Ámbar Di Marco, una joven curvilínea de belleza clásica, siempre amó en silencio a Alexander Sterling, el magnate naviero que años atrás la humillaba por su timidez y su cuerpo. Tras la muerte de su abuelo, un testamento obliga a ambas familias a unirse mediante un matrimonio de conveniencia y a concebir un heredero en el plazo de un año.
Convencido de que Ámbar lo manipuló para atraparlo, Alexander la recibe con desprecio. Pero la convivencia y la intensa atracción entre ellos comienzan a derribar sus prejuicios. Mientras el orgullo y los secretos amenazan con separarlos, Alexander descubrirá que la mujer que juró rechazar es, en realidad, la única capaz de cambiar su corazón.
NovelToon tiene autorización de Araceli Settecase para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 8: La Mirada de la Rival
A pesar de las severas advertencias que Alexander le había impuesto tras el incidente en la gala de caridad, Cynthia Vance no estaba dispuesta a rendirse ni a ceder su posición de privilegio tan fácilmente. Aceptarlo habría significado reconocer su derrota ante una mujer a la que consideraba infinitamente inferior en todos los aspectos sociales y estéticos. Herida en su descomunal orgullo y viendo cómo los círculos de la alta sociedad comenzaban a admirar abiertamente a la nueva señora Sterling, la modelo orquestó con paciencia fría la oportunidad perfecta para asestar un golpe letal al frágil matrimonio.
El escenario elegido fue la prestigiosa gala de inauguración de la temporada de ópera en el teatro municipal, un evento de máxima relevancia donde la aristocracia, los magnates del comercio y las figuras del gobierno se reunían bajo el resplandor de inmensas arañas de cristal de Bohemia y palcos tapizados en terciopelo carmesí.
Ámbar había acudido luciendo una creación espectacular en seda tono zafiro. El vestido, de un corte imperial impecable, abrazaba con maestría la arquitectura voluptuosa de su cuerpo: ceñido con precisión bajo el busto, marcando la elegancia de su cintura pequeña y dejando caer una falda pesada que caía sobre sus caderas generosas con un movimiento fluido e hipnótico. A su lado, Alexander vestía un frac negro de una elegancia severa, impecable y distante. Sin embargo, a pesar de la frialdad que aún intentaba proyectar hacia el exterior, el magnate no había dejado de mantener una mano firme sobre la parte baja de la espalda de su esposa durante toda la primera parte del espectáculo, guiándola entre los asistentes con una posesividad instintiva que no pasaba desapercibida para nadie.
Cuando llegó el intermedio y las luces del gran salón volvieron a encenderse, la multitud fluida comenzó a abarrotar las escaleras de mármol y los pasillos adyacentes. Alexander fue abordado de inmediato en el vestíbulo principal por el ministro de transporte y un influyente grupo de inversores extranjeros para discutir los nuevos contratos de ampliación de los astilleros. Aprovechando que la atención de su esposo estaba completamente absorbida por la política comercial, Ámbar le murmuró una disculpa suave y se dirigió hacia el tocador de damas ubicado en la zona posterior del teatro.
Tras retocar su lápiz labial y acomodar un bucle rebelde de su cabello oscuro frente al espejo de marco dorado, Ámbar abandonó la estancia. Para evitar el tumulto del pasillo principal, tomó una galería secundaria, un tramo más silencioso y de iluminación tenue decorado con retratos al óleo de antiguas prima donnas. Fue en ese punto preciso, lejos de las miradas curiosas de la aristocracia, donde una figura alta y delgada emergió de las sombras para cortarle el paso de forma deliberada.
Era Cynthia Vance.
La modelo vestía un diseño en tono rojo pasión, una prenda de alta costura ridículamente ceñida que acentuaba la fragilidad casi cadavérica de sus hombros y la estrechez extrema de sus caderas. Llevaba el cabello rubio recogido en un peinado alto y tirante que endurecía sus facciones, y sus ojos brillaban con una intensidad malévola.
—Vaya, vaya... pero si es la flamante y todopoderosa señora Sterling —dijo Cynthia, cruzando los brazos sobre el pecho y dejando escapar una sonrisa amarga, cargada de una condescendencia venena—. Disfruta de la atención de los fotógrafos mientras puedas, niña. El brillo de las joyas prestadas no dura para siempre.
