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Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Me Casé Con El Príncipe Maldito Para Escapar Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor en la guerra / Bestia / Romance
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darcalie

Faltaban veintitrés días para mi boda cuando descubrí que el príncipe Cassiel planeaba matarme después de convertirse en emperador.

Esa misma noche, mi padre apareció muerto.

Solo tenía una forma de escapar de mi prometido: casarme con su hermano mayor.

Killian, el príncipe maldito que todo el Imperio temía.

Creí que estaba eligiendo al menor de dos monstruos.

Hasta que llegué al Norte y miles de soldados se arrodillaron ante mi esposo.

—Bienvenido a casa, mi rey.

Entonces se arrodillaron ante mí.

—Bienvenida, mi reina.

NovelToon tiene autorización de Darcalie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: Si cruzan la frontera... Morirán.

La guerra no comenzó con una espada.

Comenzó con una campana.

Me desperté antes del amanecer cuando el sonido atravesó todo el Norte y se extendió por las montañas. No era la campana que había anunciado nuestra llegada ni la que marcaba los cambios de guardia.

Esta sonaba diferente.

Más grave.

Más urgente.

Me incorporé y descubrí inmediatamente que Morvath no estaba frente a mi puerta.

Eso ya era suficiente para preocuparme.

Cuando abrí, encontré soldados corriendo por el corredor.

—¿Qué ocurrió?

Uno de ellos se detuvo.

—La frontera, mi reina.

Sentí que el estómago se contraía.

—¿Cruzaron?

El soldado no necesitó responder.

Eché a correr.

Encontré a Killian en la sala de guerra.

Llevaba la armadura negra que había visto utilizar a sus hombres, pero la suya tenía grabados plateados alrededor del pecho y los hombros. Una gruesa capa oscura descansaba sobre su espalda.

Ronan estaba inclinado sobre el mapa.

—Entraron por el paso de Harken hace aproximadamente una hora —informó—. Ochocientos hombres.

—¿Solo ochocientos? —pregunté desde la puerta.

Todos se volvieron.

Killian frunció el ceño.

—Deberías estar preparándote.

—¿Para qué?

—Para abandonar Draeven.

Lo miré.

—No.

—Alamea.

—Ni siquiera lo intente.

Entré y me acerqué al mapa.

Había pequeñas figuras doradas distribuidas al sur de la frontera.

—Cassiel tenía seis mil soldados.

Ronan señaló diferentes posiciones.

—Dividió el ejército. Ochocientos cruzaron. El resto permanece atrás.

—Está probándonos —dije.

Killian me miró.

—Exactamente.

Cassiel no quería iniciar una guerra abierta.

Todavía.

Quería obligar a Killian a atacar primero para después tener la excusa perfecta para justificar su invasión al Norte.

—Si los mata —comprendí—, Cassiel dirá que el Norte atacó al ejército imperial.

—Y tendrá una excusa para enviar al resto.

—¿Entonces qué hacemos?

Killian tomó su espada.

—Recordarle dónde termina su autoridad.

Nunca había visto prepararse un ejército para la batalla. Había presenciado desfiles militares en Veridian, hombres con armaduras impecables marchando frente a nobles mientras los niños agitaban pequeños estandartes, pero aquello no se parecía en nada.

En Draeven nadie sonreía. Los soldados comprobaban armas, ajustaban armaduras y distribuían provisiones sin música ni ceremonias, moviéndose con la eficiencia pura y sobria de quien ha repetido el proceso demasiadas veces. Entonces, Killian descendió las escaleras hacia el patio y algo cambió en el ambiente: uno a uno, los hombres comenzaron a detenerse.

—¡El Rey!

Cuando una voz atravesó la explanada, los soldados golpearon sus puños contra el pecho al unísono. En medio del movimiento, Killian montó su caballo justo al tiempo que Morvath aparecía sobre una de las murallas; el lobo saltó y el impacto de su aterrizaje en el patio provocó varias exclamaciones entre los presentes.

—Quiero ir —dije.

Killian me miró desde su caballo.

—No.

—Es mi primera guerra civil.

—Precisamente por eso no debes ir.

—Cassiel está haciendo esto por mí.

—Cassiel está haciendo esto por su orgullo.

—Entonces quiero verlo fracasar personalmente.

Ronan carraspeó para ocultar una risa.

Killian lo ignoró.

—Alamea, si algo ocurre...

—¿Me esconderá cada vez que Cassiel haga algo peligroso?

—Si es necesario.

—Entonces voy a pasar los próximos cuarenta años encerrada.

Killian me observó.

