Una noche. Un desconocido. Una vida que cambia para siempre.
Amara tiene 22 años y acaba de descubrir que su novio la engañaba. Herida y sin ganas de nada, se deja arrastrar por su mejor amiga Cléo a una fiesta. Ahí, entre shots de vodka y una conexión imposible de ignorar, pasa la noche más intensa de su vida con un hombre cuyo nombre ni siquiera conoce.
Dos meses después, la realidad la golpea: está embarazada. Sin familia que la apoye, con una beca universitaria en riesgo y sin idea de quién es el padre de su hijo, Amara intenta seguir adelante como puede. Pero el destino tiene otros planes: el primer día de clases descubre que el desconocido de aquella noche no es otro que Ethan Almeida, sobrino del director de la facultad, estrella del equipo de basquetbol y heredero de una de las familias más poderosas de la ciudad.
Ethan también la reconoce. Y también está furioso.
Lo que sigue es una tormenta de secretos, confrontaciones, amenazas familiares y una atracción que ninguno de los dos puede controlar. Entre la ex obsesiva de Ethan, una madrastra manipuladora, un padre ausente y un ex que se niega a desaparecer, Amara tendrá que luchar no solo por su futuro sino por el de la vida que crece dentro de ella.
Porque hay noches que no se olvidan. Y hay consecuencias que te cambian para siempre.
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*
Él ahogó mi grito con un beso y sentí que dejó de moverse.
— Voy a esperar un poco. Cuando se te pase el dolor, me avisas, ¿sí? —asentí con la cabeza.
— Puedes seguir.
Sentí que entraba y salía lentamente, y después aumentó la velocidad.
Ay.
Era como si no quisiera parar nunca más.
Él aceleró los movimientos y chupó uno de mis pechos mientras sentía sus manos tocarme justo en el centro entre mis piernas.
— ¿Te gusta eso? —me preguntó pasando de un pecho al otro.
— Me gusta —solté un gemido enseguida.
— ¿Quieres que pare?
— No pares —mi voz salió baja y temblorosa.
Y entonces, una vez más, mi cuerpo explotó y sentí un alivio apoderarse de mí. Enseguida él me inundó y se dejó caer sobre mí. Se retiró y sentí como si algo caliente escurriera de mí.
Se acostó a mi lado y me jaló de la cintura hacia él.
— ¿Cómo te llamas? —preguntó.
— Amara. No voy a preguntarte el tuyo; sé que no nos volveremos a ver.
— Amara —repitió mi nombre mientras olía mi cabello. Tengo el pelo oscuro con rizos un poco crespos, y creo que en algún momento el chongo se deshizo—. Quién sabe, tal vez para la mañana te lo diga —sentí como si me apretara para que no saliera nunca más de su abrazo.
Y minutos después, con sus brazos alrededor de mí, nos dormimos. Solo despertamos para volver a hacerlo menos de dos horas después.
Desperté a la mañana siguiente y vi un brazo en mi cintura y un cuerpo musculoso pegado al mío. Salí despacio buscando mi celular entre la ropa y vi que ya eran casi las seis de la mañana. Me entró la desesperación. Sabía que mi conciencia jamás me dejaría olvidarlo. Salí a la fiesta la noche anterior sin esperar que iba a tener la mejor noche de mi vida. Y lo gracioso es que fue con alguien que ni conozco, ¿cómo es posible? ¿Solo yo sentí esa atracción? ¿Las ganas de tenerlo para mí anoche y en la madrugada? ¿El hambre de sentir su boca en la mía y sentir que sus caricias me pertenecían? No tenía que haber sido así. Sabía que en cuanto despertara ni se iba a acordar de mí.
Me pasé la mano por el cabello. ¡Cléo me iba a matar! Debería haber estado en casa hacía horas; teníamos que terminar de arreglar todo en el departamento hoy. Me puse la ropa interior y enseguida el vestido con los taconcitos que estaban en el piso, que ni vi cuándo me los quitó. Volví hacia la cama y ahí estaba él, hermoso, dormido. Jamás me iba a olvidar de esa noche y de lo atento que fue conmigo. Sentí el corazón dispararse cuando me acerqué y le di un pequeño beso en los labios como despedida. Salí por la puerta sin mirar atrás. Sabía que si miraba no iba a salir de ahí, pero tenía que volver a la realidad, y ese hotel de lujo —o ese hombre, por más perfecto que fuera— no era parte de ella.
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