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Noventa Días Para Equivocarme

Noventa Días Para Equivocarme

Status: En proceso
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amor eterno
Popularitas:8.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

El frío de la oficina era lo único que conocía. Durante diez años, mi vida se resumió en trabajo, números y ambición. Para el mundo era la ejecutiva perfecta; para mi familia, solo una tarjeta de crédito. Nadie me quería de verdad, y jamás me detuve a buscar el amor. Hasta que el médico me entregó ese sobre blanco. Una sola palabra lo cambió todo: terminal. Tres meses. Noventa días de vida. Al salir a la calle, el mundo siguió girando sin mí. Pensé en llamar a mi madre, pero supe que solo me pediría dinero. Entendí que si moría mañana, nadie me lloraría de corazón. Había levantado un imperio millonario, pero jamás me había permitido vivir. Con la muerte enfrente, el miedo desapareció por completo. Si me quedaban solo tres meses, rompería cada una de las reglas que me mantuvieron cautiva toda mi vida. Caminé directo al edificio de enfrente y subí al último piso sin pedir permiso. Entré decidida al despacho de mi mayor rival en los negocios, el único hombre capaz de sacarme de quicio y el que jamás pensaría en elegir. Él levantó la vista sorprendido, luciendo esa sonrisa arrogante de siempre. Lo miré fijamente a los ojos, sintiendo por primera vez una libertad absoluta, lista para vivir aunque sea una farsa.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XIV La junta directiva

Punto de vista de Victoria

Apenas habíamos terminado el plato principal cuando el teléfono de Sebastián comenzó a vibrar insistentemente sobre la mesa. Él lo miró con la intención inicial de ignorarlo, pero al ver el identificador en la pantalla, entrecerró los ojos y arqueó una ceja.

—Es Aurelio Castañeda —dijo, levantando la vista hacia mí con una sombra de sospecha en la mirada—. No suele llamar a mi celular personal a esta hora.

—Responde —dije, tratando de mantener la voz neutral mientras un leve punzando en el estómago me recordaba la fragilidad de mi tregua con el dolor—. Es probable que las fotos ya hayan llegado a su escritorio.

Sebastián deslizó el dedo por la pantalla y se llevó el teléfono a la oreja.

—Don Aurelio, buenas tardes... —escuchó en silencio durante un par de segundos. A medida que la voz al otro lado de la línea avanzaba, el rostro de Sebastián se fue endureciendo. Su mandíbula se apretó con esa rigidez peligrosa que solo mostraba cuando alguien intentaba jugarle sucio en los negocios—. Entiendo. Pero le sugiero que no tome decisiones precipitadas basadas en chismes de pasillo. Victoria y yo estamos almorzando en este momento y le aseguro que la integridad de la alianza sigue intacta. Le enviaré el documento firmado antes de las cinco. Buenas tardes.

Colgó sin esperar respuesta y dejó el teléfono sobre la mesa con una fuerza contenida.

—Tu madre y tu hermana están reunidas con el consejo de administración de tu empresa —comentó en un murmullo bajo y helado—. Selene no solo vendió las fotografías a los medios; llamó personalmente a los accionistas principales diciendo que estás sufriendo un colapso emocional y que estás entregando la firma a Alarcón Corp a cambio de favores personales. Quieren convocar una junta extraordinaria para removerte del cargo esta misma tarde.

Escuchar sus palabras debería haber sido un golpe devastador. Hace apenas una semana, la sola idea de perder el control de la compañía me habría paralizado el corazón de terror. Pero hoy, frente a Sebastián y sabiendo que mi reloj imaginario marcaba noventa días, la maniobra de mi familia me pareció absurdamente patética.

Dejé caer la servilleta sobre la mesa y sonreí con una amargura tranquila.

—Mi madre no sabe leer un balance financiero sin la ayuda de un contador y Selene no sabría dirigir una reunión ni aunque su vida dependiera de ello —dije con una serenidad que pareció tomar por sorpresa a Sebastián—. Que convoquen la junta que quieran.

—No voy a permitir que te quiten lo que construiste por una trampa de mala fe, Victoria —intervino él, inclinándose hacia mí con una determinación feroz en la mirada—. Si esa junta se celebra hoy, voy a presentarme yo mismo como tu socio corporativo. Vamos a validar el contrato de fusión antes de que puedan mover una sola ficha.

Lo miré fijamente, sintiendo cómo el corazón me daba un vuelco no por miedo a perder la empresa, sino por la forma en que él asumía mi defensa con una lealtad que jamás le vi a nadie en mi propia sangre.

—Sebastián, no necesitas hacer esto —murmuré, buscando la frialdad en mi voz, aunque el calor de su mirada desarmaba cada una de mis defensas.

