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UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

UN ALFA EMBARAZADO DE UN OMEGA DOMINANTE

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Embarazo no planeado / Romance
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Mckasse

Un alfa embarazado de un Omega dominante

Dante Lombard Sanford siempre vivió a la sombra de su familia, hasta que conoció a Trébol Armstrong, un omega dominante que desafía todas las reglas. Lo que comienza como una atracción imposible termina convirtiéndose en un amor capaz de romper las leyes de la biología y los prejuicios de la sociedad.

Cuando Dante descubre que está embarazado de un omega, ambos deberán enfrentarse al rechazo, las ambiciones familiares y a quienes intentarán separarlos. Juntos demostrarán que el verdadero amor no entiende de jerarquías, solo de la valentía para elegir a la persona correcta.

NovelToon tiene autorización de Mckasse para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Soy un Omega que termina enamorado de su predestinado

Lo sostuve la mirada.

Maldita sea.

Odiaba cuando tenía razón.

—Tres días por semana —dije al fin—. Sesiones privadas. Rehabilitación completa y luego readaptación de fuerza. Si vuelves a hacerte el listo y saltarte una indicación, te saco de mi casa a patadas.

La sonrisa que me dedicó en ese momento fue indecente. Mi corazón se saltó algunos latidos.

Su sonrisa era eligrosamente agradecida.

—Sabía que en el fondo me quieres.

—Sabías mal. Solo tendré que cambiar algunas cosas y menos tiempo para mi.

—Claro.

—Y no te voy a cobrar “extra”. Te voy a cobrar como a cualquier cliente privado.

—Perfecto.

—Y Dante.

—¿Sí?

—No interpretes esto como una victoria romántica.

Él se llevó una mano al pecho.

—Qué cruel eres con un hombre recién rehabilitado.

—Todavía no estás rehabilitado del todo.

—¿Y emocionalmente?

Lo miré fijo.

—Emocionalmente estás descompuesto de fábrica.

Dante soltó una carcajada.

Y yo, que debería haber sentido alivio por haber puesto límites, solo sentí la sospecha incómoda de que acababa de abrirle la puerta a un problema mucho más grande.

Las sesiones privadas empezaron el lunes siguiente.

Mis padres se habían ido unos días a visitar a una tía de mi madre en Gdańsk. Ariadna estaba en una convención de diseño deportivo en Berlín y mis hermanos tenían su propia vida, así que la casa quedó tranquila. Silenciosa. Peligrosamente adecuada para que un alfa herido se acostumbrara a entrar y salir de ella como si ya supiera dónde guardaba yo las tazas y mis gomitas dulces de ositos.

La primera tarde Dante llegó puntual, con ropa de entrenamiento, una botella de agua y esa cara de buena conducta que solo usan los hombres que planean romper al menos una regla.

Empezamos en el garaje.

Le diseñé una rutina de readaptación progresiva: movilidad escapular, trabajo de core, tren inferior, cardio moderado y carga controlada para el brazo lesionado. Nada heroico. Nada estúpido. Nada que pusiera en riesgo el progreso.

Dante obedeció.

Protestó, sí.

Bromeó, por supuesto.

Coqueteó cada vez que pudo.

Pero obedeció.

Y yo lo vi.

Vi el modo en que se concentraba cuando algo le importaba de verdad.

La forma en que fruncía el ceño al hacer un movimiento nuevo.

La disciplina escondida debajo del sarcasmo.

El orgullo herido cada vez que tenía que bajar peso o admitir una molestia.

La satisfacción infantil cuando lograba algo que la semana anterior todavía le costaba.

—No pongas esa cara —le dije un jueves, después de verlo completar una serie de press con mancuernas mucho mejor de lo esperado.

—¿Qué cara?

—La de niño al que acaban de felicitar por colorear sin salirse de la línea.

—No sé de qué hablas.

—Lo sé. Y sigues haciéndola.

Dante dejó las mancuernas en el banco y me miró con un brillo insolente en los ojos.

