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Reconstruyendo Tus Pedazos

Reconstruyendo Tus Pedazos

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor de la infancia / Posesivo / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia2026

​Sinopsis:
​A los trece años, Bianca D’Amico conoció el verdadero significado de la crueldad. El chico que era su protector y su norte, Andrew Ballesteros, la rechazó públicamente con palabras letales que destrozaron su autoestima, llamándola gorda e inmadura, antes de huir al extranjero. Andrew no solo la dejó atrás; la fragmentó en varios pedazos.
​Seis años después, el heredero del imperio Ballesteros regresa a Nueva York. Convertido en un implacable y frío tiburón de los negocios, Andrew carga con las culpas de un oscuro secreto familiar y una obsesión fija en la mente: recuperar a su dulce y sumisa Bianca. Él asume, con la arrogancia corporativa de su apellido, que encontrará a la misma niña inocente que dejó en el pasillo de la mansión, lista para ser moldeada y reclamar su lugar en su vida.
​Qué maldito error. La realidad lo golpea con una fuerza devastadora.
​La niña indefensa murió la noche en que él la rompió.

NovelToon tiene autorización de Dalia2026 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

​Capítulo 14: Ventajas de la convalecencia

​La luz de la mañana de Brooklyn entró sin pedir permiso por la ventana del departamento, barriendo las sombras de la noche anterior. Bianca se despertó con el corazón acelerado, sentada en la poltrona junto a la cama. El sabor del primer beso de Andrew seguía impregnado en sus labios como una marca indeleble. Al mirarlo, se dio cuenta de que la fiebre finalmente había cedido; él dormía profundamente, con una expresión de paz que Bianca no le veía desde Manhattan. El escudo de "chica mala" y ruda que se había construido en Brooklyn ya no tenía sentido; la verdad de su pasado la había dejado desarmada.

​A las diez de la mañana, Andrew despertó. Sus ojos verdes ya no estaban nublados por el delirio, sino brillantes, lúcidos y fijos en ella con una intensidad peligrosa.

​—Buenos días, mi bonita —susurró con la voz ronca por el sueño, esbozando una sonrisa de medio lado que a Bianca le hizo temblar las piernas—. No fue un sueño, ¿verdad?

​Bianca se aclaró la garganta, sintiendo el calor subirle a las mejillas. Intentó recuperar un poco de su dignidad perdida.

​—No te acostumbres, Andrew. Que la fiebre te haya vuelto poeta y a mí me diera un ataque de pánico no significa que todo esté perdonado —mintió, poniéndose de pie con los brazos cruzados—. Te toca bañarte. Estás cubierto de sudor y el médico dijo que la herida debe mantenerse limpia. Y antes de que protestes... no puedes mover el torso. Así que muévete al baño antes de que me arrepienta de tenerte aquí.

​Andrew soltó una risa baja que terminó en un quejido por los puntos, pero la chispa de diversión en sus ojos delataba que planeaba disfrutar cada segundo.

​El baño, iluminado ahora por la claridad del día, se sentía aún más íntimo que la noche anterior. Bianca preparó la ducha y, cuando se dio la vuelta, se quedó sin respiración. Andrew ya se había quitado la muda de ropa con torpeza y estaba completamente desnudo frente a ella, apenas cubierto por el vendaje blanco en su costado.

​Bianca intentó desviar la mirada hacia los azulejos, pero fue inútil. El cuerpo de Andrew era perfecto: los hombros anchos, los músculos esculpidos de los brazos y el abdomen marcado que contrastaba con la blancura de la gasa. A pesar del dolor, él se mantenía erguido, mirándola con una fascinación descarada.

​—¿Te gusta lo que ves, bonita? —coqueteó él, dando un paso lento hacia adelante, obligándola a retroceder hasta que la espalda de Bianca chocó contra la pared del baño.

​—Cállate y métete a la tina, Ballesteros —replicó ella, intentando sonar amenazante, aunque sus ojos recorrían cada centímetro de su piel—. No tientes a tu suerte. Tienes puntos de sutura, no superpoderes.

​—Tengo la suerte de tenerte cuidándome, eso es mejor —respondió él, con la voz baja y seductora.

​Con cuidado, Bianca lo ayudó a sentarse y tomó la regadera de mano. El agua tibia comenzó a correr por los hombros de Andrew. Bianca se concentró en pasar el jabón con extrema delicadeza por su espalda y su pecho, tratando de no tocar la zona herida. Pero Andrew no se lo iba a poner fácil. El sabía perfectamente el efecto que causaba en ella, y va usar eso totalmente a su favor.

​Aprovechando su papel de convaleciente, Andrew soltó un suspiro dramático apoyando la cabeza hacia atrás, justo contra el abdomen de Bianca, quien estaba de pie junto a él. El contacto de la piel húmeda y caliente de Andrew contra la ropa de ella desató un incendio instantáneo.

​—Me duele un poco aquí... —mintió Andrew descaradamente, tomando la mano de Bianca que sostenía la esponja y guiándola, no hacia la herida, sino por encima de sus pectorales, haciendo que ella sintiera el latido salvaje de su corazón—. Creo que necesito que seas más... minuciosa, Bianca.

​Bianca sintió que la respiración se le escapaba. Andrew se giró un poco en la tina, quedando cara a cara con ella. Su mano sana, húmeda y firme, subió por el muslo de Bianca, subiendo lentamente por el borde de su short hasta acariciar la piel desnuda de su cadera. El roce fue tan ardiente que Bianca soltó un gemido ahogado.

​—Eres un tramposo, Andrew —susurró ella, inclinándose hacia él, atrapada por la gravedad de su mirada verde—. Te estás aprovechando de que estás herido.

​—Me estoy aprovechando de que por fin me miras como antes —corrigió él, con los ojos oscurecidos por el deseo—. Me moría por tocarte así, sin secretos entre nosotros.

​Andrew tiró sutilmente de ella, obligándola a arrodillarse al borde de la tina. Sus rostros quedaron a milímetros. El agua salpicaba la camiseta de Bianca, volviéndola translúcida y revelando sus curvas ante los ojos hambrientos de Andrew.

Él tragó saliva, detallándola con una devoción casi religiosa. El juego del gato y el ratón había alcanzado su punto más picante; la barrera de chica mala de Bianca no solo estaba derrumbada, sino que empezaba a disfrutar de las dulces ventajas de la convalecencia de su primo.

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Maharai Oliveros
y Jonathan
Dalia: Jonathan es un alma libre, él siempre va a estar pendiente de su enana. 🤭
total 1 replies
peri kizi
venia buscando este libro gracias
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