—Acepté el trato, Valenzuela —respondió, poniéndose de pie y rodeando la mesa para ofrecerme la mano—. En tu contrato dijiste que no querías explicaciones ni sentimentalismos, pero la lealtad es parte de mis negocios. Nadie te va a quitar tu lugar mientras yo esté a tu lado.

Tomé su mano. Su agarre firme y cálido me transmitió una fuerza que no provenía de mi orgullo ni de mi apellido, sino de la certeza de que, por primera vez en mi vida, no estaba peleando sola. Salimos del restaurante listos para enfrentar la tormenta que Selene había desatado, decididos a demostrar que ni las mentiras de mi familia ni los ataques de la prensa podrían derribar la alianza que acabábamos de sellar.

Punto de vista de Selene

Había logrado poner a la junta directiva en contra de mi querida hermana. La muy idiota pensó que se quedaría con Sebastián sin que nada pasara, pero estaba muy equivocada. Yo sabía perfectamente que lo que ella más amaba en este mundo era su preciosa empresa, y por eso mismo le daría justo donde más le dolía.

Habían pasado apenas treinta minutos desde que inició la reunión extraordinaria con los directivos cuando la puerta doble de la sala se abrió de par en par. La rabia me revolvió el estómago de golpe: Victoria entró despacio, erguida como una reina e imponente, sujetada firmemente del brazo de Sebastián.

—Buenas tardes, señores —la voz de mi hermana retumbó con una autoridad helada que congeló la habitación—. ¿Alguien me puede explicar qué hace el consejo reunido a mis espaldas?

Los ejecutivos ni siquiera se atrevieron a sostenerle la mirada. Todos le tenían un pavor absoluto a su carácter, pero yo no. Para mí, Victoria no era más que un perro que ladraba mucho pero que ya no tenía con qué morder.

—Lo que ves, hermanita —intervine, poniéndome de pie y apoyando las manos sobre la mesa con una sonrisa triunfante—. Convoqué al consejo para discutir tus últimos... movimientos estratégicos.

Al decir esto último, deslicé la mirada hacia Sebastián con intención, esperando ver la incomodidad o el desprecio en su rostro. Pero él ni siquiera me registró; mantenía la postura erguida al lado de mi hermana, mirando a los directivos con una frialdad peligrosa que imponía respeto en toda la sala.

—Ya veo —respondió Victoria sin perder un solo milímetro de compostura—. Solo te recuerdo, Selene, que para convocar a una junta extraordinaria primero debes contar con mi autorización. Sin embargo, ya que están todos reunidos, aprovecho para informarles formalmente que la alianza corporativa con las empresas del señor Alarcón es un hecho indiscutible. Mañana a primera hora firmaremos la adjudicación del proyecto Onetto.

Hizo una pausa calculada, recorriendo la mesa con una mirada afilada que dejó mudos a todos los presentes.

—Y la próxima vez que intentes destituirme, te aconsejo que investigues mejor mis movimientos... y que asegures tener los votos necesarios antes de hacer un ridículo de este tamaño.

Victoria entrelazó sus dedos con los de Sebastián y, sin darle tiempo a nadie de rebatir una sola palabra, dio media vuelta. Salieron juntos de la sala de juntas pisando con fuerza, luciendo invencibles, como si el mundo entero les perteneciera.

Giré hacia los directivos, pero todos bajaron la cabeza, cobardes y desarmados. Un ardor rabioso me quemó el estómago. Estaba completamente fuera de mí, pero esto no se iba a quedar así. Si no podía quitarle la empresa, le quitaría lo único que la mantenía en pie. Iba a destruirla aunque fuera lo último que hiciera.

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Maru
Peligro ☣️⚡ d 😳😱
Maru
😱😳 Catalina/ Verónica como sea debe haber alguien que sabe el secreto; no obstante, el fraticidio cometido por esa 🐍 víbora pudo ser la causa del suicidio de padre de Victoria
Liliana Torres
🐀🐀🐀
Johann
👏👏👏❤️❤️❤️💖
Johann
😯😯😯👏👏👏
Johann
👏👏👏👏
Johann
😯😯😯😯
Johann
👏👏👏❤️❤️❤️
Johann
👏👏👏👏
Johann
😢😢😢
Johann
😯😯😯
Johann
😢😢
Johann
🥺🥺🥺🥺
Johann
🥺🥺🥺
Celeste Salinas
Victoria tiene que arreglar las cosas como hacemos todas nosotras.. cruzarse con la mejor ropa interior que tenemos.. conseguimos el perdón 🤭🤭😂🥰
Celeste Salinas
jaja
Alexandra Ortiz Posada
Ahí están los resultados de no hablar con la verdad a Sebastián que la quería ayudar
Johann
😭😭😭😭
Johann
💖💖💖💖
alicia g
buenisima historia, felicitaciones escritora ,como nos tenes acostumbradas ,excelente
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