Ella es la líder del clan más poderoso de todos los reinos lo que la pone en el ojo de la tormenta, Ella es una exorcista de élite Pero tiene enemigos más peligrosos que los demonios a los que debe vencer, el prejuicio hacia la mujer en un mundo de hombres
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Capitulo 19
El salón estaba lleno.
Nobles. Consejeros. Ancianos del clan. Curiosos del pueblo. Todos habían acudido al juicio público, ansiosos por ver caer a la primera mujer jefa del cultivo demoníaco.
Sakura entró con la cabeza en alto.
Vestía sus ropas de ceremonia, las mismas del día de su iniciación. Las runas rojas, invisibles bajo la tela, parecían quemarle la espalda con cada paso.
Buscó entre la multitud.
Y lo encontró.
Mitsuki.
Estaba al fondo, entre los sirvientes y los esclavos. Su lugar. El lugar que él siempre creyó que merecía.
Sakura le sonrió.
Una sonrisa pequeña, íntima, que decía "todo va a estar bien".
Mitsuki la miró.
Y desvió la mirada.
El corazón de Sakura se rompió en ese instante.
Solo un segundo. Solo una fracción. Pero suficiente para que un pedazo de ella muriera.
"¿Por qué?", pensó. "¿Por qué no me miras?"
Pero no hubo respuesta.
Nunca la hay.
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LAS ACUSACIONES
El juicio comenzó.
El padre de Sakura fue el primero en hablar. Su voz retumbó en el salón, llena de odio apenas disimulado.
— ¡Esta mujer deshonra al clan! — gritó, señalándola con el dedo —. ¡Mantiene una relación con un esclavo! ¡Ha manchado nuestro honor! ¡Pido que le quiten el puesto!
Murmullos entre la multitud.
— Una mujer no es digna de estar al frente de un clan — continuó otro anciano —. Las mujeres son para el hogar, para la crianza, para obedecer. ¡No para liderar!
— ¿Por qué no?
La voz del emperador cortó el aire como un cuchillo.
Todos lo miraron.
— ¿Por qué no? — repitió, levantándose de su asiento —. Ella tiene la fuerza. La astucia. El valor. Los elementos hablaron. El fuego la eligió. ¿Por qué no tendría derecho a ser jefa?
El padre tragó saliva.
— Majestad, las tradiciones...
— Las tradiciones cambian. La justicia, no.
El emperador miró a Sakura.
Y en sus ojos, ella vio algo que la sostuvo.
"No estás sola", decía esa mirada. "No te dejaré caer."
— ¿Tienes una defensa? — le preguntó.
Sakura respiró hondo.
— Sí.
Caminó hacia el centro del salón. Todos los ojos estaban sobre ella. Pero ya no le importaba.
— El primer día que asumí como jefa del clan — dijo, con voz clara —, usé mi poder para liberar a Mitsuki.
Silencio.
— Tengo la prueba.
Sacó de su ropa un pergamino antiguo, doblado con cuidado. Lo desplegó ante todos.
— Este es su certificado de libertad. Firmado por mí. Con el sello del clan. Con fecha anterior a cualquier relación.
Los ancianos se miraron, desconcertados.
Esto no estaba en el plan.
— La relación comenzó DESPUÉS de su liberación — continuó Sakura —. Nunca, mientras fue esclavo, hubo nada entre nosotros. Respeté las leyes. Respeté las tradiciones. Respeté TODO lo que ustedes dicen defender.
El silencio era absoluto.
— ¿Alguien tiene algo que decir? — preguntó el emperador, con una sonrisa que no podía ocultar.
Mitsuki levantó la mano.
Todos se giraron hacia él.
— Yo — dijo, con voz temblorosa pero firme.
Caminó hacia el centro. Se paró junto a Sakura. Pero no la miró.
— Ella dice la verdad — declaró —. Comenzamos nuestra relación después de que me liberara. Puedo probarlo.
Sacó de su ropa un pequeño fajo de cartas.
— Estas son las cartas que nos escribíamos al principio. Tienen fecha. Pueden verlas.
El emperador las tomó. Las leyó con atención. Comparó fechas. Asintió.
— Las fechas coinciden — anunció —. Todas son posteriores a la liberación.
Los ancianos palidecieron.
El padre de Sakura apretó los puños.
Pero Mitsuki seguía sin mirarla.
Y eso... eso dolía más que todas las acusaciones juntas.
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LA DECISIÓN
El emperador se levantó.
— Bien. Esto es más que suficiente para mí.
Miró a los ancianos. Miró al padre de Sakura. Miró a la multitud.
— Sakura Akino es inocente de las acusaciones. No ha violado ninguna ley. No ha deshonrado a su clan. Solo ha amado. Y amar... amar no es un delito.
Pausa.
— Esto no es un juicio justo. Esto es una persecución política. Una persecución contra una mujer por atreverse a ser más de lo que ustedes querían que fuera.
Los ancianos bajaron la mirada.
— El juicio termina aquí — declaró el emperador —. Sakura sigue siendo jefa del clan del cerezo. Y quien se atreva a cuestionarlo... tendrá que enfrentarse a mí.
Sakura lo miró.
Y supo que, pase lo que pase, tenía un aliado.
Pero su corazón seguía roto.
Porque Mitsuki, el hombre que amaba, seguía sin mirarla.
Y eso... eso no podía arreglarlo ningún emperador.
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LO QUE NADIE VIO
Cuando el juicio terminó, cuando la multitud se dispersó, cuando todos se fueron...
Mitsuki se quedó solo en un rincón.
Apoyado contra la pared.
Temblando.
— Lo siento — susurró —. Lo siento, Sakura.
Y lloró.
Lloró como no había llorado nunca.
Porque la había defendido.
Porque había dicho la verdad.
Porque la amaba.
Pero también porque la envidiaba.
También porque la odiaba un poco.
También porque no podía mirarla a los ojos sin recordar todo lo que él no era.
Y esa guerra interna... esa guerra lo estaba matando.