—¿Cuarenta?

Comprendí demasiado tarde lo que había dicho.

—Era una cifra aleatoria.

Una sonrisa apareció en sus labios.

—¿Quieres que vivamos cuarenta años más juntos?.

—No cambie de tema.

Killian suspiró.

—Permanecerás detrás de la segunda línea.

Sonreí.

—De acuerdo.

—Con diez guardias.

—Cinco.

—Doce.

—Eso ni siquiera tiene sentido.

—Quince.

—¡Diez!

—Aceptado.

Lo odiaba.

El paso de Harken era una estrecha garganta entre dos montañas. Cuando llegamos, los soldados imperiales ya habían levantado un pequeño campamento al otro lado del río que marcaba la frontera histórica del Norte, excepto que ahora algunos habían cruzado y se encontraban de nuestro lado.

Killian detuvo su caballo sobre una elevación, escoltado por casi dos mil norteños. Comprendí en ese instante por qué no había necesitado traer a cinco mil hombres: al observar la posición estratégica de sus tropas; arqueros apostados sobre las montañas, soldados ocultos entre los árboles y jinetes bloqueando el camino, me di cuenta de que Cassiel había enviado a sus ochocientos hombres directo a una trampa mortal.

—¿Va a atacarlos?

—No.

Killian descendió hacia el río acompañado únicamente por Ronan y varios soldados.

Naturalmente, lo seguí.

—Dije segunda línea.

—Esta es mi interpretación.

Me lanzó una mirada.

—No volverás a negociar conmigo.

—Eso también lo dijo durante nuestra boda.

Un comandante imperial salió a nuestro encuentro.

—Príncipe Killian.

—General —respondió Killian, completando un saludo tras el cual el hombre desvió la mirada hacia Morvath, que en ese momento caminaba en silencio junto a mi caballo—. Tiene órdenes inmediatas de retirarse.

—Estamos en territorio imperial.

—Están en el Norte.

—El Norte es territorio imperial.

Killian señaló el río.

—Regrese al otro lado.

—Mis órdenes provienen del heredero.

—Las mías provienen de mí.

El general apretó la mandíbula.

—El príncipe Cassiel exige la entrega inmediata de Lady Alamea Aster.

Otra vez.

Entrega.

Como si fuera un objeto.

Avancé con mi caballo.

—Lady Alamea está aquí.

El general pareció incómodo.

—Mi lady.

—Dígale a Cassiel que he rechazado su orden.

—No puedo regresar sin usted.

—Entonces tendrá un viaje bastante complicado, General.

Killian me miró de reojo.

—Alamea.

—¿Qué? Estoy siendo diplomática.

El general levantó la voz.

—Tenemos autoridad para escoltarla por la fuerza.

Morvath emitió un gruñido que hizo retroceder a todos los caballos imperiales; ante la escena, el hombre palideció de inmediato y la expresión de Killian dejó de parecer divertida.

—Inténtalo.

El silencio se volvió absoluto mientras el general alzaba la mirada hacia las montañas, descubriendo finalmente la presencia de los arqueros.

—¿Está dispuesto a matar soldados imperiales por una mujer?

Killian respondió sin vacilar.

—Estoy dispuesto a defender a cualquier persona que se encuentre bajo la protección del Norte.

Entonces me miró.

—Pero ella no es cualquier persona.

Sentí un calor absurdo en el pecho, consciente de que era un muy mal momento para ello, justo antes de que Killian volviera a centrar su atención en el general.

—Es mi esposa.

Morvath avanzó hasta situarse entre nosotros y el ejército imperial.

—Tienen una hora para regresar al otro lado del río.

—¿Y si nos negamos?

Killian observó las montañas y alzó la mano, haciendo que cientos de arqueros aparecieran simultáneamente sobre las posiciones elevadas y provocando que el general perdiera el color por completo.

—En cincuenta y nueve minutos lo descubrirás.

Tardaron veintisiete minutos en retirarse mientras observábamos cómo el último soldado imperial cruzaba el río. Nadie murió ni llegó a desenvainar una espada, pero mientras emprendíamos el regreso hacia Draeven comprendí que aquello no significaba haber evitado la guerra, sino únicamente haberla pospuesto; al frente, Killian cabalgaba en absoluto silencio.

—¿Qué hará Cassiel ahora?

—Enfadarse, probablemente hará un berrinche por esto.

—Eso ya lo hace bastante bien.

—Después intentará conseguir autorización de mi padre.

—¿Y si la consigue?

Killian me miró.

—Entonces tendremos una guerra.

