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BUSCA MI FELICIDAD

BUSCA MI FELICIDAD

Status: En proceso
Genre:ABO
Popularitas:616
Nilai: 5
nombre de autor: Tumiult

Paulo Withmore aprendió muy joven que el amor hay que ganárselo con silencio, con trabajo, con nunca pedir de más.
Siendo muy joven se casó con su mejor amigo de toda la vida, convencido de que por fin había encontrado un hogar propio.
Pero algunas promesas se rompen en silencio y duelen tanto que sientes morir.
Esta es la historia de todo lo que alguien tuvo que perder para finalmente encontrarse a sí mismo y su felicidad.

NovelToon tiene autorización de Tumiult para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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Poco antes de que Lucas cumpliera seis años, Paulo empezó a sentir esa fatiga particular que ya reconocía de la primera vez, ese cansancio que no se explicaba del todo con las horas de sueño ni con la carga de trabajo, mezclado con una sensibilidad repentina a olores que normalmente ni registraba. Fue directo a la clínica esa misma semana, sin decirle nada a Henry todavía, queriendo estar seguro antes de generar ninguna expectativa.

La confirmación llegó un martes por la mañana, con la misma doctora de siempre sonriéndole desde el otro lado del escritorio.

—Felicidades, Paulo. Vas a tener otro bebé.

Salió de la clínica con el papel doblado en el bolsillo y una sonrisa que no lograba controlar, caminando de vuelta al taller con esa liviandad particular de las buenas noticias recién confirmadas, pensando ya en cómo dárselo a conocer a Henry, que llevaba esa semana entera de viaje y volvía justo esa tarde.

...***************...

Quería que fuera especial esta vez, distinto a la simplicidad directa con la que le había dado la noticia de Lucas. Pasó buena parte del día pensando en cómo hacerlo, descartando ideas una tras otra; pensó en una cena elaborada, algún regalo simbólico envuelto con cuidado, hasta que se le ocurrió algo que le pareció, de inmediato, exactamente lo correcto, sorprenderlo en su propia oficina, sabía que Henry iría directamente ahí después de aterrizar, debía llegar antes de que la rutina normal del día les robara la oportunidad de vivir ese momento con la intensidad que merecía, compraría una caja de revelación y se la daría a Henry en su oficina, ya lo había decidido.

Salió del taller más temprano de lo habitual, con el permiso comprensivo de Octavio, que no le preguntó demasiado más allá de una sonrisa cómplice cuando Paulo le explicó, a medias, que tenía algo importante que resolver.

—Ve, ve. Aquí nos las arreglamos.

Compró la cajita de revelación y un ramo pequeño de camino, no muy elaborado, solo unas flores blancas que le parecieron apropiadas para la ocasión, y condujo hacia el centro financiero de la ciudad, donde la firma de Henry ocupaba todo un edificio de cristal que Paulo conocía de nombre pero rara vez había visitado, dado que Henry prefería, casi siempre, mantener separado el trabajo de la vida en casa.

El edificio, por dentro, tenía ese silencio elegante de las oficinas de alta gama, con pisos de mármol pulido y recepcionistas que hablaban en susurros profesionales. Paulo se anunció en recepción, con el ramo y la caja todavía en la mano y el corazón latiéndole con una mezcla de nervios y emoción pura, esperando a que alguien lo acompañara hasta el piso donde trabajaba Henry.

—El señor Ashford está en una reunión —le informó la recepcionista, revisando algo en su pantalla—. Pero puede esperarlo en la sala de estar, si gusta. No debería tardar mucho.

Paulo asintió, agradeciendo la información, y se sentó en uno de los sillones de cuero de la sala de espera, con el ramo apoyado sobre las rodillas, repasando mentalmente cómo iba a decirlo, qué palabras exactas usaría, imaginando la expresión de Henry cuando finalmente pudiera contárselo cara a cara en vez de por teléfono como con Lucas.

Pasaron casi veinte minutos, y la ansiedad de la espera empezó a mezclarse con una impaciencia cada vez más difícil de sostener quieto en el sillón. Finalmente, cansado de esperar y con las flores empezando a marchitarse ligeramente por el calor del edificio, Paulo se puso de pie y le preguntó a un asistente que pasaba cerca si podía indicarle dónde quedaba exactamente la oficina de Henry, decidido a esperarlo ahí en vez de en la recepción.

—Al fondo del pasillo, la puerta con su nombre. Pero está en reunión, señor.

—Solo voy a esperar ahí adentro, no hay problema.

Caminó por el pasillo silencioso, con la moqueta absorbiendo el sonido de sus propios pasos, sintiendo esa mezcla de nervios y felicidad instalada firme en el pecho, sin ninguna sospecha real de lo que estaba a punto de encontrar del otro lado de esa puerta con el nombre de Henry grabado en una placa dorada.

Se detuvo frente a la puerta, respirando hondo una última vez, con la sonrisa ya lista, el ramo apretado contra el pecho, y la mano extendida hacia la manija.

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