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Fénix: Renaciendo De Las Cenizas De La Vida

Fénix: Renaciendo De Las Cenizas De La Vida

Status: Terminada
Genre:Romance / Embarazo no planeado / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

No sé en qué momento exacto mi vida dejó de ser “normal”. A veces pienso que fue un día cualquiera, uno de esos en los que el sol entra por la ventana como si nada pudiera romperse. Pero se rompió. Y no hizo ruido.
Me llamo Dara. Y antes de que todo cambiara, yo era solo una adolescente más con sueños demasiado grandes para mi realidad. Pero mi vida dio un giro de la noche a la mañana. Un giro que me hizo reinventarme, crecer de repente ... pero déjenme contarles algo: No hay dificultades grandes porque los sueños sí se cumplen

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14 Cuando el amor también lucha

Dicen que huir es fácil.

Mentira.

Huir duele.

Porque no importa cuánto corras, siempre terminas llevándote contigo aquello de lo que intentabas escapar.

Y yo me había llevado a Fabio conmigo.

En cada pensamiento.

En cada recuerdo.

En cada latido.

Habían pasado cuatro días desde que renuncié a Aurora.

Cuatro días desde que salí de aquella oficina dejando a Fabio con las palabras en la boca.

Cuatro días desde que decidí destruir con mis propias manos lo único hermoso que había llegado a mi vida en mucho tiempo.

Y no me sentía mejor.

Me sentía miserable.

Mateo fue el primero en resentirlo.

Cada mañana preguntaba por Fabio.

Cada tarde preguntaba por Fabio.

Y cada noche volvía a preguntar.

—¿Fabi?

Al principio inventaba excusas.

—Está trabajando.

—Está ocupado.

—Lo veremos pronto.

Pero los niños tienen una capacidad increíble para detectar las mentiras.

Y Mateo comenzó a ponerse triste.

Más callado.

Menos sonriente.

Más sensible.

Como si también estuviera sufriendo aquella ausencia.

Y eso me rompía el alma.

Porque no solo estaba perdiendo yo.

Él también.

Aquella tarde estaba sentada en el suelo de la sala revisando apuntes para un examen cuando escuché que golpeaban la puerta.

No esperaba a nadie.

Me levanté confundida.

Y cuando abrí...

Mi corazón dejó de funcionar.

Fabio estaba allí.

Durante unos segundos ninguno habló.

Yo simplemente lo observé.

Y él hizo exactamente lo mismo.

Parecía cansado.

Tenía ojeras.

La barba ligeramente crecida.

Y una tristeza en los ojos que me atravesó por completo.

—Hola.

Su voz sonó ronca.

Como si hubiera dormido poco.

O llorado demasiado.

No sabía cuál de las dos opciones me dolía más.

—¿Qué haces aquí?

Pregunté.

Aunque la respuesta era evidente.

Fabio soltó una pequeña risa sin humor.

—Llevo cuatro días intentando hablar contigo.

Bajé la mirada.

Porque era verdad.

Había ignorado llamadas.

Mensajes.

Todo.

—Dara.

Mi nombre sonó tan suave que sentí ganas de llorar.

—Necesitamos hablar.

—No hay nada que hablar.

—Claro que sí.

—Fabio...

—No.

Esta vez no vas a huir.

Levanté la vista.

Y por primera vez vi enojo en él.

No rabia.

Dolor.

Pero también determinación.

—Tomaste una decisión por mí.

Aquellas palabras me hicieron estremecer.

—No fue así.

—Sí fue así.

Dijiste lo que yo sentía.

Decidiste lo que yo quería.

Y después desapareciste.

Mi garganta comenzó a cerrarse.

—Solo intenté hacer lo correcto.

Fabio negó lentamente.

—No.

Intentaste protegerte.

Aquello me golpeó directamente en el pecho.

Porque tenía razón.

El silencio se instaló entre nosotros.

Incómodo.

Doloroso.

Verdadero.

Entonces una pequeña voz apareció detrás de mí.

—¡Fabi!

Mateo.

El niño salió corriendo desde la sala.

Y antes de que yo pudiera reaccionar ya estaba aferrado a la pierna de Fabio.

La expresión de Fabio cambió inmediatamente.

Toda la tristeza desapareció.

Toda la tensión también.

Se agachó.

Y lo abrazó.

Mateo soltó una carcajada.

Una de esas risas puras que solo tienen los niños.

Y algo dentro de mí se rompió.

Porque comprendí cuánto lo había extrañado.

Cuánto se habían extrañado ambos.

Fabio cerró los ojos mientras abrazaba al pequeño.

Como si necesitara ese momento tanto como él.

Como si hubiera estado sobreviviendo durante esos cuatro días exactamente igual que nosotros.

—Te extrañé, campeón.

Susurró.

Mateo respondió abrazándolo más fuerte.

Y yo tuve que apartar la mirada para ocultar las lágrimas.

Después de unos minutos los hice pasar.

No porque hubiera tomado una decisión.

No porque estuviera preparada.

Simplemente porque ya no tenía fuerzas para seguir fingiendo.

Nos sentamos en la pequeña sala.

Mateo terminó jugando cerca mientras nosotros permanecíamos frente a frente.

