El día de nuestra boda había llegado, ahora era la señora Lennox, a Travis Lennox no le importaba que su madre la gran señora Renata Lennox no me aceptara para ser la esposa de su único hijo, y el heredero del imperio INNÓVATE SOLUTIONS, heredado por su padre, pero para guardar toda apariencia quedó en acuerdo, la peor pesadilla que pude tener durante poco más de cinco años, después de que Travis tenía que irse al extranjero, ahí empezó mi verdadero calvario.
NovelToon tiene autorización de Silvia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Información
Renata cada tiempo checaba la hora, Amara mantenía la vista en la puerta principal. Pero la pareja no aparecía. Por un momento Renata pensó que no llegarían, hasta que cerca de treinta minutos las principales puertas se abrieron. Apareciendo por ellas la pareja de quien se estaba ya especulando.
Renata no se movió, se quedó observando sin disimular. Amara los miraba desde lejos apretando el vaso de su bebida en su mano. Camino hasta donde se encontraba Renata.
— No pensé que fuera tan hermosa. - espetó disimulando su frustración. Ese vestido es de alta gama.
— Un vestido no hace una dama. - escupió sin más la mujer dirigiéndose hacia ellos.
Amara se quedó observando con una sonrisa altiva.
Renata saludó con un beso a Travis casi ignorando a Kenda.
— Supongo que es la mujer con quien te relacionaste.
Kenda se dió cuenta el desprecio de sus palabras y sonrió.
— Madre es mi esposa. - la miró con el entrecejo fruncido.
Renata suspiró. Antes de decir nada más, los invitados que se dieron cuenta de quién se trataba se les acercó.
— Señor Lennox es un privilegio poder saludarlos. - se acercó uno de sus socios con una enorme sonrisa. Permítame felicitarlo, tiene una esposa muy hermosa.
Kenda solo hizo un ademán con la cabeza.
— Siempre pensé que vendrías casándote con la señorita Amara. - se les acercó otro hombre más filoso en palabras.
— Nunca he tenido nada que ver con la señorita Amara, no sé de dónde salió ese pensamiento. - contestó molesto el CEO, Kenda lo tomó suavemente del brazo.
— Fue un comentario sin ninguna intención. - apresuró su madre la respuesta. - observó a la chica. Simplemente todo mundo sabía que fueron comprometidos desde la infancia.
Amara se acercó. intentó tomarlo del brazo para alejarlo de ahí. Sin embargo Travis se soltó con desprecio.
— Hay socios que desean platicar contigo. - le dijo ignorando plenamente a Kenda.
Otro de los socios se acercó poniendo a Amara en alto.
— Señorita Amara gracias por introducirme en la lista de espera para interactuar con el señor Lennox. - lo jaló con más socios. Eso lo aprovechó Renata, para llevarla a un apartado.
— Escúchame bien mujer, no se de donde saliste, pero no encajas aquí.
— No vuelvas a intimidar a mi esposa Renata Lennox. - exclamó Travis tomándole la mano a Kenda, yo no tengo porque seguir tus reglas, y si vuelves a intentar hacerla sentir mal, olvídate de ser mi madre, entre tú y ella hay mucha diferencia. -miró a su madre con enojo.
— ¿Ya ves lo que ocacionaste mujercita? - sonrió fijando su vista en la chica.
Kenda podría haber contado, pero se obligó a callar, había muchos conocidos de su esposo y simplemente lo quería hacerlo quedar mal.
— ¿Nos vamos bebé? - habló Travis aún irritado.
Kenda asintió dándole un ligera sonrisa.
— No puedes irte aún hay muchos invitados. - dijo apretando los puños.
— Son tus invitados, atiéndelos tú, yo no tengo que estar donde haz querido humillar a mi esposa. - se acercó cerca de su oído, ¿o crees que no sabía tu juego, y lo que intentabas hacer? Si vine fue porque mi esposa quería conocerte. Se dió la vuelta marchándose con su esposa tomando su mano.
Kenda no creía que fuera tan irracional. Observó a Travis iba demasiado molesto.
— No te preocupes amor. - se recostó en su pecho dentro del auto, de alguna forma ya imaginaba la respuesta hacia mí de tu madre.
Él le acarició el pelo.
— No le des ninguna oportunidad para que te haga sentir mal.
Ella suspiró, sabía que no se iba a quedar tranquila. Y así era Renata estaba sumamente enojada. Amara se quedó un tiempo más después de que los invitados se fueron.
Se acercó a ella sigilosamente con un vaso de vino.
— Esto no ha terminado. - masculló dándole un trago a su bebida.
— ¿Que tienes pensado? - le preguntó sonriendo con burla. - tu hijo no quiere tener ningún roce conmigo te diste cuenta, no hay manera de hacerlo qué se divorció y se case conmigo.
Renata cerró los ojos exhalando.
— Me quedo claro, ya encontraré la manera de eso esta segura.
Esa noche Amara se quedó hasta tarde en la mansión Lennox, Renata dando miles de vueltas a los detalles.
— Ves no hay posibilidad. - asumió Amara después de que la mujer aceptara que su hijo estaba enamorado de Kenda.
Dejemos que el tiempo nos ayude, déjamelo en mis manos, pueden ocurrir cosas. — la miró cómplice.
Cuando Amara subió a su auto, Renata le mandó un mensaje al hombre que tenía como jardinero en la mansión de su hijo.
— De qué te haz dado cuenta. - preguntó entre letras, ya era tarde pero Héctor le contestaba en cualquier momento. Y así fue, no había pasado mucho tiempo cuando recibió la respuesta.
— El señor no se separa mucho de la señora. Pero la siguiente semana volverá a la empresa.
Muy bien esperemos que haya algo que podamos lograr. Héctor estaba obligado a servirle pues la mujer le había pagado la cirugía a su hija y de eso se atenía Renata, pero al hombre no le parecía correcto traicionar a su jefe.
TRES MESES DESPUÉS.
Aunque Renata pasó en dos ocasiones por la mansión. No tuvo la oportunidad de quedarse a solas con Kenda.
Una tarde después de que Travis llegara de la empresa, pasó directamente al estudio. Empezó a ojear una carpeta con papeles checando en la computadora si todo era correcto.
Kenda lo había visto entrar y se dirigió hacia él. Tocó la puerta.
— Pasa bebé. No tenías porque tocar estoy revisando unos documentos que mandaron del extranjero.
Kenda observó la computadora, rápidamente se dio cuenta de qué se trataba.
— No iré. - alcanzo a mirar su reacción.
— Es tu oportunidad, era lo que estabas esperando.
— Si no estás conmigo prefiero no hacerlo. - contestó convencido. Apenas tenemos poco más de cinco meses casados no quiero separarme de ti.
Un ruido los hizo voltear a la puerta.
— ¿Qué hace aquí señor Héctor? - el mayordomo le llamó la atención.
— Solo venía por un poco de agua, fue lo que se le ocurrió decir improvisadamente.
— El agua está en la cocina, este es el estudio del señor.
><><><><><><><><><><><><><><><