El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.
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la verdad bajo la escarcha
Kael miró a Avelina con evidente desaprobación.
Seguía esperando que ella reconociera que había atacado a Savvana sin motivo, pero la joven no parecía dispuesta a ceder. Permanecía de pie, con los brazos cruzados y una expresión firme, mientras pequeños destellos de electricidad todavía recorrían sus dedos.
—Director, esto puede resolverse de una manera muy sencilla —dijo finalmente Lina.
El director levantó una ceja.
—¿De qué manera?
—Le daré mis recuerdos y ella dará los suyos. Si realmente la ataqué sin provocación, le pediré disculpas delante de todos los alumnos y profesores. Pero si no fue así, entonces le pido, por favor, que le diga que no vuelva a acercarse nunca más a mí ni a Luna.
Savvana dejó de llorar.
Su cuerpo comenzó a temblar.
Aquello no era lo que esperaba.
Sabía perfectamente que perdería.
Y si el director veía sus recuerdos, todos descubrirían la verdad.
—Me parece perfecto —respondió Kael—. Y espero que, en caso de ser necesario, tus disculpas sean sinceras.
—Tú cállate, Draven —intervino Lina sin siquiera mirarlo—. Ni siquiera estabas aquí. Solo mis recuerdos y los suyos.
Savvana bajó la mirada.
Sus puños se cerraron con tanta fuerza que los nudillos comenzaron a ponerse blancos.
El director sabía perfectamente quién había iniciado aquella pelea.
Poseía el raro don de la visión, una habilidad que le permitía observar acontecimientos del pasado e incluso vislumbrar fragmentos del futuro.
No necesitaba siquiera utilizar su magia para saber que algo no encajaba.
—Señor Draven —dijo con calma—, la señorita Parker está dando una excelente alternativa para resolver este conflicto.
Luego dirigió la mirada hacia Savvana.
—Sin embargo, noto que su compañera parece estar a punto de ser llevada a la horca. Así que prefiero que, antes de exponer públicamente lo ocurrido, su pareja diga la verdad.
El rostro de Savvana perdió completamente el color.
Kael finalmente la observó con atención.
Fue entonces cuando lo notó.
Sus manos temblaban.
Su respiración era irregular.
Y sus ojos evitaban encontrarse con los suyos.
—Savvana...
La joven levantó la mirada.
—Kael, yo...
Pero él ya había entrado en su mente.
No necesitó más de unos segundos.
Estoy perdida.
Esta bruja estúpida...
Debí haberla matado cuando la arrojé al lago hace un mes.
¿Qué hago?
Kael salió inmediatamente de su mente.
Retrocedió medio paso.
Su expresión había cambiado por completo.
Durante unos segundos nadie entendió qué estaba ocurriendo.
El príncipe miró a Savvana como si acabara de descubrir que la persona que tenía delante era una completa desconocida.
Finalmente, soltó un suspiro.
—Perdón, Parker.
Lina lo miró sorprendida.
—Ella no te va a pedir disculpas.
Kael apretó la mandíbula.
—Pero lo haré yo en su nombre.
Un murmullo recorrió inmediatamente el pasillo.
Savvana levantó la cabeza.
—¿Kael?
Él ni siquiera la miró.
Pero antes de que pudiera continuar, Savvana explotó.
—¿Por qué le pides disculpas? ¡Es una bruja estúpida que se cree superior a los demás! ¡Ni siquiera fue capaz de proteger a su madre, por eso la mataron!
El silencio que siguió fue absoluto.
Nadie se atrevió a respirar.
Lina quedó completamente inmóvil.
Durante un segundo, pareció que el mundo entero había dejado de existir.
Entonces...
El aire se congeló.
Las ventanas comenzaron a cubrirse de escarcha.
Una capa blanca se extendió por los vidrios en cuestión de segundos.
Los alumnos comenzaron a frotarse los brazos.
Algunos incluso pudieron ver el vapor salir de sus bocas.
La temperatura había descendido de golpe.
—Lina... —susurró Luna.
Los ojos de Avelina habían cambiado.
Ya no eran los verdes esmeralda que todos conocían.
Ahora eran de un verde oscuro, casi sobrenatural.
Una niebla comenzó a desprenderse lentamente de sus manos.
Sus dedos temblaban.
—Retira lo que dijiste.
La voz de Lina fue baja.
Demasiado baja.
Savvana retrocedió.
—Yo solamente...
—Retira lo que dijiste.
Esta vez su voz fue más firme.
El suelo comenzó a cubrirse de una fina capa de hielo.
Kael dio un paso hacia ella.
—Parker, cálmate.
Lina ni siquiera pareció escucharlo.
—Retíralo.
—Lina, mírame —pidió Luna, acercándose.
—¡Retíralo!
La magia explotó.
Un estruendo sacudió el edificio.
Los vidrios de las ventanas comenzaron a agrietarse.
El director levantó inmediatamente una mano y creó una barrera mágica alrededor de los estudiantes.
—¡Señorita Parker!
Lina respiraba con dificultad.
Sus manos estaban completamente cubiertas de electricidad.
Rayos pequeños comenzaron a saltar entre sus dedos.
—¡RETÍRALO!
El grito resonó por todo el instituto.
Los vidrios explotaron.
Cientos de fragmentos salieron despedidos por el aire.
Algunos alumnos gritaron.
