Descripción
La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.
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Capítulo 20 — Listo para poder amarte
Cuando terminamos de comer, nos quedamos un rato sentados en la sala. La conversación había sido tranquila, de esas que uno quisiera que no terminaran nunca.
Yo miré la hora y suspiré.
—Bueno, hermosa, ya me voy para mi apartamento.
Me levanté del sofá, pero apenas alcancé a dar un paso cuando Maidy me tomó de la mano.
—Espera.
Me volteé.
Ella se acercó y me dio un beso en los labios.
Me quedé sorprendido, pero sonreí.
—¿Eso qué fue?
Maidy bajó la mirada, un poquito nerviosa.
—No te vayas.
—¿No?
Negó con la cabeza.
—Duerme conmigo hoy.
La miré unos segundos.
—¿Estás segura?
—Sí.
Sonreí.
—Está bien.
Subimos a su habitación y cerramos la puerta. No había nada extraño en aquel momento. Solamente queríamos descansar juntos después de un día que había sido importante para los dos.
Maidy se acostó primero y yo me acomodé a su lado.
Poco después, ella apoyó la cabeza sobre mi pecho.
La rodeé con un brazo.
Pasé suavemente mi mano por su cuello y después comencé a acariciarle el cabello.
Sentí cómo se relajaba poco a poco.
—¿Estás cómoda? —pregunté.
—Mucho.
Sonreí.
—Qué bueno.
Durante unos segundos permanecimos en silencio.
Yo miraba el techo mientras pensaba en todo lo que había ocurrido durante los últimos meses.
No podía creer cuánto había cambiado mi vida.
Antes solamente pensaba en salir, tomar y olvidar.
Ahora estaba ahí, abrazando a una mujer que había llegado a mi vida sin que yo la estuviera buscando.
Una mujer que me había visto en mis peores momentos.
Una mujer que, en lugar de salir corriendo, había decidido quedarse.
—Maidy.
—¿Sí?
—Quiero decirte algo.
Ella levantó un poquito la cabeza para mirarme.
—Dime.
Respiré profundamente.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por todo.
—No tienes que agradecerme.
—Sí tengo.
Le acaricié nuevamente el cabello.
—Cuando llegaste, yo estaba completamente perdido.
Ella no dijo nada.
—Yo no sabía qué hacer con mi vida. Pensaba que lo único que podía hacer era salir, tomar y tratar de no pensar.
—Lo sé.
—Pero tú empezaste a mostrarme que podía hacer otras cosas.
—Tú decidiste cambiar.
—Sí, pero tenerte cerca me dio ganas de hacerlo.
Maidy sonrió.
—Me alegra mucho escucharte decir eso.
La miré.
—Quiero que sepas algo.
—¿Qué?
—No quiero que pienses que eres una reemplazante de nadie.
Ella bajó la mirada.
—Nunca lo he pensado.
—Domenica siempre va a ser parte de mi historia.
—Lo sé.
—Pero tú eres una persona diferente. Tú tienes tu propia historia conmigo.
Maidy sonrió suavemente.
—Eso me gusta.
—A mí también.
Le di un pequeño beso en la frente.
—Me gusta tu forma de ser.
—¿Sí?
—Sí.
—¿Qué te gusta?
—Que eres terca.
Ella soltó una risita.
—Eso no es bonito.
—A mí sí me gusta.
—¿Qué más?
—Que me regañas cuando hago bobadas.
—Porque haces muchas.
—También me gusta tu sonrisa.
Ella se quedó callada.
—Y cómo te preocupas por mí.
—Porque me importas.
—Eso es lo que más me gusta.
Nos miramos.
Sentí que el corazón me latía con fuerza.
—Maidy...
—¿Sí?
—Creo que estoy listo.
—¿Listo para qué?
Tomé su mano.
—Para poder amarte.
Sus ojos se llenaron de emoción.
—Eithan...
—Todavía tengo miedo. No te voy a mentir.
—Yo también tengo miedo.
—Pero ya no quiero dejar que el miedo decida por mí.
Maidy sonrió.
—Entonces no lo hagamos.
—Quiero construir algo contigo.
—¿De verdad?
—De verdad.
Me quedé mirándola.
—¿Quieres ser mi novia?
Maidy sonrió ampliamente.
—Sí.
—¿Sí?
—Sí, Eithan. Quiero.
La abracé con fuerza.
—Entonces ya está.
Ella se acomodó nuevamente sobre mi pecho.
—Buenas noches, novio.
Sonreí.
—Buenas noches, hermosa.
Seguí acariciándole el cabello mientras poco a poco cerrábamos los ojos.
Esa noche entendí que amar nuevamente no significaba olvidar a quien había perdido.
Significaba aceptar que mi corazón todavía podía sentir algo bonito.
Y por primera vez desde aquella tragedia que había cambiado mi vida para siempre, sentí que estaba listo.
Listo para poder amar.
Lo hicimos antes de dormir