"En mi vida pasada morí como una tonta; en esta, seré tu peor pesadilla."
Valeria murió traicionada por su esposo y su prima, mientras el único hombre que intentó salvarla fue Damian, el rival que ella siempre despreció.
Tras despertar tres años antes de su muerte, Valeria decide cambiar las reglas: no habrá más lágrimas, solo una fría venganza. Para destruir a quienes la pisotearon, se aliará con el hombre más peligroso y poderoso de la ciudad: el enemigo de su marido.
¿Podrá convencer al hombre que siempre la amó en secreto de que esta vez ella está de su lado?
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El precio de la confianza (Parte I)
El despacho de la biblioteca del Hotel Grand Imperial era un oasis de madera de roble, olor a cuero viejo y silencio sepulcral, en total contraste con el estruendo festivo que vibraba bajo mis pies. Entré sin encender las luces principales; solo la lámpara de escritorio emitía un brillo ámbar que alargaba las sombras por toda la habitación.
Me temblaban las manos. No era miedo a Julián, sino a la posibilidad de que Damián no viniera. En mi vida anterior, él era un hombre de lógica fría; no solía perseguir fantasmas ni atender a mujeres que consideraba enemigas.
Me apoyé contra el borde del escritorio, apretando el pequeño dispositivo USB en mi palma. El metal estaba frío, recordándome la realidad de mi misión.
—Diez minutos exactos. Eres puntual, Valeria. O quizás, estás desesperada.
La voz de Damián llegó desde la puerta. No lo había oído entrar. Se movía con el sigilo de un depredador nocturno. Cerró la puerta tras de sí y el clic de la cerradura resonó en mis oídos como el disparo de una salida.
—La desesperación es una excelente motivación para la eficiencia —respondí, tratando de que mi voz no flaqueara.
Damián caminó hacia la luz. Se había quitado la chaqueta del esmoquin, y las mangas de su camisa blanca estaban ligeramente remangadas, revelando unos antebrazos poderosos que contrastaban con la delicadeza del mobiliario. Se detuvo a dos metros de mí, manteniendo una distancia de seguridad, como si yo fuera una bomba a punto de estallar.
—Hablemos claro —dijo él, cruzando los brazos—. Me has prometido las llaves del reino de Julián. Pero ambos sabemos que tú eres su mano derecha. ¿Por qué iba a creer que no hay un micrófono oculto en ese vestido o que Julián no está escuchando tras esa puerta?
—Porque Julián está ahora mismo en el escenario, embriagado de su propio ego, anunciando un compromiso que no va a suceder —me acerqué un paso, desafiando su espacio—. Y porque si esto fuera una trampa de Julián, él te pediría algo a cambio. Yo no te estoy pidiendo nada... todavía.
Damián soltó una risa amarga que no llegó a sus ojos.
—¿"Todavía"? Ahí está el truco. Nadie regala información que puede hundir un imperio de millones de dólares por "protección". ¿Qué es lo que realmente buscas? ¿Quieres que yo destruya a Julián para que tú te quedes con todo el botín de los Rossi sin ensuciarte las manos?
—Busco verlo caer —dije con una intensidad que lo hizo guardar silencio—. No me importa el dinero. Quédatelo todo si quieres. Quiero que él experimente la misma desesperanza que... que él causa en los demás.
Saqué el USB y lo puse sobre la mesa de madera. Damián lo miró con sospecha, sin tocarlo.
—Ahí no está todo —continué, bajando la voz—. No soy tan tonta como para darte mi única garantía de seguridad en nuestra primera cita secreta, Damián.
Él arqueó una ceja, intrigado.
—¿Ah, no? ¿Entonces qué es esto?
—Es un adelanto. En ese dispositivo encontrarás los registros de la subcontrata fantasma que Julián creó para inflar los costos de tu licitación del puerto. Él planea denunciar "irregularidades financieras" mañana a las 8:00 AM ante el comité. Si usas esos archivos, podrás demostrar que la empresa que hace la denuncia es, en realidad, propiedad de Julián bajo un nombre falso.
