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Me Robaron el Rostro, Pero No Mi Venganza

Me Robaron el Rostro, Pero No Mi Venganza

Status: Terminada
Genre:Venganza / Época / Pareja destinada / Brujas / Venganza de la protagonista / Reencarnación / Completas
Popularitas:176.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Liora Valcendra

Serena Bridge lo perdió todo: su rostro, su libertad, diez años de su vida.
Su prima le robó la cara con magia prohibida. Su esposo la encerró en una celda sin luz. Y cuando por fin murió, nadie lloró por ella.
Pero la muerte no fue el final.
Serena despierta en su cuerpo de dieciocho años, el día antes de su boda con el marqués Víctor Flores —el mismo hombre que la traicionará—. Esta vez no será la esposa obediente que agacha la cabeza. Esta vez tiene los recuerdos de una vida entera de sufrimiento… y un plan.
Recuperar su dote. Destruir a Isabella. Escapar del matrimonio que la condenó.
Lo que no esperaba era cruzarse con Alejandro Durán, el Duque de Hielo —un hombre al que toda la corte teme y nadie se atreve a mirar a los ojos—. Frío, letal, implacable. Dicen que no tiene corazón.
Pero cada vez que Serena está en peligro, él aparece.
Y cada vez que ella lo rechaza, él se acerca un paso más.
En una corte donde las alianzas cambian con el viento y la magia oscura acecha en las sombras, Serena descubrirá que la venganza tiene un precio… y que el corazón del Duque de Hielo esconde secretos más peligrosos que cualquier hechizo.

NovelToon tiene autorización de Liora Valcendra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

Capítulo 15: Caída en desgracia y el espía

La cocina de la mansión Flores olía a canela y a derrota.

Isabella contempló el espacio donde, apenas dos semanas atrás, tres sirvientas leales a ella controlaban cada plato que salía hacia los aposentos de la marquesa. Ahora no quedaba ninguna. La primera fue trasladada al lavadero por «insubordinación menor». La segunda, despedida tras descubrirse que adulteraba las cuentas del mercado. La tercera simplemente desapareció de la nómina, reubicada en algún rincón de la propiedad donde sus oídos ya no servían de nada.

Y todo llevaba la misma firma invisible: Serena Bridge.

Isabella apretó los puños bajo las mangas de seda. No era solo la cocina. El jardinero que debía «encontrarse casualmente» con el mensajero del Príncipe Federico durante el paseo matutino de Serena había sido reemplazado. Las dos doncellas que vigilaban el ala oeste ahora respondían a Bianca. Cada hilo que Isabella había tejido con paciencia durante meses estaba siendo cortado con la precisión de un cirujano.

Pero lo que verdaderamente le helaba la sangre no eran las maniobras. Era la mirada.

Hacía un mes, cuando Serena recién llegó a la mansión, sus ojos la observaban con calidez torpe, casi ingenua, la mirada de una joven esposa intentando llevarse bien con la concubina de su marido. Ahora esos mismos ojos se posaban sobre Isabella como los de un halcón evaluando a un ratón en campo abierto. Fríos. Calculadores. Sin un gramo de la inocencia que antes los suavizaba.

¿Cuándo cambió?, se preguntó Isabella mientras caminaba hacia los aposentos de la Vieja Marquesa. ¿Cuándo dejó de ser presa y se convirtió en depredadora?

No importaba. Isabella todavía tenía cartas que jugar.

—Abuela —dijo, arrodillándose con gracia ensayada frente a la anciana. Las lágrimas brotaron con facilidad; años de práctica las habían convertido en su mejor arma—. Perdone que la moleste, pero mi conciencia no me deja callar.

La Vieja Marquesa levantó la vista de su bastidor de bordado. Sus ojos, hundidos en un rostro surcado por décadas de intrigas palaciegas, no revelaron nada.

—Habla.

—Es sobre la señora marquesa. —Isabella se secó una lágrima con el dorso de la mano—. Hace tres días, durante el té de la tarde, mencionó... mencionó la posibilidad de solicitar el divorcio al marqués Víctor.

El bastidor se detuvo.

—¿Divorcio?

—Yo intenté disuadirla, abuela, se lo juro. Le dije que pensara en la reputación de la familia, en lo que dirían en la corte. Pero ella parecía decidida. —Isabella bajó la cabeza, el retrato perfecto de la pariente preocupada—. No quiero causar problemas, pero pensé que usted debía saberlo.

La Vieja Marquesa frunció el ceño profundamente. Un divorcio en la familia Flores sería un escándalo sin precedentes. El apellido ya estaba debilitado tras la desgracia del antiguo patriarca; no podía permitirse otro golpe.

—Haré que venga a verme —dijo la anciana con voz cortante—. Puedes retirarte.

