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BAJO LA PIEL DEL DESEO

BAJO LA PIEL DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Traiciones y engaños
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Lidia Ashcroft es una mujer hermosa e inteligente, el tipo de mujer que despierta miradas donde vaya. Está comprometida con Adrián Calloway, dueño de una pequeña agencia de viajes que lucha por abrirse camino en el mercado. A pocos meses de la boda, Lidia cree que por fin está construyendo el futuro que siempre soñó.

Sin embargo, su mundo se derrumba cuando descubre que Adrián le ha sido infiel. Traicionada y con el corazón hecho pedazos, comienza a cuestionarse si el amor que defendió durante años fue solo una mentira.

En medio de su dolor aparece Damián Blackwood, un poderoso y enigmático CEO de tecnología, fundador de NovaCore Technologies, una de las empresas más innovadoras del país.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

Era una mañana tranquila en la oficina cuando la vio entrar. Una mujer alta, elegante, con una sonrisa segura que parecía conocer cada rincón del lugar. Caminó directo hacia el despacho de Damián sin siquiera detenerse en recepción, y cuando llegó a su puerta, no llamó: simplemente entró como si fuera dueña del sitio.

Lidia se quedó con el documento en la mano, inmóvil, viendo cómo esa mujer se acercaba a Damián y lo besaba en la mejilla con una familiaridad que le heló la sangre. Lo abrazó un instante, como si fuera algo de siempre, y habló con él con una confianza que dolía.

—¡Damián, cuánto tiempo! —dijo ella con voz cantarina—. Te ves mejor que nunca. Pensé que nunca me daría tiempo de pasar por aquí.

Damián se puso de pie, pero su gesto era cortés, no entusiasta.

—Elena —saludó él—. Qué sorpresa. No sabía que estabas en la ciudad.

—Regresé hace unos días —respondió ella, sentándose en el borde de su escritorio con naturalidad—. Y no podía irme sin verte. Hace años que no nos vemos. ¿Te acuerdas de cuando compartíamos todo? Aquellos tiempos eran distintos, ¿verdad?

Lidia sintió que el aire se le escapaba. Esas palabras, esa cercanía… era evidente que esa mujer había sido importante en su pasado. Se sentía como una extraña mirando algo que no le correspondía. Sin hacer ruido, dejó los papeles sobre su mesa, tomó su bolso y salió de la oficina sin decir una palabra, con el corazón apretado y los ojos llenos de lágrimas que no quería derramar. Caminó rápido, necesitando alejarse de allí, de esa escena que le recordaba demasiado a lo que ya había vivido.

No llegó muy lejos. Estaba en el jardín delantero, mirando sin ver nada, cuando escuchó pasos rápidos detrás de ella. Se giró y vio a Damián, con el ceño fruncido y el aliento entrecortado, como si hubiera salido corriendo a buscarla.

—Lidia —dijo acercándose—. ¿Por qué te fuiste así? No me diste tiempo ni a decirte quién era.

—No hace falta que me lo expliques —respondió ella, con la voz temblorosa pero firme—. Se nota sola. Elena, la que compartía todo contigo, la que entra a tu despacho como si fuera su casa… no soy tonta, Damián. Y verla ahí, tan cerca, tan dueña de tu pasado… me hace sentir pequeña. Como si yo fuera solo un momento pasajero y ella fuera la historia real.

Él se acercó más y le tomó las manos entre las suyas, con urgencia y ternura a la vez.

—Escúchame bien, por favor —le dijo mirándola profundamente a los ojos—. Elena fue parte de mi pasado, sí. Tuvimos una relación hace años, cuando éramos jóvenes y creíamos que el éxito lo era todo. Pero terminó hace mucho tiempo. Y lo que tuvimos no se compara ni un instante con lo que siento por ti. Ella vino a saludar, nada más. No hay nada entre nosotros. Nunca la quise como te quiero a ti.

—Pero se conocen tan bien… —susurró Lidia, con el dolor todavía latiendo en el pecho—. Y yo apenas estoy empezando a conocerte. ¿Y si ella es lo que siempre has querido y yo solo soy una distracción?

Damián le tomó el rostro con ambas manos, con una firmeza suave, y la miró con una sinceridad que la hizo temblar.

—No digas eso. No compares lo que fue y se acabó con lo que acabamos de construir. Con ella nunca hubo paz. Nunca hubo esa conexión que nos une. Nunca me sentí completo a su lado como me siento contigo. Ella es parte de quien fui. Pero tú eres parte de quien soy ahora. Y eso no tiene comparación.

—Me dio celos —confesó ella, bajando la mirada con vergüenza—. Y me da rabia sentirme así, débil e insegura. Pero cuando la vi tan cerca de ti, me dio miedo perderte. Antes de tenerte del todo.

—No tienes por qué darte vergüenza —le dijo él besándole suavemente la frente—. Los celos son solo miedo disfrazado. Y yo entiendo el miedo. Pero te pido que confíes en lo que tenemos, en lo que te digo cada día. No hay nadie más, Lidia. No hubo nadie como tú antes, y no habrá nadie después. Eres la única que ha logrado entrar en mi vida y en mi corazón de verdad.

Ella levantó la vista, buscando en sus ojos la verdad que ya empezaba a sentir.

—¿De verdad? —preguntó con voz suave—. ¿Soy yo?

—Eres tú —afirmó él con seguridad absoluta—. Solo tú. Elena puede conocer mi historia pasada, pero tú conoces mi corazón. Y eso es algo que nadie más podrá quitarte. Lo que hay entre nosotros es real, es nuestro, y no se va a romper por una visita del pasado. ¿Me crees?

Lidia asintió lentamente, sintiendo cómo el nudo en el pecho se aflojaba poco a poco. Se acercó a él y apoyó la cabeza en su pecho, escuchando el latido de su corazón, ese ritmo que ya reconocía como su refugio.

—Te creo —dijo—. Pero abrázame fuerte, para que no se me olvide que soy yo la que está aquí a tu lado.

Él la rodeó con sus brazos con fuerza, protegiéndola como siempre, y besó su cabello con ternura.

—Eres tú —repitió él contra su sien—. Y te lo demostraré cada día, si hace falta. Nadie ocupa tu lugar. Nadie podría. Porque este corazón ya tiene dueña. Y eres tú.

Se quedaron abrazados, sintiendo cómo la calma regresaba poco a poco. Damián le acariciaba la espalda con suavidad, y apoyó la barbilla sobre su cabeza.

—¿Sabes por qué no funcionó nada con ella? —le dijo en voz baja—. Porque todavía no te conocía a ti. Todo lo que viví antes era solo esperarte sin saberlo.

Lidia lo miró con los ojos todavía brillantes pero más serenos.

—¿De verdad fui yo quien lo cambió todo?

—Completamente —respondió él, besándole la mano—. Llegaste tú y me enseñaste lo que es amar de verdad. Y nada del pasado se le acerca ni a los pies. Tú eres mi presente y mi futuro. Y eso no cambia por nadie.

—Gracias —susurró ella, acercándose más—. Por hacerme sentir que soy suficiente.

—Eres más que suficiente —corrigió él con una sonrisa tierna—. Eres todo lo que quiero.

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