Y durante unos segundos nadie habló.

Fue Fabio quien rompió el silencio.

—¿De verdad crees que todavía amo a Valeria?

La pregunta llegó sin rodeos.

Directa.

Precisa.

Yo bajé la vista.

—No lo sé.

—Sí lo sabes.

—Fabio...

—No.

Escúchame.

Por favor.

Solo esta vez.

Había tanto cansancio en su voz que terminé asintiendo.

—Amé a Valeria.

Mucho.

Aquella confesión dolió.

Aunque esperaba escucharla.

—Pensé que iba a casarme con ella.

Pensé que iba a construir una vida con ella.

Pensé que sería la madre de mis hijos.

Guardó silencio unos segundos.

Y luego añadió:

—Pero eso terminó hace años.

Sus ojos encontraron los míos.

Firmes.

Honestos.

—Lo que siento por ella ahora es tristeza.

Nada más.

No amor.

No esperanza.

No futuro.

Nada.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Porque una parte de mí había necesitado escuchar exactamente eso.

—Entonces... ¿por qué duele tanto verla?

Pregunté.

Fabio sonrió con tristeza.

—Porque me recuerda quién era cuando me rompieron el corazón.

No porque quiera volver.

Aquella respuesta hizo que algo dentro de mí comenzara a aflojarse.

Muy lentamente.

—¿Y yo?

La pregunta escapó antes de que pudiera detenerla.

Fabio me observó durante varios segundos.

Como si estuviera intentando grabarme en su memoria.

—Tú eres la mujer que me enseñó que todavía podía amar.

Las lágrimas aparecieron inmediatamente.

—No hagas eso.

Susurré.

—¿Qué?

—Decir cosas que me hacen llorar.

Por primera vez en días, Fabio sonrió.

Y aquella sonrisa me hizo sentir como en casa.

Entonces se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Dara.

—¿Sí?

—Te amo.

Mi respiración se detuvo.

Otra vez.

—Y estoy cansado de luchar contra tus miedos cuando tú misma no me dejas luchar a tu lado.

Las lágrimas comenzaron a caer.

Silenciosas.

Imparables.

Porque entendí algo importante.

Había pasado toda mi vida sobreviviendo sola.

Y cuando finalmente alguien quiso quedarse...

Mi primer impulso fue empujarlo lejos.

Fabio tomó mi mano.

Con cuidado.

Como si siguiera recordando aquella noche del cristal roto.

—No te estoy pidiendo que seas perfecta.

No te estoy pidiendo que tengas todas las respuestas.

Solo te estoy pidiendo una oportunidad.

Mi corazón se rindió un poco más.

—¿Y si te decepciono?

Pregunté.

Fabio sonrió.

Una sonrisa suave.

Tierna.

Llena de amor.

—Entonces nos levantaremos juntos.

Las lágrimas ya no podían detenerse.

Y por primera vez desde que Valeria había sembrado aquellas dudas dentro de mí...

Comencé a preguntarme si quizás el amor no consistía en encontrar a alguien perfecto.

Sino a alguien dispuesto a quedarse cuando aparecen las imperfecciones.

Sin embargo, mientras nosotros comenzábamos a reconstruir lo que el miedo había roto...

Valeria observaba una fotografía.

Una fotografía reciente de Fabio.

Una fotografía donde aparecía Mateo.

Y por primera vez desde que había regresado a la ciudad comprendió algo peligroso.

Muy peligroso.

No estaba perdiendo a Fabio por otra mujer.

Lo estaba perdiendo por una familia.

Y eso la hizo tomar una decisión.

Una decisión desesperada.

Una decisión capaz de cambiarlo todo.

Porque algunas personas, cuando sienten que van a perder aquello que aman...

No luchan limpiamente.

Y Valeria estaba a punto de demostrarlo.

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Margarita Acuña Cerda
Sencillamente maravillosa novela una gran niña mujer unos padres asquerosos y un gran hombre mil felicitaciones hermosa 👏👏👏👏👏👏🥰🥰🥰🥰
Margarita Acuña Cerda
Que mujer niña
Más valiente 👏👏👏👏👏
Margarita Acuña Cerda
Insisto maldito viejo y la mamá peor aún
Margarita Acuña Cerda
Maldito viejo nunca estuvo para ella y ahora no la deja ser feliz hay pero que rabia me da
Margarita Acuña Cerda
Maldita perra como va a querer hacerle algo a mateo ojalá y se muera
Margarita Acuña Cerda
Espero que al final se queden juntos por favor autora 🥰🥰🥰🥰
Margarita Acuña Cerda
Hayyy pobre niña mujer que rabia que los papás la dejen sola 😭😭😭😭
Margarita Acuña Cerda
Hasta el momento está muy linda me encanta ,mi hija también es mamá soltera pero nosotros la apoyamos siempre 100% no entiendo con estos padres sin tan desgraciados 😭😭😭😭
ILBA NARVAEZ
una historia muy linda de resiliencia, de miedos que paralizan Pero los protagonistas están dispuestos a seguir a pesar de ellos.
meidi aguiar
excelente y hermosa historia de reflexión y valorización hacia uno mismo te felicito espero disfrutar muchas mas
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