Camila Hale murió sola, enferma y despreciada por la familia que jamás la reconoció como una verdadera Hale. Pero tres meses después, despierta con un cuerpo sano y una segunda oportunidad que nadie podrá arrebatarle. Lo que no esperaba era ser enterrada viva nuevamente por aquellos que creían haberla eliminado para siempre.
Ahora Camila ha regresado distinta. Ya no teme a la muerte y está decidida a descubrir quién la asesinó y por qué. Mientras enfrenta a su cruel hermano Alexander, a su padre Félix y a la manipuladora Úrsula Vance, descubre un secreto mucho más peligroso: los Hale pertenecen a una organización conocida como el Escorpión Rojo.
Cuando el comandante Mark Ruan aparece en su vida, Camila encuentra un inesperado aliado… y quizá algo más.
Entre conspiraciones, traiciones y enemigos ocultos, deberá luchar para salvarse, destruir para siempre la red y cambiar el destino de un país entero.
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Úrsula y la red
Los días que siguieron fueron un equilibrio frágil entre la calma aparente y la tormenta que se gestaba en silencio. Camila regresó cada tarde a la mansión Hale, cumpliendo con los rituales de los preparativos: probándose vestidos, revisando listas de invitados, sonriendo cuando era necesario. Pero por dentro, cada paso era calculado, cada palabra medida. Sabía que la vigilancia era constante, y que Úrsula Vance no perdía detalle de cada uno de sus movimientos.
Una tarde, mientras fingía revisar los arreglos del salón de baile, Camila vio a Úrsula cruzar el vestíbulo con paso rápido y urgente. No llevaba su habitual porte tranquilo y controlado: sus manos apretaban un sobre de cuero marrón contra el pecho, y su mirada iba de un lado a otro, como si temiera ser vista. Se dirigió al ala más antigua de la casa, donde estaba la antigua biblioteca, un lugar que nadie usaba desde hacía años.
Camila esperó a que desapareciera, luego se acercó despacio, pegándose a la pared. La puerta estaba entreabierta. Se asomó con cuidado y lo vio todo.
Úrsula no estaba sola. Frente a ella, de pie junto a la estantería de caoba, había una mujer de mediana edad, con el cabello negro recogido en un moño estricto y un vestido oscuro sin adornos. No llevaba joyas, pero su presencia era imponente, casi intimidatoria.
—¿Todo listo? —preguntó la mujer, con voz seca y autoritaria.
—Sí, señora —respondió Úrsula, entregándole el sobre—. Los fondos están transferidos a las cuentas indicadas. Los envíos programados. El día de la boda, cuando el sacerdote diga la última frase… todo estará en su lugar. Nadie podrá detenerlo.
La mujer abrió el sobre, revisó los papeles rápidamente y volvió a cerrarlo.
—Espero que no haya errores, Úrsula. El Consejo no tolera fallos. Si algo sale mal, si ese muchacho Ruan logra escapar… o si la chica estorba… —se detuvo, mirando a Úrsula con frialdad—. Sabes lo que ocurre con quienes decepcionan al Escorpión Rojo.
—No fallaré —aseguró Úrsula, con una mezcla de sumisión y fervor—. He servido a la organización desde que era niña. Mi vida pertenece a ella. Y mi lealtad es absoluta. La familia Hale no es más que un instrumento. Cuando tomemos el control del Grupo Ruan, los Hale dejarán de ser necesarios. Incluso Félix…
Camila contuvo el aliento. Úrsula no era solo la mano derecha de su padre: ella servía a alguien más arriba, alguien llamado el Consejo. Y para ella, Félix, Bianca, Alexander… todos eran desechables. Nadie estaba a salvo.
En ese momento, la manga de la blusa de Úrsula se deslizó hacia arriba al entregar el sobre, y Camila lo vio con claridad meridiana: en su muñeca, idéntico al de Alexander, brillaba el tatuaje del escorpión rojo. Pero había una diferencia: el aguijón del escorpión tenía un pequeño rubí incrustado. Ella no era solo miembro: era una líder, una figura de alto rango dentro de la red.
—Bien —dijo la mujer—. Tu ascenso está cerca. Pero antes, debes asegurarte de que la chica no descubra nada. Si Camila sospecha, si habla con Ruan antes de tiempo… el plan se desmorona.