El director realizó un movimiento rápido con la mano y detuvo los cristales antes de que alcanzaran a nadie.
Pero la verdadera amenaza seguía siendo Lina.
Savvana la observaba aterrorizada.
Nunca había imaginado que aquella bruja pudiera tener semejante poder.
—¡Lina! —gritó Luna.
Al darse cuenta de que su amiga estaba perdiendo completamente el control, Luna extendió ambas manos.
Las raíces surgieron del suelo.
Enredaderas gruesas comenzaron a envolver los brazos y el torso de Lina, sujetándola con firmeza.
—¡Suéltame, Luna!
—Cuando te calmes.
—¡Estoy calmada!
Luna la miró fijamente.
Y, contra toda lógica, sonrió.
—No te creo.
Lina respiró profundamente.
La electricidad continuaba recorriendo su cuerpo.
—Bien... bien. Ya me calmé.
Luna esperó unos segundos.
Finalmente, las enredaderas comenzaron a aflojarse y desaparecieron.
Lina observó a su alrededor.
El pasillo estaba destrozado.
Las ventanas habían quedado hechas añicos.
Las paredes estaban cubiertas de hielo.
Varios alumnos seguían mirándola con miedo.
Lina cerró los ojos.
Cuando volvió a abrirlos, ya eran nuevamente verdes.
—Director... lo lamento.
Extendió ambas manos.
Una suave corriente mágica recorrió el pasillo.
Los cristales comenzaron a levantarse del suelo.
Uno a uno regresaron a sus ventanas.
Las grietas desaparecieron.
El hielo se derritió.
En pocos segundos, todo volvió a la normalidad.
Pero el silencio seguía allí.
—Señorita Parker —dijo finalmente el director—, comprendo perfectamente qué fue lo que provocó semejante descontrol mágico.
Lina bajó la mirada.
—Pero siendo usted la futura heredera de la Casa Parker, debe comprender que sus actos tienen consecuencias.
Lina levantó la cabeza.
—¿Qué quiere decir?
El director respiró profundamente.
—No podrá rendir el examen final.
La expresión de Lina se transformó.
—¿Qué?
—La decisión está tomada.
Aquello era demasiado.
Ese examen era lo que le permitiría obtener su título de maestría en Pociones.
Había estudiado durante años.
Había pasado noches enteras sin dormir.
Había preparado aquel trabajo durante semanas.
Y ahora lo perdería todo.
Por una vampiresa celosa.
Por una mentira.
Por una frase sobre su madre.
Lina apretó los puños.
No dijo una sola palabra.
Miró a Luna.
Su amiga entendió inmediatamente lo que estaba pensando.
Lina se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida.
—No creo que eso sea justo, profesor.
Todos voltearon.
Luna seguía allí.
—Ella mencionó a su madre y usted la castiga por responder. Yo tampoco rendiré el examen.
—Señorita Linj... Usted está a unos pasos de obtener su diploma —le recordó el director.
Luna negó con la cabeza.
—No me importa.
Miró a Savvana.
Luego a Kael.
—No soporto las injusticias.
Y salió detrás de Lina.
El director permaneció unos segundos en silencio.
Después dirigió su mirada hacia Savvana.
La joven había dejado de llorar.
—Señorita Savvana.
Ella levantó lentamente la cabeza.
—Está expulsada del instituto.
—¿Qué?
—Llevo mucho tiempo observando su comportamiento. Hoy cruzó un límite. No solo provocó una pelea y mintió sobre lo ocurrido, sino que además utilizó una desgracia familiar para humillar a otra estudiante.
Savvana comenzó a negar con la cabeza.
—Pero...
—Tiene treinta minutos para recoger sus pertenencias y abandonar el instituto.
El director se dio la vuelta y se marchó.
Savvana quedó completamente paralizada.
Sus compañeras corrieron a ayudarla a levantarse.
Kael, en cambio, permaneció inmóvil.
Su mirada estaba clavada en ella.
Savvana lo observó con desesperación.
—Kael...
Él dio un paso hacia ella.
—No.
Una sola palabra.
Fría.
Definitiva.
Savvana comenzó a llorar.
—Déjame explicarte...
—No quiero escuchar ninguna explicación.
—Pero yo lo hice porque...
—Porque querías que creyera que ella era culpable.
Savvana guardó silencio.
Kael apretó los puños.
—Mentiste.
—Kael, yo...
—Mentiste sabiendo perfectamente que ella no había hecho nada.
Sus ojos se oscurecieron.
—Y después utilizaste a su madre para lastimarla.
Savvana comenzó a llorar con mayor intensidad.
—Solo estaba enojada...
Kael soltó una risa amarga.
—¿Enojada?
La miró como si aquella palabra le resultara repugnante.
—No. Estabas celosa.
Savvana bajó la mirada.
—Eres una insensible y una mentirosa.
Sus palabras cayeron como un golpe.
—No quiero volver a verte jamás.
Savvana levantó la cabeza.
—Kael, por favor...
Pero él ya se estaba alejando.
Ni siquiera volvió la mirada.
Y fue entonces cuando Savvana comprendió que había perdido mucho más que su lugar en aquel instituto.
Había perdido la única oportunidad que creía tener de convertirse en la mujer del futuro rey.
Todo por culpa de una bruja a la que había considerado inferior.
Una bruja que, sin saberlo todavía, acababa de convertirse en la persona que más despertaría la curiosidad del príncipe Draven.