Él fue su primer amor. Ella fue quien arruinó su sueño. Años después, se reencuentran en la universidad y la guerra entre ellos está lejos de haber terminado. Lo que ninguno esperaba era que detrás del odio siguieran existiendo sentimientos imposibles de olvidar.
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Para malos recuerdos
Bella odiaba las fiestas.
O al menos eso decía.
Porque la verdad era más complicada.
Antes le gustaban.
Mucho.
Las asociaba con risas.
Con amigos.
Con Scott.
Pero una fiesta también había sido el lugar donde todo se rompió.
Y por eso intentaba evitarlas.
—Vas a venir.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Ya confirmé tu asistencia.
Bella levantó la vista de sus apuntes.
—¿Qué hiciste?
Nora sonrió.
Esa sonrisa que siempre significaba problemas.
—Lo que escuchaste.
—Nora.
—Bella.
—Voy a matarte.
—Después de la fiesta.
Resultó que una de las residencias organizaba una celebración para los nuevos estudiantes.
Música.
Comida.
Juegos.
Y una excusa para procrastinar antes de los exámenes.
Todo el campus parecía emocionado.
Excepto Bella.
—No quiero ir.
—Necesitas divertirte.
—Me divierto.
—Organizas tus apuntes por colores.
—Eso es divertido.
—Eso es preocupante.
Dos horas después.
Bella estaba frente al espejo.
Preguntándose por qué seguía siendo amiga de Nora.
La fiesta estaba llena.
Demasiado llena.
Luces.
Música.
Estudiantes hablando.
Bailando.
Riendo.
Bella sintió una ligera incomodidad apenas cruzó la puerta.
Y no le gustó.
Porque inmediatamente recordó otra fiesta.
Otra música.
Otra noche.
Otro recuerdo.
—No pienses en eso.
Se obligó a sí misma a respirar.
Habían pasado años.
No estaba en aquella fiesta.
No era aquella adolescente.
Y Scott no importaba.
—¡BELLA!
Nora apareció con dos vasos.
—Encontré bebidas.
—¿Son seguras?
—Probablemente.
—Nora.
—Estoy bromeando.
—Eso no me tranquiliza.
Durante un rato logró distraerse.
Conoció gente.
Conversó.
Incluso se rio.
Y poco a poco comenzó a relajarse.
Quizás Nora tenía razón.
Quizás necesitaba salir más.
Hasta que lo vio.
Scott.
Al otro lado de la sala.
Bella se quedó inmóvil.
El ruido desapareció.
La música desapareció.
Y durante un segundo volvió a tener quince años.
Volvió a estar buscando a Scott entre la multitud.
Volvió a sentir aquella ilusión ridícula.
Aquella felicidad ingenua.
Y luego recordó el beso.
La chica.
La traición.
El dolor.
—Genial.
Todo el buen humor desapareció.
Scott también la había visto.
Eso fue evidente.
Sus ojos se encontraron.
Y ninguno apartó la mirada inmediatamente.
Era extraño.
Porque ahora Bella conocía algo que no había sabido unos días atrás.
La rubia no era su novia.
Era su hermana.
Y eso había abierto una puerta muy incómoda.
La puerta de la duda.
¿Y si había entendido mal otras cosas?
Bella apartó la mirada primero.
No quería pensar en eso.
No quería.
—¿Te encuentras bien?
Nora apareció nuevamente.
—Sí.
Mentira.
—Estás mirando a Carter.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Cállate.
Nora sonrió.
Pero no insistió.
Por una vez.
La noche continuó.
Y Bella hizo todo lo posible por ignorar la presencia de Scott.
Hasta que ocurrió algo inesperado.
Una chica se acercó a él.
Muy bonita.
Muy sonriente.
Muy interesada.
Bella observó sin querer.
Solo un poco.
Por curiosidad.
Nada más.
La desconocida parecía coquetear descaradamente.
Scott respondía con educación.
Pero sin entusiasmo.
Y entonces sucedió algo curioso.
La chica terminó alejándose sola.
Con una expresión decepcionada.
—¿Qué fue eso?
Murmuró Bella.
Antes de darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.
—¿Celosa?
Bella casi se atragantó.
—¡NORA!
—Solo pregunto.
—No.
—Ajá.
—No.
—Ajá.
Bella tomó una bebida.
Necesitaba paciencia.
Mucha paciencia.
Al otro lado de la sala, Scott observó cómo Nora molestaba a Bella.
Y por primera vez en toda la noche sonrió.
Porque aquella expresión indignada.
Aquella forma de fruncir el ceño.
Aquella mirada.
Eran exactamente iguales a las de la Bella que había conocido años atrás.
La diferencia era que ahora ambos cargaban demasiados recuerdos.
Y justamente por eso…
La fiesta apenas estaba comenzando.