puerta blindada de la Sala de Control, no como un prisionero, sino como una bomba a punto de estallar.
Entonces lo comprendí. La sombra negra que había visto antes no había sido un mareo ni una confusión. Había sido una visión. Una advertencia. El hombre borroso que vi en aquella imagen era Keiren ayudándome. Mis poderes estaban despertando, mostrándome fragmentos del futuro inmediato. Y ese futuro que había visto unos segundos atrás ya se había convertido en el presente.
—Oye… ¿estás bien? —preguntó Erian, que ahora estaba a mi lado.
—Sí. Estoy bien.
—No te preocupes. Él va a estar bien —dijo Erian. —¿Qué planes tienes para hoy? —preguntó, tratando de distraerme.
—Bueno… debo entrenar un poco —suspiré.
Se inclinó un poco hacia mí y me dio un beso pequeño en la frente. Me sonrojé. Ese gesto me tomó completamente desprevenida. Nos quedamos en silencio. Recibimos nuestro almuerzo: el vaso de agua habitual, una salsa espesa, algo parecido a puré de papa y una diminuta barra de proteína. Hacía meses que no daban proteína real. Mientras daba la vuelta, el Bokly dejó caer otra barra por error. La agarré rápido antes de que alguien más pudiera hacerlo. No iba a desperdiciar semejante tesoro. Me senté con Erian en una mesa. Elegí una silla desde la que pudiera ver la puerta de la sala de control. Dos guardias Bokly la custodiaban. No había señales de Keiren ni del hombre.
—Estás muy hermosa hoy, Ámbar —dijo Erian.
Su voz me arrancó una sonrisa. Sus ojos siempre lograban calmar mi ansiedad. —Eh… gracias —dije tímida.
—Te estuve buscando en la mañana. Parecía como si no hubieras venido. Luego, cuando te vi, Ashar me detuvo para preguntarme algunas cosas —señaló hacia la chica con la que lo había visto antes. Ella nos observaba desde la distancia, inexpresiva.
—Ah… sí. No quise interrumpir. Me quedé en la fila y… bueno, pasó todo esto —reí nerviosa.
—Bueno, ahora ya estamos juntos.
—Sí.
Comí rápido. Tenía mucha hambre. Guardé la segunda barra proteica para Keiren; los Bokly ya habían cerrado las mesas y no iba a permitir que él se quedara sin comer. Pasó casi media hora y aún nadie salía de aquella habitación. La preocupación comenzó a clavarse en mi pecho como una espina. ¿Y si los castigaban a ambos? Aquel hombre se lo merecía, eso era indiscutible… pero no Keiren. Él solo me defendió. Él tomó mi lugar para evitar que yo terminara en esa sala. Mientras esperaba, todos a mi alrededor seguían comiendo con absoluta tranquilidad. Conversaban, reían, disfrutaban de su almuerzo como si nada hubiera pasado. Existían en una burbuja ajena a la tensión que me carcomía por dentro, sin imaginar lo que ocurría detrás de esa puerta cerrada. Yo, en cambio, no podía apartar la mirada ni un segundo. Cada minuto que pasaba se hacía más pesado que el anterior. Mi mente no podía dejar de pensar en él.
No podía concentrarme. Algo dentro de mí seguía inquieto, como si algo no encajara. Me obligué a cerrar los ojos en medio del caos del comedor. «Busca el eco, Ámbar. Busca a Keiren». De pronto, la oscuridad de mis párpados se tiñó de un azul eléctrico. Vi la Sala de Control, pero no con mis ojos, sino a través del calor. Vi a Keiren rodeado de tres Bokly en el interior. Vi cómo el miedo en su pecho se convertía en una supernova.
¡BUM!
La explosión no fue física, fue de energía pura. Un destello azul cegador inundó el vivero. La puerta blindada de la sala se combó hacia afuera, el metal crujiendo como si fuera papel antes de abrirse de golpe. Los gritos del hombre retumbaron y luego se apagaron bajo el sonido de circuitos quemándose.
—No… —murmuré—. Keiren…
Los gritos del hombre con el que discutí retumbaron segundos después. Los Bokly que hacían guardia entraron apresuradamente, dejando la puerta entreabierta. Me puse de pie al instante, igual que muchas otras personas que se habían percatado del estallido. Y lo vi. Keiren estaba allí, de pie en medio de la habitación. Sus ojos… esos ojos azules como fuego, brillaban con una intensidad abrumadora. En el suelo, el cuerpo inerte de un robot yacía como si hubiera sido arrancado de sí mismo. Él había usado sus poderes. Sin control. Sin discreción. Y eso lo cambiaba todo. Cerró los ojos un instante, y pude ver la angustia que lo atravesaba. No estaba tranquilo. No estaba bien. Estaba luchando contra algo dentro de sí mismo.
Todo se ralentizó. Como si el tiempo me permitiera observar cada detalle: el temblor en sus manos, el vapor leve que salía de su piel, el pánico disfrazado en su rostro.
—¡Keiren! —avancé corriendo hacia la puerta.
Dos Bokly me sujetaron por los hombros, bloqueando mi paso. Eran fuertes, fríos, impenetrables. No pude moverme. El silencio se volvió absoluto por un segundo… y luego la alarma volvió a sonar, estridente, perforante. Ahora sí, esto se había convertido en un verdadero problema. Entraron más Bokly al vivero. Muchos más. Estaban armados. Armas que jamás había visto: largas, negras, rectas, con luces rojas que parpadeaban como ojos encendidos. Un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba abajo.
¿Y ahora qué…?
¿Ahora qué podía hacer para ayudarlo?