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Selena Y El Don De Las Tinieblas

Selena Y El Don De Las Tinieblas

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:2.2M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Edna Garcia

Traicionada por su propia hermana y sacrificada como moneda de cambio por su familia, Selena Sanches vio cómo sus sueños de amor se derrumbaban cuando Ingrid falsificó sus exámenes prenupciales.
Considerada “estéril”, Selena fue descartada por Cássio Álvarez, el hombre que juró amarla y con quien iba a casarse… pero él decidió casarse con Ingrid sin dudarlo.

Humillada y sin apoyo, Selena creyó que nada podía empeorar, hasta que su padre la ofreció como esposa al misterioso y temido Henrico Garcês, un mafioso al que nadie jamás se atrevía a mirar a los ojos. Un hombre que vive en las sombras, rodeado de rumores, poder… y peligro.
Ahora, unida a un desconocido que inspira tanto miedo como fascinación, Selena deberá descubrir si este matrimonio forzado será su ruina…
o su salvación.

NovelToon tiene autorización de Edna Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

La habitación principal de la mansión Garcês era amplia, iluminada solo por la suave lámpara de noche en un rincón. Las cortinas pesadas creaban sombras largas en las paredes y el ambiente parecía más de tribunal que de noche de bodas.

Selena estaba acostada en la cama, inmóvil, fingiendo dormir. El vestido ya había sido cambiado por un camisón simple, pero elegante. El corazón latía acelerado, casi dolorido. Intentaba controlar la respiración, tratando de hacerla parecer natural, tranquila; pero la verdad es que nunca había estado tan alerta.

Henrico Garcês.

Un nombre que sonaba como sentencia.

Decían que era cruel, frío, peligroso.

Selena no tenía idea de qué esperar.

No quería encararlo. No esa noche. No como esposa.

Eran completos desconocidos.

Cuando oyó el pestillo de la puerta abrirse, todo su cuerpo se tensó.

Llegó a temblar, por miedo, sí, pero también por instinto de autopreservación.

Pero rápidamente se obligó a contenerse.

Se había prometido a sí misma que nunca más sería pisoteada.

Nunca más sería humillada.

Nunca más sería sumisa.

La puerta se abrió despacio, y pasos firmes entraron en la habitación.

Henrico se detuvo al lado de la cama, observando.

Selena mantuvo los ojos cerrados, controlando cada músculo del rostro.

Parecía tranquila, casi serena.

Henrico la miró en silencio.

No sabía si ella realmente dormía o si fingía, pero no importaba.

La presencia de ella en su cama causaba un conflicto extraño dentro de él: algo entre irritación, curiosidad y un incómodo reconocimiento de fuerza.

Ella no era una novia sumisa.

No era una muñeca entregada a su poder.

Era… diferente.

Sin decir nada, Henrico siguió hacia el baño.

Cuando el agua caliente cayó sobre su cuerpo, cerró los ojos y apoyó las manos contra el mármol.

La tensión del día pesaba en sus hombros.

"Esta mujer…"

Tenía postura, tenía elegancia…

y tenía un genio tan firme como el suyo.

Bufó, dejando que el agua escurriera.

—Mejor así —murmuró para sí—. Mañana conversaremos.

Podría dormir en la habitación de huéspedes, e incluso pensó en ello por algunos instantes.

Pero esa habitación era suya.

Esa cama era suya.

Y sería allí donde dormiría.

Se duchó con calma, se puso solo un pantalón de pijama y salió del baño con el cabello aún húmedo.

Selena continuaba en la misma posición, como si fuera parte de la decoración.

Henrico apagó las luces del baño, caminó hasta su lado de la cama y se acostó.

No la tocó.

No dijo nada.

Ni siquiera se giró en dirección a ella.

Simplemente cerró los ojos.

El cansancio venció su resistencia.

Pronto se durmió.

Selena, al contrario, casi no pegó los ojos.

La respiración de él al lado parecía demasiado alta.

El colchón parecía demasiado suave.

El silencio parecía demasiado profundo.

