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El Precio De Tu Engaño

El Precio De Tu Engaño

Status: En proceso
Genre:Romance / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Helena De la Vega está dispuesta a todo con tal de no presenciar el día más infeliz de su vida: la boda del hombre que ama con su propia hermana. Desesperada y sin medir las consecuencias, recurre a Leonardo de la Torre, su leal amigo de la infancia y el único hombre con el poder suficiente para desatar una tormenta de celos.
El trato es simple: fingir un romance apasionado frente a las cámaras de la alta sociedad.

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Capitulo 1

El Caribe no olía a sal; olía a libertad traicionera, a coco, a ron caro y al perfume penetrante con notas de sándalo que emanaba de la piel de Leonardo.

La villa privada en Cayo Paloma parecía suspendida sobre un mar de cristal turquesa. No había cámaras, no había miembros de la prensa acechando tras los arbustos, ni rastro de la alta sociedad madrileña que meses atrás había presenciado la ruina de la familia De la Vega. Allí, en la inmensidad del trópico, solo existían ellos dos y una marea ininterrumpida de atracción salvaje.

Helena yacía sobre una tumbona de teca en la terraza de la villa, cubierta apenas por un bikini de seda en tono esmeralda que resaltaba su piel bronceada por el sol caribeño. Con los ojos entrecerrados bajo unas gafas oscuras, escuchaba el murmullo rítmico de las olas rompiendo contra el muelle privado.

El crujido de las maderas bajo unos pasos firmes la hizo sonreír antes de abrir los ojos.

Leonardo emergió del agua. El agua salada goteaba por sus hombros anchos, deslizándose por la marcada línea de sus abdominales hasta perderse en el borde de su bañador negro. Su cabello oscuro, empapado y peinado hacia atrás, dejaba al descubierto las facciones afiladas de su rostro y unos ojos grises que, bajo la luz cegadora del Caribe, parecían de un metal líquido brillante.

—Deberías entrar al agua —murmuró él, caminando hacia ella con la parsimonia de un depredador relajado. Su voz, rasposa y profunda, envió un escalofrío inmediato a lo largo de la columna de Helena.

—El agua está helada —mintió ella, quitándose las gafas de sol para sostenerle la mirada—. Y prefiero verte a ti.

Leonardo dejó escapar una sonrisa perezosa, esa mueca mínima y oscura que antes la aterraba y que ahora le encendía la sangre. Se inclinó sobre la tumbona, apoyando una mano húmeda a cada lado de la cabeza de Helena, acorralándola con el calor que emanaba de su cuerpo. Una gota de agua cayó desde su mentón directamente sobre el escote del bikini de ella, haciéndola arquearse instintivamente con un jadeo.

—Eres una mentirosa pésima, mi dulce Helena —dijo él, bajando la cabeza hasta que sus labios rozaron la piel sensible de su cuello, mordisqueando suavemente la curva de su hombro hasta sacarle un gemido tenue.

—Tú me enseñaste a serlo —respondió ella en un hilo de voz, enredando sus dedos en el cabello húmedo de él para tirar de su rostro hacia el suyo.

El beso fue voraz, sin preámbulos, cargado de la misma posesividad febril que había definido su matrimonio desde el primer segundo. La lengua de Leonardo se abrió paso con maestría, reclamándola con una intensidad que hizo que las rodillas de Helena temblaran aun estando acostada. La luna de miel en la isla no había apagado la sed entre ellos; la había multiplicado. Libre del corsé de las apariencias y de los chantajes pasados, la atracción entre los dos era una adicción sin freno.

Leonardo bajó la mano por su vientre, siguiendo la línea del encaje del bikini, apretando su cadera con una fuerza que le sacó otro jadeo ahogado a Helena. La fricción de su piel caliente contra la frescura del agua salada borraba cualquier rastro de pensamiento racional.

—Eres mía —susurró él contra su boca, entrecortado—. En Madrid, en esta isla... en cualquier rincón del mundo.

—Tuyo, Leo —confesó ella, entregándose por completo al abrazo sofocante del hombre que la había arrastrado a su propia sombra.

Él la alzó de la tumbona en un solo movimiento fluido, pegando la cadera de ella a la suya mientras caminaba hacia el interior de la villa, donde las cortinas de lino blanco flameaban suavemente con la brisa del atardecer. La depositó sobre la cama de King Size vestida con sábanas de hilo blanco, colocándose entre sus piernas con un dominio absoluto.