—Si me das un sticker de estrellita, me enamoro.

—Llegaste tarde. Ya estás bastante cerca del colapso por causas ajenas.

—¿Causas ajenas? Qué forma tan cobarde de no decir tu nombre.

—Haz la siguiente serie.

—Eso no fue una negación.

—Dante.

Se rió y volvió a colocarse en posición.

Aquel se convirtió en nuestro ritmo.

Entrenar.

Discutir.

Corregir.

Bromear.

Admirar.

Y desear sin decir nada.

Tomar café después en la cocina mientras yo fingía que no me daba cuenta de que prolongaba las sesiones con cualquier excusa.

Un día se quedó ayudándome a guardar unas bandas elásticas.

Otro terminó cenando conmigo porque “ya era tarde y pedir comida para uno solo es deprimente”.

Una noche se sentó en el suelo de la sala mientras yo estiraba después de entrenar y me habló durante media hora de un caso corporativo tan enredado que al final terminé dándole mi opinión sobre la psicología del cliente, solo para descubrir que Dante escuchaba mis observaciones con una atención casi peligrosa.

—¿Te das cuenta de que eres brillante? —me dijo de pronto.

Yo estaba enrollando una colchoneta.

—No me impresionan los halagos cuando vienen de un hombre que quiere meterse en mis pantalones.

—Qué reduccionista.

—Qué sincero eres cuando te conviene.

—No es solo eso —insistió, y su tono cambió apenas—. Hablo en serio. Eres muy bueno leyendo gente.

No respondí enseguida.

Los elogios me incomodan menos que antes, pero todavía no me resultan naturales cuando son genuinos. Mucho menos si vienen de alguien cuya opinión empieza a importarme más de lo recomendable.

—La terapia sirve para eso —murmuré.

—No. La terapia te entrena. Pero lo otro es tuyo.

Levanté la vista.

Dante estaba apoyado en el marco de la puerta de la sala, con las mangas de la camiseta dobladas hasta los bíceps y el cabello un poco desordenado por el entrenamiento. Había sudado lo suficiente como para oler más fuerte a alfa, pero no de forma invasiva. Solo cálida. Cercana. Podría apostar que era inconsciente.

Y me estaba mirando con una seriedad que me obligó a apartar la vista primero.

Eso me irritó y me excitó al mismo tiempo.

Y también me asustó un poco.

Porque yo ya sabía reconocer cuándo un hombre me deseaba.

Lo que no sabía era qué hacer cuando, además, me miraba como si me admirara.

La idea de que Dante podía aceptar ser pasivo se me ocurrió una tarde casi por accidente.

No en el sentido físico, aunque tampoco iba a fingir que no lo había pensado. Sería absurdo. Dante era un alfa grande, (aunque yo seguía siendo un poco más por algunos centímetros)fuerte, de hombros anchos, con manos capaces de hacerme olvidar mi propio nombre si me descuidaba demasiado imaginando cosas improductivas.

Pero también tenía algo más.

Algo en la forma en que reaccionaba cuando yo lo corregía. En cómo bajaba la voz cuando quería mi atención. En la manera casi involuntaria en que se dejaba guiar cuando confiaba. En lo rápido que se relajaba cuando yo tomaba el control de una situación y le decía exactamente qué hacer.

No era sumisión. No, eso no.

Era cansancio.

Dante estaba tan acostumbrado a cargar con todo, a resolverlo todo, a pelear por su sitio, que cuando alguien competente le quitaba un poco de peso de encima, su cuerpo respondía antes que su orgullo.

Y ahí estaba la trampa.

Porque yo podía ver esa grieta.

Podía imaginarlo. Podía imaginarlo muy bien.

Un alfa como él, tan lleno de fuerza y de ego, terminando por rendirse solo con la persona correcta. No por debilidad. No por obligación. Sino por alivio.

Por confianza.

Por necesidad.

La sola idea me secó la boca.

Y fue precisamente por eso que me volví todavía más cuidadoso.

