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Mi Jefe Alfa De Aquella Noche

Mi Jefe Alfa De Aquella Noche

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Yaoi / CEO
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dharma

El es abandonado por su alfa y encuentra refugio en otro

NovelToon tiene autorización de Dharma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 18

Caius se arrodilló.

El sonido de sus rodillas contra el suelo resonó en la oficina como un latigazo. Evan sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. El mafioso que con solo una mirada hacía temblar a miles de personas, el hombre que había construido un imperio a base de sangre y poder, estaba ahí, de rodillas, suplicando su perdón como un pecador arrepentido.

—Por favor, perdóname —suplicó Caius, con la voz rota, los ojos fijos en los de Evan.

Evan sintió que el corazón le daba un vuelco. Jamás había visto a nadie así de vulnerable. Jamás había imaginado que Caius, el hombre frío y calculador, pudiera humillarse de esa manera.

Pero lo estaba haciendo. Por él.

—Basta —dijo Evan, con la voz temblorosa—. Levántate.

Caius obedeció al instante, poniéndose de pie con la misma rapidez con la que se había arrodillado.

—Pareces un niño —dijo Evan, con tono molesto, aunque en realidad estaba tratando de ocultar la tormenta de emociones que se arremolinaban en su interior.

Caius frunció el ceño, confundido. No entendía por qué cada acto suyo, cada gesto de devoción, parecía poner a Evan de mal humor.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Caius, con genuina confusión.

Evan sintió que las mejillas se le calentaban. Apartó la mirada, incómodo.

—Bueno... haces lo que te pido sin titubear —admitió, con la voz más baja—. Como si no tuvieras voluntad propia.

Caius dio un paso adelante, acortando la distancia entre ellos. Levantó una mano con lentitud, como si temiera asustarlo, y acarició el rostro de Evan con una ternura que desmentía toda su reputación.

—Es porque eres dueño de mi voluntad —susurró Caius, con una voz tan suave que parecía un susurro—. Desde que te vi en ese callejón, supe que no había vuelta atrás. Tú eres el único que puede doblegarme, Evan. El único que puede hacerme sentir que no necesito poder ni dinero. Solo necesito que me mires como me miras ahora.

Evan sintió que el corazón le latía tan fuerte que casi podía oírlo en sus oídos. Las mejillas le ardían. Intentó apartar la mirada, pero los ojos de Caius lo atrapaban como un imán.

—No digas esas cosas —murmuró, sin convicción.

—¿Por qué? —preguntó Caius, inclinando la cabeza—. ¿Te molestan?

—No... —admitió Evan en voz baja—. Me confunden.

Caius sonrió, una sonrisa suave y sincera.

—Entonces déjame confundirte un poco más.

Evan no supo qué responder. No supo cómo huir de la mirada de Caius, de la calidez de su mano contra su mejilla, de las palabras que resonaban en su pecho como un eco inconfundible.

El siempre le aceleraba el corazón. Era inevitable. Caius causaba algo muy profundo en Evan, algo que iba más allá del miedo o la desconfianza. Algo que le dolía admitir, pero que estaba ahí, latente, creciendo como una flor en medio del cemento.

—Eres un imbécil —dijo Evan, pero su voz ya no tenía furia. Solo tenía la dulzura de quien está empezando a rendirse.

—Lo sé —respondió Caius, sin apartar la mano de su rostro—. Pero soy tu imbécil.

Y Evan, a pesar de todo, sintió que esas palabras eran lo único que necesitaba escuchar.

No sé qué hacer contigo —dijo Evan, con la voz temblorosa, los ojos fijos en los de Caius.

Caius sonrió. Una sonrisa lenta, peligrosa, pero cargada de una ternura que desarmaba por completo.

—No tienes que saber —susurró, acercándose hasta que su aliento rozó el oído de Evan—. Solo quédate a mi lado.

Esa simple frase, dicha con esa voz grave y aterciopelada, bastó para encender el ambiente. El aire se volvió denso, cargado de electricidad. Evan sintió que la piel se le erizaba, que el corazón se le aceleraba hasta un punto insoportable.

—Tú te lo buscaste —dijo Evan, con la voz ronca—. Por seducirme tan descaradamente.

Caius no tuvo tiempo de responder.

Evan lo tomó por el cuello y lo besó.

No fue un beso tímido ni suave. Fue un beso desesperado, hambriento, como si llevara años esperando ese momento. Como si cada segundo sin sentir los labios de Caius hubiera sido una eternidad.

Caius correspondió al instante. Sus manos se enredaron en el cabello de Evan, atrayéndolo más cerca, como si temiera que fuera a desaparecer. El beso se volvió más profundo, más intenso, más urgente.

Evan sintió que se ahogaba, pero no quería respirar. Solo quería seguir besando a Caius, sintiendo cómo sus labios se movían contra los suyos, cómo sus manos recorrían su espalda con una devoción casi reverente.

Cuando finalmente se separaron, ambos estaban sin aliento. Las mejillas de Evan estaban arreboladas, los labios hinchados, los ojos brillantes.

—Maldito —susurró Evan, apoyando la frente contra la de Caius.

Caius sonrió, con los labios aún hinchados por el beso y los ojos oscuros de deseo. Se inclinó hacia el oído de Evan y susurró con voz grave y provocadora:

—Aún no es suficiente.

Evan sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Sus dedos, temblorosos pero decididos, comenzaron a desabrochar los botones de su propia camisa, uno por uno, sin apartar la mirada de Caius.

