Jeremy aceptó una propuesta laboral que le garantizaba el éxito profesional; el único problema era que lo llevó a la ciudad donde vivía Alisson, su primer y más grande amor, con quien las cosas no habían terminado nada bien hace diez años atrás. Al llegar no esperó encontrarse con la noticia de que su ex había fallecido el día anterior.
Asistió al funeral para despedirse como no pudo hacerlo antes, cuando puso una rosa en el ataúd, no pudo evitar derramar una lágrima; y eso fue suficiente para crear la conexión. Al llegar a su departamento, mientras terminaba de bañarse y limpiar el espejo empañado, vio a través del mismo el rostro de Alisson; acababa de toparse con el fantasma de su ex.
Ahora Alisson le pide ayuda para atrapar a su asesino, porque le asegura que ella no se mató, aunque no recuerda quien lo hizo. ¿Podrá Jeremy descubrir la verdad de la muerte de Alisson? ¿Podrá descubrir la verdadera razón de su separación?
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14. No son solo inversionistas
Jeremy salió de la sala de reuniones con la tarjeta magnética apretada entre los dedos, el plástico duro y caliente contra la piel de su palma. Sentía el peso de lo que acababa de aceptar, una transacción invisible que iba más allá de un simple encargo laboral; era un pacto del que no podía retractarse, un compromiso con un pasado que creía enterrado. El borde de la tarjeta le clavaba en la almohadilla del dedo, un pequeño recordatorio físico de la presión que ahora soportaba.
Rebecca caminaba delante de él, revisaba correos en su tableta, deslizando el dedo con la misma eficiencia fría con que desestimaba la vida de las personas.
- “Necesito que te familiarices rápido con Amanecer”, dijo Rebecca sin levantar la vista, su voz plana y desprovista de cualquier empatía. “El proyecto lleva meses estancado y los inversionistas están perdiendo paciencia”.
Jeremy apenas escuchaba la mitad de las palabras. Su mente seguía atrapada en la sala, en el nombre que había visto brillar en la pantalla, en la reacción de Alisson. Bright Urban Development. El nombre le quemaba en la garganta. Cada paso que daba lo alejaba de la seguridad corporativa y lo acercaba a una zona de peligro.
- “¿Jeremy?”, dijo Rebecca.
La voz de Rebecca lo sacudió. Él levantó la vista, desorientado por un segundo, esperando ver el fantasma de su exnovia flotando en el pasillo, pero solo había el pasillo vacío y la espalda impaciente de su jefa.
Rebecca se había detenido frente a los ascensores ejecutivos, las puertas pulidas reflejando su postura rígida. Lo observaba con una expresión analítica, evaluándolo como si fuera un activo depreciado que necesitaba justificar su existencia.
- “¿Vas a desmayarte o puedo seguir hablándote?”, preguntó ella con un deje de sarcasmo seco.
Jeremy parpadeó una vez, forzando a sus músculos a relajarse, regresando al presente con un esfuerzo físico doloroso.
- “Sigo funcional”, respondió Jeremy.
- "Qué alivio”, murmuró ella, pulsando el botón de llamada.
Las luces sobre el ascensor parpadearon en secuencia.
- “Escucha bien porque no voy a repetirlo”, continuó Rebecca, girándose hacia él. “Amanecer es el proyecto más delicado que tiene la firma ahora mismo. Mucho dinero. Mucha política. Mucha gente influyente metida hasta el cuello”.
Un ding suave anunció la llegada del elevador. Las puertas se deslizaron silenciosamente, revelando el interior acolchado en madera oscura y espejos.
Rebecca entró primero, sin esperar. Jeremy dudó apenas un segundo, el instinto de huida picándole en las pantorrillas, antes de obligarse a seguirla. En cuanto pisó la alfombra del ascensor, sintió el cambio brusco de temperatura. No era el aire acondicionado central; era un frío que se le clavaba en los huesos.
Alisson estaba dentro otra vez. Estaba de pie en la esquina más alejada, justo donde la madera se encontraba con el espejo. Sus brazos estaban cruzados sobre el pecho, apretándose como si intentara mantenerse unida, y su mirada fija en el vacío del pasillo, pero Jeremy sabía que era consciente de cada movimiento.
Rebecca siguió hablando sin notar la presencia helada que los acompañaba.
- “La ciudad quiere modernización. Los inversionistas quieren velocidad. Patrimonio quiere preservar media estructura. Y los propietarios restantes quieren arrancarnos la garganta”, expresó Rebecca.
Jeremy apoyó la espalda contra la pared metálica, buscando el apoyo frío para contrarrestar el calor que le subía por el cuello.
- “¿Cuántos faltan?”, logró preguntar, su voz sonando extrañamente normal en el espacio cerrado.
- “Tres”, respondió Rebecca, deslizando el dedo por la pantalla de la tableta con un movimiento rápido. “Dos locales comerciales y un estudio en el tercer piso que ahora mismo está congelado legalmente por la investigación”.
Hablaba del estudio de Alisson. Jeremy sintió la mirada del fantasma clavarse sobre él, pesada y demandante. Podía sentir la electricidad estática en el aire, levantándole el vello de los brazos.
- “¿Y Bright?”, preguntó Jeremy antes de que pudiera detenerse, el nombre saliéndose de su boca como una confesión involuntaria.
Rebecca levantó la vista por primera vez desde que entraron al ascensor. Sus ojos estrechados escanearon el rostro de Jeremy.
- “¿Qué pasa con ellos?”, preguntó Rebecca.
- “Siguen bastante involucrados para ser solo inversionistas”, dijo Jeremy, manteniendo la mirada, intentando no mirar hacia la esquina donde Alisson ahora estaba de pie, rígida como una estatua.
- “No son solo inversionistas", respondió Rebecca finalmente, con un tono que sugería que Jeremy era lento para entender lo obvio. “Son quienes impulsaron el proyecto desde el principio”.
El ascensor descendió dos pisos más, la suave caída del estómago de Jeremy acentuada por la náusea de la revelación.
- “¿Y por qué tanto interés en ese edificio específico?”, insistió él, empujando los límites de lo que su jefa toleraría.
Rebecca soltó aire por la nariz, un sonido de exasperación calculada.
- “Ubicación. Valor histórico. Potencial turístico. Puedes ponerle el nombre elegante que quieras, pero al final todo se resume en dinero”, dijo Rebecca, volviendo a su tableta como si el asunto estuviera cerrado.
Jeremy miró hacia el espejo. Alisson seguía inmóvil, pero su atención se había desplazado. Ya no lo miraba. Estaba observando a Rebecca demasiado fijamente, con una intensidad feroz, como si intentara desentrañar un secreto oculto en los poros de su piel, como si intentara recordar algo relacionado con la mujer que estaba de pie a centímetros de ella.