Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
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13- dudas
El teléfono continuaba sonando.
Marcus permaneció mirando la pantalla durante varios segundos.
ALESSANDRO MORETTI
Finalmente respondió.
—Alessandro.
Del otro lado hubo un breve silencio.
—Marcus.
La voz de Alessandro sonaba seria.
—Imagino que ya recibiste la información.
Marcus apretó ligeramente la mandíbula.
—¿Te refieres al ataque?
—Sí.
—Lo recibí.
Ambos guardaron silencio.
Ninguno parecía dispuesto a ser el primero en decir lo que realmente estaba pensando.
Finalmente... Marcus habló.
—También recibí otra información.
Alessandro permaneció callado.
—Me dijeron que ordenaste investigar a Amelia.
Alessandro no mostró sorpresa.
—Es cierto.
Marcus cerró los ojos durante un instante.
—¿Por qué?
—Porque quería conocer a la mujer con la que Valentina iba a compartir en tu casa.
—¿Y encontraste algo?
—No.
Alessandro hizo una breve pausa.
—Y por lo que se, tú también investigaste a los Moretti.
Marcus soltó una pequeña risa sin humor.
—Sí.
—Entonces estamos en paz.
Aquella respuesta tomó a Marcus por sorpresa.
—¿En paz?
—Ambos investigamos al otro. Ninguno confió ciegamente. Eso no significa que exista una traición.
Marcus permaneció en silencio.
—Los ataques ocurrieron con pocas horas de diferencia.
Continuó Alessandro.
—Y alguien filtró nuestras investigaciones.
Marcus apoyó una mano sobre el escritorio.
—Lo sé.
—Entonces sabes lo que pienso.
—Creo que alguien quiere que pensemos que fuimos nosotros.
Alessandro respiró lentamente.
—Exactamente.
Por primera vez desde que comenzó aquella conversación... La tensión disminuyó ligeramente.
—Tenemos que hablar.
Dijo Marcus.
—En persona.
Alessandro respondió sin dudar.
—De acuerdo.
—Mañana.
—Mañana.
La llamada terminó.
Marcus dejó lentamente el teléfono sobre el escritorio. No había desaparecido la desconfianza. Pero al menos...
Todavía existía una oportunidad de evitar que se convirtiera en odio.
La puerta se abrió.
Amelia apareció en el despacho.
Había escuchado solamente la última parte de la conversación.
—¿Era Alessandro?
Marcus asintió.
—Sí.
—¿Y?
Marcus se dejó caer en la silla.
—Quiere hablar.
Amelia sonrió ligeramente.
—Entonces todavía hay esperanza.
Marcus la observó.
—¿No te preocupa que pueda estar mintiendo?
Amelia caminó hasta el escritorio.
—Claro que me preocupa. Pero me preocupa mucho más que tomes una decisión basándote únicamente con conjeturas.
Tomó uno de los informes.
—Mira los hechos. Los Moretti fueron atacados.
Después nosotros.
Marcus frunció el ceño.
—Podría ser una estrategia para despistarnos.
—Podría.
Amelia asintió.
—Pero entonces tenemos que preguntarnos algo.
¿Por qué alguien gastaría recursos en atacar a las dos familias?
Si realmente quieren enfrentar a los Moretti y a los Greco... Necesitan que ellos o nosotros cometamos un error.
No necesitan hacerlo por nosotros.
Marcus la miró fijamente.
—¿Crees que alguien está intentando provocar una guerra?
—No lo creo. Estoy segura.
Amelia dejó el informe sobre el escritorio.
—Y si tengo razón...
Todavía no hemos visto el verdadero ataque.
Marcus permaneció en silencio.
Aquellas palabras hicieron que la habitación pareciera mucho más fría.
Marcus permaneció de pie frente a la ventana.
Las palabras de Amelia seguían dando vueltas en su cabeza.
—Hay alguien más.
Amelia levantó la mirada.
