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El Caos En Mi Refugio

El Caos En Mi Refugio

Status: En proceso
Genre:Escuela / Romance
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lola vive bajo una regla de oro: su espacio personal es sagrado. Es inteligente, retraída y encuentra paz en el silencio. Su único error fue dejar entrar en ese refugio a Mateo, su mejor amigo, un torbellino de imprudencia que solo entiende de tácticas de fútbol y de cómo hacerla reír cuando más lo necesita.

Pero el equilibrio se rompe cuando el "Rey del Campo" se convierte en el objetivo de la chica más popular, y un rival inesperado decide que la brillante timidez de Lola es el trofeo que realmente quiere ganar

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Capítulo 24: Invasión por la Ventana

​La medianoche había transformado la calle residencial en un callejón de sombras estáticas. Un viento helado sacudía las copas de los robles, haciendo crujir las ramas secas contra las fachadas de las casas. Dentro de su habitación a oscuras, Lola permanecía acurrucada sobre la cama, mirando fijamente el punto rojo del reloj digital.

​De pronto, un sonido sordo rompió la monotonía del silencio.

​No fue el crujido habitual de la madera por el viento. Fue un impacto seco, un golpe sordo contra el alféizar de la ventana, seguido por el jadeo pesado de alguien que intentaba contener el aliento. Lola se incorporó de golpe en el colchón, con el corazón batiéndole en la garganta. La persiana metálica, que ella misma había bajado horas atrás, vibró suavemente.

​Unos nudillos llamaron a la madera del marco. Tres golpes firmes, rítmicos, desesperados.

​—Lola... —resonó una voz ahogada desde el otro lado del cristal—. Lola, por favor. Sé que estás ahí.

​Lola se congeló. Reconoció esa voz de inmediato: era la voz rasposa, cansada y familiar de Mateo.

​Se puso de pie torpemente, sintiendo que las piernas le temblaban. Se acercó a la ventana con pasos cautelosos. Llevaba horas encerrada bajo llave, huyendo del ruido y de las manipulaciones del colegio, pero la presencia de Mateo en la penumbra exterior actuó como un imán invisible. Con manos temblorosas, tomó la manivela de la persiana y la giró lentamente, subiendo las tablillas metálicas apenas lo suficiente para ver hacia afuera.

​La luz de la farola de la calle iluminó la escena.

​Mateo estaba allí, a tres metros de altura. No había intentado forzar la entrada ni saltar al interior de la habitación. Estaba horcajadas sobre la rama más gruesa del viejo roble que crecía junto a la casa, abrazado al tronco con un brazo para no perder el equilibrio. Tenía la ropa sucia de tierra, las palmas de las manos raspadas por la corteza del árbol y el cabello castaño revuelto por el viento de la noche.

La sudadera gris que llevaba estaba húmeda por el sereno.

​Mateo no parecía un atleta profesional en ese momento; parecía un chico desarmado, exponiéndose a una caída absurda por una oportunidad de ser escuchado.

​Al ver el rostro de Lola aparecer detrás del cristal, Mateo dejó escapar un largo suspiro que se transformó en un vapor blanco en el aire frío. Apoyó la frente un segundo contra el vidrio, con los ojos cerrados, como si el simple hecho de confirmarla con vida fuera un alivio insoportable.

​—No voy a entrar —dijo Mateo rápidamente, alzando la mano libre con la palma abierta en un gesto de paz—. Te lo juro, Lola. No voy a saltar. Sé que cerraste todo porque no quieres saber nada de nadie. Solo... solo necesito que me escuches tres minutos. Si después de eso me dices que me vaya, me bajo del árbol y no te vuelvo a molestar.

​Lola no abrió la ventana de inmediato. Se quedó observando los detalles de su rostro a través del cristal: los ojos rojos por la falta de sueño, las sombras oscuras bajo los párpados y la vulnerabilidad absoluta en su expresión. Toda la fachada de capitán rudo se había desintegrado.

​—Mateo, estás loco —susurró Lola, aunque el grosor del vidrio apagó su voz—. Te vas a caer.