Isabella se inclinó y salió, permitiéndose una pequeña sonrisa en cuanto la puerta se cerró tras ella.

* * *

Serena llegó a los aposentos de la Vieja Marquesa al mediodía, cuando la luz de la tarde entraba oblicua por las ventanas emplomadas. No llevaba adornos excesivos: un vestido azul oscuro, el cabello recogido con un prendedor de jade sencillo, las manos limpias.

—Abuela —saludó con una reverencia perfecta—. Bianca me dijo que deseaba verme.

La anciana la estudió desde su sillón de roble tallado. Tenía frente a ella un atril con un manuscrito a medio copiar: los Proverbios de la Templanza, un texto clásico que las mujeres nobles copiaban como ejercicio de virtud y caligrafía.

—Siéntate —ordenó.

Serena obedeció. Y entonces hizo algo que la Vieja Marquesa no esperaba: en lugar de sentarse con las manos cruzadas esperando el sermón, se acercó al escritorio auxiliar, tomó la pluma de ganso y la sumergió en el tintero con movimientos precisos y expertos.

La anciana la observó sin decir nada. La tinta fluyó con la consistencia exacta sobre el papel.

—¿Quién te enseñó a manejar la pluma así? —preguntó finalmente.

—Mi madre. Decía que una buena caligrafía es como una buena estrategia: requiere paciencia y la proporción justa.

Serena se sentó junto a ella y comenzó a copiar donde la anciana había dejado. Su caligrafía era firme, elegante, con ese equilibrio entre fuerza y delicadeza que denotaba años de práctica. Durante una hora entera, ambas mujeres trabajaron en silencio, el único sonido el rasgueo del pluma sobre el papel.

Entonces Serena se detuvo en un pasaje.

—Abuela, perdone mi atrevimiento, pero esta palabra... —señaló una palabra en el manuscrito original—. Está transcrita incorrectamente. El trazo inferior debería curvarse hacia la izquierda, no hacia la derecha. Es un error común; la edición del maestro Aurelio del año treinta confunde este término por su sinónimo, pero el texto original de la dinastía Valera usa la variante antigua.

La Vieja Marquesa tomó el manuscrito y lo examinó con una lupa de bronce. Su tutor personal, un erudito con treinta años de experiencia, había supervisado esta copia. Y esta muchacha de dieciocho años acababa de encontrar un error que él pasó por alto.

—¿Dónde estudiaste los clásicos? —preguntó, y esta vez había algo nuevo en su voz. No la desconfianza habitual, sino genuina curiosidad.

—En la biblioteca de mi padre, cuando era niña. —Serena sonrió con suavidad—. El Conde Bridge cree que la educación no distingue entre hijos e hijas.

La anciana guardó silencio un momento largo. Luego, con la brusquedad de quien no acostumbra dar rodeos:

—Isabella vino a verme. Dice que planeas solicitar el divorcio.

Serena no se inmutó. Ni un parpadeo, ni una tensión en los hombros.

—Abuela, si yo quisiera divorciarme, no se lo mencionaría a la concubina de mi esposo durante el té. Se lo comunicaría directamente a usted, con el respeto que merece esta familia. —Hizo una pausa—. Lo que sí le dije a Isabella fue que en este matrimonio cada persona debe conocer su lugar. Quizás malinterpretó mis palabras.

La Vieja Marquesa la miró fijamente durante varios segundos. Luego volvió al manuscrito.

—El trazo que mencionaste. Muéstrame la versión correcta.

No volvió a mencionar a Isabella ni el divorcio.

Cuando Serena salió de los aposentos una hora después, su expresión era serena como la superficie de un lago. Pero por dentro, un mecanismo de relojería giraba sin descanso.

Isabella, Isabella. Cada movimiento tuyo me dice más sobre quién te mueve a ti.

* * *

La medianoche trajo consigo el crujido de pasos apresurados.

Bianca entró a la habitación de Serena sin llamar, algo que jamás hacía. Su rostro normalmente compuesto estaba pálido, los ojos muy abiertos.

—Señora. —Cerró la puerta y corrió el cerrojo—. Tenemos un problema.

Serena se sentó en la cama, instantáneamente alerta.

—Habla.

—Encontré algo. Alguien dentro de la mansión ha estado recopilando información sobre la familia Bridge. —Bianca desplegó tres hojas arrugadas sobre la mesa—. Las intercepté del mensajero que sale al amanecer. Mire: estos son los movimientos de tropas del general Roland en la frontera norte. Estos, los expedientes de los casos que el Gran Magistrado Sebastián está investigando en la capital. Y estos... las rutas comerciales del joven señor Teodoro en el sur.

Serena tomó los papeles. Sus manos no temblaban, pero algo dentro de ella se congeló.

Los conocía.