Ámbar se detuvo en seco, sintiendo una punzada instantánea de alerta, pero mantuvo la espalda erguida y la postura impecable.
—Cynthia, no tengo el menor interés ni el tiempo para prestarme a tus provocaciones infantiles —respondió Ámbar con voz pausada, intentando esquivarla por el lado derecho del pasillo.
Sin embargo, la modelo fue más rápida. Dio un paso agudo hacia el frente, bloqueándole el camino y obligando a Ámbar a retroceder hasta que su espalda casi tocó el marco de madera de uno de los grandes retratos. La cercanía de Cynthia trajo consigo el aroma penetrante de su perfume costoso, un olor que Ámbar sintió de inmediato como una amenaza física.
—¿Realmente eres tan ingenua como para creer que Alex te ama? —rió Cynthia, soltando una carcajada fría, despectiva y carente de cualquier rastro de alegría genuina—. ¿De verdad te crees el cuento de la esposa abnegada que conquistó al gran magnate? Por favor, Ámbar, abre los ojos. Él me busca cada vez que la frustración en esa mansión se le vuelve insoportable. Sigue viniendo a mi apartamento en la bahía porque una mujer de verdad, sofisticada y de su propio mundo, es lo que un hombre como Alexander Sterling necesita para satisfacer sus instintos... no una chiquilla inflada con cuerpo de matrona a la que tuvo que acoger por pura lástima familiar y por la imposición de un pedazo de papel firmado por un anciano chocho.
Las palabras de Cynthia no fueron elegidas al azar; estaban diseñadas con una precisión quirúrgica para golpear directamente en la herida más profunda e insegura de Ámbar. El veneno de la rival buscaba resucitar sus viejos fantasmas de la adolescencia: las dudas recurrentes sobre su propio cuerpo voluptuoso frente a los estándares de belleza estricta que la alta sociedad exigía, y ese temor devastador, latente en el fondo de su alma, de que Alexander jamás pudiera contemplarla con un amor genuino, libre de conveniencias y contratos.
Por un segundo horriblemente largo, a Ámbar le faltó el aire. Sentía el choque violento de su corazón contra sus costillas y el impulso primario de desplomarse bajo el peso de las humillaciones. Pero entonces, la memoria del desprecio que había sufrido y la dignidad recuperada durante las últimas semanas tomaron el control. Ámbar dio un paso hacia adelante, acortando la distancia entre ambas, obligando a la modelo a inclinar ligeramente la cabeza hacia arriba para sostenerle la mirada.
—Si Alexander tuviera la necesidad de buscarte en tu apartamento, Cynthia... no estaría durmiendo en mi cama cada única noche desde el día en que nos casamos —replicó Ámbar, sosteniendo la mirada de la modelo con una frialdad impecable, tan dura y cortante como el hielo—. Tu desesperación por retener a un hombre que ya te cerró las puertas en la cara resulta patética para alguien que presume de tanta sofisticación. Buenas noches.
Sin darle la más mínima oportunidad de responder o de articular un nuevo ataque, Ámbar la esquivó con un movimiento firme y elegante de sus caderas, dejando a Cynthia sola en la penumbra del pasillo, pálida de rabia y apretando los puños con frustración.
Ámbar caminó con paso firme hasta salir de la galería posterior y reintegrarse a la luz cálida del vestíbulo principal. Su rostro permanecía sereno, una máscara perfecta de compostura victoriana ante las miradas de los diplomáticos. Sin embargo, en cuanto volvió a divisar a la distancia la silueta imponente de Alexander conversando con los ministros, una duda amarga y abrasadora comenzó a carcomer implacablemente su tranquilidad.
¿Y si Cynthia decía la verdad? ¿Y si para Alexander ella nunca sería nada más que un cuerpo impuesto por las circunstancias, una obligación biológica para cumplir con un heredero y cerrar un negocio? El veneno de la sospecha había quedado sembrado, listo para desencadenar la tormenta.
💯 recomendada 😉👌🏼
se derretirá por el pay , pero que le cueste /Slight//Doubt/