En su mente, la imagen de Henrico se repetía sin parar:

un hombre joven, fuerte, con un rostro que más parecía haber sido esculpido que formado.

Nada, absolutamente nada, que ver con el viejo, calvo y barrigudo que Patrícia había pintado.

"Al menos eso", pensó, girándose lentamente hacia el lado opuesto de él.

"Pero belleza no significa bondad".

Cuando el cielo comenzó a aclararse, Selena abrió los ojos y se levantó con el mayor cuidado posible.

No quería despertarlo.

No quería lidiar con él aún.

Una conversación vendría, lo sabía, pero no esa mañana.

Se puso una bata ligera y dejó la habitación silenciosamente.

El olor a café fresco tomaba el aire cuando bajó las escaleras.

En el vestíbulo principal, el sol iluminaba el piso pulido y revelaba la grandiosidad fría de la mansión.

En la cocina, Hermínia y Matilde estaban ocupadas arreglando la mesa.

Matilde sonrió cuando la vio entrar.

—Madame, ¡buenos días! —dijo, apresurándose—. En dos minutitos estará todo listo. Imagino que no va a esperar al patrón, ¿no? Él se levanta siempre muy tarde.

Selena se sentó despacio, respirando hondo.

—Gracias, Matilde. Voy a comer algo sí… realmente tengo hambre.

Hermínia colocó una taza de café delante de ella y dijo, bajito, como una vieja amiga:

—Querida… no necesita tener miedo. Aquí las cosas funcionan… a su manera, pero nadie le hará daño. No mientras yo esté aquí.

Selena alzó la mirada.

Por primera vez en esa casa, sintió algo semejante a acogimiento.

Pero dentro de ella, sabía:

aquel era solo el primer amanecer al lado del hombre más temido de la mafia.

Selena tomaba el café despacio, esparciendo mantequilla en el pan, tratando de mantener la respiración firme. Hermínia y Matilde circulaban por la cocina, cuidando los detalles de la mesa con eficiencia silenciosa.

Entonces, pasos pesados resonaron en el corredor.

Henrico bajó las escaleras sin prisa, sin mirar a los lados, con la postura de quien habitaba aquel lugar mucho antes de que cualquier otro respirara allí.

Cuando entró en el comedor, no saludó a nadie. Solo tiró de la silla con un leve chirrido y se sentó.

Selena no lo miró. Continuó untando mantequilla en el pan como si estuviera completamente sola.

Henrico tomó una taza de café negro, bebió un sorbo y cortó una rebanada de pastel sin emitir ningún sonido.

Parecía ignorarla, pero sus ojos recorrieron cada gesto de ella con frialdad calculada.

Marcello entró luego, arreglado, sosteniendo un maletín de cuero.

—Jefe —dijo, en tono profesional—, estoy listo. Podemos ir cuando quiera.

Henrico terminó el café en silencio.

Colocó la taza delante, se levantó lentamente y se arregló el traje.

—Hermínia —dijo, sin mirar a la gobernanta—, saldré a trabajar. No tengo hora para volver. Cualquier cosa, me llame.

Hermínia sonrió, siempre respetuosa.

—Está bien, patrón. Puede estar tranquilo. Cuidaré con cariño de su esposa.

Selena sorbió el café, impasible.

No sabía si aquello era bueno o malo; "cuidado" podía significar mucha cosa, en una casa como aquella.

Henrico entonces dio algunos pasos, yendo directamente hacia ella.

Selena alzó los ojos, finalmente, encarándolo de frente.

Fue la primera vez que quedaron tan cerca sin barreras, sin velo, sin ceremonia.

Los ojos de él eran intensos: frío de mando, no de emoción.

—En cuanto a usted —dijo él, bajo, firme—, cuando yo regrese, vamos a conversar bien.

No me gusta la manera en que está actuando.

El tono no fue de amenaza.

Fue peor: de orden.

Selena respiró hondo y respondió con calma, pero con dignidad:

—¿Y qué fue lo que hice de malo?

Henrico la miró por un instante, como si midiera cada expresión de su rostro…

Pero no respondió.

