«Él la celaba como si fuera suya . Ella se cansó del cuento . Ahora la mafia entera hace fila... y al italiano le va a costar el imperio .»
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3
—Señor, llegó.
La voz de Enzo, uno de los gorilas de seguridad que Luciano tiene apostados en la entrada principal del palacio, interrumpe el momento de gloria del heredero . Luciano se congela con el vaso de cristal a medio camino de la boca. La rubia espectacular que estaba prácticamente derretida sobre su hombro parpadea, confundida por el repentino cambio de temperatura del hombre a su lado.
—Perfecto —dice Luciano, y su voz baja tres octavas, adoptando ese tono frío de jefe de la mafia que suele usar para ordenar ejecuciones o firmar contratos millonarios—. Vigílala. Que no le pase nada. Que nadie se le acerque de más.
El guardia trago saliva. Se le nota en la manzana de Adán que lo que va a decir a continuación podría costarle el puesto, o un diente.
—Este... mmm, señor... No viene sola.
¡Y aquí vamos, señores y señoras! Agárrense de sus asientos porque se viene el verdadero espectáculo de la noche. A ver, díganme una cosa: ¿saben lo que es tener un novio tóxico, posesivo y mortalmente celoso? Pues Tessa sí lo sabe perfectamente. Bueno, hay un pequeñísimo e insignificante detalle técnico en todo esto: ¡Luciano ni siquiera es su novio! ¡Ni cerca!
Luciano y Marcelo son sus amigos de la infancia. Crecieron juntos en las fincas de Sicilia antes de que el dinero y la sangre cambiaran las reglas del juego. Pero Luciano... bueno, ustedes lean lo que sigue y juzguen por sí mismos la salud mental de este espécimen.
Luciano se puso de pie , apartando a la modelo como si fuera un mosquito molesto. Los ojos oscuros que hace cinco minutos aflojaban piernas ahora mismo parecen listos para lanzar rayos láser y calcinar el palacio entero.
—¿Cómo que no viene sola? —bramo Luciano, ajustándose el saco con una violencia contenida—. ¿Quién carajos está con ella?
Marcelo, que conoce a su amigo mejor que nadie, deja su trago en la mesa y se puso de pie de inmediato, levantando las manos en son de paz. Conoce esa mirada. Es la mirada de "voy a matar a alguien y tendré que esconder el cuerpo".
—Luciano, piensa bien las cosas antes de bajar —advierte Marcelo, tratando de sonar como la voz de la razón, aunque la ironía le chorree por los poros—. Es una fiesta pública. Ella tiene derecho. ¿Quién carajos crees que eres para prohibirle que traiga a alguien a un evento así?
—Soy Luciano Marchesi, por si lo habías olvidado .
—Ella es soltera —continúa Marcelo, picando la cresta del león porque, seamos honestos, a Marcelo le encanta el drama tanto como a mí—. Y es guapa. Absurdamente guapa. Y, por lo tanto, tiene todo el maldito derecho del mundo de divertirse, follar y pasarla al máximo esta noche.
¡Oh, no! No, no, no. Marcelo la cagó. Metió la pata hasta el fondo .
Luciano giro hacia él y, si las miradas mataran, Marcelo ya estaría enterrado . La mandíbula de Luciano está tan apretada que temo que se le rompa un diente .
—Pues mientras yo no lo apruebe, ella no sale con nadie. Y punto —sentencio el heredero, saliendo del reservado como un torbellino de testosterona y peligro, dejando a Marcelo suspirando y siguiéndole los pasos.
Mientras estos dos idiotas bajan las escaleras listos para armar la tercera guerra mundial, hablemos de la manzana de la discordia.
Tessa se encontraba justo en medio del salón principal, bajo la enorme lámpara de cristal de Murano, y efectivamente, no estaba sola. Venía acompañada por un modelo que... ¡pero por el amor de Dios, qué espécimen! Qué pedazo de hombre. Si me preguntan a mí, que soy solo la vocecita de su cabeza, a esa boquita sí me la como yo entera, con todo y ropa.
Pero volvamos a Tessa, porque ella es el verdadero centro del universo esta noche. Luce exactamente como un ángel. Bueno, en realidad lo es, a la pobre criatura solo le faltan las alas para regresar al cielo. Tiene una dulce voz que calma tormentas, una carita tierna de esas que te dan ganas de proteger del mundo entero, y un cabello oscuro, rizado y larguísimo que le cae en cascadas perfectas hasta donde termina la espalda. Sus ojos son de un color café claro, casi avellana, que brillan con una inocencia que contrasta peligrosamente con el lugar donde está parada. Es chiquita, sí, de estatura menuda, pero tiene un cuerpo de tentación absoluta. Una silueta con curvas tan perfectas que ya varios hombres han querido tener entre sus manos, aunque ninguno ha tenido el valor de intentarlo por miedo a terminar flotando en el río .
Peroooo... bueno, hay un gran "pero" en la historia de este ángel, algo que ustedes sabrán más adelante, porque yo no suelto todos los chismes de un solo golpe.
Tessa le sonrío a su acompañante, ajena al hecho de que, desde lo alto de la escalinata, Luciano la observa con los puños cerrados dentro de los bolsillos del pantalón. El modelo, un tipo alto de ojos claros que claramente no sabe con quién se está metiendo, le coloco una mano en la parte baja de la espalda para guiarla hacia la barra.
Grave error. Gravísimo error de cálculo.
Vi el momento exacto en que a Luciano se le saltó una vena en la frente. Caminó a través de la multitud como si los invitados fueran fantasmas, abriéndose paso con una presencia tan imponente que la gente se apartaba por puro instinto de supervivencia. Marcelo iba dos pasos atrás, con una mano metida en el saco, no porque fuera a sacar un arma, sino para estar listo por si tenía que taclear a su mejor amigo antes de que iniciara una masacre en cadena .
Tessa giro al sentir la densa energía que se aproxima y sus ojos se encontraron con los de Luciano. En lugar de asustarse, una sonrisa tierna se dibujo en su rostro. Ella lo conoce. Sabe exactamente qué botones apretar.
—Luciano... —dijo ella con esa voz dulce que al infeliz de Marchesi siempre le desarma el cerebro—. . Te presento a...
—El caballero ya se va —dijo Luciano, plantándose frente al modelo con una diferencia de estatura que usa a su favor, invadiendo su espacio personal de una manera tan descarada que el aire alrededor se vuelve de hielo.
El modelo parpadeo, mirando a Tessa y luego a Luciano, confundido pero empezando a captar que el tipo tiene cara de controlar los cementerios de la ciudad.
—¿Disculpa? —dijo con curiosidad el acompañante, intentando mantener la dignidad.
—No te disculpo —responde Luciano con una sonrisa falsa y peligrosa—. Te estoy haciendo un favor. Vete. Ahora. Antes de que decida que tu cara no combina con el decorado .