—¿A quién te refieres?
Marcus se giró lentamente.
—A mi padre.
Amelia permaneció en silencio.
—Hace apenas un par de noches...
Samuel me dejó claro que no estaba de acuerdo con el tratado.
Marcus apretó la mandíbula.
—Dijo que estaba cometiendo un error.
Que estaba debilitando a la familia.
Y prácticamente me desafió delante de mis propios hombres.
Amelia caminó lentamente hacia él.
—¿Crees que pudo haber ordenado los ataques?
Marcus negó con la cabeza.
—No lo sé. Pero sería demasiado conveniente.
Mi padre nunca estuvo de acuerdo con mi decisión.
Y ahora... Justo después del tratado...
Alguien ataca a los Moretti.
Después a nosotros.
Amelia lo observó durante unos segundos.
—Yo no tendría duda de él.
Marcus frunció el ceño.
—¿No?
—No. Si Samuel quisiera destruir el tratado...
No necesitaría hacerlo de una manera tan evidente.
Marcus permaneció pensativo.
—Entonces, ¿por qué dices que no tienes dudas?
Amelia respondió con serenidad.
—Porque una cosa es que Samuel esté en contra de tu decisión...
Y otra muy distinta es que esté dispuesto a iniciar una guerra contra su propio hijo.
No confundas su orgullo con una prueba.
Marcus bajó la mirada.
Amelia se acercó un poco más.
—Antes de tomar una decisión precipitada...
Habla con Alessandro. Escucha lo que tiene que decir.
Y después decide qué hacer.
Marcus asintió lentamente.
—Lo haré.
Hubo unos segundos de silencio.
Entonces Marcus recordó algo.
—Por cierto...
Amelia levantó una ceja.
—¿Qué?
—¿Sabías que Alessandro te investigó?
Amelia sonrió.
—No esperaba menos de él.
Marcus la miró sorprendido.
—¿No te molesta?
—Para nada.
Amelia se sentó tranquilamente.
—Me confirma que la señorita Visconti es digna de alguien como él.
Marcus sonrió ligeramente.
—Explícate.
—Si yo estuviera en su lugar...
Habría hecho exactamente lo mismo.
No me gustaría llevarme una sorpresa cuando se trata de la persona que amo.
Marcus permaneció mirándola durante unos segundos.
Después sonrió.
—Creo que tú has sido mi mejor elección.
Amelia soltó una pequeña risa.
—Eso espero.
Marcus se acercó y tomó su mano.
Por un instante...
Los ataques.
El tratado.
Las familias.
Todo pareció desaparecer.
Pero ninguno de los dos sabía que, en algún lugar de la ciudad... Samuel Greco ya estaba moviendo sus propias piezas.
Y mientras Marcus comenzaba a sospechar de su padre...
El verdadero arquitecto de aquella guerra permanecía completamente oculto.
A la mañana siguiente...
La Mansión Greco permanecía en silencio.
Marcus se encontraba frente al espejo ajustándose los puños de la camisa.
Amelia permanecía sentada en uno de los sillones de la habitación.
—¿Estás seguro de que quieres ir solo?
Marcus asintió.
—Sí. No quiero que esto parezca una provocación.
Amelia sonrió ligeramente.
—Bien.
Marcus tomó su saco.
Antes de salir...
Amelia se acercó y acomodó suavemente la solapa de su chaqueta.
—Habla con él. No con el jefe de los Moretti.
si no Con Alessandro.
Marcus la miró durante unos segundos.
—Lo intentaré.
—No.
Ella sonrió.
—Hazlo.
Marcus soltó una pequeña risa.
—Está bien.
Una hora después...
La Mansión Moretti permanecía bajo estricta vigilancia. Marcus descendió del vehículo acompañado únicamente por dos hombres.
Las puertas se abrieron.
Dante lo esperaba en la entrada.
—Marcus.
—Dante.
Ambos se estrecharon la mano.
