Ella es Antonieta, quien después de morir se convirtió en Alexandra, una mujer destinada a morir, para salvarse de ese cruel destino que le espera, ella hará lo que sea para sobrevivir. Así tenga que usar métodos pocos convencionales.
Cuando creyó que por fin iba a ser libre, aparece alguien que pone su mundo de cabeza.
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Mujeres agraviadas
Todos entraron a la mansión y el duque le ordena a los sirvientes traer té y postres para todo.
La concubina y su hija estaban con mala cara, pero el duque y Alexandra no le prestaban atención a su semblante, sino que hablaban de negocios.
Por supuesto que Alexandra alardeó de sus logros a lo largo de esos años.
—He logrado superar a mis maestros, creo que soy tan fuerte como padre— dice ella con timidez.
El duque se sintió un poco incómodo, puesto que, él había subestimado a su hija mayor, y la había condenado con su madre y hermano, a una vida de miseria.
Parece ser que se equivocó.
El duque no dijo nada y por fortuna los sirvientes llegaron con lo solicitado por dicho hombre.
Ellos después de servir todo dejaron a la familia sola.
La concubina y su hija se miraron con complicidad y una de ellas habló.
—Hermana Alexandra, hace poco fue tu fiesta de mayoría de edad, y aún no te veo anillo de compromiso— dice Lorena la hermana de Alexandra, sus palabras eran maliciosas.
Su madre apoyó su comentario.
—Creo que estás pasada de edad, está bien que sigas los pasos de tu padre, pero no puedes dejar pasar los años sin conseguir un buen esposo, después será tarde para tener los hijos— termina de decir la concubina.
Alexandra lo sabe, ese par de mujeres no se la pondrá tan fácil y ella como amante de la diversión, va a aprovechar la oportunidad para arruinar sus vidas.
Por lo que tras pensar bien en sus palabras, decide decir.
—Aún estoy esperando al amor de mi vida, un hombre que solo me ama por quién soy y no por ser una Zalazar, no quiero conseguir un esposo que solo quiera vivir a costilla de mi apellido y sea un inútil pusilánime— dice ella con sutileza y la concubina sintió el golpe en lo más bajo.
Alexandra le acaba de decir inútil.
Ella aprieta los puños por debajo de su vestido, y se estaba aguantando las ganas de irse encima y arruinarle esa cara arrogante que tiene.
El duque notó su intención y por eso le dio una mirada feroz, sí ese par de idiotas le hacen algo a quien será su salvación, las dos no van a terminar bien.
—Alexandra tiene razón, en esos días se tiene que pensar bien con quién uno debe de casarse, el matrimonio es un asunto serio— expresa el duque.
—Lo es, además, soy joven, quiero traer gloria a la familia Zalazar, quiero que está familia tenga más éxito que ninguna otra, para eso estoy aquí, estoy al tanto de los problemas que aquejan a la familia— dice Alexandra con una sonrisa inocente.
El duque se sintió dichoso, y por primera vez en su vida sintió un gran arrepentimiento por sus malos actos.
Trató mal a quien hoy en día le estaba dando la mano. Sin saber que en realidad su hija mayor está allí para destruir a su familia.
El conmovido por las palabras de su hija mayor, tomó sus dos manos y le agradeció por su amabilidad.
—Eres una buena hija, en el futuro mereces tener un buen esposo, los dioses te bendecirán por pensar en tu familia — dice conmovido el duque y Alexandra solo sonríe.
Si los dioses que él dice existirán, ella sería maldecida hasta su última generación por villana.
—Claro, padre hablemos claro sobre la situación de la familia, quiero aprovechar cada instante que estaré en este lugar, y haré lo que pueda por sacar adelante a esta familia — le pide Alexandra, tiene que evitar no levantar sospechas.
Ella se limitará a ver cómo ese par se queda en ridículo, y en el momento justo, hará su jugada maestra.
Por lo que mientras el duque relataba la verdadera situación de la familia, ella solo asentía con la cabeza y de vez en cuando decía algunas palabras al respecto.
Pero en realidad estaba elaborando un plan para destruir a esa familia, sin que alguien la culpara a ella.
Pronto su mente comenzó a tejer el plan perfecto, y lo hará realidad cuando tenga la oportunidad.
Lo siente por la idiota de Lorena, pero ella tendrá que dejar ese mundo.
La conversación con el duque fue más larga que de costumbre, y aunque ella casi no había prestado atención, prometió ayudarle a solucionar sus problemas económicos.
Ese mismo día ambos se fueron a la oficina del duque, y allí Alexandra le planteó algunas ideas.
Tras pensar bien en esas ideas, el duque le dio la razón a su hija y es que claro, mientras la concubina y Lorena sigan gastando dinero en vanidades, él no saldrá adelante.
Él inmediatamente mandó a llamar a las dos mujeres para decirle lo que había planeado con su hija Alexandra.
Las dos cuando fueron llamadas estaban tramando la caída de Alexandra y pero aun así fueron a ver qué deseaba el duque.
—He estado hablando con mi hija Alexandra sobre algunas ideas en particular, y quiero que ambas por el bien de la familia me traigan sus cosas de valor para venderlas para recaudar fondos— dice el duque y la concubina no lo pudo aceptar.
—De ninguna manera daremos nuestras pertenencias para que sean vendidas, querido, esa chica Alexandra solo quiere arruinarnos, abre los ojos — grita esa mujer y el duque se pone de pie enojado.
—Ambas solo saben gastar en vanidades, y no hacen nada por esta familia, será mejor que hagan lo que digo o no responderé— grita fuerte el duque y Lorena comenzó a llorar. Pensó que usando sus lágrimas como chantaje, lograría algo.
—Padre no ha pasado ni un día, y ya mi hermana te puso en contra de nosotras, no nos quite nuestras cosas— llora ella y Alexandra de forma premeditada recuerda el pasado.
—Por años mi mamá y nosotros sus dos hijos vivimos en la miseria en aquella choza sin siquiera un plato de comida decente, mi hermano Gabriel robaba provisiones para nosotros tener un poco de comida al día, eso sin decir que la ropa que usábamos era la de un mendigo, y ustedes no pueden dar sus cosas de valor para salvar a esta familia, padre, creo que no vale la pena estar en este lugar — dice Alexandra y se preparó para salir de esa oficina.
El duque se fue detrás de ella asustado, no pude dejar ir la salvación de su familia por el capricho de esas dos ignorantes, que solo saben gastar dinero.
Por lo que suplicante, dice.
—Hija haremos lo que tenemos planeado hacer, no te vayas por favor — suplica el duque desesperado y su hija se detiene.
—Me quedaré, pero al primer agravio me iré, en la mansión del marqués no me tratan mal, y menos voy a tolerar malos tratos viniendo de otro— dice ella y el duque le promete que no dejará que le pase nada.
Acto seguido, mandó al mayordomo a buscar en las habitaciones de aquellas dos cosas de valor y encontró un montón de joyas escondidas las cuales eran de Eloisa.
Para evitar problemas, el duque no dijo nada, y solo se limitó a recibir las joyas. Las supuestas dueñas estaban llorando por sus pertenencias.
Para ellas era el fin del mundo.
Gracias por llevarnos a vivir tan emotiva novela.