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MI ESTUPIDO NIÑERO

MI ESTUPIDO NIÑERO

Status: Terminada
Genre:Romance / Niñero / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa




Mariana De Santis es la única heredera de una familia adinerada, acostumbrada a tener todo lo que desea al instante. Con diecisiete años, está convencida de que puede valerse por sí misma, pero sus padres la ven aún como una niña indefensa.

Cuando deben viajar a Estados Unidos por negocios, ella sueña con quedarse sola y disfrutar de libertad… hasta que le anuncian que quien la cuidará será Valentino Vivaldi, hijo de sus mejores amigos y socios. Mariana se enfurece y decide hacerle la vida imposible desde el primer día: se escapa, cambia horarios, inventa excusas y lo desafía en todo.

Sin embargo, entre discusiones y encuentros inesperados, la hostilidad se transforma lentamente en un amor profundo y recíproco.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 22

Mariana abrió los ojos lentamente, sintiendo que la cabeza le daba vueltas. La primera cosa que notó fue la oscuridad: solo una luz tenue entraba por una ventana pequeña, alta y protegida con barrotes. Se incorporó despacio, temblando. Estaba en una habitación pequeña, con paredes de piedra, una puerta gruesa y solo una cama estrecha. No reconocía ese lugar. No tenía idea de dónde estaba.

Se llevó una mano al pecho, con el corazón latiéndole desbocado. Intentó buscar su teléfono en el bolso, pero no estaba. Estaba completamente sola.

—¿Hola? —llamó con voz temblorosa—. ¿Hay alguien ahí?

Solo el silencio le respondió. Se abrazó a sí misma, sintiendo cómo el pánico empezaba a apoderarse de ella. Tengo que salir de aquí, pensó. Tengo que encontrar la forma de volver a casa. Valentino debe estar buscándome. No se rendirá.

De pronto, la puerta se abrió. Y ahí estaba él. Diego entró con calma, como si fuera el dueño de ese lugar y de todo lo que había en él. Cerró la puerta tras de sí con un clic que sonó definitivo.

—Despertaste —dijo él, acercándose despacio—. Espero que hayas descansado. Tienes un largo camino por delante.

Mariana retrocedió hasta que su espalda tocó la pared.

—¿Dónde estoy? ¿Por qué me trajiste aquí? ¡Déjame irme ahora mismo!

Diego sonrió, pero no había calidez en esa sonrisa. Se detuvo a unos pasos de ella y la miró como si inspeccionara algo que ya era suyo.

—Déjame explicarte algo claramente, Mariana. No te voy a dejar ir. No esta noche, no mañana… no en mucho tiempo. Ahora me perteneces.

—¿Qué dices? —susurró ella, sintiendo que las piernas le fallaban—. No soy de nadie. Nadie me pertenece. Tienes que dejarme volver a casa. Mi gente me está buscando. No se quedarán con los brazos cruzados.

—Que busquen —dijo él con indiferencia—. No encontrarán este lugar. Es mío, es seguro, y ahora también es tuyo. Aquí nadie te dirá qué hacer. Aquí nadie te controlará. Solo estarás conmigo. Y con el tiempo, me lo agradecerás. Aprenderás a querer este lugar. Y a quererme a mí.

—Nunca —respondió ella, con voz quebrada pero firme—. Nunca te voy a querer. No puedes obligarme a estar aquí. Esto es un secuestro. Es un delito.

—Llámalo como quieras —dijo él, acercándose un poco más—. Yo lo llamo darte lo que realmente necesitas. Un refugio. Alguien que te valore por encima de todo. No te asustes. No te haré daño… mientras entiendas cuál es tu lugar ahora.

El terror la recorrió por completo. Se sintió pequeña, acorralada, sin ninguna vía de escape. No había nadie que pudiera ayudarla. Nadie que pudiera escucharla. Y lo peor de todo era que él lo decía con tanta seguridad, como si fuera algo que no podía cambiarse.

—Por favor… —murmuró ella, con lágrimas que finalmente empezaron a caer por sus mejillas—. Por favor, déjame ir. Solo quiero volver a casa.

Diego la miró a los ojos y negó lentamente con la cabeza.

—Esa vida ya no existe para ti, Mariana. Esta es tu realidad ahora. Y más te vale empezar a aceptarla cuanto antes. Nos veremos mañana. Descansa.

Salió y cerró la puerta con llave. El sonido de la cerradura fue como el fin de su libertad. Mariana se dejó caer en el suelo, abrazando sus rodillas, y lloró en silencio, sin saber si alguien vendría por ella antes de que fuera demasiado tarde.

Mariana corrió hacia la puerta y tiró del picaporte con todas sus fuerzas, pero no se movió. Golpeó con los puños, desesperada.

—¡Déjame salir! —gritó con la voz rota—. ¡Por favor, alguien, ayúdame!

Se dejó resbalar hasta el suelo, temblando. Y en medio de la oscuridad, una sola imagen vino a su mente: Valentino. Su voz suave diciéndole que no la dejaría sola. Su promesa de que siempre estaría ahí si lo necesitaba.

—Valentino… —susurró entre lágrimas—. Por favor, encuéntrame. No sé si puedo sola.

Se abrazó a sí misma, intentando aferrarse a esa esperanza como a una luz en la oscuridad.

 

1
Tere Jimenez
empieza muy interesante gracias
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