Aquella noche llegó la respuesta, no desde la frontera, sino desde Veridian: un halcón imperial aterrizó en Draeven poco después de medianoche y, apenas unos momentos después, Ronan irrumpió en el salón mientras cenábamos.

—Killian.

Algo en su expresión hizo que mi esposo se levantara.

—¿Qué ocurrió?

Ronan colocó sobre la mesa una carta cuyo sello negro presagiaba malas noticias; Killian, sin embargo, no la abrió de inmediato.

—¿Qué significa? —pregunté.

—Luto imperial.

Sentí un escalofrío mientras Killian rompía el sello y leía en silencio. No mostró dolor ni sorpresa; simplemente permaneció allí, inmóvil, durante varios segundos.

—Mi padre murió esta noche.

Cerré los ojos.

El emperador había muerto.

Eso significaba...

—Cassiel.

Killian asintió.

—Será coronado en siete días.

Emperador Cassiel.

Antes de que pudiera procesarlo, Ronan colocó una segunda carta sobre la mesa.

—Llegaron juntas.

Killian abrió aquella también.

Su expresión se endureció.

—¿Qué dice?

Me entregó el documento.

Esta vez no era una amenaza personal.

Era peor.

«Por decreto de la Corona, Killian Valtheris deberá presentarse en Veridian para responder por insurrección, apropiación ilegal de territorios imperiales y desacato a la autoridad del futuro soberano.»

Seguí leyendo.

«El Norte dispondrá de siete días para entregar las armas y reconocer al nuevo emperador.»

Debajo aparecía una última orden.

«Alamea Aster será puesta bajo custodia imperial hasta que su matrimonio sea anulado.»

Levanté la mirada.

—Todavía ni siquiera ha sido coronado.

—No necesita la corona para comenzar a comportarse como un idiota —respondió Killian.

Ronan no sonrió.

—Hay algo más.

Killian lo miró.

—Nuestros exploradores informan movimiento en toda la frontera.

—¿Cuántos?

—No seis mil.

Ronan respiró profundamente.

—Treinta mil.

La habitación quedó en un silencio absoluto tras la revelación: treinta mil soldados. Aquello ya no era una mera presión política; Cassiel estaba preparando una invasión en toda regla.

—¿Qué hacemos? —pregunté.

Killian caminó hacia la ventana, contemplando cómo Draeven dormía afuera bajo la nieve: su hogar, el hogar de mi madre y mi hogar también, aunque apenas comenzara a comprenderlo. Tras permanecer en silencio durante unos segundos, se volvió finalmente hacia Ronan.

—Convoca a todos los señores del Norte.

—¿A todos?

—Todos.

Ronan comprendió inmediatamente.

—¿Para cuándo?

—Mañana.

—Killian —murmuré.

Él me miró.

—Cassiel quiere que el Norte reconozca a su emperador.

Su expresión cambió por completo: ya no estaba viendo al príncipe desterrado con quien me había casado, sino al hombre ante quien miles de soldados se habían arrodillado.

—Entonces tendrá su respuesta.

A la mañana siguiente, las campanas de guerra sonaron en todas las fortalezas del Norte y, por primera vez en trescientos años, los grandes señores norteños fueron convocados para responder una sola pregunta: no si obedecerían al nuevo emperador, sino si estaban dispuestos a coronar a su propio rey.

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Maria Arias
hay que bueno jajajsj 🤭
Maria Arias
hay me morí con estos par de locos
Maria Arias
hay Dios esto está es bueno. tiene mucho suspenso
Maria Arias
que desgraciado
Flæka Caviedez
Mucha demora para un capítulo. así no aguanta leer
Mayelin Cepero Valdes
x favor actualizar rápido
inuyasha/ Tomoe🦊
más capítulos plis no dejes de escribir lo espero con ansias 🫠
Maria Liendo
más capitulos por favor 😁 está muy buena la novela sigue así
Arely Castañeda
maldito Cassiel como que apropiación ilegal si ella es la heredera
Darcalie: LO ODIO CON TODO MI CORAZÓN 😭
total 1 replies
Iliana Curiel
oh dios mío autora me encanta tu novela no puedo esperar a leer más capítulos soy tu fan ❤️❤️❤️❤️
Iliana Curiel
autora estoy fascinada con tu novela me encanta, no tengo palabras estoy ansiosa por más capítulos
gracias me dejas sin palabras, hermosa y misteriosa historia ❤️❤️❤️🥰🥰🥰
Georgetth Rosemary
Más capitulos
Dulce
Nooo, que feooo /Sob/
Georgetth Rosemary
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