Porque Dante ya me gustaba demasiado como para empezar a fantasear con el tipo de poder que podría tener sobre él si alguna vez me dejara acercarme de verdad.

El problema con las rutinas es que uno no se da cuenta de lo mucho que las necesita hasta que algo las altera.

La nuestra se alteró un viernes siguiente.

Habíamos terminado de entrenar temprano. Dante estaba en la cocina, sacando dos platos del lavavajillas con la familiaridad de un hombre que ya había perdido el pudor de abrir muebles ajenos, y yo estaba cortando fruta sobre la encimera cuando escuché un coche entrar en la casa vecina.

No le presté atención al principio.

Hasta que oí la voz de Dante detrás de mí.

—Mierda.

Me giré.

Él estaba mirando por la ventana lateral que daba al jardín, con una expresión entre fastidio y resignación.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Dimitri llegó temprano.

—¿Y eso es un problema?

Dante soltó una risa seca.

—Depende de cuánta energía tengas para tolerar al alfa más correcto del hemisferio.

No tuve tiempo de responder.

Cinco minutos después sonó el timbre.

Dante cerró los ojos y se pasó una mano por el cabello.

—Si es él, voy a fingir mi muerte.

—Tu coche está afuera.

—Entonces fingiré amnesia.

Fui yo quien abrió.

Y entendí inmediatamente por qué Dante tenía esa cara.

Dimitri Lombard Sanford era la versión más pulida, más fría y más corporativa del mismo molde genético. Alto, impecable, ojos claros, traje oscuro, reloj caro, postura de hombre que nunca ha tropezado con nada en su vida. Si Dante era el fuego mal contenido, Dimitri era el hielo con modales.

Me observó un segundo al abrir la puerta.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente para notar el cambio casi imperceptible en su expresión.

No era sorpresa exactamente. Era… interés.

Un interés súbito, limpio, demasiado evidente para alguien que seguramente se creía experto en ocultar reacciones.

—Buenas tardes —dijo con una cortesía perfecta—. Busco a mi hermano.

—Está vivo —respondí—. Aunque a veces no lo parece.

La comisura de su boca se movió apenas, como si hubiera estado a punto de sonreír y se arrepintiera a mitad de camino.

—Eso suena a él.

Detrás de mí, Dante apareció en el pasillo.

—Podrías haber avisado que venías. O mejor dicho esperar verme en casa.

Dimitri apartó los ojos de mí para mirarlo a él.

—Podrías contestar el teléfono alguna vez.

—Podrías aceptar que no siempre quiero hablar contigo.

—Podría, pero seguirías siendo mi problema.

—Qué ternura.

— Me invitan a pasar ¿o hago un escándalo aquí?

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Mckasse Escritora
🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Shu! Shu! alejate, tengo un 🔪 y no temer en usarlo Dimitri! * saco el 🔪*
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Ah no, deja a la parejita quita!!
Dalia Lara
q trebol se ponga celoso🤣🤣
Miguel{E.P.E.D}[🍭]: Siii, sería epico!!
total 1 replies
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por el cap autora! 🖤
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Jajajajaja
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
¡¡¡ME-EN-CAN-TA!!!
(⁠~⁠ ̄⁠³⁠ ̄⁠)~
(⁠人⁠*⁠´⁠∀⁠`⁠)⁠。⁠*゚⁠+
(⁠。⁠♡⁠‿⁠♡⁠。⁠)
Miguel{E.P.E.D}[🍭]
Gracias por éstos hermosos capitulos autora!! 🖤🤭
Patricia Polo
bueno Trébol a luchar contra la ex y el hermano envidioso de Dante 🤣😂🤭
Teresa Perez
autora hermosa felicidades cuando vas a seguir haciendo capitulo xfa gracias
Mckasse Escritora: prepara café para las dos casi los voy subiendo. díganme de dónde me leen.🥰
total 1 replies
Patricia Polo
excelente que emoción tanto que la he esperado 👏👏👏🥰🥰🤭☺️ gracias escritora eres la mejor
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