—Estaba tratando de contenerme —dijo Evan, con la voz ronca, apenas un susurro cargado de intención.

Caius sonrió, una sonrisa lenta y peligrosa que prometía todo lo que estaba por venir.

—No te contengas más.

Esa fue la señal que Evan necesitaba. Con un movimiento rápido y decidido, barrió todo lo que había sobre el escritorio de Caius. Papeles, lapiceros, la taza de café... todo cayó al suelo con un estrépito sordo. Sin perder un segundo, empujó a Caius contra la superficie de madera, apoyándolo sobre el escritorio con una autoridad que tomó al alfa por sorpresa.

Caius quedó allí, recostado sobre la madera fría, con los ojos abiertos por la sorpresa y el deseo mezclados. Nunca había estado en esa posición. Nunca nadie se había atrevido a tomarlo así, a dominarlo de esa manera.

Y sin embargo, no quería que se detuviera.

Evan se inclinó sobre él, con las manos apoyadas a ambos lados de su cuerpo, atrapándolo contra el escritorio. Su mirada era ardiente, segura, dueña de la situación.

—¿Cuándo me dejarás ser el alfa? —preguntó Caius, con la voz entrecortada, sintiendo cómo el control se le escapaba de las manos.

Evan sonrió mientras sus dedos bajaban hasta el cinturón de Caius, desabrochándolo con movimientos lentos y deliberados.

—Nunca —respondió con total seguridad, sin dudar ni un segundo.

Caius intentó tomar el control. Con un movimiento rápido, giró a Evan y lo presionó contra el escritorio, invirtiendo las posiciones. Pero Evan no se dejó dominar. Con una fuerza que Caius no esperaba, lo golpeó suavemente pero con firmeza en el pecho, haciéndolo retroceder y recuperando la posición de poder.

—Está bien —dijo Caius, levantando las manos en señal de rendición, con una sonrisa que mezclaba admiración y deseo—. Me rindo.

Evan lo miró con una sonrisa satisfecha.

—Eres un buen alfa —dijo, inclinándose lentamente—. Cuando sabes cuándo rendirte.

Y entonces bajó la cabeza, dejando que sus labios recorrieran el torso de Caius. Besó su pecho, su abdomen, sintiendo cómo los músculos del alfa se tensaban bajo sus labios. Lamió lentamente cada centímetro de su piel, disfrutando de los gemidos ahogados que escapaban de la boca de Caius.

El alfa se arqueó bajo su toque, entregándose por completo, permitiendo que Evan lo llevara al límite una y otra vez.

La tarde fue larga. Muy larga.

Y para Caius, que siempre había sido el dominante, que siempre había tenido el control en cada situación, esa tarde fue diferente. Fue la primera vez que se entregó por completo, que dejó que alguien más tomara las riendas.

Fue la primera vez que fue el pasivo.

Y aunque nunca lo admitiría en voz alta, fue la mejor tarde de su vida.

---

Horas después

Evan estaba recostado sobre el pecho de Caius, sintiendo cómo su respiración se calmaba lentamente. Ambos estaban agotados, pero había una paz en el ambiente que ninguno de los dos quería romper.

—¿Duele? —preguntó Evan en voz baja, con un toque de preocupación.

Caius soltó una risa suave que vibro en su pecho.

—Un poco —admitió—. Pero vale la pena.

Evan levantó la cabeza y lo miró a los ojos.

—¿No te arrepientes?

Caius sostuvo su mirada con una sinceridad que desarmaba.

—Jamás. —Pasó un dedo por la mejilla de Evan—. Contigo, nunca.

Evan sonrió y apoyó la cabeza de nuevo sobre su pecho.

—Bien —murmuró—. Porque no pienso dejarte ir tan fácilmente.

Caius cerró los ojos, sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, todo estaba en su lugar.

Aunque el mundo exterior siguiera siendo un caos, en ese momento, solo existían ellos dos.

Y eso era suficiente.

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Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️👀👀👀👀👀👀
Guadalupe Vazquez Meza
🥰Eso es amor que vale oro
Guadalupe Vazquez Meza
🥰🥰🥰 Lindos
Guadalupe Vazquez Meza
🤣🤭☺️🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Guadalupe Vazquez Meza
Una de muchas lecturas demaciado interesantes🥰
꧁༒☬𝐀𝐥𝐞𝐱𝐚𝐧𝐝𝐫𝐚☬༒꧂
me encanta Luca es un personaje muy interesante y lindo
꧁༒☬𝐀𝐥𝐞𝐱𝐚𝐧𝐝𝐫𝐚☬༒꧂
Los mafioso si saben 🌝
꧁༒☬𝐀𝐥𝐞𝐱𝐚𝐧𝐝𝐫𝐚☬༒꧂
🌝El Omega se lo comió
꧁༒☬𝐀𝐥𝐞𝐱𝐚𝐧𝐝𝐫𝐚☬༒꧂
No puedo negarlo los personajes son tan guapos
꧁༒☬𝐀𝐥𝐞𝐱𝐚𝐧𝐝𝐫𝐚☬༒꧂
¡Me encanto este capítulo! Y más me encanta ser primer comentario
꧁༒☬𝐀𝐥𝐞𝐱𝐚𝐧𝐝𝐫𝐚☬༒꧂
La trama de la novela me parece demasiado interesante, y me encanta como está iniciando todo 🫰adoro tu trabajo sigue así
Dharma: 🥰 Gracias me alegro que te guste
total 1 replies
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