Durante horas, la villa se convirtió en un santuario de suspiros, caricias febriles y promesas susurradas en la penumbra. Helena abrazó cada caricia de Leonardo, saboreando el poder que ella también ejercía sobre él. Ya no era la víctima ni la prisionera; era la reina de un imperio de sombras, la esposa del hombre más peligroso de su entorno, y la pasión que compartían era el combustible de su pacto.

El atardecer pintó el cielo de un rojo violáceo cuando la tormenta de los sentidos comenzó a amainar.

Helena descansaba la cabeza sobre el pecho desnudo de Leonardo, escuchando el latido pesado y constante de su corazón. Él acariciaba distraídamente su espalda desnuda con la yema de los dedos, trazando círculos invisibles que le erizaban la piel. La tranquilidad era tan absoluta que Helena casi podía creer que el resto del mundo había dejado de existir.

Entonces, el sonido agudo y chirriante de un teléfono satelital rompió la serenidad de la estancia.

El cuerpo de Leonardo se tensó de inmediato bajo el de ella. Helena alzó la vista, notando cómo la mirada gris de su esposo cambiaba en una fracción de segundo: la languidez de la pasión fue sustituida por una frialdad ejecutiva, afilada y alerta.

Leonardo se estiró hacia la mesa de noche, tomó el dispositivo de aspecto encriptado y aceptó la llamada sin dudarlo.

—Habla De la Torre —ordenó con voz neutra, sin levantarse de la cama, pero manteniendo a Helena aferrada a su talle con un brazo imponente.

Helena guardó silencio, observando el perfil rígido de su marido. No podía escuchar la voz al otro lado de la línea, pero vio cómo la mandíbula de Leonardo se apretaba con fuerza hasta marcar los músculos del cuello. Un brillo de satisfacción fría y peligrosa comenzó a iluminar sus ojos.

—¿La junta ya votó? —preguntó él, su tono bajo y dominante llenando la habitación.

Hizo una pausa prolongada mientras escuchaba la confirmación desde la sede central en Madrid. Helena sintió la presión de los dedos de Leonardo sobre su cadera intensificarse involuntariamente.

—Excelente —concluyó él con una firmeza que heló el ambiente—. Prepárenlo todo. El comunicado a la prensa sale mañana a primera hora. Asumo el cargo al aterrizar.

Leonardo colgó sin despedirse y dejó el teléfono sobre la mesilla.

Se quedó mirando el techo de madera de la villa durante un par de segundos. La energía a su alrededor había cambiado por completo; el amante apasionado de la luna de miel acababa de dar paso al estratega implacable.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Helena en un susurro, apoyando la barbilla en su pecho, buscando sus ojos.

Leonardo giró la cabeza hacia ella. La sonrisa que se dibujó en sus labios era perezosa, oscura y cargada de un triunfo definitivo.

—El consejo de administración de la corporación acaba de ceder —dijo él, pasándole la mano por el cabello para apartarle un mechón de la cara—. Mi padre ha renunciado oficialmente. A partir de hoy, soy el CEO y el ejecutivo a cargo absoluto de todo el conglomerado de la familia.

Helena contuvo el aliento. Sabía lo que eso significaba. Leonardo no solo era rico; ahora poseía el control total sobre la economía de docenas de empresas, el destino financiero de su propia familia y un poder político casi ilimitado.

—¿Es lo que querías? —inquirió ella, sintiendo una extraña mezcla de orgullo y vértigo.

—Es solo el principio —corrigió él, inclinándose para darle un beso corto pero posesivo en los labios—. Pero significa que nuestras vacaciones han terminado, dulce Helena. Tenemos que volver a casa. Es hora de reclutar el imperio y ocupar el trono que nos pertenece.

Helena miró por el ventanal hacia el mar embravecido de la noche caribeña. La paz de la isla se había evaporado, y mientras sentía las manos de Leonardo envolver su cintura una vez más, comprendió que el verdadero juego de poder en la ciudad estaba a punto de reiniciar, con ellos dos en la cima de la pirámide.

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Arcadia Med Caudillo
no me gustó el final😭
Arcadia Med Caudillo
no entiendo como es posible que terminarán su matrimonio por esconder su embarazo donde está el amor qué Leonardo decía tenerle 😭
oscarlys cuero sebastian
va muy linda e interesante está novela me está gustando 🥰
Kookie: gracias por tu comentario❤️
total 1 replies
Yudith flores
Chanfle las letras pequeñas 🫣🫣 ahora pe....
Kayra Villavicencio
Eso pasa por no leer las letras chicas
Kayra Villavicencio
😳🫣🤨
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