​Mateo negó con la cabeza, esbozando una sonrisa diminuta y amarga que no le llegó a los ojos.

​—He saltado vallas más altas en los entrenamientos, Lola. Esto no es nada —se acomodó mejor sobre la rama, apoyando la espalda contra el tronco para estabilizarse, pero manteniendo la vista fija en ella—. Llevo horas llamándote. Fui a tu casa, vi la luz apagada y el auto de tus padres abajo.

Sabía que si tocaba el timbre no me ibas a dejar pasar. Así que subí por el tejado del garaje.

​—Tienes que bajarte —insistió ella, dando un paso más cerca del cristal, sintiendo que el frío del vidrio le traspasaba las yemas de los dedos—. El viento está helado y la rama se puede romper.

​—No me importa el árbol, Lola —la interrumpió él, y su tono de voz volvió a volverse grave, cargado de una intensidad que hizo que a ella se le cortara la respiración—. Me importa que te fuiste del colegio sin decirme nada.

Me importa que vi a Andrés entregarte esas flores en el patio y me comporté como el idiota más cobarde del mundo.

​Mateo tragó saliva con dificultad. Apoyó una mano plana contra el cristal, justo enfrente de donde estaba la mano de Lola.

​—Me di la vuelta en el patio porque tuve miedo —confesó Mateo en un murmullo que atravesó el marco de la ventana con una claridad desgarradora—. Tuve un miedo pánico de escuchar que le decías que sí.

Llevo semanas viendo cómo él te habla con palabras difíciles, cómo te ofrece esa calma que yo no sé darte, y me convencí a mí mismo de que tú merecías a alguien refinado. Pensé que yo solo era un estorbo ruidoso en tu vida, el tipo tosco que te arrastra a sus peleas y te arruina la tranquilidad.

​Lola sintió un nudo opresivo en la garganta. Escuchar sus inseguridades expuestas sin filtros, sobre la rama de un árbol a mitad de la noche, le dolió más que cualquier mentira de Andrés.

​—Me encerré a entrenar en el gimnasio hasta no poder ponerme de pie —continuó Mateo, con los ojos brillando en la oscuridad—. El entrenador Herrera me encontró allí. Me dijo que era un cobarde por dándome a la fuga antes de tiempo. Y tenía razón. Intenté leer poesía en la biblioteca, Lola. Me dormí sobre los libros intentando entender términos que no me entran en la cabeza, solo para ver si así podía estar a tu altura.

​Mateo hizo una pausa, respirando agitadamente. Miró la mano de Lola pegada al vidrio, tan cerca y tan lejana a la vez.

​—Pero no soy un poeta, Lola —dijo Mateo, y su voz tembló ligeramente—. No sé escribir frases elegantes en carteles ni sé comportarme como un caballero perfecto en los restaurantes. Solo sé correr, patear un balón y perder la cabeza cuando te veo mal.

Prefiero ser un inteligente solo en el fútbol a tu lado, que ser un genio en cualquier otra parte sin ti. Si mi caos es lo que te molesta, aprendo a callarme. Pero no me pidas que me aleje, porque no sé cómo ser yo mismo si tú no estás cerca.

​Las palabras de Mateo flotaron en el aire nocturno, despojadas de orgullo, de tácticas y de pretensiones. Era la verdad más pura que Lola había escuchado en semanas.

​Lola miró la cerradura de la ventana. Recordó el aula de medios, los mensajes de Andrés y la trampa fría en la que casi caen los dos.

Comprendió que mientras Andrés usaba las palabras como anzuelos calculados, Mateo arriesgaba el físico encaramado en una rama helada solo para entregarle su torpeza con el corazón abierto.

​Lola bajó la vista, se pasó la mano por el rostro para limpiarse el resto de las lágrimas y tomó el seguro del ventanal.

​Con un chasquido seco, el pestillo cedió. Lola empujó las hojas de la ventana hacia adentro.

​El viento frío de la noche entró de golpe en la habitación, revolviendo las cortinas y haciendo tiritar a Lola, pero ninguno de los dos prestó atención a la temperatura.

