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Sombra En El Altar

Sombra En El Altar

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Anibeth Arguello

Alessandro una muchacha con un triste pasado y un esposo que la odia.

NovelToon tiene autorización de Anibeth Arguello para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La sobera del cristal

​La sede de Blue Phoenix era un monolito de cristal y acero en el distrito financiero que parecía tocar las nubes. Era un edificio que respiraba poder, eficiencia y un anonimato costoso. Alessandra llegó en un coche negro con vidrios blindados, escoltada por un equipo que ella misma había seleccionado. Ya no vestía los colores pasteles que su madre le imponía para "no resaltar"; hoy vestía un traje sastre gris grafito, hecho a medida, que le daba un aire de autoridad indiscutible.

​Al entrar, el personal se detuvo. Nadie la llamaba "la hija de" o "la hermana de". Para ellos, ella era la Directora Ejecutiva, la mente que movía los hilos del mercado.

​—Señora, el señor Julián está en la recepción —dijo su secretaria, una mujer eficiente que conocía todos sus secretos—. No tiene cita, pero insiste en que no se irá hasta verla. Dice que es un asunto de "vida o muerte".

​Alessandra se detuvo frente a la puerta de su despacho. Una pequeña sonrisa, amarga y triunfante, rozó sus labios.

—Déjalo esperar dos horas. Que aprenda lo que vale mi tiempo.

​La espera del hombre caído

​Abajo, en el lujoso vestíbulo, Julián se sentía un extraño. Él, que siempre había sido el centro de atención en los círculos empresariales, ahora era ignorado por empleados que caminaban con prisa. Se sentó en un sofá de cuero, mirando el logotipo del fénix azul en la pared. Cada minuto que pasaba era un golpe a su ego. Recordaba cómo, apenas unos días antes, le había dicho a Alessandra que ella era una "incapaz".

​Cuando finalmente le permitieron subir, Julián entró al despacho de Alessandra. La vista era impresionante, pero lo que más lo impactó fue ella. Estaba sentada detrás de un escritorio de obsidiana, revisando contratos en tres pantallas gigantes. Ni siquiera levantó la vista cuando él entró.

​—Tienes cinco minutos, Julián. Tengo una videoconferencia con Londres a las diez —dijo ella, su voz era un látigo de seda.

​La confrontación de realidades

​Julián caminó hacia el escritorio, pero se detuvo a mitad de camino. La distancia entre ellos parecía de kilómetros, no de metros.

​—Alessandra... he pasado toda la mañana revisando los documentos que dejaste. Fui a ver a tu padre. Lo enfrenté —Julián bajó la voz, cargada de una vergüenza que nunca había sentido—. Tenías razón. Él confesó todo. Me dijo que Isabella fue quien le dio las claves de mis cuentas personales. No puedo creer que estuve durmiendo con el enemigo mientras te pisoteaba a ti.

​Alessandra dejó la pluma sobre la mesa y, finalmente, lo miró. Sus ojos eran fríos como el espacio profundo.

—¿Y qué esperas? ¿Un aplauso? ¿Una medalla por descubrir la verdad con diez años de retraso?

​—Espero que me dejes demostrarte que puedo cambiar —suplicó él, dando un paso adelante—. He roto todo vínculo comercial con tu familia. He iniciado una demanda contra tu padre por fraude. Y a Isabella... le he prohibido volver a pisar mi empresa. Pero necesito que vuelvas a casa. La mansión se siente... muerta sin ti.

​Alessandra soltó una risa seca que le dolió a Julián más que un grito.

—La mansión siempre estuvo muerta, Julián. Lo que pasa es que ahora no tienes a nadie a quien humillar para sentirte vivo. No voy a volver. De hecho, Blue Phoenix ha decidido ejecutar la cláusula de rescisión de tu deuda.

​Julián palideció.

—¿Qué? Eso me dejaría sin liquidez para el próximo proyecto.

​—Exactamente —afirmó ella, poniéndose de pie con una elegancia depredadora—. Durante años me hiciste sentir que yo no valía nada. Ahora, yo soy la dueña de tus deudas. Si quieres que tu empresa sobreviva, tendrás que negociar conmigo como lo harías con cualquier otro tiburón financiero. Ya no soy tu esposa, Julián. Soy tu acreedora.

​La aparición del tercero

​En ese momento, la puerta del despacho se abrió. Un hombre alto, de unos treinta y cinco años, con un aire de confianza absoluta y rasgos europeos, entró sin llamar. Era Adrián Vancamp, el principal rival comercial de Julián y uno de los pocos hombres que Alessandra respetaba en el mundo de los negocios.

​—Alessandra, querida, el helicóptero está listo para la reunión en la costa —dijo Adrián, ignorando deliberadamente a Julián, aunque sabía perfectamente quién era—. Oh, perdón. No sabía que tenías visitas... de bajo nivel.

​Julián apretó los puños. La presencia de Adrián a centímetros de su esposa le provocó una llamarada de celos que casi lo hace perder el control.

—¿Qué hace él aquí? —preguntó Julián, su voz temblando de rabia contenida.

​—Adrián es mi socio estratégico —respondió Alessandra, acercándose al recién llegado y permitiendo que él le pusiera una mano en la espalda de forma posesiva—. Y un caballero que sabe reconocer el talento sin necesidad de contratos matrimoniales.

​Julián sintió que el aire le faltaba. Ver a Alessandra, la mujer que siempre lo miró con adoración, ahora mirando a otro hombre con respeto y complicidad, fue el golpe final.

​—Retírate, Julián —sentenció ella—. Mis cinco minutos se acabaron.

​Julián salió del despacho con el corazón latiendo desbocado. Mientras caminaba por el pasillo, se juró a sí mismo que no la perdería. Pero mientras él planeaba cómo recuperarla, Alessandra ya estaba volando hacia un futuro donde él ya no era el protagonista, sino un simple obstáculo que ella estaba aprendiendo a saltar.

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