NovelToon NovelToon
Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:79
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

El silencio en la mansión Jeon no era solo ausencia de sonido; era denso, pesado y frío como una lápida.

La lluvia de la noche anterior había dejado paso a una mañana gris y deslucida. Jungkook, que apenas había logrado cerrar los ojos dos horas, caminaba por el pasillo del segundo piso con el corazón latiéndole desbocado. Al pasar frente a la habitación de Suki, la puerta entreabierta reveló un espacio impoluto, con la cama perfectamente tendida y las estanterías vacías.

Corrió hacia su estudio. Sobre el escritorio de caoba, justo al lado de la maqueta de su último proyecto, descansaban los tenis amarillos que él le había regalado. Debajo de ellos, un sobre blanco.

Con las manos temblorosas, Jungkook abrió la carta:

> *Sr. Jeon / Jungkook:*

> *Si estás leyendo esto, es porque ya me he ido. Por favor, no me busques ni te enojes con tu abuela. Ella solo quiere protegerte a ti y a Byul, y tiene razón: el mundo en el que ustedes viven es demasiado grande para mí.*

> *Gracias por haberme abierto las puertas de tu casa, por enseñarme que no tengo mala suerte en todo y por haberme regalado los momentos más felices de mi vida. Por favor, cuida mucho de Byul y no dejes que la casa vuelva a quedarse fría.*

> *Siempre te desearé la mejor de las suertes.*

> *Con todo mi corazón,*

> *Kim Suki.*

>

—No... no, no, no. Suki, ¿qué hiciste? —murmuró Jungkook, apretando la carta contra su pecho mientras sentía un vacío aplastante en el estómago.

Su momento de estupor fue interrumpido por un estruendo en el comedor.

Al bajar las escaleras a toda prisa, encontró a la Sra. Kang intentando convencer a Byul de comer. El pequeño estaba sentado en la mesa en pijama, con los brazos cruzados con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos, y la boca apretada en una línea recta e inflexible.

Frente a él descansaba un plato con panqueques de plátano recién hechos, pero el niño ni siquiera los miraba.

—¡No voy a comer! —declaró Byul con una vocecita que pretendía ser firme pero que temblaba de tristeza—. ¡No voy a comer, no voy a ir a la escuela, no voy a lavarme los dientes y no voy a volver a hablar en toda mi vida!

—Byul-ah... —dijo Jungkook acercándose suavemente—. Tienes que desayunar, por favor.

Byul se giró bruscamente, dándole la espalda a su tío y mirando hacia la pared.

—Tú dejaste que Suki se fuera —dijo el niño, y una lágrima solitaria rodó por su mejilla mofletuda—. Dijiste que ella se quedaría con nosotros. Eres un mentiroso, tío Kook. La casa volvió a oler a cueva fea. Te odio.

Las palabras de su sobrino le dolieron más que cualquier fracaso profesional. Jungkook se arrodilló al lado de la silla del niño, sofocado por la culpa.

—Byul... te prometo que voy a traerla de vuelta —susurró Jungkook con los ojos llenos de determinación viva—. Te lo juro por mi vida.

En ese instante, la puerta de la mansión se abrió. La Sra. Noh y Min Ah-jung entraron al vestíbulo, seguidas por el secretario Ho-jin, quien traía cara de haber presenciado un choque de trenes.

—Buenos días, Jungkook —dijo la Sra. Noh con aire triunfal—. Veo que la chica fue inteligente y tomó la decisión correcta. Ahora podemos reorganizar la casa y concentrarnos en lo importante: el banquete de compromiso con la familia Min la próxima semana.

—¿Compromiso? —Jungkook se puso de pie lentamente. Su rostro, habitualmente sereno, se transformó en una máscara de rabia absoluta.

Caminó hacia su abuela a pasos agigantados. Su presencia imponía tanto que hasta la mismísima presidenta dio un medio paso hacia atrás.

—Se acabó, abuela —dijo Jungkook. Su voz no fue un grito, sino un tono bajo, helado y firme que hizo vibrar el aire del recibidor—. Te he respetado toda mi vida. Asumí la dirección del grupo cuando mi hermano murió, trabajé dieciocho horas al día sin quejarme y acepté cada una de tus exigencias profesionales. Pero jamás, escúchame bien, *jamás* te permitiré decidir sobre mi vida ni sobre con quién comparto mi corazón.

Ah-jung dio un paso al frente, intentando intervenir:

—Jungkook-ah, debes entender que esa chica no estaba a tu nivel...

—¡Cállate, Ah-jung! —la cortó Jungkook de golpe, fijando sus ojos oscuros en ella—. Si vuelves a poner un pie en esta casa o a amenazar a la mujer que amo, me aseguraré personalmente de cancelar todos los contratos de diseño que mi firma tiene con la empresa de tu familia.

Ah-jung ahogó un jadeo de pánico, dando un paso atrás.

Jungkook volvió a mirar a su abuela.

