¿Cuánto peso puede soportar un secreto antes de romperte por dentro?
Al principio, Jester y Yelina eran dos extraños unidos por un amigo en común. No había chispas, ni conexión, ni interés. Pero el roce diario y la complicidad silenciosa fueron tejiendo un lazo que ninguno de los dos vio venir. Se volvieron refugio, confidentes, mejores amigos.
Y fue ahí, en la calidez de esa cercanía, donde Yelina se perdió. Enamorarse de él fue inevitable; aceptar que nunca sería correspondida, una dolorosa certeza. Para salvar la amistad que tanto le costó construir, Yelina decide condenarse al silencio. Una historia sobre el amor que prefiere callar para no perder lo que más quiere en el mundo.
NovelToon tiene autorización de Yelina Lopez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La Primera Noche DeDe Bodas
Contenido Explícito +18
El silencio de la noche en el lago era absoluto, interrumpido únicamente por el susurro del viento entre los pinos y el crujido de la madera de la cabaña. Gonzalo abrió la puerta y, con un gesto cargado de romanticismo, me tomó en brazos para cruzar el umbral, haciéndome reír mientras mi vestido de novia se arrastraba por el suelo. Al dejarnos caer dentro, la atmósfera cambió de inmediato. La luz de la luna entraba por el gran ventanal, iluminando la enorme cama king-size vestida con sábanas de seda blanca.
Gonzalo cerró la puerta con el pie y me acorraló suavemente contra la madera, su respiración agitada golpeando mi cuello. Ya no había invitados, ya no había música; solo estábamos el esposo y la esposa, devorándose con la mirada.
—No tienes idea de cuántas veces imaginé este momento durante toda la noche —susurró con voz ronca, sus ojos oscuros fijos en mis labios.
Sus manos bajaron por mis hombros, buscando la cremallera oculta en la espalda de mi vestido. Escuchar el siseo del cierre abriéndose me provocó un escalofrío electrizante. El encaje blanco comenzó a deslizarse por mis caderas, cayendo al suelo y dejándome únicamente en un conjunto de lencería de encaje transparente que resaltaba mis sesenta kilos de curvas firmes. Gonzalo soltó un gemido ahogado al contemplarme. Con una urgencia que me encendió la sangre, se despojó de su chaqueta, la corbata y la camisa, revelando su torso definido y cálido.
Nos unimos en un beso hambriento, salvaje, lejos de la timidez del pasado. Su lengua invadió mi boca con autoridad, reclamando lo que ya era suyo, mientras mis manos se enredaban en su cabello, tirando de él para pegar más nuestros cuerpos. Sentir su erección rígida presionando contra mi vientre a través de su pantalón me humedeció al instante. Gonzalo me guió hacia la cama, empujándome suavemente de espaldas sobre las sábanas de seda. Se posicionó entre mis piernas, besando mi mandíbula, mi cuello, bajando sus labios hambrientos hacia mis pechos.
Con dedos ágiles, desabrochó mi sostén, liberando mis senos. Sus manos grandes y expertas los moldearon con firmeza, mientras su boca atrapaba uno de mis pezones, succionándolo con fuerza y lamiéndolo en círculos hasta dejarlo erecto y sensible. Un gemido agudo escapó de mis labios, resonando en la habitación.
—Gonzalo... por favor, te necesito ya —suplicué, arqueando la espalda hacia su boca.
Él sonrió con picardía, disfrutando de mi desesperación. Se deshizo rápidamente de sus pantalones y su ropa interior, quedando completamente desnudo ante mí. Su miembro, grueso, venoso y completamente erecto, brillaba levemente bajo la luz de la luna. Antes de poseerme, Gonzalo metió su mano entre mis muslos, deslizando sus dedos por mi feminidad, que ya estaba empapada en mis propios jugos naturales. Al introducir dos de sus dedos profundamente dentro de mí, comencé a jadear sin control, moviendo mis caderas al ritmo de sus dedos que frotaban con precisión mi clítoris desbordante de placer.
—Estás tan caliente y estrecha para mí, mi amor —murmuró, su voz cargada de lujuria pura.
No pude aguantar más. Separé mis piernas por completo, enganchando mis muslos alrededor de su cintura para abrirme por entero a él. Gonzalo se acomodó en la entrada de mi intimidad y, con un empuje lento pero firme y devastador, se hundió por completo dentro de mí. El choque de nuestros cuerpos desnudos fue una explosión. Sentir cómo su grosor llenaba cada milímetro de mi interior me hizo soltar un grito de puro éxtasis.
Gonzalo comenzó a moverse con un ritmo pausado pero profundo, hundiéndose hasta el fondo en cada embestida. La fricción de nuestras pieles sudorosas, el sonido húmedo de nuestras intimidades chocando y sus gemidos graves crearon una sinfonía erótica que me nubló el juicio. Con cada estocada, su miembro rozaba mi punto más sensible, haciéndome perder el control de mis propios movimientos. Comencé a arañar su espalda, enterrando mis uñas en su piel mientras él aceleraba el ritmo, transformando la dulzura en un bombeo salvaje y rítmico. Sus embestidas se volvieron más rápidas y profundas, golpeando con fuerza contra mi cuello uterino, haciéndome ver estrellas en la oscuridad.
—Mírame, Yadira... Quiero verte cuando te vengas —pidió con urgencia, tomándome de las manos y entrelazando nuestros dedos contra la cama.
Lo miré, sus ojos inyectados de deseo, su rostro concentrado en el placer puro. Sentí cómo una oleada de calor insoportable comenzaba a contraer las paredes de mi feminidad. El orgasmo me golpeó con la fuerza de un rayo; mis músculos internos se cerraron con fuerza espasmódica alrededor de su miembro, haciéndome gritar su nombre mientras mi cuerpo temblaba en un clímax largo y desgarrador. Ver mi entrega total fue el detonante para él. Gonzalo soltó un rugido gutural, dio tres embestidas brutales y profundas, y se vino dentro de mí, derramando su esperma espeso y caliente en oleadas que me llenaron por completo. Se dejó caer sobre mi pecho, jadeando con fuerza, nuestros corazones latiendo desbocados en una misma y perfecta sintonía carnal.
...****************...