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NICOTINA Y NIEVE

NICOTINA Y NIEVE

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / ABO / CEO
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Adrien Laurent, 19 años, pensó que ser Beta era una bendición.

En una familia de Alfas, ser Beta significaba ser invisible. Y ser invisible era la única forma de sobrevivir a su madrastra y a su hermanastra después de la muerte de su padre. Cansado de ser tratado como empleado en su propia casa, huye a Montreal con una maleta y renta un estudio helado.

Para pagar la universidad y el depa, toma el turno de noche en el Dépanneur Lumière, una tienda de conveniencia 24/7.

A las 23:47 siempre entra él: Julien Moreau, 42 años, Alfa entero, alto, guapo, de abrigo negro, que solo compra whisky barato y cigarros. Hasta que Adrien empieza a sentirse mal. Fiebre, dolor, un aroma dulce que no debería tener un Beta.

No es un Beta. Es un Omega de presentación tardía, y su primer celo está a punto de llegar. Y el Alfa de la tienda ya lo olió primero.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17: Marcar por elección

El bus de vuelta se demoró ocho horas porque nevó en la mitad del camino.

Llegué a Montreal a las once de la noche y hacía -20 y estaba todo blanco y con luces amarillas. No había barro como en mi ciudad, había nieve limpia.

Julien estaba en la terminal esperándome con la bufanda gris en la mano y con su abrigo negro largo lleno de nieve. Se veía gigante entre toda la gente.

Me vio bajar del bus con mi bolsa de supermercado y vino corriendo. No me dijo nada al principio, me abrazó fuerte en medio de la terminal y me metió la cara en mi cuello donde tengo la mancha roja.

Olía a madera mojada y a frío y a él y me puse a llorar otra vez, pero no como en la mañana, sin ruido.

Me dijo bajito en el oído, t'es revenu, petit. Volviste, chico.

Le dije que sí, que había vuelto.

Me puso la bufanda gris en el cuello él mismo, con las manos grandes y me dijo, elle était froide sans toi. Estaba fría sin ti.

Nos fuimos a su camioneta grande negra y prendió la calefacción al tiro y me pasó un café de Tim Hortons que había comprado y que estaba caliente.

En el camino a casa no hablamos mucho. Yo miraba la nieve por la ventana y él manejaba con una mano y con la otra me tenía la mano mía apretada.

Llegamos al depa del Plateau y estaba caliente, a 22 grados. Había sopa en la cocina y la cama grande estaba hecha con sábanas limpias.

Me dijo, tu veux manger ou tu veux dormir? Quieres comer o quieres dormir?

Le dije que quería ducharme primero porque olía a bus.

Me di una ducha de media hora con agua caliente que no se acababa y cuando salí él estaba sentado en la cama grande esperándome con una polera suya gigante para mí.

Me la puse y me metí en la cama grande con él.

Me dijo, raconte. Cuéntame.

Le conté todo. Que la casa estaba vacía, que Colette me gritó que era un Beta inútil, que rompí el cuaderno, que le dejé el reloj malo y que Margot me abrazó.

Me escuchó todo sin interrumpir, con la mano en mi espalda baja.

Cuando terminé me dijo, tu es courageux, petit. Eres valiente, chico.

Le dije que no, que solo estaba cansado de tener miedo.

Se quedó callado un rato y después me dijo algo que no me esperaba.

Me dijo, je veux te marquer, si tu veux. Quiero marcarte, si tú quieres. Pas parce que tu es en chaleur, pas parce que je suis en rut. Parce que je veux que tu saches que tu es chez toi ici. No porque estés en celo, no porque yo esté en celo. Porque quiero que sepas que estás en tu casa aquí.

Yo sabía lo que era marcar. En el liceo nos dijeron que era una mordida en el cuello que dejaba cicatriz y que era para siempre. Que los Alfa marcaban a los Omega para que todos supieran que eran de alguien.

Al principio me dio miedo porque sonaba a que era de alguien, como una cosa.

Le pregunté, si me marcas soy tuyo?

Me dijo, non, tu es à toi. Mais tout le monde va savoir que tu as quelqu'un qui t'attend. No, eres tuyo. Pero todo el mundo va a saber que tienes a alguien que te espera.

Me gustó cómo lo dijo. Que era mío, no de él.

Le pregunté si dolía.

Me dijo, un peu, comme une piqûre, et après ça chauffe. Un poco, como un pinchazo, y después calienta.

Le dije que sí quería, pero que lo hiciera despacio y que me preguntara todo, como siempre.

Me dijo, toujours.

Me acosté en la cama grande boca arriba y él se puso encima mío pero sin pesarme, con los brazos a los lados de mi cabeza para no aplastarme.

Me preguntó si podía besarme el cuello primero. Le dije que sí.

Me besó el cuello donde tengo la mancha roja, despacito, con los labios calientes. Me dio una corriente que me hizo arquear la espalda.

Me preguntó si podía morder. Le dije que sí.

Me mordió despacio, no fuerte, con los dientes pero sin clavar mucho. Sentí un pinchazo caliente y después un calor rico que me bajó por todo el cuerpo, hasta los pies. No fue feo, fue como cuando te pones un paño caliente en el cuello cuando tienes fiebre.

Gimí bajito y él se quedó con la boca ahí, mordiendo despacito, respirando fuerte contra mi cuello.

Después me lamió la marca despacito para curarla, como hacen los Alfa.

Me quedé temblando un poco, no de dolor, de calor. Olía mucho a él y a mí mezclado y a dulce.

Me dijo, c'est fait, petit. Está hecho, chico. Tu es marqué. Estás marcado.

Me toqué el cuello y tenía una marca chica, como un moretón con dos puntitos. No sangraba.

Le dije, y tú? Yo te marco a ti?

Me dijo que los Omega no marcan como los Alfa, pero que podía morderlo si quería, en el mismo lugar, para que todos supieran que él también tenía a alguien.

Le dije que sí quería.

Me puse encima de él, yo chico arriba de él grande, y le besé el cuello donde él tiene una vena grande. Le pregunté si podía morder y me dijo que sí, que me dejaba.

Lo mordí despacito, con mis dientes chicos, no tan fuerte como él, pero lo mordí y lo dejé marcado también. Me supo a madera mojada y a jabón.

Se rió bajito y me dijo, maintenant on est pareils. Ahora somos iguales.

Nos quedamos abrazados en la cama grande, con las dos marcas frescas que nos latían y con la calefacción en 22 grados y con la nieve cayendo afuera de la ventana que sí cerraba.

Le dije, ya no debo nada.

Me dijo, non, petit, tu ne dois plus rien à personne. No, chico, ya no le debes nada a nadie.

Y dormimos así, marcados por elección, no por obligación, con la bufanda gris en el suelo y con la frazada gris tapándonos a los dos.

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