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Siempre Tendrás 18

Siempre Tendrás 18

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Escuela / Amor eterno / Completas
Popularitas:483
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Abril tiene 17 años, leucemia y una lista: aprovechar cada segundo que le queda.

Sus padres siempre trabajan, así que vive sola y se refugia estudiando en el colegio. Hasta que aparece Kael, 18, el chico que divide su tiempo entre las clases y una escuela de boxeo, con los nudillos siempre rotos y el corazón blindado.

Él cree que pelear es la única forma de no sentir. Ella le va a enseñar que vivir también duele.

Lo que Kael no sabe es que Abril se está apagando, que los dolores son cada vez más fuertes y que un día se va a desmayar frente a él.

Una historia sobre amar sabiendo que tienes fecha de vencimiento.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: Casi beso en la azotea

Ese día llovió todo el día. No una lluvia fuerte, una lluvia finita, de esas que mojan igual aunque uno tenga paraguas. Llegué al colegio empapada, con el pelo pegado y con los zapatos mojados que sonaban ploc ploc cuando caminaba. La profe me dijo Abril, te vas a resfriar, y me pasó una toalla de papel para secarme.

En el recreo no salí al patio porque estaba todo mojado. Me quedé en la sala, mirando por la ventana cómo llovía. Kael no estaba en su banco, no lo vi en toda la mañana. Pensé que no había venido porque con lluvia su calle se llena de barro y cuesta salir. Me dio un poco de lata, porque me había acostumbrado a verlo todos los recreos.

A las tres y media dejó de llover un poco y subí a la azotea igual, aunque sabía que iba a estar mojada. La puerta estaba entreabierta y se escuchaba el agua caer de las canaletas. Empujé la puerta y Kael estaba ahí, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, con el buzo mojado.

Le dije ¿qué haces aquí con lluvia? Me dijo te estaba esperando, pensé que no ibas a venir. Le dije que sí, que siempre vengo. Me senté a su lado y el suelo estaba húmedo y frío. Me dijo perdón, no traje nada para sentarnos. Le dije que no importaba.

Nos quedamos mirando cómo Conce se veía con lluvia. Todo gris, con las calles brillantes y con la gente corriendo con paraguas. Desde la azotea se veía bonito igual, como más callado.

Kael me preguntó cómo me había ido en el control de la mañana. Le dije que bien, que estable otra vez, que es la palabra que ya me aburría. Me preguntó si me dolía. Le dije que no, que hoy no. Era mentira a medias, me dolía un poco, pero no tanto como el otro día.

Me preguntó si me acordaba del primer día que nos vimos aquí. Le dije que sí, que yo estaba con el cuaderno de cálculo y que él me dijo que no me cayera. Se rió y me dijo yo pensé que eras rara, porque estabas sola haciendo tarea en la azotea. Le dije que yo pensé que tú eras más raro, porque tenías las manos vendadas y no hablabas con nadie.

Nos reímos y nos quedamos callados un rato. La lluvia había parado del todo y se escuchaban los autos de nuevo. Kael se movió un poco y quedó más cerca mío. Me dijo ¿tienes frío? Le dije que un poco. Se sacó la chaqueta grande que andaba trayendo siempre y me la pasó. Olía a jabón y a un poco a humedad. Me la puse y me quedó gigante, me tapaba hasta las rodillas.

Me dijo te queda bien. Le dije obvio, todo me queda bien. Se rió y me miró fijo. Yo lo miré también y sentí algo raro en la guata, como cuando uno se sube a un juego muy alto y no sabe si va a caer.

Me dijo Abril, ¿te puedo decir algo? Le dije que sí. Me dijo que desde que me contó lo de su casa y yo fui, se sentía más tranquilo, como si no tuviera que esconder tanto. Me dijo que antes le daba vergüenza contar de dónde venía y que ahora no tanto. Le dije que a mí me pasaba lo mismo con lo de mi enfermedad, que desde que le conté no me sentía tan sola.

Se acercó un poco más y me preguntó si me podía tomar la mano. Le dije que sí. Me tomó la mano y la tenía fría por la lluvia, pero me la apretó igual. Nos quedamos así, tomados de la mano, con su chaqueta gigante y con el suelo mojado.

Me miró a los ojos y yo lo miré a él y pensé que me iba a besar. Sentí que se acercaba un poco, que respiraba más rápido, que yo también respiraba más rápido. Cerré los ojos sin querer, un segundo no más. Pero no pasó nada. Se echó un poco para atrás y me dijo perdón, no quería apurarte. Le dije que no era apurarme, que solo me había dado vergüenza.

Nos quedamos callados de nuevo, pero no incómodos, solo con el corazón latiendo más rápido. Don Luis nos gritó desde abajo que iba a cerrar y que con lluvia no se podía estar arriba porque se resbalaba. Kael le gritó ya bajamos.

Nos paramos y yo me tropecé con el borde mojado y casi me caigo. Kael me agarró del brazo y me dijo te dije que te ibas a caer el primer día y casi te caes hoy. Nos reímos y bajamos la escalera agarrados de la mano, con cuidado porque estaba resbalosa.

En la salida me devolvió la chaqueta y me dijo mañana a la misma hora, si no llueve. Le dije mañana a la misma hora, aunque llueva.

Llegué a mi casa con el pelo todavía mojado y con la mano todavía con el calor de su mano. Mi mamá me dijo ¿dónde andabas que llegas mojada? Le dije en la azotea, viendo la lluvia. Me dijo estás loca, te vas a enfermar. Le dije que ya estoy enferma, mamá, no me voy a enfermar más. Se rió y me pasó una toalla.

Me metí a mi pieza y saqué el cuaderno de cálculo. No taché nada, pero escribí en el margen: 28 de junio, llovió y casi, casi. Y puse tres puntitos al lado, como si no quisiera terminar la frase.

Guardé el cuaderno y me toqué la mano, como para acordarme de cómo se sentía la suya fría. Pensé que mañana, si no llovía, a lo mejor no iba a ser casi.

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