Nacida como una “maldición”, criada en el desprecio, y renacida con una nueva fuerza. Una princesa diferente está a punto de cambiar el rumbo de su reino.
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Capítulo 15: Forjar el Cuerpo, Forjar el Alma
La noche había caído sobre la academia.
En el jardín trasero, lejos de las miradas nobles y rumores políticos, Airi estaba de pie frente a sus dos sirvientas.
Ya no llevaba la postura orgullosa de la heredera.
Llevaba determinación.
—Entrénenme otra vez —dijo con firmeza.
Lina se sorprendió.
—¿Otra vez? Pero ya entrenas cada semana…
Kira no habló de inmediato.
La observó.
Estudió su postura. Su respiración. Su mirada.
No buscaba capricho.
Buscaba decisión.
—¿Por qué? —preguntó Kira finalmente.
Airi sostuvo su mirada sin dudar.
—Porque no quiero quedarme atrás.
El viento movió su cabello dividido en dos tonos.
La mitad negra como la noche. La mitad blanca como la luz.
Un ojo rojo. El otro verde.
Un reflejo viviente de conflicto y equilibrio.
Kira caminó lentamente alrededor de ella.
—Entonces escucha bien.
Su voz ya no era la de una sirvienta.
Era la de una entrenadora.
—Vas a reforzar tu cuerpo.
Airi no apartó la mirada.
—Ser más ágil. Más resistente. Más dura.
Kira se detuvo frente a ella.
—Eso significa ejercicios de calistenia diarios. Sin magia.
Lina abrió los ojos.
—¿Sin magia?
—Sin magia —repitió Kira—. Si dependes solo de tu poder, cuando tu energía se agote… morirás.
Airi asintió.
—Lo haré.
Kira cruzó los brazos.
—Flexiones hasta que tus brazos no respondan.
—Sentadillas hasta que tus piernas tiemblen.
—Carreras con peso.
—Equilibrio con los ojos vendados.
—Resistencia al dolor controlado.
Airi no retrocedió.
Kira continuó:
—Si quieres estar al lado de él… y luchar por el reino… debes estar preparada.
El nombre no fue dicho.
Pero ambas sabían a quién se refería.
Aster.
—Si quieres derrocar a tus padres del trono —añadió Kira sin suavizar las palabras— y convertirte en una mujer fuerte… debes enfocarte primero en tu cuerpo.
El silencio fue pesado.
Lina bajó la mirada con preocupación.
Airi apretó los puños.
—No quiero destruir el reino.
—Pero sí cambiarlo —respondió Kira.
Airi no negó.
Kira levantó una mano y tocó ligeramente el cabello dividido de Airi.
—La mitad negra y blanca no es casualidad.
Señaló sus ojos.
—Rojo y verde. Conflicto y esperanza.
Luego observó su vestido.
—Y el vestido que usas… representa lo que cargas. Linaje, presión, expectativas.
Se inclinó un poco hacia ella.
—Pero eso no define quién eres.
Airi respiró profundo.
Kira dio un paso atrás.
—Aster no es cualquier guerrero.
Sus ojos se endurecieron ligeramente.
—Es alguien que daría su vida por el pueblo.
El viento sopló con más fuerza.
—Eso es lo que tú quieres… ¿verdad?
Airi levantó la mirada hacia el cielo oscuro.
Recordó el bosque destruido. La sangre en su uniforme. La calma aterradora en sus ojos.
—Sí.
No fue un susurro.
Fue una decisión.
Kira sonrió apenas.
—Entonces empezamos ahora.
Sin aviso, lanzó un pequeño saco de arena hacia ella.
Airi lo atrapó por reflejo.
—Cincuenta flexiones.
—¿Ahora?
—Ahora.
Airi dejó el saco en el suelo.
Se colocó en posición.
Uno. Dos. Tres.
A la veinte, sus brazos empezaron a arder.
A la treinta, temblaban.
A la cuarenta, el sudor caía por su frente.
Kira observaba sin compasión.
—El dolor no es tu enemigo —dijo con voz firme—. Es tu maestro.
Airi llegó a cincuenta.
Sus brazos cedieron y cayó al suelo respirando con dificultad.
Pero no se quejó.
Kira asintió ligeramente.
—Bien.
Se dio la vuelta.
—Mañana será peor.
Lina se arrodilló junto a Airi.
—Princesa… ¿estás segura?
Airi sonrió, agotada.
—No quiero que me protejan siempre.
Miró sus manos.
Adoloridas.
Humanas.