No estos papeles exactos, sino lo que representaban. En su vida anterior, documentos idénticos habían aparecido meses antes de la caída de la familia Bridge. Copiados, modificados, convertidos en «pruebas» de traición. Cartas falsificadas con la letra de Roland. Registros alterados de Sebastián. Contratos inventados de Teodoro. Todo entregado al Príncipe Federico, quien los usó para destruir al clan Bridge pieza por pieza.

Y ahora, la misma conspiración comenzaba de nuevo. El mismo patrón. La misma mano invisible.

—¿De dónde salieron? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

—El mensajero los recogió del patio este. —Bianca la miró con significado—. El área de la señorita Isabella.

Serena cerró los ojos. En la oscuridad detrás de sus párpados, vio los muros de un calabozo, sintió el frío de cadenas en sus muñecas, escuchó el eco de diez años de soledad.

No. Esta vida, no.

Abrió los ojos. Eran dos pozos de hielo negro.

—Vigila el patio este. Cada movimiento, cada visitante, cada papel que entre o salga. Pero no los alertes. —Su voz era baja, precisa, sin un gramo de emoción superflua—. Necesito saber quién recibe la información al otro lado. Isabella es el conducto, no la fuente.

—¿Y los papeles, señora? ¿Los destruimos?

—No. Devuélvelos. Que sigan su camino.

Bianca la miró con sorpresa.

—Pero si llegan a las manos equivocadas...

—Llegarán. —Serena sonrió, y esa sonrisa habría hecho retroceder a cualquiera que la viera—. Justamente ahí es donde los quiero.

* * *

En el ala opuesta de la mansión, Víctor Flores no podía dormir.

Había ido al estudio de Isabella buscando un libro de poemas que le había prestado semanas atrás. Lo encontró, pero debajo descubrió algo más: una carta a medio escribir, dirigida a alguien sin nombre, en un lenguaje tan ambiguo que parecía diseñado para ser inocuo si caía en manos equivocadas.

«La flor del jardín crece según lo previsto. El injerto aún no ha prendido, pero la raíz vieja resiste menos cada día. Aguardo instrucciones sobre la cosecha de otoño.»

Víctor releyó las líneas tres veces. No era poesía. No era correspondencia comercial. Era un informe.

Isabella estaba reportando a alguien. Recibiendo órdenes de alguien.

Pero ¿de quién?

Dejó la carta exactamente donde la encontró, apagó la vela y salió del estudio con el corazón latiendo como un tambor de guerra.

En algún lugar de la mansión Flores, un reloj dio la una de la madrugada. Y en tres habitaciones distintas, tres personas yacían despiertas, cada una sosteniendo un fragmento diferente del mismo rompecabezas.

La noche aún era joven.

1
Refugio Vizcarra
ajá, esa es mi pregunta también.
Roxana Gardilcic
una historia, linda, emocionante , muy bien escrita, me gusta mucho lo descriptiva que es sin ser agobiante. felicitaciones
Rosario Zapata
cabron es poco ese victor es una escoria asquerosa 🤮🤮🤮🤮🤮
Fernanda Perez
gracias
gracias
Rose M
burna interesante. Algo confusa en tiempos y personajes pero muy entretenida
Arantza
Bonita historia, y excelente trama. Solo algunas incongruencias en el desarrollo. Pero por lo demás es excelente.
Pa Tr
no eran 12 años? 🤔
Pa Tr
Ya se tenía que haber ido la tonta al final le hace daño ya verás 🤔
Fernanda Perez
donde vive
quien es Leopoldo
Gris Lopez
ahora si creo que fue hecho con IA...😱 ....ningún autor cambiará hechos tan cruciales en la historia...(que decepcionante....debería haber algún programa para detectar esto y que contenido así no entren a la aplicación )....
Fernanda Perez
no estoy entendiendo varias cosas
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
Espero que tengas un buen plan para no volver a caer ante ese par de desgraciados que te hicieron la vida imposible en tu anterior vida
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
interesante 😸😸😸😸
Maria Cantillo
bonita historia
Maria Cantillo
bueno las cosas van tomando curso
Maria Cantillo
bueno Isabella Victor te vio eres una persona mala el te dió todo lo que le negó a Serena y aún así lo dejaste inválido sin valor dignidad prefiere pagar que morir envenenado y al fin tuvo algo de sentido común firmó algo que se llamaba matrimonio pero solo era una carcel para Serena y para la familia beneficios
Maria Cantillo
gracias por compartir todo esto bendiciones
Lucia Calderón
Historia interesante, con bien léxico ehilp discursivo
Maria Cantillo
tipa que aprendido fue todo lo contrario a los valores y se justifica en que Serena tiene la culpa de nacer en esa familia la envidia es unal terrible
Maria Cantillo
arriba Serena suéltate de ese Victor que condene al tal Leopoldo por las 3000 muertes hagan justicia
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