—Si quieres quitarme la presidencia del grupo, hazlo. Si quieres quitarme mis acciones, adelántate. Construí mi firma de arquitectura desde cero y puedo volver a hacerlo. Pero si le quitas un solo guon al fideicomiso de Byul o intentas meterte en su custodia, te juro que no volverás a ver a tu nieto ni a tu biznieto en lo que te queda de vida.

La presidenta Noh se quedó helada, agarrando su bastón con fuerza. Por primera vez en su vida, vio en los ojos de su nieto la misma fiereza indomable que tenía su difunto abuelo. Supo, en ese preciso segundo, que había perdido la batalla.

Sin decir una palabra más, Jungkook se giró hacia su secretario.

—Ho-jin.

—¿S-sí, director? —respondió el secretario, tragando saliva.

—Cancela todas mis reuniones del mes. Descarrila mi agenda. No voy a poner un pie en la oficina.

—¿Y qué pongo en el reporte de la empresa, señor?

—Pon que el director ejecutivo está en una misión de rescate de prioridad absoluta —declaró Jungkook, sacando las llaves de su auto.

Al ver la firmeza de su tío, el pequeño Byul saltó de la silla, corrió hacia él y se abrazó a su pierna con todas sus fuerzas.

—¡Lévame contigo, tío! ¡Yo conozco los lugares donde Suki compra cosas baratas! —suplicó el niño con los ojos brillando de esperanza.

Jungkook se agachó y cargó a Byul en brazos, despeinándole el cabello con cariño.

—Nos vamos los tres, Byul. Encontraremos a Suki aunque tengamos que voltear Seúl de cabeza.

La operación "Buscar a la Niñera Desafortunada" comenzó de inmediato.

El centro de mando se instaló en el asiento trasero del lujoso sedán de Jungkook. El secretario Ho-jin manejaba mientras consultaba un mapa gigantesco de la ciudad en la pantalla del tablero, Byul actuaba como "vigilante oficial" con un catalejo de juguete apoyado en la ventana, y Jungkook no paraba de llamar al teléfono de Suki, el cual solo enviaba a buzón de voz.

—A ver, repasemos el perfil de la señorita Kim —dijo Ho-jin ajustándose las gafas mientras conducía—. Es una joven con una inclinación catastrófica hacia los accidentes, le encantan las ofertas de supermercado y no tiene dinero. ¿Dónde buscaría refugio alguien así?

—¡En los lugares donde regalan comida gratis! —sugirió Byul con entusiasmo.

—O en sus antiguos empleos —añadió Jungkook, frotándose la sien con frustración—. Ho-jin, primero iremos al barrio de Mapo. Busca la panadería donde trabajó, la floristería y la tienda de conveniencia de su amiga.

Durante las siguientes seis horas, el trío recorrió la ciudad de punta a punta.

Visitaron la panadería, donde el dueño les dijo que Suki había pasado esa mañana a saludar, pero que ya se había ido. Visitaron la floristería, donde la dueña les contó que Suki le había ayudado a mover unos macetones (y que, accidentalmente, había roto tres, dejando su sello personal).

En cada lugar al que llegaban, Jungkook dejaba su tarjeta personal con una suma de dinero a los dueños, suplicándoles que lo llamaran de inmediato si Suki volvía a aparecer.

Para la tarde, el agotamiento empezaba a hacer mella. Estaban estacionados cerca de una pequeña plaza en el barrio viejo.

—Director... hemos revisado doce vecindarios —suspiró Ho-jin exhausto, apoyando la cabeza en el volante—. Seúl es una ciudad de diez millones de personas. Sin una dirección exacta, es como buscar una aguja en un pajar.

Jungkook miró por la ventana. La frustración y el temor de haberla perdido para siempre le oprimían el pecho como una prensa de hierro.

De pronto, Byul dio un salto en su asiento y pegó la cara al cristal.

—¡Tío! ¡Mira allí! —gritó el niño señalando hacia un pequeño parque al otro lado de la calle.

Jungkook fijó la mirada. A lo lejos, sentada en una banca de madera bajo un árbol nudoso, había una figura delgada con un vestido sencillo. Sostenía un paraguas amarillo abierto sobre su cabeza, a pesar de que ya no llovía, y parecía estar intentando arreglar la rueda rota de una maleta roja gastada con un pedazo de cinta adhesiva.

Y entonces, como si el universo quisiera confirmar su identidad, la chica tiró de la maleta, la rueda se salió por completo, voló por el aire y le pegó suavemente a un palomo en la cabeza, el cual salió volando indignado.

Jungkook dejó escapar una risa corta, entrecortada y llena de alivio puro, con los ojos empañados en lágrimas.

—Es ella —susurró Jungkook—. Es mi chica desafortunada.

Sin esperar un segundo más, Jungkook abrió la puerta del auto y salió corriendo a toda velocidad a través de la calle, ignorando los gritos de Ho-jin y las porras de Byul. Su corazón latía a mil por hora, sabiendo que esta vez, no dejaría que nada ni nadie la alejara de su lado.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play