—Quiero proteger yo también.
En la distancia, desde una torre alta, Aster observaba en silencio.
Había sentido su determinación cambiar.
—Así que decidiste caminar por tu cuenta…
El viento movió su capa.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Bienvenida al verdadero camino, Airi.
Pero en lo profundo de la oscuridad…
El Rey Demonio observaba con interés.
—Que se hagan más fuertes.
Sus ojos brillaron.
—Eso hará la guerra… más entretenida.
Capítulo 15 — Parte 2
El Trono y la Espada
El salón del trono estaba en silencio absoluto.
Las antorchas iluminaban las paredes doradas. Los vitrales reflejaban un rojo tenue.
En el centro, sobre el trono elevado…
El rey.
Sonrisa elegante. Mirada calculadora.
Frente a él, de pie, sin inclinarse…
Aster.
El ambiente era pesado.
—Ya sabemos lo de tu Bendición del Fénix —dijo el rey con una sonrisa falsa—. Es… peligrosa.
Sus dedos golpeaban suavemente el brazo del trono.
—Un hombre que revive de la muerte no es algo que un reino deba ignorar. Te estaremos vigilando, Aster.
Silencio.
Aster no bajó la mirada. No se inclinó.
Solo respondió con voz firme.
—Defiendo la corona.
Un murmullo recorrió la sala.
—Defiendo el reino.
Los nobles comenzaron a incomodarse.
—Pero el pueblo siempre es primero.
El rey dejó de sonreír.
Aster dio un paso adelante.
—Un rey no es nada sin su pueblo.
Las palabras resonaron como un golpe.
El aire parecía vibrar.
—Y cuando el Rey Demonio venga —continuó Aster— no lucharé por usted.
El salón quedó helado.
—Luchará usted solo.
La voz de Aster fue más fría que cualquier espada.
—Como el cobarde, hipócrita, egoísta, orgulloso y corrupto que es.
Algunos nobles contuvieron el aliento.
Nadie hablaba así frente al trono.
El rostro del rey se tensó.
—Guardias.
Las puertas se abrieron con fuerza.
Soldados armados rodearon a Aster, espadas desenvainadas apuntando a su cuello y espalda.
El acero brillaba bajo la luz de las antorchas.
Pero Aster no se movió.
Ni un centímetro.
—Hace mucho tiempo pude matarlo —dijo con calma aterradora.
Los soldados dudaron por un instante.
—Pero no soy un asesino.
Su mirada recorrió a los guardias.
No con miedo.
Con autoridad.
—Bajen sus espadas.
El tono no fue una orden agresiva.
Fue una afirmación.
—Soy un líder.
El aura invisible que lo rodeaba comenzó a sentirse.
No era la del Dragón.
Era presencia.
—Soy el Santo de la Espada.
El suelo crujió levemente bajo sus pies.
—Tengo más responsabilidades que un rey inútil como usted.
El rey apretó los dientes.
—¿Te atreves a desafiar la autoridad del trono?
Aster respondió sin dudar.
—La autoridad sin justicia no es digna de respeto.
Los soldados comenzaron a sudar.
Sabían la verdad.
Si Aster desenvainaba su espada real…
No habría salón del trono que resistiera.
Pero él no lo hizo.
No necesitaba hacerlo.
—Yo no busco el poder —continuó Aster—. Busco estabilidad.
Miró directamente al rey.
—Y si usted sigue gobernando desde el miedo y la manipulación… el pueblo elegirá a alguien más.
El silencio fue absoluto.
El rey entendió algo importante en ese momento.
Aster no era un rebelde impulsivo.
Era una amenaza real.
No por fuerza.
Por legitimidad.
Finalmente, el rey levantó la mano.
—Retírense.
Los soldados bajaron lentamente sus espadas.
Aster giró sobre sus talones.
Comenzó a caminar hacia la salida.
Pero antes de cruzar las puertas, habló por última vez.
—Cuando llegue la guerra… yo protegeré al pueblo.
Se detuvo un segundo.
—Aunque tenga que protegerlos de usted.
Las puertas se cerraron tras él.
El rey quedó solo en el trono.
Su sonrisa desapareció por completo.
—Ese hombre… —murmuró— es más peligroso que el Rey Demonio.
En una esquina del salón, entre sombras…
Un consejero observaba en silencio.
Una pequeña sonrisa torcida apareció en su rostro.
—Perfecto…
La división interna del reino…
Era justo lo que alguien necesitaba.
por eso no entiendo cuando hnos se pelean o son enemigos!!!