Dante hizo un gesto hacia el interior.
—Alessandro te espera.
Marcus asintió.
Mientras caminaba por los pasillos...
Recordó la primera vez que había entrado a aquella mansión.
Todo había sido tensión.
Ahora... El ambiente seguía siendo serio.
Pero ya no existía la misma hostilidad.
Dante abrió la puerta del despacho.
Alessandro se encontraba de pie frente a la ventana.
Se giró al escuchar la puerta.
—Marcus.
—Alessandro.
Dante cerró la puerta detrás de ellos.
Por unos segundos... Ninguno habló.
Finalmente Alessandro señaló las sillas.
—Siéntate.
Marcus tomó asiento.
Alessandro hizo lo mismo frente a él.
—No quiero rodeos.
Dijo Marcus.
—Yo tampoco.
Respondió Alessandro.
Marcus apoyó ambas manos sobre la mesa.
—No fui yo.
Alessandro sostuvo su mirada.
—Lo sé.
Marcus frunció ligeramente el ceño.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque si hubieras querido cancelar la firma del tratado... No habrías atacado uno de tus propios cargamentos unas horas después.
Marcus asintió lentamente.
—Yo pensé exactamente lo mismo de ti.
Alessandro dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Entonces estamos de acuerdo en algo.
—Parece que sí.
Alessandro asintió.
—Estamos intentando construir una alianza entre dos familias que llevan décadas odiándose.
Sería ingenuo pensar que la confianza aparecería de un día para otro.
Marcus apoyó la espalda contra la silla.
—Entonces alguien quiere destruirla.
—Sí.
—¿Tienes alguna sospecha?
Alessandro permaneció pensativo.
—Varias. Pero ninguna prueba.
Marcus dudó unos segundos.
—Yo tengo una.
Alessandro levantó la mirada.
—Samuel.
El nombre quedó suspendido entre ambos.
Alessandro permaneció inmóvil.
—¿Tu padre?
—Hace unos días me dejó claro que está en contra del tratado.
Dijo Marcus.
—Y no tuvo ningún problema en decírmelo frente a mis hombres.
Alessandro cruzó lentamente los brazos.
—¿Crees que sería capaz?
Marcus tardó en responder.
—No lo sé. Y eso es lo que más me preocupa.
Alessandro asintió.
—Entonces no lo acusaremos... Todavía.
Marcus lo observó.
—¿Por qué?
—Porque si nos equivocamos...
Podemos destruir algo que todavía estamos intentando construir.
Marcus sonrió ligeramente.
—Empiezo a entender por qué tus hombres te siguen.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Eso fue un cumplido?
—No te acostumbres.
Ambos soltaron una pequeña risa.
La tensión disminuyó.
Pero solo por unos segundos.
Alessandro volvió a ponerse serio.
—Necesitamos hacer algo.
—¿Qué?
—Continuar el tratado. Pero aumentar la seguridad.
Marcus asintió.
—Y compartir información.
—Exactamente.
Marcus se levantó.
Alessandro también. Ambos estrecharon la mano. Esta vez...
El apretón fue diferente.
No era confianza absoluta.
Todavía no.
Pero sí era una decisión.
No permitirían que alguien más decidiera el destino de sus familias.
Marcus caminó hacia la puerta.
Antes de salir... Se detuvo.
—Alessandro.
—¿Sí?
—Valentina es una mujer extraordinaria.
Alessandro sonrió.
—Lo sé.
Marcus abrió la puerta.
—Cuídala.
Alessandro lo observó.
—Siempre.
La puerta se cerró.
Alessandro permaneció unos segundos mirando hacia ella.
Habían evitado una guerra.
Por ahora.
Pero ninguno de los dos sabía que, mientras ellos intentaban proteger el tratado...
Alguien más estaba preparando el siguiente movimiento.
Y esta vez...
No sería un ataque contra un cargamento.
Sería un ataque contra una persona.
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.