¿Crees que el destino puede unir a dos personas en el peor momento de sus vidas?
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Capítulo 5: La traición
El viento soplaba con fuerza sobre el viejo puente.
Valeria corrió unos metros, pero al mirar hacia atrás vio a Adrián rodeado por varios hombres vestidos de negro.
Su corazón le gritaba que huyera.
Pero no podía abandonarlo.
Se escondió detrás de un enorme árbol desde donde podía observar lo que ocurría.
El hombre que apuntaba con el arma dio un paso al frente.
Llevaba una barba perfectamente recortada y una cicatriz cruzaba su ceja izquierda.
Sonrió con ironía.
—Ha pasado mucho tiempo, Adrián.
Adrián bajó lentamente las manos.
—Nunca imaginé encontrarte trabajando para Montenegro, Sergio.
Valeria escuchó el nombre y sintió un escalofrío.
¿Quién era aquel hombre?
Sergio soltó una risa.
—La vida cambia. Algunos seguimos luchando por ideales… otros aprendimos que el dinero siempre gana.
Adrián negó con la cabeza.
—No eras así cuando trabajábamos juntos.
—Eso fue antes de que me dejaras solo.
Durante unos segundos ninguno habló.
El silencio pesaba más que las palabras.
Finalmente, Sergio volvió a levantar el arma.
—Entrégame el sobre y todo termina aquí.
—No lo tengo.
—No me obligues a hacer algo de lo que después pueda arrepentirme.
Adrián sonrió con tristeza.
—Si de verdad pudieras arrepentirte, nunca habrías elegido este camino.
Sergio apretó los dientes.
Sin previo aviso, uno de los hombres golpeó a Adrián por la espalda.
Él cayó de rodillas.
Valeria llevó una mano a su boca para no gritar.
Otro golpe.
Y luego otro.
Cada impacto hacía que quisiera salir corriendo para ayudarlo.
Pero recordó las últimas palabras de Daniel en la carta.
“No confíes en nadie hasta descubrir toda la verdad.”
Entonces comprendió que debía proteger el sobre.
Era la única oportunidad de encontrar a su hermano.
Mientras los hombres seguían golpeando a Adrián, ella comenzó a retroceder lentamente entre los árboles.
De pronto, pisó una rama seca.
¡Crack!
Todos giraron la cabeza.
—¡Hay alguien más! —gritó uno de los hombres.
Sergio sonrió.
—La hermana…
Valeria comenzó a correr.
Las lágrimas nublaban su vista.
Escuchaba los pasos detrás de ella.
Sabía que la estaban alcanzando.
Al llegar a un sendero estrecho tropezó con una raíz y cayó al suelo.
El sobre salió despedido de sus manos.
Antes de que pudiera levantarse, una voz femenina gritó desde el otro lado del bosque.
—¡Déjenla!
Tres motocicletas aparecieron entre los árboles.
Las personas que las conducían llevaban cascos negros.
La primera lanzó una bomba de humo.
En cuestión de segundos el bosque quedó cubierto por una espesa nube gris.
Los hombres de Montenegro comenzaron a toser.
—¡No los dejen escapar! —gritó Sergio.
Una mujer tomó a Valeria del brazo.
—Ven conmigo si quieres vivir.
Sin entender lo que ocurría, Valeria la siguió.
Minutos después llegaron a una vieja bodega abandonada.
La mujer se quitó el casco.
Tenía el cabello oscuro, los ojos verdes y una mirada decidida.
—Mi nombre es Camila.
Valeria la observó confundida.
—¿Quién eres?
—Alguien que también quiere acabar con Leonardo Montenegro.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Camila respiró profundamente.
—Porque llevo años esperando este momento.
Hizo una pausa antes de pronunciar las palabras que cambiarían todo.
—Y porque… soy la hermana de Adrián.
Valeria quedó completamente sorprendida.
No sabía si confiar en ella o salir corriendo.
Pero la siguiente frase la dejó sin aliento.
—Escúchame con atención… Adrián está en peligro.
Si no regresamos por él ahora mismo…
…será demasiado tarde.
Continuará…