—La vigilo cada hora —respondió Úrsula—. No tiene a nadie. No sabe nada. Es una niña asustada que cree que ha ganado algo con este matrimonio. Pronto dejará de ser un problema.
La mujer asintió y se dirigió hacia una puerta secreta en la estantería, que se abrió sin ruido. Antes de desaparecer, se detuvo y miró hacia la puerta principal, justo donde Camila estaba escondida.
—Alguien nos observa —dijo de pronto, con voz plana.
Camila sintió que el corazón se le detenía. Se apartó de la puerta y se escondió detrás de una columna de piedra, conteniendo la respiración. Escuchó pasos acercándose. La puerta se abrió. Úrsula salió y miró a ambos lados, frunciendo el ceño. Camila permaneció inmóvil, sin atreverse a respirar. Tras unos segundos que parecieron eternos, Úrsula regresó al interior.
—No hay nadie —dijo—. Es solo la casa vieja haciendo ruidos.
—Mantente alerta —fue la respuesta—. La traición suele venir de donde menos se espera.
La puerta se cerró. Camila esperó unos minutos más, luego se alejó con paso silencioso, con el corazón golpeándole contra las costillas. Úrsula era más peligrosa de lo que imaginaba. No era una simple empleada ambiciosa: era una agente de la red, con rango propio, leal solo al Consejo. Y su propia familia era para ella nada más que herramienta.
Esa misma tarde, Camila se escapó a la residencia Ruan. Mark la esperaba en el estudio, rodeado de mapas y archivos. Al verla entrar, pálida y con la respiración entrecortada, giró su silla de inmediato hacia ella.
—¿Qué pasó? ¿Te descubrieron?
—No —dijo ella, acercándose a su escritorio—. Pero descubrí algo peor. Úrsula no trabaja para mi padre. Le sirve al Escorpión Rojo directamente. Tiene el tatuaje, Mark, con un rubí. Es alguien importante. Mi padre, mi hermano, mi hermana… todos son peones en su juego. Ella los usará y luego los eliminará.
Mark apretó los labios, pensando rápido.
—Entonces el enemigo no es solo la familia Hale. Es una organización mucho más grande, estructurada, con jerarquía. Si hay un Consejo, hay alguien más arriba de todos ellos. Alguien que mueve los hilos desde las sombras.
—Y tenemos muy poco tiempo —añadió Camila—. La boda es dentro de tres días. Y para entonces, ellos ya lo tienen todo planeado.
Mark abrió un cajón y sacó un dispositivo pequeño y plano, similar a una tarjeta de crédito.
—Por eso he estado preparando esto. Son micrófonos y transmisores de largo alcance. Los he colocado en lugares estratégicos de la mansión. Pero necesito que tú pongas este en el despacho de Úrsula, y este otro en el salón donde se reunirán antes de la ceremonia. Así sabremos cada palabra que digan, cada movimiento que planeen. No podrán sorprendernos.
Camila tomó los dispositivos. Eran ligeros, casi invisibles.
—Lo haré esta noche. Cuando todos estén cenando.
—Ten cuidado —le dijo él, tomándole la mano con firmeza—. Si te descubren, no dudarán en hacerte daño. Úrsula no tiene escrúpulos.
—No me descubrirán —respondió Camila—. Conocí cada rincón de esta casa cuando era una niña olvidada. Sé dónde esconderme. Y además… —lo miró a los ojos— no voy sola. Tú estarás escuchando. Si algo sale mal, si no regreso… sabrás quién es el enemigo. Y terminarás lo que empezamos.
Mark negó con la cabeza, apretando su mano con más fuerza.
—Vas a volver. Te lo prometo. Y cuando vuelvas, nos preparamos. Porque el día de la boda, ellos creen que van a ganar. Pero no saben que nosotros ya conocemos su juego. Y que hemos cambiado las reglas.
Camila asintió, guardando los dispositivos en su bolsillo. Se inclinó hacia él y, por un instante, rozó su frente con la de él.
—Nos vemos esta noche. Te contaré cada detalle. Y juntos… vamos a destruirlos.
Salió de la habitación con paso firme. Mark se quedó mirando la puerta, con la mano extendida como si quisiera detenerla. Sabía que el peligro crecía con cada hora que pasaba. Pero también sabía algo más: no estaba solo. Y por primera vez en mucho tiempo, tenía a alguien que no le temía a la oscuridad.
Okey murieron juntos me imagino que de vejez de igual felicidades por tu historia gracias .🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