Kenji solo quería una vida tranquila, pero reencarnó como el profesor más temido del mundo... sin saber que también es el más fuerte.
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La habitación donde nadie se atrevía a entrar
Capítulo 15: La habitación donde nadie se atrevía a entrar
Kenji subió lentamente las enormes escaleras de la mansión mientras el pequeño gato blanco caminaba tranquilamente a su lado.
El cansancio comenzaba a sentirse en todo su cuerpo. Había sido un día demasiado largo para alguien que solo esperaba impartir unas cuantas clases y regresar a casa sin preocupaciones.
Al llegar al segundo piso, el largo pasillo estaba completamente iluminado por lámparas de cristal mágico que emitían una luz cálida y relajante. A ambos lados había enormes ventanales desde donde podía verse casi toda la ciudad y, más allá, la inmensa Academia Grandel.
Kenji se quedó observando unos segundos el paisaje nocturno y sonrió con tranquilidad. «Es un lugar hermoso... ojalá pueda conservar este trabajo durante muchos años.» Detrás de él caminaban el mayordomo y varias sirvientas, manteniendo una distancia prudente.
Ninguno hacía el menor ruido; conocían perfectamente que su señor apreciaba el silencio por encima de cualquier lujo.
El mayordomo se detuvo frente a una enorme puerta de madera negra decorada con antiguos grabados plateados e hizo una elegante reverencia.
—Señor Kenji, su habitación ha sido preparada.
También hemos organizado su escritorio para que pueda revisar tranquilamente los documentos de mañana.
Kenji abrió la puerta y, como siempre, volvió a sorprenderse. La habitación era más grande que el apartamento donde había vivido toda su vida anterior.
Una enorme cama ocupaba el centro de la estancia, había una biblioteca repleta de libros, una chimenea de mármol, un amplio escritorio lleno de pergaminos perfectamente ordenados y un balcón desde el que podía verse el bosque iluminado por la luna.
El profesor soltó una pequeña risa incómoda. —De verdad... esto es demasiado para una sola persona.
El mayordomo bajó la cabeza con respeto. —Nos alegra que aún considere esta residencia demasiado sencilla para alguien de su categoría.
Las sirvientas comenzaron a asentir emocionadas.
Kenji parpadeó varias veces sin entender absolutamente nada. «¿Sencilla? Creo que escuché mal...»
Mientras el profesor recorría la habitación con curiosidad, una de las jóvenes sirvientas observó discretamente el escritorio.
Sobre él descansaba un cuaderno donde Kenji acostumbraba escribir apuntes para sus clases.
La muchacha sintió curiosidad por saber cómo enseñaba un hombre tan extraordinario, pero enseguida desvió la mirada.
Ningún sirviente se atrevía a leer los documentos de su señor.
Estaban convencidos de que cada palabra escrita allí podía contener conocimientos capaces de cambiar el mundo.
En realidad, el cuaderno solo tenía anotaciones como: «Recordar explicar con calma», «No olvidar preguntar los nombres de los alumnos nuevos» y «Comprar una almohada más blanda cuando tenga tiempo».
Al mismo tiempo, el pequeño gato blanco dio un elegante salto hasta la cama y comenzó a dar vueltas sobre las sábanas antes de acomodarse cómodamente.
Kenji soltó una carcajada. —Parece que elegiste tu lugar favorito.
Espero que no te moleste compartir la habitación conmigo.
El gato respondió con un pequeño maullido y cerró los ojos. Las sirvientas observaron la escena completamente conmovidas.
«El guardián espiritual duerme junto a nuestro señor todas las noches...», pensaron.
«Ni siquiera las bestias divinas desean separarse de él.»
En el pasillo, varios guardias personales de la mansión permanecían inmóviles custodiando la planta superior.
Eran antiguos caballeros de élite que habían servido en incontables batallas y, sin embargo, todos evitaban incluso mirar directamente la puerta de la habitación de Kenji.
Uno de los más jóvenes habló en voz baja. —¿Es verdad que nadie entra ahí sin permiso? Un veterano respondió inmediatamente.
—Hace diez años, un noble quiso entrar sin avisar al anterior dueño de esta residencia.
Las barreras mágicas lo expulsaron antes de que pudiera tocar el picaporte.
Ahora la mansión pertenece al profesor Kenji... y ninguno de nosotros piensa averiguar qué sucede si alguien intenta entrar sin autorización. Todos asintieron con absoluta rapidez.
Dentro de la habitación, Kenji abrió uno de los cajones del escritorio y encontró decenas de pergaminos perfectamente organizados.
Suspiró con alivio al comprobar que la mayor parte eran informes sencillos sobre los alumnos del Aula Cero.
Se sentó lentamente frente al escritorio y comenzó a leerlos uno por uno mientras tomaba una taza de té caliente que una sirvienta había dejado preparada.
«Dani... muy buen talento, pero necesita aprender a controlar su orgullo.
Aquella chica parece bastante aplicada.
Ese muchacho se distrae demasiado durante la clase...» Iba escribiendo pequeñas notas con una sonrisa tranquila, completamente ajeno a que, fuera de la habitación, el mayordomo observaba la puerta con expresión orgullosa.
—Nuestro señor ya está trabajando incluso después de terminar su jornada.
Una sirvienta suspiró.
—Nunca descansa...
El anciano cerró lentamente los ojos.
—Por eso es el más fuerte.
Ninguno imaginaba que Kenji solo estaba preparando sus clases porque deseaba terminar temprano al día siguiente y poder acostarse antes.
Mientras la luna seguía iluminando la inmensa mansión, el hombre más poderoso del mundo continuaba haciendo lo único que realmente conocía desde su antigua vida: trabajar con calma, organizar sus documentos y esperar que el día siguiente fuera, por fin, completamente tranquilo.
Continuará...