​Sin la barrera del cristal entre ambos, la distancia se redujo a unos pocos centímetros. Mateo se inclinó ligeramente hacia adelante sobre la rama, apoyando las manos en el marco exterior de madera para no perder el equilibrio. Podía oler el aroma familiar de la habitación de Lola, y ella podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Mateo tras el esfuerzo de la trepada.

​Lola lo miró directamente a los ojos. Tenía las mejillas heladas, pero en su mirada ya no había rastro del aislamiento ni del miedo que la habían mantenido encerrada durante horas.

​—Andrés no me importa, Mateo —dijo Lola, y por primera vez en mucho tiempo, su voz sonó inquebrantable, limpia de cualquier duda—. Rechacé su invitación en el patio antes de que te fueras. Le dije que no. Y hoy descubrí que todo su acercamiento no fue más que una trampa para desconcentrarte a ti.

​Mateo la miró con la boca ligeramente abierta, procesando la información como si le estuvieran hablando en otro idioma.

​—¿Lo rechazaste...? —murmuró él.

​—Le dije que no porque no quiero su calma falsa —continuó Lola, dando un paso más hacia el borde de la ventana y extendiendo las manos para tomar las de Mateo, sin importarle que las palmas de él estuvieran raspadas y frías por la corteza del árbol—. Y no necesito que leas poesía ni que intentes cambiar quién eres. Tu ruido es la única cosa que hace que mi silencio tenga sentido.

​Mateo apretó los dedos de Lola entre los suyos, sintiendo que el peso aplastante que llevaba en el pecho desde hacía semanas se disipaba por completo. La miró como si no pudiera creer que estuviera allí, al borde de la ventana, sosteniéndolo en medio de la noche.

​—Bájate del árbol antes de que te rompas una pierna, capitán —dijo Lola con una sonrisa tenue pero genuina, la primera en mucho tiempo—. Mañana tenemos mucho de qué hablar.

​Mateo dejó escapar una risa baja, un sonido limpio que ahogó por completo el viento helado de la calle. Asintió con la cabeza, apretó la mano de Lola una última vez antes de soltarla y comenzó a descender por las ramas con la agilidad natural que solo él poseía, sabiendo que la noche ya no estaba oscura y que la puerta que creía cerrada para siempre acababa de abrirse de par en par.

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Carolina A²V
ese es mi Mateo lento pero seguro 😊🥰
Carolina A²V
estoy de acuerdo con Andrés mueve ese lindo trasero y pídele a Lola que vaya contigo al baile de graduación 😜
Carolina A²V
era no es el centro de su mente 🤔
Carolina A²V
te va a reventar tu linda carita opps 🫣🫢
celimar
me encanta 💯💯
Fernanda
cada capitulo es un aprendizaje para lola tiene que crecer más en ellos me encanta esta historia 💯💯
Betty Saavedra Alvarado
Hay personas en la vida que le gusta hacer daño no dejar a que sean felices meten cizaña para que una relación no prospere
Carolina A²V
nunca hubo hay ni abra lástima entre ustedes así que ya deja esos fantasmas que solo te atormentan y sobre todo no escuches a la venenosa de patricia que sólo tiene envidia de ti
Carolina A²V
tu apoyo de siempre Lola
Carolina A²V
todo lo contrario a lo que Lola esperaba 🤔😉
Carolina A²V
ayyy Lola y tus inseguridades 😟
Betty Saavedra Alvarado
Esa Patricia ves una bruja
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Celina Espinoza
firme lola no le agas caso
Celina Espinoza
que lindo capitulo 👍👍
Fernanda
patricia solo quiere hopacarte no le des el gusto
Fernanda
lola no caigas
Carolina A²V
Lo estás desarmando Lola, lo harás caer en un abismo de incertidumbres ese del cual salió anoche ya hoy vuelve a el
Carolina A²V
pregunta le a la bruja de patricia
Carolina A²V
ayyy‼️ no Lola 🤦🏻‍♀️
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