Damián se quedó inmóvil. Esa era información interna que solo tres personas en el mundo conocían. Su mirada pasó del USB a mis ojos, buscando el engaño.
—Si esto es cierto, Julián perderá la licitación y podría enfrentar una investigación por fraude —analizó Damián en voz alta—. Pero si es falso y yo presento esto mañana, quedaré como un loco ante el comité y mi reputación se hundirá para siempre.
—Exacto —asentí—. Es un riesgo. Para ambos. Si lo usas y ganas, Julián sabrá que hubo una filtración. Y yo estaré en peligro.
Damián dio un paso hacia adelante, acortando la distancia que nos separaba. Su cercanía era abrumadora; podía sentir el calor de su aliento y el magnetismo oscuro que siempre lo rodeaba. Extendió la mano, pero no hacia el USB, sino hacia mi rostro. Sus dedos rozaron mi mejilla, una caricia tan inesperada que me hizo contener el aliento. Sus dedos estaban cálidos, tan diferentes a la frialdad que recordaba de mi muerte.
—¿Por qué yo, Valeria? —susurró, su voz ahora era una vibración baja que me erizó la piel—. Tienes otros rivales. Podrías haber ido a la policía, o a los abogados de tu padre. ¿Por qué venir al hombre que Julián más odia?
—Porque tú eres el único que tiene el poder y la falta de escrúpulos necesaria para no solo vencerlo, sino borrarlo del mapa —respondí, manteniendo la mirada—. Y porque... —hice una pausa, mi corazón dando un vuelco— porque sé que tú no me traicionarás por dinero. Julián puede comprar a los jueces, pero no puede comprarte a ti.
Damián retiró la mano, su expresión volviéndose ilegible de nuevo. Tomó el USB de la mesa y lo guardó en el bolsillo de su pantalón.
—Esto no significa que confíe en ti —sentenció—. Significa que voy a verificar esto. Si mañana a las nueve de la mañana la licitación sigue mi curso y Julián queda en evidencia, entonces hablaremos del resto de la información. Pero si esto es un juego... reza para que Julián te encuentre antes que yo.
—Acepto el trato —dije, sintiendo un alivio momentáneo—. Pero recuerda esto, Damián: Julián no actúa solo. Mónica, mi prima, es quien mueve los hilos legales. No la subestimes.
En ese momento, se escucharon pasos apresurados en el pasillo y el sonido de voces llamando mi nombre. Era la voz de Mónica, aguda y cargada de una falsa preocupación.
—¡Valeria! ¿Estás ahí? ¡Julián te está buscando por todas partes!
Miré a Damián con urgencia. Si nos encontraban juntos aquí, todo el plan se desmoronaría antes de empezar.
—Vete por la puerta de servicio, detrás de las estanterías de derecho —le pedí en un susurro—. No pueden vernos salir juntos.
Damián me miró por última vez. Había algo en su mirada, una mezcla de sospecha y una nueva e incipiente fascinación.
—Mañana, Valeria. En el café del muelle. Diez de la mañana. No llegues tarde.
Sin decir una palabra más, desapareció entre las sombras de la biblioteca justo cuando el pomo de la puerta principal empezaba a girar.
Me alisé el vestido negro, respiré hondo y compuse mi mejor máscara de "heredera abrumada". Cuando Mónica abrió la puerta, me encontró de pie junto a la ventana, observando la ciudad con una expresión de fingida melancolía.
—¡Aquí estás! —Mónica entró, escaneando la habitación con sus ojos de lince—. Julián está furioso, Valeria. El brindis terminó y tú no estabas. ¿Qué haces aquí a oscuras?
—Me dolía la cabeza, Mónica —dije, dándome la vuelta con lentitud—. Tanta hipocresía me ha dado náuseas. Dile a Julián que me he ido a casa. No me siento bien.
Mónica entrecerró los ojos, acercándose al escritorio. Olfateó el aire, y mi corazón se detuvo. ¿Olería el sándalo de Damián? ¿O el aroma del whisky que él siempre llevaba consigo?
—Huele a tabaco... —murmuró ella, mirando el cenicero limpio—. ¿Ha estado alguien aquí contigo?