Solo se giró y salió por el corredor, seguido por Marcello.

La puerta se cerró tras ellos.

El silencio se hizo más pesado.

Matilde se acercó con delicadeza, colocando un pequeño cuenco de frutas en la mesa, delante de Selena.

Su sonrisa era tímida, pero sincera.

—Madame… no le haga caso al patrón —dijo ella, acomodándose el delantal—. A él le gusta hacerse el duro… pero es un buen hombre.

Con el tiempo, usted lo conocerá mejor y verá que tengo razón.

Selena bajó la mirada hacia el plato.

Respiró hondo.

Pero en el fondo del pecho, no tenía certeza de si creía en aquello.

Lo que sabía, con seguridad, era que necesitaría ser fuerte.

Muy fuerte.

Porque ahora estaba casada con Henrico Garcês.

Y tarde o temprano… aquel enfrentamiento llegaría.

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Wendys Wendys
como todo un caballero no habla mas de lo que deve🤭
Daicyramos Cuero
dios es grande, y sabe por qué hace las cosas, ahora Sabrina tiene un hermoso motivo por el cual aferrarse a la vida❤
Marcela Moreira
en realidad Ingrid merece eso y mucho más xq fue una vida d p.3rra y no merece quien ni siquiera es su hermana los ayude se envenenó con su propio veneno
Isa Moreno
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Isa Moreno
yo que ella lo rompería porque de seguro se lo van a pedir
Marcela Moreira
si va a ser un cumpleaños inolvidable para varios ,pero el comienzo de la guerra q la flia va perder
Marcela Moreira
la muy víbora morirá con su propio veneno le salió el tiro x la culata muy merecido lo tiene
Marcela Moreira
todo muy color rosa pero no creo q dure mucho más con el trabajo de el ojalá no le pase nada está buenisima
Isa Moreno: Yo sólo espero que no sea como todas las que van así, se separan porque el pierde la memoria o ella, o termina por creer mentiras él y ella de va pero esta embarazada y luego se reencuentran por X o Y razón
total 1 replies
Mercedes Medina
Buen trabajo,No.me gusto que Selena acepte a Sabrina en su. casa como familia yo en su lugar estaria pensando en que tuvo sexo con el con mi marido , infinitas veces tampoco me gusto que en el inicio de conocerse con su padre la mujer ex prostituta se este acercando muy intimamente con su padre,Hay cosas muy intimas que no son para todos los humanos aceptables por multiples circunstancias,entre ellas la poca abertura mental para aceptar cuestiones muy intimas ,
Adriana Ramirez
👏👏👍🥰
Adriana Ramirez
pobre Cassio😭
Adriana Ramirez
desgraciada está con una pata en la tumba y sigue jodiendo con Selena debería estar agradecida con ella😡😡
Adriana Ramirez
👏👏👍👍
Catalina Ardiles
y el nuevo bebé para cuando?☺️
mariposa
El error fue hacerle caso a los padres.
mariposa
Selenio nunca tuvo el apoyo de alguien.
Marian Gutierrez
wuaoooo que bello, me encantó ese hombre ya está rendido y más que dominado jejeje. felicidades por tu novela autor@
Violette Hernandez
pues será el sereno, pero a mí lo único que no me cala es que la Sabrina siga de sanguijuela viviendo con él, total para ella súper porque no va a trabajar ya que él tiene para mantener a sus dos mujeres, eso es como cobrar el favor de haberlo escuchado y follado en su momento.
Violette Hernandez
Siiiiii, tiene todo, un hijo, una esposa, una entenada y la querida, y ya recuperada milagrosamente, así cuando Selena no pueda estar con él, Sabrina llega al quite , jajajaja, francamente no me gustó que dejara a la vieja con la que estuvo Henrico cogiendo durante largo tiempo.
Violette Hernandez
pues lo más seguro es que si lo ayude, pues si ayudó y tiene viviendo vida de princesa a la que se revolcó con el marido, quien sabe cuánto tiempo, pues seguro ayuda a la hermanastra 😂😂😂
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